Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Golpe militar y resistencia popular en Honduras
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-12-2009

La farsa hondurea

Alberto Piris
Estrella Digital


Al fin, el golpismo ha vuelto a ganar, como tantas veces lo hizo antes en muchos pases al sur del Ro Grande, el mismo ro que los mexicanos vecinos de su orilla derecha llaman Ro Bravo del Norte. Sea cual sea el resultado definitivo de las elecciones celebradas en Honduras el pasado domingo y sea cual sea el ndice de participacin, el solo hecho de celebrarlas bajo la benvola mirada de algunos pases complacientes constituye el ltimo clavo que cierra el atad de la que fue posible democracia hondurea.

Esta valoracin no resulta modificada por la opinin oficial del Gobierno de EEUU de aceptar el resultado de esos comicios si se celebran con "libertad y limpieza", opinin que comparten algunos otros pases americanos como Colombia, Panam y Costa Rica -cuyo presidente ha sido el principal mediador entre las partes enfrentadas-, pero que rechazan de plano un gran nmero de Estados. En Amrica, Argentina y Brasil han manifestado ya que no reconocern el resultado de las elecciones, y la Organizacin de Estados Americanos ha rehusado enviar observadores al proceso electoral. Tampoco la ONU lo ha respaldado, como no poda por menos de suceder, aunque nada indica que siga firme en su propsito de aqu a algunos meses si, como lamentablemente parece probable, la farsa hondurea alcanza el objetivo que haban previsto los golpistas del 28 de junio.

La Unin Europea no aprueba estas elecciones, aunque unos europarlamentarios espaoles del Grupo Popular viajaron a Honduras a ttulo privado. Sorprende que alguien pueda pensar que se dan las condiciones necesarias para unas elecciones "libres y limpias", cuando el anterior presidente, democrticamente elegido, fue depuesto por la fuerza de las armas y permanece refugiado en la Embajada brasilea en Tegucigalpa desde finales del pasado mes de junio, configurando de este modo una esperpntica situacin legal y poltica que impide considerar siquiera normal cualquier tipo de eleccin celebrada en tan anmalas circunstancias.

Un diputado del Congreso Nacional hondureo declar a la prensa chilena lo siguiente: "La pandilla que convoca estas elecciones hace fiesta mientras tienen bajo encierro y tortura al presidente legtimamente electo. Hay censura en los medios de comunicacin; se persigue a los miembros de la Resistencia que hacemos oposicin; aparecen opositores asesinados sin que el sistema judicial acte; los militares son los que mandan tras las bambalinas, comoreconoci el portavoz de la Polica Nacional en una entrevista encubierta". Su denuncia se extenda tambin a varios aspectos del proceso electoral, en el que los datos finales sern elaborados por una empresa telefnica que -segn l- financi el golpe de Estado, los observadores internacionales que han aceptado acudir son ideolgicamente aliados de los golpistas y las urnas sern custodiadas por los mismos soldados que apresaron y expulsaron a Zelaya.

No deja de sorprender a muchos observadores el hecho de que en Latinoamrica, durante la presidencia de Bush, que sin mucha exageracin poda calificarse como un rgimen de extrema derecha, slo ocurri un golpe de Estado -el fracasado en Venezuela contra el presidente Chvez en el 2002- y, por el contrario, las fuerzas polticas de izquierda alcanzaron democrticamente el poder en varios pases, alumbrando entre las masas habitualmente desposedas unas esperanzas de justicia social soadas durante los largos aos en que fueron gobernadas por las corruptas oligarquas de siempre.

En cambio, con Obama en la presidencia, en menos de un ao ha prosperado el primer golpe de Estado sin apenas oposicin firme y decidida de la Casa Blanca, y en otros pases, como Paraguay, empieza a escucharse el ruido de los sables, aunque, como ha ocurrido en Honduras, stos se disfracen con las togas de la Justicia para hacerse ms digeribles por la opinin pblica.

Es casi seguro que esta aparente contradiccin sea producto de la situacin poltica en EEUU, donde Obama se ve obligado a hacer difciles equilibrios frente a una oposicin mucho ms dura que la que tuvo que soportar Bush. sta siembra de obstculos los complicados caminos por los que el nuevo presidente ha de transitar para lograr la ansiada reforma sanitaria, atender a la crisis econmica mundial y afrontar los numerosos problemas de poltica exterior que dependen bsicamente de las decisiones de Washington; y todo esto con la vista puesta, como es natural, en las prximas elecciones presidenciales que deber ganar para llevar a cabo sus ambiciosos proyectos a ms largo plazo.

Que esos problemas internos de EEUU contribuyan al resultado de que en Tegucigalpa se instaure un rgimen democrticamente dudoso, producto final de un golpe de Estado a pesar de estar vestido con el ropaje de unas elecciones absurdas, nos muestra los extraos recorridos de la poltica internacional en un mundo tan interconectado como el que nos ha tocado vivir.

Fuente: http://www.estrelladigital.es/ED/diario/269515.asp



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