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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-12-2009

Ponencia para el Congreso Constitutivo del Movimiento Continental Bolivariano
Contraofensiva imperialista, resistencia y alternativa desde los pueblos

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


Amigas y amigos, mi intervencin en este debate internacional e internacionalista est condicionada por la premura de tiempo, por la rapidez con la que he tenido que elaborar unas notas sobre los cinco conceptos que forman el ttulo del panel: contraofensiva, imperialismo, resistencia, alternativa y pueblo. Son por tanto notas concisas, bsicas, casi lacnicas, que buscan lo esencial. Terminar con un resumen sobre lo dicho.

CONTRAOFENSIVA

Pienso que ha sido un acierto de la organizacin del evento hablar de contraofensiva imperialista en vez de simple ofensiva, y ello por dos razones. La primera, porque hasta los mismos comentaristas burgueses dijeron hace unos aos que el imperialismo yanqui haba descuidado lo que denominan su patio trasero, las Amricas. Convencido a finales de los 80 y comienzos de los 90 que la lucha revolucionaria en este continente agonizaba, que Cuba estaba al borde del hundimiento, el imperialismo yanqui se volc en otras reas del planeta. Debemos decir de inmediato que ese descuido no fue total y absoluto porque las bases militares, las empresas yanquis, los tentculos de los EEUU, sus embajadas, no dejaron nunca de estrujar a los pueblos de las Amricas. De la misma forma en que no hubo nunca una guerra fra desde 1945 hasta 1990, sino multitud de conflictos sangrientos y calientes, dictaduras y sistemas de terror y terrorismo contra las clases y naciones rebeldes, tampoco el imperialismo ha descuidado sus intereses en los ltimos aos. Adems, en los ltimos aos hemos sufrido el giro a la derecha de Mxico y de Per, el rearme de Colombia, el reformismo cobarde y genuflexo, arrodillado, en Chile y Argentina, etc. Cualquiera que conozca las relaciones histricas de dependencia de las burguesas latinoamericanas hacia los EEUU, sabe que los servicios yanquis, sus consejeros, estn siempre detrs de las decisiones que benefician a las transnacionales y a las burguesas autctonas, y que empeoran las condiciones de vida y trabajo de los pueblos.

En el fondo, la tesis del descuido significa un profundo desprecio hacia la demostrada capacidad creativa y de recuperacin de los pueblos aplastados durante siglos, capacidad que se ejerci precisamente cuando ms eufrico estaba el imperialismo por la implosin de la URSS, por las grandes dificultades de Cuba durante su heroico perodo especial, por la demostracin aparente de fuerza militar en Irak y en otros sitios, por la evolucin econmica mundial, la fidelidad absoluta de las burguesas latinoamericanas al neoliberalismo, etc. Mientras los profetas del fin de la historia auguraban que el siglo XXI sera el siglo yanqui, solamente enturbiado por el fundamentalismo islmico, en las Amricas se reorganizaban las fuerzas de la libertad y de la revolucin, como tambin lo hacan en frica y Asia, e incluso en Europa. Adems, esta recuperacin se ha hecho en muy buena medida superando por la izquierda a las fuerzas reformistas y a las revolucionarias que, en la prctica, han retrocedido a una socialdemocracia keynesiana respetuosa con el capital.

No es la primera vez, ni ser la ltima, que la autoconfianza triunfalista de las clases dominantes es superada por la efectividad silenciosa de la zapa del viejo topo, como anunci Marx, que va minando las bases del poder, sus cimientos. Todo poder dispone de un sistema de alerta que le indica que el viejo topo avanza en su tarea de minado y que le propone medidas de contraminado, de contrainsurgencia y de contraofensiva. Pero este sistema queda obsoleto ante la inventiva revolucionaria, y sobre todo, cada determinado tiempo, resulta incapaz de cumplir su cometido por lo que entonces recurre a otros aparatos del Estado burgus, a los ms terroristas, al ejrcito. El imperialismo en su conjunto y el yanqui en concreto, se encuentra ahora en esta fase, en la de movilizacin de sus ejrcitos y de otros recursos represivos, como las fuerzas reaccionarias dentro de cada pueblo y Estado, como es el caso del golpe en Honduras, las bases militares en Colombia y la desestabilizacin generalizada en todas partes, por no extendernos. El imperialismo ha pasado a la contraofensiva porque han sonado las alarmas en Washington y en el Pentgono.

Dejado esto claro, debemos avanzar un poco ms en la caracterizacin de contraofensiva. Aqu llegamos a la segunda razn del acierto de hablar de contraofensiva ms que simple ofensiva imperialista. No pensemos que aquella est siendo exclusivamente militar y paramilitar, que es cierto, tampoco pensemos que, adems de esto, se va a limitar a lo que se denomina guerra de cuarta generacin en la que la destruccin de la conciencia, voluntad y subjetividad del pueblo atacado juega un papel clave, que tambin. Ahora es ms que eso. Una pista definitivamente clarificadora de lo que es la contraofensiva actual nos la ofrece la concesin del Premio Nbel de la Paz a Barack Obama, presidente de la mayor potencia criminal y terrorista habida en la historia. Cuando una de las instituciones bsicas en la legitimacin de la cultura eurooccidental como el la Fundacin Nbel otorga el premio de la paz al responsable directo de las atrocidades en muchas regiones del globo es que el imperialismo en su conjunto, y no slo el de los EEUU, necesita desde ahora dar una cobertura ideolgica muy precisa a la contraofensiva generalizada a escala mundial que est lanzando.

