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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-12-2009

Ahora es la Guerra de Obama
Una guerra necesaria por un gasoducto

Gary Leupp
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Actualmente 68.000 soldados de EE.UU. y 42.000 soldados aliados ocupan Afganistn, aliados con seores de la guerra de la Alianza del Norte y el corrupto y dbil rgimen de Karzai en Kabul. Es obvio que el presidente Obama desea aumentar ese nmero y anunciar ante una audiencia de cadetes de West Point el martes que agregar ms de 30.000 y que presionar a los europeos para que agreguen otros 10.000. Esto llevar el nmero total de fuerzas de ocupacin, aproximadamente, al nivel del despliegue sovitico en su apogeo de los aos ochenta.

Los soviticos trataban de proteger al gobierno secular en Afganistn y de desalentar el fundamentalismo islmico, una amenaza potencial para repblicas soviticas centroasiticas vecinas, como Uzbekistn. Qu trata de hacer Obama?

Pero, que no quepa la menor duda, ahora es la guerra de Barack Obama. Con este anuncio habr aumentado personalmente la fuerza en Afganistn en ms de 50.000 soldados como respuesta a los pedidos de sus generales.

El mantra de Obama sobre el conflicto en Afganistn es que se trata de una guerra por necesidad. Pero en realidad esto slo es una versin del tropo neoconservador de la Guerra contra el Terror, lo que quiere decir que implica que es la respuesta natural y razonable en represalia por los ataques del 11-S. (Ellos la comenzaron, despus de todo, de modo que tenemos que llevar la guerra a ellos.)

Pero la estrategia neoconservadora siempre ha requerido la refundicin simplista de fenmenos dispares y la explotacin de la ignorancia y el temor pblicos en la ejecucin de la poltica. Quines son ellos, despus de todo? La invasin de Iraq necesit la Gran Mentira de que Sadam Hussein tuvo algo que ver con el 11-S. La anterior invasin de Afganistn necesit el astuto acto de prestidigitacin segn el cual al Qaeda, sobre todo rabe saud pero internacional, fue identificada con los talibanes, puramente afganos. No distinguimos entre terroristas y los gobiernos que los apoyan, declar Bush.

Fue casi un alarde de que EE.UU. sera atrevidamente ignorante como asunto de poltica pblica, y una advertencia a los racionalistas empricos del mundo de que la Casa Blanca estaba en manos de mentes verdaderamente simplistas y que por cierto explotara a su gusto desvergonzadamente la islamofobia popular incluso mientras haca estudiados gestos pblicos en apoyo a la tolerancia religiosa. (El mensaje calculado era: Ten miedo, mundo, porque el poder est en manos de vaqueros, y diablos, podemos volvernos medio locos cuando nos enfurecemos!)

El hecho es que hubo y hay una diferencia entre al Qaeda, una organizacin yihadista internacional que quiere restablecer un califato global y enfrentarse a EE.UU., y los talibanes, que queran estabilizar Afganistn bajo una interpretacin dura de la shara pero mantener una relacin de trabajo con EE.UU. Y ahora, ocho aos despus de ser derrocados, los talibanes vuelven de verdad, demostrando que tienen una verdadera base social. Adems, los talibanes paquistanes han emergido al otro lado de la frontera como consecuencia directa de la invasin de EE.UU.

Una serie de informes de inteligencia han sealado lo obvio: que ms tropas slo generan ms insurgencia.

El consejero nacional de seguridad de Obama, general James Jones, lo dijo bien claro: La presencia de al Qaeda [en Afganistn] ha disminuido considerablemente. El clculo mximo es de menos de 100 que operan en el pas, sin bases, sin la capacidad de lanzar ataques ni contra nosotros ni contra nuestros aliados. Si existi una necesidad de destruir a al Qaeda en Afganistn, ese asunto ha sido liquidado. Qu piensa Obama que hay que lograr ahora?

Me imagino que argumentar que no se debe permitir que los talibanes vuelvan al poder. Pero no significa eso implcitamente reconocer que tienen races genuinas en la sociedad afgana, particularmente en la sociedad pastn? Los mejores clculos militares estiman la cantidad de militantes talibanes en no ms de 25.000, y los combatientes bien armados en cerca de 3.000. Hay unos 100.000 soldados en el Ejrcito Nacional Afgano (ANA) aparte de todas las tropas extranjeras de ocupacin. Los soldados del ANA son descritas a menudo como de pobre calidad, queriendo decir que son analfabetos, y sobre todo atrados por el dinero. Pero los talibanes tambin son generalmente analfabetos y muchos de ellos tambin combaten sobre todo por la paga. Por qu hay provincias enteras como Nuristn que han cado bajo control talibn a pesar de todo el personal de contrainsurgencia?

