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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-12-2009

Una renta mxima

Sam Pizzigati
Too Much


Los crticos con Wall Street que siguen en la ortodoxia todava no son capaces de cuestionar el derecho de los altos ejecutivos a hacerse con enormes fortunas.

Algunas de las mejores mentes del mundo se han estado devanando los sesos, desde el colapso financiero del pasado otoo, en busca de un antdoto para las exacerbadas nminas de Wall Street que hicieron de ese colapso algo inevitable. Esa bsqueda, tras casi un ao, todava no ha producido nada con sentido que implique una reforma del sistema de remuneraciones de Wall Street.

Y eso tiene que ser desconcertante para muchos, sino la mayora, de estadounidenses. Porque el problema con Wall Street, despus de todo, no parece ser tan complicado. Ni tampoco la solucin. Los de Wall Street hicieron cosas deleznables se cepillaron las pensiones y los ahorros de millones de personas porqu iban a la caza de enormes primas salariales. Para evitar esos desmadres de avaricia en el futuro, solamente debemos limitar esas primas.

Y el Congreso podra hacer eso no permitiendo que ningn banquero que se beneficie de los rescates pblicos gane ms que el Presidente de los EEUU. O denegando cualquier tipo de subsidio o deduccin de impuestos a empresas que paguen a sus altos ejecutivos 25, 50 o 100 veces ms de lo que ganan sus propios trabajadores. O fiscalizando las grandes primas salariales al 90%.

A lo largo de este ao ha habido distintas propuestas de ley que abordaban estos enfoques y que han pasado por el Congreso. Por qu no han llegado a ningn lado? Porque los grandes bancos norteamericanos, como era de esperar, se oponen a ellas. Pero tambin lo hacen muchos de los propios crticos con Wall Street que sin embargo pertenecen al establishment. Estos dos grupos se han echado atrs las veces que ha sido necesario para quitar de la cabeza al Congreso la idea de que las primas en Wall Street necesitan un recorte importante.

Los bancos, sencillamente niegan que esas primas hayan tenido ningn impacto significativo en el comportamiento de los agentes de bolsa o los gestores de las grandes finanzas. A fin de cuentas, sostienen, el mercado va a acabar penalizando a los tiburones que asumen riesgos irresponsables y los propios escualos lo saben.

Y por si esos personajes no lo saban antes del colapso financiero del ao pasado, siguen los apologistas del mercado, ahora ya lo saben, gracias al hundimiento en picado de Bear Stearns y Lehman Brothers.

Esas bancarrotas dejaron a los altos ejecutivos de Bear Stearns y Lehman con millones de acciones en sus manos que no valan nada. El colapso de Lehman se llev l solito por delante casi mil millones de dlares exactamente 931 millones de la fortuna personal de su director ejecutivo Richard Fuld. Y el de Bear Stearns, James Cayne, vio como el valor de su cartera personal de acciones se reduca en 900 millones.

En efecto, los defensores del estatus quo de Wall Street sostienen que el mecanismo de mercado funcion. Los autnticos temerarios pagaron un precio por su temeridad. As que dejemos que siga funcionando ese mecanismo.

En cambio los crticos habituales de Wall Street no quieren dejar que opere ese mecanismo tal cul. Creen que el mercado, dejado que funcione por si mismo, no consigue disciplinar adecuadamente a los irresponsables. Segn dicen, necesitamos reformas que vinculen los sueldos de los altos ejecutivos al desempeo que genere un aumento a largo plazo del valor de los activos.

Con esas reformas en marcha, prosiguen, los operadores de Wall Street no tendran ningn incentivo para asumir excesivos riesgos y los legisladores no tendran ningn motivo para andar lindola tratando de poner lmite a los sueldos en Wall Street.

La semana pasada, el ms eminente de entre los crticos bienpensantes de Wall Street el catedrtico de derecho de Harvard Lucian Bebchuk public un artculo donde arremeta contra los ms duros defensores de Wall Street y su convencimiento de que, gracias al mercado, los irresponsables han acabado realmente pagando por sus excesos.

Dicho artculo resulta realmente demoledor para esa clase de argumentacin. Pero a su vez, si se lee con detenimiento, puede que est socavando por igual la propia posicin del establishment en contra de los topes salariales en Wall Street.

El nuevo trabajo de Bebchuk gira en torno a lo que realmente ocurri en Bear Stearns y Lehman respecto a los pagos de los mximos ejecutivos. Bebchuk y los dos otros coautores muestran como en estos dos bancos, esos altos ejecutivos en realidad no perdieron mucho cuando quebraron sus respectivas entidades. De hecho, quienes controlaban los bancos en ambos casos salieron de escena justo en el momento ptimo del chanchullo financiero. En un momento asombrosamente ptimo, de hecho.

Entre el 2000 y el 2008 los cinco ms importantes ejecutivos de Bear Stearns y los cinco de Lehman acumularon conjuntamente unos 2.500 millones de dlares. Aproximadamente unos 500 millones fueron en concepto de primas anuales en efectivo. El resto lo consiguieron vendiendo las stock options que se les haba pagado en concepto de incentivos por rendimiento.