Porque adems de reconquistar definitivamente el subcontinente americano a partir de un triple ataque --desde las bases andinas, desde el interior de los pueblos y desde las fuerzas aeronavales que rodean en subcontinente-- que se desarrollar escalonadamente partiendo de lo ya realizado, tambin se trata de reafirmar la hegemona yanqui a escala mundial, con el inestimable apoyo del euroimperialismo. Un arma clave para este objetivo es la lucha ideolgica y el monopolio de la paz por el capitalismo occidental. Todas las doctrinas en contrainsurgencia insisten en la importancia de la legitimacin del orden capitalista, en el uso como arma beligerante de los derechos humanos burgueses como justificacin de las guerras humanitarias, y en el fundamental papel de la industria poltico-meditica en la fabricacin de argumentos a favor del imperialismo. Pero de aqu a otorgar el Premio Nbel de la Paz a su responsable mximo haba un trecho que ya se ha cubierto: a partir de ahora quien critique a los EEUU ser tildado directamente de enemigo de la paz. Semejante acusacin se oficializ desde que la Administracin Bush II cre el concepto de eje del mal que haba que destruir a cualquier precio para garantizar la democracia.

Se tard poco tiempo en demostrar que Bush, Blair y Aznar mentan descaradamente. Para recuperar algo del prestigio tico perdido con tanta mentira, y para reforzar la contraofensiva ideolgica, el imperialismo necesitaba un enganche atractivo que volviese a alienar a las decenas de millones de personas que repudiaron el cinismo y la falsedad del poder. La Fundacin Nbel ha corrido en apoyo descarado del capital cuando ste ms necesitaba una nueva imagen. Es cierto que esta Fundacin haba intentado mantener cierta imagen de neutralidad para ocultar su conservadurismo pero ahora no ha dudado en optar por el bando de los opresores precisamente en uno de los problemas eternos, el de la paz. Muy mal deben ver el futuro del sistema cuando han echado por la borda una larga tradicin mistificadora poniendo al descubierto sus verdaderos intereses. De este modo, la contraofensiva imperialista actual se caracteriza por atacar en todos los frentes.

IMPERIALISMO

La decisin de la Fundacin Nbel ha sido aplaudida por las fuerzas vivas del capitalismo y la razn es que ste necesita otra imagen externa, necesita cambiar de piel. Todas las culebras lo hacen, y la que no hace muere.. En este caso se trata de contrarrestar en algo el desprestigio masivo de los EEUU en el mundo mediante el lavado de cara pero no por simple marketing publicitario sino porque esta nueva imagen, la de un presidente norteamericano no blanco, demcrata y dialogante, que incluso busca instaurar una especie de seguridad social para las ms amplias masas de empobrecidos, enfermos y hasta hambrientos, tiene como funcin, por un lado, encontrar nuevos aliados en los gobiernos del mundo; por otro lado, fortalecer la eficacia de la guerra cultural, propagandstica e ideolgica occidental sobre continentes enteros, sobre miles de millones de personas no occidentales a las que se necesita engaar con la nueva piel del monstruo y, por ltimo, y como objetivo decisivo que subsume a los dos anteriores, crear una especie de mundo virtual propagandstico que ensalce el espritu renovador y abierto de los EEUU representado en Obama mientras que en la realidad el imperio endurece y amplia sus agresiones.

Por ejemplo, mientras la imagen de los EEUU mejora algo en la prensa, en la realidad aumentan los bombardeos terroristas en Pakistn y Afganistn, e Irak sigue desangrndose. Israel contina asesinando palestinos, e Irn est sufriendo presiones crecientes. El golpismo y el militarismo criminal se extienden por Latinoamrica. Y qu decir del bloqueo econmico, sanitario y cientfico a Cuba? Los EEUU han abierto un poquito el grifo de las visitas y de algn que otro derecho, pero nada ms: se trata, otra vez, de una operacin de imagen ante uno de los cercos permanentes ms rechazados por el mundo entero. La agresin a Cuba y a otros muchos pueblos nos lleva al asunto del Tribunal Penal Internacional, de las torturas y de los abusos impunes de las tropas yanquis, problema terrible que la Administracin Obama asegur que resolvera y que sigue existiendo. Peor, se ha fortalecido en varios de sus captulos como se ve en las directrices de accin de las tropas yanquis en la invadida Colombia. Los presupuestos militares aprobados por el gobierno Obama son descomunales mientras se ensalza el pacifismo de la Administracin yanqui, pero se inyecta suma desquiciantes de dlares en las ms modernas tecnologas de la muerte y del terror. Los militares norteamericanos son conscientes de que necesitan una aplastante superioridad tecnolgica para mantener a raya las ansias de libertad de los pueblos, y por esto han hecho que nada menos que el 57% de las inversiones en tecnociencia estn dedicadas a la ciencia del exterminio y del terror.

