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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-12-2009

Amrica Latina
Imperialismo, Socialismo e Indigenismo

Tito Pulsinelli y Fernando Dorado
Rebelin



Llamamos socialismo al movimiento real que transforma y humaniza la realidad existente

El principal problema de los pueblos latinoamericanos es la dominacin extranjera. Los imperios nos dividieron durante 517 aos para dominarnos y las oligarquas regionales fueron sus instrumentos. Recin empezamos a unirnos para quitarnos ese yugo.

Esa es la principal tarea de las revoluciones que encabezan diferentes gobiernos en la actualidad. Ellas transitan por caminos civilistas, pacifistas, e institucionales, acudiendo donde las condiciones estn dadas a Procesos Constituyentes. Para poder avanzar hay que unir a la inmensa mayora de la poblacin en cada pas y construir la Patria Grande Latinoamericana.

Enfrentamos una dualidad de poderes. Los nuevos gobiernos han heredado Estados minusvlidos. La globalizacin neoliberal los despoj de muchos poderes, por lo que no cuentan con la fuerza que se quisiera. No es cuestin de voluntad. La fuerza del capital sigue ah, representada en relaciones econmicas, poder meditico, influencia cultural ( bancos, poder militar, religioso y estructuras clandestinas y paralelas).

Las polticas de los gobiernos han delimitado o afectado parcialmente el poder de las transnacionales y de algunos grupos econmicos monopolistas. Se ha mejorado sustancialmente la inversin social y generado condiciones para estimular la participacin ciudadana y popular.

Sin embargo, los procesos de cambio son relativamente dbiles. Algunos de los gobiernos no tienen mayoras parlamentarias y su poder real es limitado. El apoyo del 50 o 60 % de los ciudadanos votantes, a pesar de ser importante, no es suficiente para sustentar transformaciones estructurales. Debemos y estamos obligados a ir ms all. Pero hay que hacerlo con paciencia y sin voluntarismos vanos.

Lecciones e ilusiones

El anterior perodo de lucha de los pueblos latinoamericanos est representado por la revolucin cubana. La toma del poder por la va insurreccional gener ciertos espejismos. La reforma agraria democrtica y la intervencin de sectores estratgicos de la economa (nacionalizacin), unieron a las mayoras populares, y el camino pareca despejado.

Se intent avanzar hacia fases superiores en la construccin de la nueva sociedad apoyndose en la URSS. Sin embargo, la leccin es que la apropiacin colectiva de los medios de produccin y de vida necesita mayores condiciones materiales, geopolticas y de desarrollo poltico y cultural. El socialismo en un solo pas es un imposible histrico.

Es ms, los hechos vienen demostrando que las polticas sociales equitativas y anti-monoplicas, volcadas al mercado interno de cada pas, presentan resultados muy limitados.

En los procesos de cambio de la URSS y Europa Oriental la ilusin se hizo evidente. Una vez se super la presin externa - que amenazaba la unidad nacional ( II Guerra mundial) , las contradicciones internas se convirtieron en el problema central.

La enseanza consiste en que los problemas endgenos exigen serios conocimientos de la sociedad y visin estratgica de largo plazo. El reto de mantener unidas a las mayoras populares, a los pueblos y a las nacionalidades que componen toda gran Nacin, adquiere nuevas dimensiones. He all el quid del asunto.

En el caso de Cuba, el bloqueo norteamericano facilit involuntariamente esa tarea. No significa que los revolucionarios cubanos hubieran sucumbido frente a otra estrategia imperial. Eso no lo podemos afirmar, no somos adivinos.

Necesitamos, entonces, mayor claridad poltica para unificar a todo el pueblo y para consolidar la integracin regional. La Patria Grande Latinoamericana es fundamental para avanzar con estabilidad y fuerza creciente.

El arte consiste en ganar aliados, neutralizar a las fuerzas vacilantes, debilitar al mximo al enemigo, escoger los terrenos favorables, concentrar las fuerzas en los momentos decisivos y cazar las peleas que podamos ganar. Claro est, todo ello responde a la caracterizacin que hagamos de lo que es pueblo para cada etapa de nuestras luchas.

Habr quienes niegan la necesidad de las etapas porque la visin insurreccional induce una mirada delirante que niega toda tctica. Con ellos/as no hay posibilidades de discutir estos temas. Si no hay etapas, no hay estrategia.