Pero qu pasa con esos 900 millones de prdidas que sufrieron los directores ejecutivos de Bear Stearns y Lehman? Esas prdidas existieron slo sobre el papel. Se trataba de la diferencia entre el valor pre y post colapso de las acciones que haban dejado en sus carteras de inversiones justo cuando sus respectivos bancos empezaron el declive.

En trminos de efectivo de verdad ambos directores ejecutivos a pesar de sus picos fracasos salieron bastante bien parados. Por su arduo trabajo entre los aos 2000 y 2008, Cayne de Bear Stearns acab siendo 388 millones dlares ms rico. Y Fuld, de Lehman, lo dej con 541 millones en su bolsillo.

As pues, qu es lo que proponen los defensores de las reformas para evitar que se repitan los fiascos de Bear Stearns y Lehman? Desde el establishment se dice que los altos ejecutivos deben recibir una mayor parte de su retribucin en forma de acciones y menos en efectivo y que deban esperar un cierto nmero de aos antes de poder convertir en efectivo las acciones pagadas en concepto de incentivos.

De este modo si esos directivos recibiesen mayor parte de su remuneracin en forma de acciones, ellos mismos y los accionistas de sus empresas compartiran los mismos intereses. Alineados de este modo con sus accionistas, se cuidaran de hacer nada que pusiera en peligro un aumento a largo plazo del valor de los activos. Estaramos pues todos a salvo de la irresponsabilidad.

Pero precisamente ese tipo de reformas ya se haba puesto en marcha en Bear y Lehman antes de que ambas empresas colapsaran seala la analista del New York Times Louis Strong: Ambos bancos exigan a sus altos directivos que esperasen varios aos antes de poder vender sus stock options, segn se deduce del propio artculo de Bebchuk. Ambas empresas pagaban mayoritariamente en forma de acciones.

Estas exigencias, en la prctica, no hicieron nada para prevenir la irresponsabilidad cortoplacista, bsicamente porqu Bear Stearns y Lehman pagaban los incentivos a sus directivos en forma de acciones ao s y ao tambin.

Los directivos de Bear y Lehman tenan que esperar cinco aos antes de poder convertir en efectivo las acciones que reciban como incentivo en un ao determinado. Pero tras sus primeros cinco aos en el tajo, estaban en disposicin de vender acciones cada ao. Ello les daba multitud de incentivos para dedicarse a arriesgar tratando de hacer subir el precio a corto plazo de sus acciones.

Bebchuk, en este ltimo trabajo, de hecho lo reconoce: Que los directivos tengan que esperar 5 aos para vender sus acciones, seala, no va a evitar que aquellos que llevan tiempo en la empresa dediquen una parte importante de sus esfuerzos a manejar los precios en el corto plazo.

Una mejor aproximacin, sugiere Bebchuk, podra ser la poltica de Goldman Sachs de exigir a sus directivos que mantengan el 75% de sus incentivos en forma de acciones hasta que se jubilen. Pero los directivos de Goldman Sachs reciben la mayor parte de sus bonificaciones mediante primas anuales en forma de efectivo, y no mediante acciones, de modo que esas primas en efectivo con carcter anual les dan los mismos incentivos a pensar en el corto plazo que si se tratase de acciones recibidas tambin anualmente.

Precisamente ese es el motivo por el cul aquellos miembros ms testarudos del establishment como Bebchuk tambin querran que se pudiese recuperar aquellas primas otorgadas en base a beneficios a corto plazo que luego se evaporan. Pero ese tipo de recuperaciones tiene sus limitaciones; uno puede, por ejemplo, rescatar las primas de un nico ao en base a irregularidades en una cuenta en concreto. Pero es mucho ms difcil restaurar el dao prolongado que una avalancha de avaricia en busca de beneficios rpidos y grandes primas puede hacer a la gente de a pie.

Y los altos directivos pueden causar este tipo de perjuicios mientras parece que estn aumentando a largo plazo del valor de los activos. Eso es precisamente lo que hicieron los de Bear Stearns y Lehman. Ao tras ao, durante la mayor parte de la dcada, aumentaron el valor de las acciones de sus bancos. Entre el 2000 y el 2007 (antes de empezar a jugar al casino del corto plazo), cuadruplicaron el precio de venta de las acciones de sus empresas.

Cul es pues la leccin? Necesitamos ms proteccin ante la avaricia de Wall Street que la simple apelacin a un aumento a largo plazo del valor de los activos que nos proponen los reformistas. Los estadounidenses de a pie lo tienen muy claro. Por qu entonces les cuesta tanto de entender a los reformadores de Wall Street?

Sam Pizzigatti edita Too Much, la revista electrnica semanal sobre los excesos y la desigualdad.

Traduccin para www.sinpermiso.info: Xavier Fontcuberta i Estrada

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2947


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