Se nos presenta a Obama como el resultado del tpico sueo americano realizado superando tremendas dificultades, una especie de Mesas en tiempo de infortunio aupado a la presidencia por millones de votos obreros y populares y gracias al descrdito de los republicanos. Pero tanto su carrera poltica como los pactos y acuerdos que hizo con otros sectores polticos, con la prensa y con los grandes poderes econmicos, son los que realmente le han sentado en la Casa Blanca, sin su visto bueno jams hubiera llegado a presidente. Son ellos, por un lado, los que ahora le obligan a comerse las promesas que hizo sobre los aspectos centrales del militarismo yanqui. Mientras tanto, la derecha republicana, ms compacta y activa que derecha demcrata, se prepara para cuando retome el poder oficial en Washington. Pero por otro lado, es objetivamente imposible y racionalmente impensable que Obama, como persona sin avales, protectores y patrocinadores, sin eso que llaman equipo, hubiera llegado a la presidencia de los EEUU siendo un autntico demcrata que rechaza activamente la injusticia y la opresin y que lucha por los derechos sociales. La maquinaria poltica yanqui, extremadamente selectiva y burocratizada, dependiente del dinero de las grandes empresas, le habra negado la participacin en la carrera poltica desde el primer momento, o le habra expulsado fulminantemente desde el segundo momento.

A la vez, protegidos por la nueva imagen pacifista y dialogante yanqui, el autoritarismo y la reaccin crece en la Unin Europea. Por ejemplo, en el Estado espaol el anuncio de la Fundacin Nbel fue inmediatamente aprovechado para embellecer la poltica reaccionaria y especialmente la aplicada contra el pueblo vasco. La militarizacin imperialista europea, que se plasma en la OTAN como uno de los pilares decisivos del proyecto de hegemona occidental para el siglo XXI, ha multiplicado sus proclamas pacifistas, que se suman a las anteriores sobre los derechos humanos en su concepcin burguesa y sobre esa aberracin tica que es la guerra humanitaria. La OTAN es uno de los brazos armados ms poderosos del imperialismo en estos momentos, pero est destinada a ser el brazo armado decisivo en poco tiempo, tanto para las guerras de invasin, ataques preventivos, operaciones de castigo, sabotaje selectivo, etc., como para las nuevas represiones militarizadas que se estn desarrollando en el interior de los capitalismo imperialistas denominados tramposamente cntricos o del norte. La integracin policial-militar, la militarizacin de lo policial y la policializacin de lo militar, junto con nuevas leyes penales, semejante transformacin inserta en la poltica de seguridad, es una de las nuevas tareas de la OTAN.

Para justificarla la propaganda masiva y permanente sobre el pacifismo, los derechos y el humanitarismo siempre en su sentido burgus-- tiene en la UE el objetivo de fortalecer la ideologa imperialista y racista, eurocntrica, de que el futuro de la civilizacin --la capitalista en su vertiente occidental-- est cada vez en ms peligro por lo que ya es inevitable dar el salto definitivo al rearme europeo para defender la civilizacin. Naturalmente, los EEUU son presentados como un aliado esencial, ms an, como el hijo prdigo de Europa. Los idelogos burgueses falsean la historia al crear el paralelismo entre Grecia y Roma en el pasado, y entre Europa y los EEUU en el presente. De este modo, se va preparando la poblacin europea para apoye y participe en guerra imperialista en defensa de los valores de la civilizacin, o sea, del beneficio capitalista.

El capitalismo se encuentra en una situacin alarmante porque, por primera vez en su historia, est sufriendo una crisis total, que es ms que econmica, al ser tambin de recursos energticos y alimentarios, una crisis ecolgica y sanitaria, de legitimidad y de orden. Dicho bsicamente, al capitalismo le sobran seres humanos. Desde hace unos aos estn confluyendo en una sola crisis general, estructural, sistmica, total, de agotamiento --se utilizan estos y otros adjetivos para definir lo bsico de una crisis sin parangn con las anteriores-- un conjunto de crisis concretas, particulares, al igual que un ro se forma captando los afluentes que lo alimentan. Dentro de esta situacin alarmante, el imperialismo norteamericano es el que ms tiene que perder porque est en juego su hegemona, la que le permite consumir alrededor del 25% de la energa mundial por una poblacin del 5% de planeta. Un consumo irracional e injusto que solamente puede mantenerse, en definitiva, gracias las ganancias monopolsticas, a la militarizacin y a los sistemas de absorcin de capitales extranjeros que mantienen vivo a los EEUU, a pesar de su imparable y dentro de poco impagable dficit y deuda exterior. Pero el imperialismo europeo tambin depende del crudo, del gas y de otros recursos exteriores, as como el japons. Estos bloques imperialistas se estn rearmando rpidamente y aunque sean muchas las distancias que separan a sus ejrcitos del norteamericano, en realidad tienen los mismos intereses imperialistas.