Por qu al intentar asegurar la provincia Helmand en una ofensiva contra los talibanes durante el verano descubrieron las fuerzas de EE.UU. que sus aliados del ANA casi no incluan pastunes sino que eran desproporcionadamente tayikos? Por qu las fuerzas de EE.UU. no lograron desplazar a los talibanes de Marjeh, una ciudad de unos 50.000 habitantes y centro del trfico de opio?

El problema no es la falta de soldados. Si ese fuera el caso, la creciente cantidad de soldados durante los ltimos aos habra producido una situacin mejor, no peor, de la seguridad. El problema es la premisa de que los imperialistas puedan recolonizar un pas so pretexto de contraterrorismo, contrainsurgencia o liberacin contra una resistencia masiva.

Pero por qu est tan determinado Obama a perseverar en Afganistn? Qu es tan importante en la poltica afgana que el Hombre del Cambio no puede cambiarla, incluso cuando un 57% de la gente en EE.UU. dice que hay que irse?

El martes por la noche dir, de un modo tan elocuente como l y los que escriben sus discursos pueden hacerlo, que simplemente no nos podemos permitir que unos extremistas islamistas vuelvan al poder para que puedan albergar a terroristas que atacarn a EE.UU.

Pero hay que recordar que hubo una poca en la cual el Departamento de Estado de EE.UU. estaba determinado a expulsar de Afganistn a un gobierno secular un gobierno que quera educar a las muchachas y establecer clnicas locales y limitar el poder de los jefes tribales y muls y decidi ayudar a la fuerzas ms profundamente reaccionarias en Afganistn, con Gulbuddin Hekmatyar a la cabeza, a establecer un rgimen islamista alternativo. El consejero de seguridad nacional de Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, pens que la Revolucin prosovitica Saur en 1978, en la cual oficiales izquierdistas del ejrcito afgano dieron un golpe y el Partido Democrtico Popular tom el poder, produciendo una reaccin de los muls y de los jefes tribales, representaba una oportunidad dorada de la Guerra Fra.

Incluso antes de que fuerzas soviticas cruzaran la frontera en diciembre de 1979, la CIA estaba organizando fuerzas afganas e internacionales para desafiar al gobierno izquierdista y Brzezinski instaba a los combatientes a ver su lucha como una yihad o Guerra Santa. Esto continu, claro est, durante los ocho aos sangrientos del gobierno de Reagan. Los yihadistas ganaron, los amigos de Washington establecieron un rgimen en 1993, inmediatamente se enemistaron llevando al pas a una guerra civil entre tayikos y pastunes que incluy el bombardeo de Kabul (que hasta entonces se haba librado de los combates). Washington se distanci cortsmente, ya que haba perdido inters debido al colapso de la Unin Sovitica, y dej que su aliado Pakistn se ocupara del lo.

Pakistn opt por apoyar a los talibanes, una fuerza que pareca atractiva aunque fuera slo por su reputacin de probidad moral frente al trasfondo variopinto de trfico de opio y de seores de la guerra violadores de nios. La antigua primera ministra paquistan Benazir Bhutto explic ms tarde que Islamabad tena que apoyar a los talibanes para mantener las lneas comerciales por Asia Central. EE.UU. mantuvo su distancia con el grupo fundamentalista de la lnea dura, que lleg al poder en 1996, y no estableci relaciones diplomticas. Pero fue histricamente responsable por sus inicios y por el descenso de Afganistn al desastre de reaccin medieval que comenz con la lapidacin de mujeres adlteras en estadios de ftbol y culmin con la destruccin de los Budas de Bamiyan en 2001.

Los pecados del imperialismo de EE.UU. en Afganistn son simplemente espeluznantes. Hay que imaginar lo que podra haber sucedido si EE.UU. no se hubiera inmiscuido en los asuntos afganos desde fines de los aos setenta y hubiera permitido que siguiera adelante ese experimento de gobierno secular-reformista en una sociedad musulmana altamente conservadora sin entregar miles de millones de dlares en armas precisamente al tipo de combatientes que hoy son vilipendiados como extremistas islmicos y terroristas. Podra no haber habido un movimiento muyahidn internacional coordinado por la CIA, ni se habra persuadido a un joven Osama bin Laden para que suspendiera sus estudios y dirigiera a guerreros santos rabes en coordinacin con la CIA, ni hubiera habido un colapso total de la sociedad afgana, ni un contragolpe.