Unidad y dominacin imperial

Nuestro principal limitante es la falta de autonoma e independencia. Llevamos cinco siglos de invasin y de dominacin imperial (ibrica, inglesa, estadounidense, holandesa ). Siempre lo decimos, pero pareciera que no lo interiorizamos.

Hay que insistir: ellos nos dominan porque nosotros de alguna manera se lo permitimos . As de sencillo. No hay dominacin sin sumisin; ni puede haber fuerza si no hay unin.

Nos separan falsos nacionalismos oficializados a principios del siglo XIX. En realidad son precarias naciones creadas por las clases hacendatarias, que por circunstancias geogrficas y socio-histricas estn en la tradicin y el alma de nuestras gentes.

Quienes estimulan las contradicciones para incentivar envidias, recelos y prevenciones, lo hacen tambin al interior de cada pas. Tratan de aprovechar la ms mnima fisura.

Ellos saben que si las actuales revoluciones nacionalistas ganan fuerza para la Patria Grande , no slo estn perdidos, sino que las condiciones para retomar y renovar los ideales de transformacin estructural pueden poner en peligro todo su sistema capitalista.

As como los pueblos ideamos formas de unirnos y de lucha, los especialistas imperiales trabajan para debilitarnos. Desean enfrentar a Chile con Bolivia y Per. Quieren incendiar Centroamrica, empezando por Honduras. Colombia es punta de lanza en Sudamrica. Planean ms divisiones y pugnas. Ellos no duermen, saben lo que estn perdiendo .

Hay que estar vigilantes. Nuevas aventuras estn en la agenda del imperio. El momento es de quiebre. Por eso, nuestra accin debe ser calculada y precisa.

No debilitar el frente anti-imperialista

De acuerdo a nuestra visin, quienes impulsan el socialismo en sus diversas variantes, parecieran no percatarse de los peligros que ello implica.

Una cosa es que los sectores populares dirijan o hegemonicen (en el sentido gramsciano de la palabra) la lucha por la liberacin nacional y la democracia participativa , y otra, que en forma inmediata tengamos la fuerza y la capacidad real de avanzar hacia tareas socialistas (hay quienes creen que de ipso facto podemos cambiar el modelo de produccin imperante ).

Les hacemos un flaco favor a nuestros enemigos cuando debilitamos el frente anti-imperialista y anti-oligrquico.

Pretender pasar por encima de las condiciones reales es un error. Debemos tener en cuenta no slo las bases materiales de nuestras sociedades sino la conciencia de los pueblos y su disposicin a avanzar en una u otra direccin.

La unin de los empresarios medios, las clases medias y populares, incluyendo campesinos indgenas, mestizos y afrodescendientes, los trabajadores, y la gran masa de poblacin vinculada a la economa informal, es indispensable para consolidar la lucha contra las elites y sus patrocinantes de afuera, el Partido Imperial. El mtodo y la herramienta es la democracia siempre ms participativa.

Debemos construir soberana poltica para marchar hacia una efectiva autonoma. Es vital crear condiciones en donde los pueblos y los trabajadores vamos avanzando hacia nuevos escenarios. A esta tarea le llamamos construir hegemona social.

La hegemona social

En el proceso de liberacin, las clases histricamente explotadas y excluidas van abriendo la brecha y construyendo su emancipacin. La hegemona de una elite sobre los dems sectores de la sociedad, es determinada ciertamente por el control del poder poltico, pero esto no es todo. El problema sobrepasa la dimensin del determinismo econmico.

Construir hegemona implica que las clases dominadas de una sociedad logren apropiarse de espacios que tradicionalmente estn en manos de las elites.

La apropiacin del conocimiento, el afincamiento de culturas populares, la capacidad de elaboracin simblica, que hagan posible la expansin de su influencia hacia toda la sociedad, es algo fundamental en ese proceso.

En esa dinmica la conquista del poder poltico es fundamental para potenciar nuestros esfuerzos, evitar que los grmenes populares sean destruidos, y todo ello permita la afirmacin de un nuevo poder orgnico, capaz de inducir hasta un cambio de paradigmas.

La hegemona social - segn Antonio Gramsci - se construye sobre la base de una nueva concepcin del poder que, no es slo, poltica ms (+) economa, sino que un bloque social ha madurado la capacidad de dar respuesta propia a todos los problemas de la sociedad.