Pero si los EEUU son los que ms tienen que perder, son tambin los que disponen de ms alternativas de salida, sobre todo su gran superioridad cientfica y tecnolgico-militar y la, por ahora, dependencia estructural que muchas economas tienen del mercado norteamericano y de su deuda, que es una cadena que ata los cuellos y las carteras del acreedor y del deudor, tema al que volveremos luego. Por ahora, tienen tambin la ventaja de una muy mayor centralidad poltica de mando, mientras que la UE va muy por detrs en este sentido, mientras que Japn no tiene ya el peso que tuvo en los 70 y 80. La centralidad poltica de mando ha demostrado sus virtudes en algunos momentos mortales de la actual crisis, momentos en los que los EEUU han tomado decisiones importantes mientras que la UE se ha retrasado mucho. Su posicin permite a los EEUU liderar el proyecto de hegemona imperialista-occidental que integre bajo su mando estratgico al euroimperialismo de modo que cree un poder terrible que pueda contrarrestar la previsible fuerza de China Popular y otras potencias llamadas emergentes. La unidad del imperialismo occidental bajo la direccin yanki no anula ni niega la existencia de contradicciones secundarias y no antagnicas entre sus Estados y entre sus grandes corporaciones, grupos transnacionales y monopolios, simplemente marca las pautas generales de comportamiento al que debern supeditarse estas empresas.

No tenemos ahora tiempo para profundizar en las posibles dinmicas futuras, en las alternativas y alianzas que surgirn y se rompern bajo la presin de las contradicciones capitalistas. Gradualmente el poder del dlar est siendo debilitado tanto por las limitaciones internas de la economa norteamericana, que son parte de las contradicciones del imperialismo, como por las decisiones econmico-polticas de algunos Estados dispuestos a construir alternativas diferentes. Lo que s est claro es que el imperialismo occidental no va a permitir que otras potencias le resten beneficios, y menos todava va a permitir que sean los pueblos trabajadores, las naciones oprimidas y explotadas, quienes mediante la revolucin comunista recuperen para la humanidad entera lo que pertenece a la entera humanidad. Es por esto que la tendencia dominante en el capitalismo es la fusin entre lo econmico y lo militar, entre la guerra y la tcnica, el terror y la ciencia.

RESISTENCIA

Teniendo en cuenta lo visto, el concepto de resistencia aparece como el ms oportuno y hasta imprescindible: debemos resistir desesperadamente a la contraofensiva imperialista. No hay duda alguna que la resistencia a la opresin es una necesidad vital y por tanto filosfica y tica. Sin la inicial accin resistente toda lucha posterior carece de futuro. En el principio fue la accin, escribi Goethe, y la accin contra la injusticia, o sea la resistencia, hubiera aadido Marx que sostena que la lucha era su ideal de vida. El acto inicial de resistirse, el hecho de negarse de entrada a la explotacin, rechazndola, esta resistencia es el acto inaugural de toda existencia consciente, la esencia identificadora de todo sujeto activo en vez de la ciega obediencia mecnica de un objeto pasivo. Desde el surgimiento de la explotacin y de las religiones, la especie humana existe gracias a la desobediencia al amo, tenga forma de dios o de dinero, o de ambos a la vez.

La resistencia contra el imperialismo adquiere ahora un sentido absoluto porque son tantas las capacidades destructivas de los ejrcitos capitalistas que lo que est en juego es la misma continuidad de la existencia humana y de casi todas las forma de vida sobre el planeta. El dilema de comunismo o caos est ms vigente que nunca, y la resistencia es el primer acto para preservar la vida. No debemos cansarnos en plantear la actualidad de este dilema que, en lo bsico, ya est anunciado en el Manifiesto Comunista de 1848 aunque sin una exposicin terica plena porque todava el capitalismo no haba desarrollado todas sus fuerzas destructivas. Luego, Engels avanz en la misma lnea pero utilizando el concepto de socialismo en el sentido de opuesto a la barbarie. Fue Rosa Luxemburg la que populariz en 1915 el dilema de socialismo o barbarie. Sin embargo el avance definitivo y premonitor en este sentido, que sigue siendo insuperable hoy en da, lo dieron los bolcheviques en 1919 al demostrar tericamente que el comunismo es la nica alternativa al caos. Fue en el imprescindible libro ABC del comunismo, que serva como manual de formacin aceptado por el partido de Lenin, donde se leen estas palabras: La nica salida para la humanidad es el comunismo. Y ya que el comunismo slo puede ser realizado por el proletariado, el proletariado es hoy el verdadero salvador de la humanidad de los horrores del capitalismo, de las barbaridades de la explotacin, de la poltica colonial, de las incesantes guerras, del hambre, del salvajismo y de la brutalidad, de todos los horrores que conllevan el capital financiero y el imperialismo (Bujarin y Preobrazhenski: ABC del Comunismo. Edit. Fontamara. Barcelona. 1977. Pg.: 135)

A este prrafo slo le falta una referencia a la catstrofe ambiental y ecolgica, y al arsenal nuclear, biolgico y qumico almacenado, para hacerlo totalmente actual, como si no hubiera sido escrito hace noventa aos sino antes de iniciarse este debate. Por diversas razones en las que no podemos extendernos este mensaje fue arrinconado durante decenios. A partir de la dcada de los 60 se recuper el dilema de socialismo o barbarie pero el ms pleno y profundo de comunismo o caos sigui siendo desconocido excepto para muy reducidas minoras. Mientras tanto, el imperialismo y el capital financiero aumentaban sus atrocidades y, a la vez, multiplicaban sus fuerzas destructivas. En Europa, de donde procede mi experiencia militante, una parte de la intelectualidad progresista, un sector de la izquierda de la socialdemcrata y el reformismo eurocomunista desarrollaron en los 70 el pacifismo como respuesta a la amenaza de autodestruccin colectiva y al militarismo imperialista. Para mediados de los 80, todos los estudios cientfico-crticos aseguraban que una guerra total destruira la mayor parte de las formas de vida en el planeta. Posteriormente, esta certidumbre cientfica fue corroborada por una serie de hechos y catstrofes, como la de la central nuclear de Chernobyl en la URSS a finales de los 80. La implosin de la URSS en esa misma poca, la primera invasin de Irak, etc., todo esto propici que el pacifismo y la charlatanera dominasen en buena parte de la denominada lucha antiglobalizacin y altermundialista de finales del siglo XX y comienzos del XXI.