Por desgracia la gente de este pas no tiene en general la menor idea sobre la reciente historia de Asia del Sudoeste y el papel de los gobiernos de EE.UU. en la produccin precisamente de los problemas de los que se queja. (No incluyo a Obama entre ellos; sabe lo que est haciendo. De ah su culpabilidad moral total.)

Los talibanes nunca invitaron a Osama bin Laden a Afganistn; estaba en el pas cuando llegaron al poder, como invitado de un seor de la guerra que se haba mostrado hostil a ellos. Haba llegado de Sudn, expulsado por el gobierno de ese pas despus de una demanda de EE.UU. Los talibanes le otorgaron la hospitalidad requerida por el cdigo pashtunwali, como seal de aprecio por sus servicios en la lucha antisovitica en los aos ochenta. Pero, como Alexander Cockburn y Jeffrey St. Clair documentaron en CounterPunch, desde el ao 2000 los talibanes iniciaron conversaciones en Frankfurt con la UE, facilitadas por el empresario afgano-estadounidense Kabir Mohabbat, para transferir a bin Laden fuera del pas. Mohabbat estuvo empleado desde noviembre por el Consejo Nacional de Seguridad para negociar con los talibanes sobre la suerte de bin Laden.

Los talibanes, que haban confinado a bin Laden y a sus principales asesores a su complejo en Daronte, a 48 kilmetros de Kabul, invitaron a EE.UU. a que enviara uno o dos misiles crucero como el modo ms fcil de solucionar el problema, pero el gobierno de Clinton demor la accin. El gobierno de Bush tambin envi repetidamente a Mohabbat a Kabul tres veces en 2001 para discutir el tema de bin Laden. En otras palabras, lo menos que se puede decir es que el Departamento de Estado saba, y nosotros deberamos saber, y Obama debiera saber, que los talibanes y al Qaeda son dos cosas muy diferentes.

De modo que si el presidente argumenta que tenemos que continuar la lucha con ms tropas para reprimir a los talibanes, para impedir que Afganistn vuelva a convertirse en un centro del terrorismo internacional, va a expresar un contrasentido tanto ms elocuente.

Probablemente no hablar del reciente comentario del primer ministro de Pakistn, el pas que despus del propio Afganistn es el pas ms victimizado por la agresin estadounidense en la regin. Hablando en ingls, Yousef Raza Gilani dijo a los periodistas:

Nuestra nica preocupacin es que si EE.UU. enva ms soldados al rea de Helmand de Afganistn, habr un flujo de militantes que se irn a Baluchistn. Es la preocupacin que ya hemos discutido con el gobierno de EE.UU., que hay que preocuparse de ese flujo de militantes hacia Baluchistn porque de otra manera puede desestabilizar Baluchistn.

Pakistn est interesado en un Afganistn estable pero tampoco queremos que nuestro pas se desestabilice-. Hemos pedido al gobierno de EE.UU. que nos consulte en caso de algn cambio de paradigma en la poltica para que podamos formular nuestra estrategia correspondientemente.

Baluchistn representa ms de un 40% del rea de su pas. Est acosado por la intranquilidad tnica; algunos miembros de la mayora baluchi resienten el hecho de que reciben pocos beneficios de la explotacin del uranio y del cobre de su regin y que son desatendidos por Islamabad. Existe una insurgencia armada dirigida por miembros de la tribu bugti. Tiene un cierto apoyo de paquistanes educados crticos del chauvinismo pastn que acusan al Estado de tratar de mantener el atraso de los baluchis. (Aunque es considerado terrorista por el Departamento de Estado, este movimiento es un fenmeno separado de los talibanes.)

Funcionarios del Departamento de Estado han desechado las preocupaciones paquistanes. No es tpico que lo hagan? Han estado desechndolas desde la invasin inicial en 2001, y a medida que Pakistn se desestabiliza cada vez ms, EE.UU. simplemente repite sus demandas de ms cooperacin militar, contina sus ataques con drones a travs de la frontera, y persigue sus objetivos en la regin en lo que Islamabad percibe como falta de atencin hacia sus intereses. Pakistn tiene sus propios problemas que al parecer no son comprendidos por los responsables polticos en el Departamento de Estado de EE.UU. o ignorados intencionalmente mientras los agravan.