Esto ser posible comenzando a utilizar de forma ptima, apropiada, democrtica, participativa, las herramientas del poder poltico. Los movimientos sociales y la sociedad civil deben contar con absoluta autonoma para desarrollar un control social activo que haga posible y viable la construccin-transformacin del nuevo Estado.

Se trata de avanzar y consolidar fuerzas. Midiendo, calculando, uniendo a las mayoras, copando espacios, superando nuestras propias limitaciones y derrotando a quienes nos adversan. Errando y corrigiendo, experimentando y aprendiendo.

La integracin no homogenizante

En el caso de Amrica Latina debemos avanzar en los procesos de integracin nacional y regional. No se trata de homogeneizar a todo el mundo. A partir de respetar las diferencias, ir construyendo un nuevo tipo de identidad que implica reconocer - con toda claridad y plenitud -, las diversas y complejas identidades y realidades existentes.

Algunos pueblos originarios de Amrica estn recuperando a fondo sus coincidencias ancestrales. Otros, estn ms abiertos al mestizaje. Pueblos mestizos y afrodescendientes buscan caminos, variados, combinados; explorando, aprendiendo a reconocerse. Se nos neg la construccin de nuestra diversa identidad porque nunca se nos dej ser nosotros mismos.

Ahora, la democracia popular participativa debe permitir que nuestros pueblos y comunidades se autoafirmen y determinen. Esa es la clave de nuestro futuro inmediato.

Por ahora, a las mayoras no les interesa el socialismo [1] . Eso debemos decirlo. Y no slo eso; como no saben que es [2] , le temen. El lavado de cerebro (trabajo ideolgico) realizado por la burguesa mundial ha sido eficaz. Lo hicieron aprovechando los fracasos del socialismo real del siglo XX.

Es revelador que sobre el cadver del socialismo estatista construyeran su ideologa neoliberal que se concreta en un Estado reducido a su mnima expresin, todo el poder al mercado, cero (0) planificacin, eliminacin de los sindicatos, ciudadanos transformados en consumidores, y especulacin a todo nivel.

Algunos sectores creen que resuelven el problema con solo llamarse socialistas o repetir invocaciones al socialismo. Hace parte de las ilusiones y auto-engaos.

Los pueblos originarios y el separatismo indigenista

En Amrica Latina los pueblos originarios, raizales, y campesinos tradicionales (indgenas, mestizos y afros) han podido resistir en mejores condiciones a la avalancha de la globalizacin neoliberal porque cuentan con dos condiciones especiales:

a) Han mantenido una estructura organizacional de carcter comunitario que les ha permitido defender y/o recuperar territorio y autoridad propia.

b) Su cosmovisin ancestral les facilita mantener y desarrollar sistemas econmicos que no agreden a la naturaleza y que refuerzan su unidad.

Son ventajas evidentes ante un capitalismo que fracas en su intento de dominar y anexarse integralmente la vida y la naturaleza para su definitiva y fatal domesticacin (especialmente la agricultura, pero tambin al mismo ser humano).

La naturaleza, incluida la humana, resisti sus prcticas estandarizadoras. La crisis ambiental, energtica, alimentaria, e incluso, la crisis espiritual que sufre la humanidad, es la respuesta de esa fuerza vital a la agresividad capitalista.

Esas ventajas de los pueblos originarios y comunidades tradicionales frente a la poblacin desarraigada se materializan en la conservacin de sus ambientes naturales, el apego y la defensa del territorio, la fuerza y el respaldo de sus familias, la cohesin de los lazos sociales locales, las formas de solidaridad de la vida comunitaria. Resisten en forma organizada y son un faro para el conjunto de la poblacin. [3]

Pero mucho ojo, as como son punto de apoyo para nosotros, tambin pueden en un momento y en condiciones particulares - ser referentes para quienes nos quieren dividir.

Los estrategas del imperio saben que las oligarquas regionales han perdido cualquier tipo de identidad nacional, si es que la tuvieron. Son aptridas, mentalmente colonizados. Slo la colombiana y peruana, se sostienen en Sudamrica, ms por nuestros errores que por sus aciertos.