Lo caracterstico de este movimiento era su total resistencia pasiva al imperialismo, sin proyecto de construccin revolucionaria, sin alternativa prctica en suma. No se trataba de una resistencia activa destinada a crear las condiciones necesarias para la construccin prctica de una alternativa a la explotacin. La demagogia y la verborrea sobre una hipottica movilizacin social pacfica, basada en la sociedad civil, lo inundaban todo. Mientras la lucha antiglobalizacin se perda en grandes discursos, el capitalismo continuaba con sus disparates. La resistencia pasiva mostr toda su inconsistencia con el fracaso definitivo al no ser capaz de crear grupos militantes que dirigieran la lucha contra el capital en las condiciones de la crisis que estall despus. La resistencia altermundialista contra la globalizacin ni pudo ni quiso, ni tampoco entraba en su esquema terico, desarrollar organizaciones revolucionarias que dirigieran las luchas en situaciones sociales mucho peores que las que haba durante la expansin econmica anterior a la crisis. Peor an, para cuando estall el caos capitalista, la antiglobalizacin estaba ya debilitada y derrotada.

El concepto de resistencia que se haba impuesto en Europa y que se mostraba en dos lneas: una, la reformista procedente de la izquierda de la socialdemocracia y del eurocomunismo, y otra la altermundialista antiglobalizadora, parta de una visin esttica y pasiva, defensiva a pesar de alguna palabrera radical. Uno de los referentes tericos en los que se basaba semejante postura pasiva era el del Gramsci manipulado por el PC italiano, que haba aprovechado sus ambigedades y vacos, en parte causados por la severa censura carcelaria pero tambin en parte por las mismas lagunas de su teora, segn el cual la denominada guerra de movimientos deba ser sustituida por la guerra de posiciones hasta que existieran las condiciones objetivas que permitiesen reiniciar la primera; a la vez, un papel central en esta guerra de posiciones era la de conquistar la hegemona en la sociedad civil mediante la hegemona ideolgica lograda con la labor de los intelectuales orgnicos. Una vez afianzada la hegemona podra darse el paso a la guerra de movimientos, al avance impetuoso al socialismo.

Hemos sintetizado mucho las tesis del PCI, que no las de Gramsci porque no tenemos tiempo. De cualquier modo, lo decisivo es que estas tesis engarzan directamente con el reformismo clsico, el que se cre desde finales del siglo XIX y que ha sido y sigue siendo aplicado en muchas partes del globo. Con variantes particulares ms o menos radicales en cada pas y momento, consiste en que la resistencia debe esperar a que existan condiciones objetivas para pasar a la ofensiva, para dejar de ser una resistencia pasiva y ser activa. En esta concepcin el objetivo ltimo por el que se lucha termina olvidndose o siendo reducido a un reclamo al que se recurre en determinadas fechas para mantener las apariencias. Olvidado o menospreciado el fin, los medios terminan sindolo todo, bsicamente el parlamentarismo electoral y la posicin de cuanto mayor poder institucional posible, siempre dentro del sistema legal. Como hay que sumar votos a cualquier precio para acceder a la mayor cantidad posible de escaos y cotas de representatividad, hay que evitar radicalismos que alejan los votos de los sectores dubitativos y poco concienciados.

As, lo que inicialmente era un acto necesario e imprescindible, la resistencia, termina convirtindose en un obstculo para el avance emancipador. En cualquier dinmica de emancipacin sea colectiva o individual, siempre llega el momento crtico en que toda resistencia se enfrenta a la duda de si pasar a ser activa y constructiva, es decir, con un modelo de futuro que exige avanzar, o pasiva y defensiva, es decir, slo con un modelo de presente que exige esperar, no arriesgar, evitando todo aventurerismo radical que espante a los electores menos concienciados.

ALTERNATIVA

Por su misma inercia, la mayora de actos resistentes tienden al reformismo. Lenin comprendi la esencia de la crtica marxista al reformismo, a saber, que la lucha simplemente economicista, sin la conciencia poltica revolucionaria, tienden indefectiblemente al reformismo. La lucha por las mejoras econmicas es una resistencia que slo pretende mejorar aspectos de la explotacin asalariada pero sin querer acabar con el sistema capitalista. Otro tanto hay que decir de la lucha parlamentarista y electoralista, o de cualquier otra forma de resistencia que se limite exclusivamente al marco de lo tolerado por el poder opresor. Volvemos a insistir en que pese a esto no debemos rechazar la necesidad de la resistencia, al contrario, siempre hay que impulsarla pero, y esto es lo decisivo, debemos impulsar la resistencia activa, constructiva, que va orientada a la acumulacin de fuerzas y a dar el paso a una alternativa de poder obrero y popular.