Y el presidente Obama no mencionar que segn el sondeo 2009 de Asia Foundation, en Afganistn un 56% de los encuestados dicen que sienten cierta simpata por las motivaciones de los grupos armados, incluidos los talibanes y el grupo de Hekmatyar, que se oponen a la ocupacin. No sealar que la estrategia de relaciones pblicas de presentar este esfuerzo como una liberacin simbolizada por la eliminacin de la burqa ha sido abandonada silenciosamente hace tiempo, ya que la burqa ha vuelto en fuerza y que los seores de la guerra en quienes EE.UU. debe confiar para mantener el orden siempre se han redo de las propuestas de reforma social de EE.UU. Sabe que no es el motivo por el que los soldados estn en el pas.

EE.UU. intervino indirectamente en Afganistn en los aos 80, sin pensar en el bienestar del pueblo afgano y con trgicas consecuencias para ste, a fin de combatir a los soviticos y a la amenaza imaginaria del comunismo. Para hacerlo dio alas a una feroz tendencia extremista islamista. Nunca ha habido algn reconocimiento de error o disculpa y no se puede esperar que lo haya. Todo tena sentido en un momento desde el punto de vista imperialista de EE.UU.

Qu tiene sentido ahora, desde el punto de vista imperialista de EE.UU.? Basta con mirar el mapa. Darse cuenta de que Afganistn no tiene productos que el mundo corporativo de EE.UU. desee o necesite. Durante la Guerra Fra, Irn, Iraq, Turqua a veces tuvieron papeles cruciales en el pensamiento geoestratgico de EE.UU. pero Afganistn fue prcticamente concedido al campo sovitico incluso antes de 1978. Slo adquiri importancia como un campo de batalla de la Guerra Fra cuando estrategas estadounidenses se dieron cuenta (en palabras de Brzezinski) de que podan desangrar a los soviticos como ellos lo hicieron con nosotros en Vietnam. Ms recientemente ha adquirido importancia cuando las corporaciones energticas de EE.UU. se disputan globalmente con los rusos el acceso al gas natural del Mar Caspio.

Actualmente Europa depende del suministro de gas a travs de Rusia desde el Mar Caspio, sobre todo de Turkmenistn. Eso da a Mosc una enorme influencia poltica cuando se trata de temas como la decisin de la OTAN de admitir a Georgia o Ucrania. La poltica de EE.UU. ha sido construir ductos desde el Caspio evitando a Rusia o Irn. La construccin del gasoducto TAPI (Turkmenistn-Afganistn-Pakistn-India) que llevar al gas directamente al Ocano ndico y a los mercados mundiales ha sido retrasada considerablemente debido a los combates en Afganistn.

El gasoducto pasar por la provincia Helmand, y luego por Baluchistn paquistan. Si todo resulta, representar una mejora muy importante en la posicin geoestratgica de EE.UU. en la regin, incluso en caso de otra guerra mundial (como la que podra ser provocada por un ataque de EE.UU. contra las instalaciones nucleares de Irn y las repercusiones impredecibles de una tal accin).

Pero Obama no hablar de la historia de la intervencin de EE.UU. en Afganistn, o de los sentimientos del pueblo afgano respecto a la ocupacin, o de las reacciones de los paquistanes ante el tremendo desastre en su cercana, o de las verdaderas razones geopolticas para el inters estadounidense por esa atrasada y empobrecida nacin centroasitica que ha sido el cementerio de imperios desde la poca de Alejandro Magno.

Dir que sigue siendo una guerra necesaria para defender a los estadounidenses contra un ataque terrorista. Debemos recordar, una vez ms, la observacin del criminal de guerra nazi Hermann Goering durante el juicio de Nremberg de que naturalmente la gente comn no quiere guerra pero en definitiva son los lderes de un pas los que determinan la poltica, y arrastrar a las personas es una de las cosas ms sencillas. Todo lo que hay que hacer es decir que estn siendo atacados, y denunciar a los conciliadores por falta de patriotismo y por exponer al pas al peligro. Funciona de la misma manera en cualquier pas.

Deberamos responder: No, no es necesario! en las calles ese da y en los das siguientes, hasta que obliguemos a Obama a terminar lo que son ahora inconfundiblemente sus criminales guerras imperialistas.

..

Gary Leupp es profesor de historia en la Universidad Tufts, y profesor adjunto de Religin Comparativa. Es autor de Servants, Shophands and Laborers in the Cities of Tokugawa Japan; Male Colors: The Construction of Homosexuality in Tokugawa Japan; e Interracial Intimacy in Japan: Western Men and Japanese Women, 1543-1900. Tambin colabor con la despiadada crnica de CounterPunch sobre las guerras en Iraq, Afganistn y Yugoslavia: Imperial Crusades. Para contactos escriba a: [email protected]

Fuente: http://www.counterpunch.org/leupp11302009.html



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