La capacidad de esas oligarquas para dividir a los pueblos y naciones latinoamericanas est llegando a su fin. Por ello los imperios requieren con urgencia, nuevos motivos para enfrentar y fragmentar.

Los capitalistas imperialistas saben que en el tema tnico-cultural hay un potencial para explotar en su beneficio. Kosovo y los Balcanes fue su ltimo experimento exitoso. Darle prioridad al tema tnico por encima de la unidad nacional y de las coincidencias de clase (campesina u otras), es fundamental para esa estrategia divisionista.

Los procesos de cambio y el multiculturalismo

Las actuales revoluciones democrticas se han alimentado en gran medida - de las luchas de los pueblos y comunidades contra la depredacin globalizante del neoliberalismo.

Ellos se apartan, en algunos aspectos, de la lgica del gran capital. Por ello, son un punto de partida y un potencial de la nueva nacionalidad Indo-afro-euro-americana, en construccin.

Esos pueblos mantienen una relacin de mutuo beneficio con la naturaleza. Preservan, adems, lazos familiares y tribales que los han protegido de la descomposicin total. Son conservadores de biodiversidad en todo el sentido de la palabra.

Una ideologa tnica (multiculturalismo) ha surgido al calor de esa resistencia. No es una idea sociolgica o antropolgica de carcter acadmico, sino un sentimiento real, presente en los actores mismos. Otros sectores sociales tambin lo perciben y reconocen. Algunos aoran lo que han perdido; otros admiran ese comportamiento y actitud presente y viviente en dichos pueblos. Es un acumulado histrico, poltico, cultural que se manifiesta tambin en formas econmicas populares.

El problema surge cuando estmulos externos influyen a los dirigentes para convertir esas potencialidades en una ideologa indigenista. Una especie de separatismo originario se configura en algunas mentes. Se elaboran categoras ahistricas para justificar tal pretensin. Se conceptualiza el derecho mayor.

Tal tipo de separatismo puede convertirse en una amenaza, no slo para la unidad interna de los pueblos en cada pas, sino para el proceso de integracin regional. Adems, de hecho debilita al movimiento indgena, porque lo asla de sus amigos y aliados.

Por ejemplo, ya est planteada la consigna de la gran nacin aymar-quechua. Ella se debera constituir con gran parte de los pueblos que estuvieron bajo la dominacin incaica que hoy pertenecen a Ecuador, Per, Bolivia, parte de Chile, Argentina y Paraguay. Es esto posible? Qu lo hace viable?

Esa idea de gran nacin que reconfigure la regin andina puede hacerse realidad, siempre y cuando se hayan derrotado las oligarquas de todos los Estados nacionales. Esa posibilidad no debe asustarnos. La ltima palabra la tendrn los mismos pueblos mediante una decisin plena, democrtica, bien pensada y discutida.

El problema es el momento y la oportunidad. Si esa tarea debilita o se contrapone a los procesos de autodeterminacin y de avance social de las naciones en su conjunto, puede convertirse en un factor de divisin y debilitamiento.

No podemos desconocer que el Imperio prepara una guerra a muerte en Suramrica. Necesitan recuperar los recursos energticos que insensatamente ya agotaron en su territorio.

En esa guerra, la repeticin del genocidio de las estirpes originarias es un riesgo de primer orden. Ya lo estamos viviendo. Los Estados Unidos se edificaron sobre la sangre de la poblacin nativa masacrada. No lo olvidemos.

As como se pretenden imponer tareas socialistas que desmejoran el frente anti-imperialista y anti-oligrquico, las metas indigenistas pueden tambin afectar las luchas nacionales por independencia y autonoma. [4]

La actitud ante el problema

Esta preocupacin no es gratuita. En varias regiones de Amrica Latina se empieza a percibir esa realidad. Y, el problema se puede agravar si no lo reconocemos.

Si la dirigencia de los procesos de cambio - revolucin bolivariana (venezolana), ciudadana (ecuatoriana), del Buen Vivir (boliviana), y otras -, no es consciente de ese problema, puede alimentar las contradicciones y conflictos. Si se aplican concepciones autoritarias, integristas, de centralismo nacional, que son una amenaza para los pueblos originarios y comunidades tnicas tradicionales, estaremos hacindole el mandado a nuestros peores enemigos .