El punto crtico que separa a la resistencia pasiva de la activa es el problema del poder. La persona o el colectivo que se resiste a la opresin son dignos de todo respecto y apoyo incondicional, pero realizado con la crtica constructiva y solidaria que le advierte que nunca superar la opresin que sufre mientras no acabe con el poder que le oprime. Reducir algo el dolor provocado por la injusticia, pero no acabar con sta y por tanto con el dolor que ella le causa. La razn radica en que frente al poder opresor hay que construir un poder liberador. Se trate de la lucha ms aislada e individual que podamos imaginar, hasta las grandes luchas de masas contra el Estado y contra el imperialismo, siempre el problema del poder propio, del poder de autodefensa, aparece como decisivo. Una mujer apaleada y vejada diariamente por su marido o su novio nunca ser libre y feliz mientras no tenga poder propio para emanciparse y ser independiente, para establecer nuevas relaciones o, si quiere, para hacerse respetar definitivamente por su novio o marido. Sea una mujer o un esclavo, una trabajadora blanca o indgena, un proletario o estudiante, un campesino o artesano, sea lo que fuere, siempre el problema del poder aparece en toda lucha contra la opresin, y todava ms es as cuando superamos el plano individual y pasamos al colectivo, al de los sexo-gnero, a la opresin nacional y a la explotacin de clase, al sojuzgamiento de la humanidad trabajadora por el imperialismo.

La experiencia muestra que est condenada al fracaso la resistencia que no se plantee acabar con las causas de la opresin a la que se enfrenta, por heroica y sobrehumana que haya sido. La resistencia que no conozca las causas de la opresin que sufre y a la que se enfrenta est condenada a ser aplastada fsicamente o a ser integrada y desactivada, corrompida, comprada. Pero conocer las causas exige una formacin terica marxista unida a una propuesta prctica que aplique esa teora contra la explotacin. La alternativa es esa propuesta prctica. Si quiere ser efectiva la resistencia contra la explotacin en una fbrica ha de estudiar qu es salario y qu es la plusvala, y qu es la clase burguesa y el capitalismo. Sin estos conocimientos y sin las alternativas revolucionarias que el marxismo elabora, la resistencia no tiene futuro. Lo mismo sucede en la lucha contra el imperialismo pero a una escala superior, porque ahora nos movemos ya en el plano de la mundializacin capitalista, de las contradicciones capitalistas a nivel mundial y de las relaciones de fuerza entre sus potencias dominantes. En este plano, la opresin nacional adquiere una relevancia superior a la que tiene en el plano de la lucha en una fbrica concreta porque, ya en el debate sobre el imperialismo, incluso un pas formalmente soberano y libre en realidad puede estar dominado y sojuzgado en lo econmico, no siendo totalmente libre en el momento de tomar sus decisiones vitales sobre su futuro, sobre sus recursos alimentarios, sanitarios, energticos, cientficos, econmicos, etc., ya que estos estn ms o menos controlados por las grandes transnacionales y por los Estados imperialistas que las protegen.

Por tanto, la alternativa contra el imperialismo exige de un nivel de rigor terico y de movilizacin de masas muy superior a la que exige una alternativa en una lucha concreta. En realidad, existe una profunda conexin entre ambas porque el imperialismo es una totalidad que lo abarca todo, desde el endurecimiento de las presiones contra maestros y mdicos progresistas en un barrio concreto a manos de la derecha local, por ejemplo, hasta el endurecimiento de la alienacin y de la manipulacin mundial y el aumento de los costos de las medicinas decretado por las grandes transnacionales con el apoyo directo de los Estados ms poderosos y de las instituciones imperialistas como el Banco Mundial, el FMI, la OMC, etc. Lo que ocurre es que las masas populares autoorganizadas pueden llevar ellas mismas la lucha por una educacin cientfica, crtica y gratuita y por una sanidad social en cualquier barriada popular, pero necesitan de conexiones organizativas internacionales para contactar con las mismas luchas en otros pases, para ampliarlas y extenderlas internacionalmente para aunar fuerzas, para vencer localmente y para vencer al imperialismo.

Por esto, las alternativas contra el imperialismo han de ser internacionalistas, no han de quedarse aisladas en sus pases, en sus barrios y fbricas, en sus campos. Si la lucha contra el imperialismo quiere ser efectiva ha de ser internacionalista, y si la lucha internacionalista quiere ser efectiva ha de penetrar en todas las luchas concretas, en todas las luchas de los pueblos oprimidos por el imperialismo, ha de ser, por tanto, una lucha por la liberacin nacional a la vez que por la liberacin de clase y antipatriarcal. No hay otro remedio, no existe otra alternativa que hacer una alternativa antiimperialista, una alternativa internacionalista, valga la redundancia. Ahora bien, el antiimperialismo se queda en una frase hueca si no est lleno de construccin de un poder popular orientado a liquidar la base del imperialismo: la propiedad privada y el monopolio de la violencia por los ejrcitos capitalistas. La propiedad privada en la fase imperialista del capitalismo es la propiedad de prcticamente todo en manos de una infinitesimal banda de ladrones que disponen de una descomunal fuerza militar y propagandstica. La enana jaura de hienas es obedecida por las burguesas de los pases formalmente soberanos pero dependientes en lo econmico.