Hay que recordar que los pueblos indgenas han sido los insuperables guardianes de la naturaleza. Donde hay pueblos originarios hay recursos naturales; donde ellos han sido arrasados, la biodiversidad ha desaparecido (EEUU y Europa). Se trata de una deuda histrica incuestionable.

En el manejo de las polticas econmicas inmediatas y urgentes hay que evitar esos errores. La necesidad de mantener proyectos de explotacin y extraccin de recursos naturales en territorios indgenas puede como est ocurriendo estimular y agudizar serias confrontaciones y fisuras. L as comunidades han emitido un NO rotundo y absoluto a la minera a cielo abierto; los gobiernos deben obedecer. No debe haber ni siquiera discusin.

O, tambin, en la prestacin de los servicios de educacin y salud, en el diseo de las polticas ambientales, y en muchas de las acciones gubernamentales hacia los pueblos indgenas, si no se tiene claridad, se puede atentar contra las fortalezas que le han permitido resistir a dichos pueblos.

Se puede crear, sin necesidad, un conflicto de marca mayor que, por otro lado, afectara nuestras mejores reservas y potencialidades.

Para garantizar una efectiva inclusin de los pueblos, n o basta el reconocimiento formal constitucional y legal - de la pluri-etnicidad y la multi-culturalidad. Hay que ir ms all.

Debemos elaborar las polticas con ellos. Convenir que debe haber una etapa de transicin para acumular fuerza econmica y poltica. Su objetivo es acabar con una economa basada en la mono-exportacin de los recursos naturales.

Tenemos la obligacin de construir confianzas y compromisos. Que quede explcito que estamos decididos a acabar con las aberraciones del modelo capitalista neoliberal.

Si no consolidamos esas alianzas y acuerdos seguramente no vamos a poder contar con la fuerza de los pueblos indgenas para conquistar la 2 independencia. Y eso es grave.

Y, el gringo est all, esperando y promoviendo la divisin. Mltiples y numerosas ONGs, con importantes recursos y mucha experiencia, pueden ser herramientas algunas sin saberlo - de un separatismo inducido. [5]

Las fuerzas del cambio y los gobiernos nacionalistas no deben perder la perspectiva. No pueden cortar sus races negando su origen. Todo est en nuestras manos, siempre y cuando nos sintonicemos con nuestros pueblos. No es posible saltar etapas ni coger atajos.

Si la soberbia, el autoritarismo, el burocratismo, se vuelven una traba y un obstculo para avanzar, ser necesario profundizar la revolucin democrtico-popular. No significa socialismo inmediato, pero s mayor hegemona popular.

El problema es saber s tenemos las reservas y acumulados para hacerlo bien. Lo esencial es no dividirnos en el proceso. He all los dilemas que tenemos al frente.

Conclusin: La lucha nacional por la Patria Grande indo-afro-euro-americana y la democracia participativa en ascenso, son el norte prevaleciente en esta etapa, que debe marcar el ocaso definitivo del partido imperial. Lo dems es forzar, dividir y debilitar.

 

 

 



[1] Que nos guste o no, inevitablemente asociados a la experiencia del socialismo real instaurado en la Europa oriental tras la avanzada de la Armada Roja hasta Berln.

[2] Es una referencia intelectual y prctica eminentemente euro-cntrica.

[3] En este sentido estamos estudiando los aportes de Elinor Ostrom, Premio Nobel de Economa 2009. Ver su libro: El gobierno de los bienes comunes La evolucin de las instituciones de Accin Colectiva. Fondo de Cultura Econmica. 1990.

[4] Si el subcomandante Marcos y los neo-zapatistas han podido resistir hasta hoy (as sea replegados, y escasamente armados), es precisamente porque ondean sus banderas negras con estrella roja al lado del tricolor mexicano.

[5] Lo que ocurre en el Cauca es una leccin. Parte del movimiento indgena lleva 25 aos de indigenismo y est siendo cada vez ms aislado y debilitado frente al conjunto de la sociedad. La estrategia de La Minga es un buen intento por rectificar. Internamente se desgasta por dos vas: una, jalonada por los que se cierran creyendo que es la mejor defensa; y la otra, por los que se abren al mercado, pero lo hacen renunciando a lo que les da la fuerza. Que es lo que les da fuerza? Su cosmovisin que los conecta a la naturaleza, que les da identidad y poder comunitario.

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa de los autores, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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