Los pueblos de las Amricas padecis esta realidad imperialista y la conocis mejor que nadie. Las sucesivas alianzas entre los EEUU y las burguesas latinoamericanas siempre se han caracterizado por dos constantes: estar supeditadas a los intereses yanquis aunque tambin obtenan beneficios esas burguesas y sobre todo sus sectores dominantes, y estar diseadas para aplastar a los pueblos. Desde hace unos aos, determinados procesos democrtico-radicales, progresistas y revolucionarios avanzan desafiando a estas constantes, abriendo diversas expectativas sobre las que ahora mismo no podemos extendernos ya que, por un lado, carecemos de tiempo para un anlisis detallado de cada caso y, por otro lado, sera presuntuoso y hasta un acto de colonialismo intelectual eurocntrico por mi parte impartir doctrina. Dicho esto, s hay que precisar que el modo de produccin capitalista es uno a nivel mundial, que sus leyes de evolucin y sus contradicciones antagnicas actan a nivel mundial, que la lucha de clases, el terrorismo machista y la opresin de los pueblos tienen unas conexiones estructurales con el capitalismo que se presentan, en lo esencial, en todo el planeta. La identidad y el contenido es el mismo, lo que varan son las formas y los ritmos de evolucin.

Partiendo de aqu, s debo decir que cualquier alternativa, si quiere ser revolucionaria, ha de tener a la fuerza cuatro caractersticas que surgen de la propia identidad de la explotacin imperialista en cualquier parte del mundo: una, ha de ir orientada explcita y pblicamente a la acumulacin de fuerzas sociales cuyo objetivo es expropiar a los expropiadores, acabar con la propiedad privada; dos, a la vez, ir orientada a la toma del poder poltico por el pueblo en armas, para la instauracin de un Estado obrero en proceso de autoextincin consciente; tres, avanzar en el desarrollo multifactico de la democracia socialista, del poder consejista y popular, sovitico, de la emancipacin antipatriarcal, todo ello dentro de una decidida (re)construccin de la unidad entre la naturaleza y la especie humana, de la (re) integracin de la especie humana en la naturaleza, es decir, de la lucha contra el desarrollismo capitalista; y cuatro, agilizar la dialctica entre la autodeterminacin e independencia de los pueblos y el internacionalismo proletario, de modo que el libre desarrollo de las personas y de los colectivos sea la condicin del desarrollo libre la humanidad trabajadora en su unidad.

PUEBLO

En el mtodo marxista vemos que los conceptos de pueblo y de pueblo trabajador, se intercalan con sorprendente frecuencia entre otros conceptos como los de clase obrera, clase trabajadora, clase proletaria, etc. Sin mayores precisiones ahora, los crticos del marxismo sostienen que esta costumbre es otro ejemplo ms del carcter no cientfico del marxismo, e incluso hay marxistas que se niegan a utilizar el de pueblo trabajador, reduciendo el de pueblo a un simple referente de la colectividades humanas no reconocidas oficialmente como naciones y menos an como Estados. Una de las virtudes del mtodo marxista es su dialctica materialista, que le permite una alta flexibilidad e interaccin conceptual siempre bajo las necesidades tericas que las contradicciones que estudia y transforma. Desde Engels y su bello y muy actual estudio sobre la clase obrera inglesa, y desde Marx hasta el presente, pasando por los Congresos de la Internacional Comunista y por los documentos internacionales posteriores, a lo largo de esta muy rica y potente experiencia terica, los conceptos de pueblo, pueblo trabajador, clase, clase trabajadora, etc., han sido utilizados, interrelacionados y separados puntualmente siempre segn las exigencias del estudio concreto de la realidad concreta y bajo el principio elemental de que toda realidad es concreta.

Me parece, por tanto, muy correcto y oportuno que ahora se emplee el concepto de pueblo como sujeto activo y consciente que elabora una alternativa antiimperialista que va ms all que la simple resistencia a la injusticia. Pueblo como pueblo trabajador, que engloba a las diversas clases asalariadas y explotadas, a sus fracciones internas, y tambin a esas crecientes masas sometidas a la precarizacin vital, al empobrecimiento, a los perodos de fugaz trabajo asalariado seguidos de perodos de supervivencia mediante la autoexploracin y/o las mseras ayudas sociales cuando las hay. Pueblo que integra a las masas campesinas explotadas hasta lo inconcebible, y capaz de aglutinar a su alrededor a la vieja y pauperizada pequea burguesa arrasada por el libre comercio imperialista, a lo que se denomina clase media, concepto teorizado por Marx en su crtica a la economa burguesa clsica, a la que denunciaba y con razn su desconocimiento de esta clase. Las clases medias no las descubri la sociologa burguesa estudiando el desarrollismo de los 60 sino que fueron investigadas por el marxismo mucho antes y con un rigor nunca alcanzado por la sociologa.

Recurrir al concepto de pueblo y ms especialmente al de pueblo trabajador es necesario cuando el capitalismo somete a la humanidad a una poltica deliberada de empobrecimiento, reduccin de salarios directos e indirectos, de sobreexplotacin generalizada e incluso de no remuneracin salarial de tiempo de trabajo, es decir de esclavismo. Las decenas de millones de personas que son expulsadas de sus pequeos campos y huertos y que deben refugiarse en las mseras conurbaciones, en las barriadas de las grandes aglomeraciones urbanas, estas masas que crecen da a da, son sometidas a una destruccin de sus identidades colectivas, de sus culturas trabajadoras, quedando indefensas ante la propaganda ideolgica imperialista diariamente fabricada por sus industrias poltico-mediticas. El concepto de pueblo trabajador es el ms apto, en primera instancia y sin mayores precisiones tericas, para ayudar a su autoconcienciacin, para que mantengan sus identidades y a la vez avancen en la lucha conjunta contra el explotador comn. Estas masas tardan tiempo en ponerse a trabajar por un salario, y cuando lo hacen es precarias condiciones, perdindolo con mucha facilidad.

Donde ms se muestra la virtud de la flexibilidad dialctica en el uso interactivo de los conceptos lo tenemos en el problema de la opresin patriarcal, de la explotacin sexo-econmica de las mujeres, cuando tienen que simultanear hasta tres formas diferentes de explotacin: la domstica, la asistencial familiar y la asalariada, casi siempre bajo presiones y abusos sexuales. Y sobre todo cuando son emigrantes, cuando pertenecen a un pueblo, a una nacin oprimida y han tenido que abandonar sus casas emigrando o huyendo de la represin, del terrorismo. De igual modo es el ms apto para integrar y unir a la juventud de origen popular, obrero y campesino, que no tiene trabajo asalariado, que apenas estudia, que no tiene otro futuro burgus que la delincuencia, y cuyo nico futuro humano es la lucha revolucionaria. Por ltimo, otro tanto debemos decir de esas crecientes masas de personas envejecidas, expulsadas del trabajado asalariado cuando han sido estrujadas al mximo, como limones hasta su ltima gota de fuerza de trabajo y de aliento vital, muertos en vida que el cinismo burgus denomina tercera edad, y que son excluidos de la conciencia de clase en s y para s tanto por la sociologa como por el marxismo dogmtico, miope y economicista.

Me he extendido deliberadamente en esta cuestin porque me parece imprescindible para poder asentar sobre ella el sujeto colectivo que avance de la resistencia antiimperialista a la alternativa socialista y comunista. La clase trabajadora, el proletariado en el sentido fuerte que le da el marxismo, es el sujeto consciente que vertebra la rica complejidad abarcadora e incluyente del pueblo explotado, cuyas fracciones, niveles y sectores cambian al son de los ataques burgueses a la centralidad de la clase obrera. Uno de los efectos ms peligrosos para la revolucin que tiene toda crisis capitalista no resuelta en beneficio de las clases explotadas sino de la explotadora, es que la contraofensiva burguesa debilita polticamente al proletariado, rompe su centralidad obrera, introduce nuevas divisiones, nuevas formas de trabajado y diferencias salariales, destruyendo la unidad de clase lograda anteriormente y que es vital para el avance socialista.

En muchos pases de Latinoamrica la alianza entre sus burguesas y el imperialismo tiene como uno de sus objetivos centrales destruir esa centralidad proletaria que vertebra al pueblo rebelde. Logrado este objetivo, el capital puede atacar con mucha ms facilidad hacia otros objetivos vitales para l. Por esto es urgente fortalecer la dialctica entre el pueblo en general y el proletariado en concreto. En realidad se trata de una urgencia permanente ya que la centralidad obrera y popular est sometida en todo momento a ataques desde dentro mismo del proceso de trabajo como desde fuera, desde todas partes, pues la sociedad burguesa, para existir segundo a segundo, exige la inexistencia de la conciencia de clase del pueblo trabajador, conciencia que va indisolublemente unida a su centralidad sociopoltica, del mismo modo que el Estado nacionalmente opresor necesita en todo momento impedir la recuperacin de la identidad nacional del pueblo que ocupa y oprime, y al igual que la opresin patriarcal necesita destruir la conciencia feminista revolucionaria.

RESUMEN

La lucha de la humanidad trabajadora contra el imperialismo, en sntesis, no puede avanzar si no aseguramos la centralidad consciente del trabajo frente al capital. Podremos ayudar a las resistencias que estallan en todo momento, y hasta organizaremos muchas de ellas. Avanzaremos incluso en la elaboracin de alternativas que superen las limitaciones de las resistencias, que actualicen los objetivos histricos y los adapten a las necesidades presentes, y que elaboren las estrategias y tcticas necesarias para alcanzarlos. Esto y ms podremos hacer y lo haremos, pero siempre nos enfrentamos al riesgo mortal de no saber detener el contraataque imperialista dirigido a romper la unidad revolucionaria en lo decisivo, en lo bsico, en lo que nos une como pueblos explotados, como trabajadoras y trabajadores. La contraofensiva imperialista que se est desplegando en el mundo entero bajo la direccin estratgica de la Administracin Obama busca, primero, aparentar pacifismo y democracia, cuando aplica la guerra y el terrorismo; segundo, aparentar unidad frente a las tragedias masivas creadas por el capitalismo, cuando potencia la desunin y la traicin; y tercero, aparentar el desarrollo de relaciones econmicas justas, cuando avanza en la privatizacin y en el saqueo masivo. Consiguientemente, sabemos qu errores no debemos cometer y qu alternativas s tenemos que aplicar A qu esperamos?


Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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