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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-12-2009

Ciudad Jurez
Feminicidio, violencia y corrupcin

Mara del Pilar Barcel
Rebelin


A Marisela Ortiz, compartiendo su dolor, y en memoria de Jess Alfredo Portillo Santos

Pietro Grasso, Fiscal Nacional Antimafia, explica que en los ltimos aos el creciente control sobre los puertos y aeropuertos colombianos ha forzado a los crteles de este pas a buscar nuevas reas de almacenamiento de la pasta de coca destinada al mercado estadounidense y europeo, y que stas se han ubicado sobre todo en Mxico, donde los crteles mexicanos han conseguido asegurarse el control del territorio. Para ello se han valido de las mismas estrategias que cualquier otra mafia: el terror, utilizando a grupos de sicarios que asesinan a cientos de testigos, presuntos informadores, magistrados y policas; y la connivencia obtenida gracias a su inmensa riqueza- de amplios sectores polticos, funcionariales, empresariales y profesionales, hasta el punto de que puede afirmarse que estos grupos criminales han contaminado a la sociedad y la economa mexicana. El miedo y la corrupcin son imprescindibles no slo para actuar con eficacia, sino para asegurarse adems la impunidad. Adicionalmente los grandes crteles de la droga, que se reparten el pas en reas de influencia, en su afn de obtener el dominio de las rutas ms practicables hacia Estados Unidos se enfrentan entre ellos por el control del territorio. El resultado son ms de 3.000 personas asesinadas slo en 2008.

En este contexto, durante los ltimos quince aos cientos de mujeres y nias han sido sistemticamente secuestradas, violadas, horriblemente torturadas, mutiladas y asesinadas en la fronteriza Ciudad Jurez, lugar de paso de la droga hacia EEUU y de las armas y narcodlares que a cambio se envan desde ese pas a Mxico. Al mismo tiempo el Estado mexicano ha mantenido una actitud de permanente inhibicin y se ha abstenido de promover investigaciones eficaces, enjuiciar a los culpables y procurar la reparacin de las vctimas y sus familias. Ello ha generado un clima de impunidad que no hace sino multiplicar la violencia contra las mujeres.

Las vctimas no han sido elegidas al azar. En su mayora son trabajadoras de las maquiladoras. Muchachas inmigrantes, pobres, que desafan a los estereotipos de gnero que en su entorno an tienen tanta fuerza intentando obtener su independencia econmica, su autonoma; son mujeres a las que hay que escarmentar y cuyo destino ha de constituir una advertencia para quienes pretendan imitarlas. La vida de una mujer joven, inmigrante y pobre en Ciudad Jurez no vale nada.

La sistemtica seleccin de las vctimas y la reiteracin de determinados patrones de actuacin (secuestro, violacin sexual tumultuaria, mutilacin y/o tortura, asesinato, abandono del cuerpo en lugares desrticos o lotes abandonados) permiten hablar de feminicidio. Pero la cuestin de gnero por s sola no lo explica todo. En otros lugares las mujeres tambin sufren discriminacin en virtud de estereotipos de gnero y sin embargo no se da esa prctica sistemtica, siguiendo pautas predeterminadas, de violacin, tortura y muerte. Como dice Emilio Gins, abogado integrante de la delegacin para la defensa de las vctimas en el caso Campo Algodonero que se sigue ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, estamos ante una realidad polidrica, y para entenderla no podemos atender slo a una de sus facetas.

Aunque Marisela Ortiz (Asociacin Nuestras Hijas de Regreso a Casa) considera que la corrupcin es algo profundamente arraigado en la sociedad mexicana, no cabe duda de que el creciente peso econmico del narcotrfico y la necesidad de garantizar su prctica sin impedimentos y en condiciones de impunidad la agravan. A ello se une la violencia generada por dicha actividad. En los ltimos tres aos han muerto asesinadas de 10.000 a 15.000 personas, muchas de ellas sicarios. Esto significa que los crteles al da de hoy y debido a la dificultad por reponer su mano de obra cualificada estn recurriendo a las maras, que superponen al trfico tradicional sus propias prcticas violentas (ritos de iniciacin, etc).

Si a un contexto cultural de estereotipos de gnero discriminatorios se aaden la penetracin de los intereses del narcotrfico en la sociedad mexicana y la violencia generada por dicha actividad, parece probable la conexin entre feminicidio, narcotrfico y corrupcin, de tal modo que una lucha eficaz contra el feminicidio deber abarcar estas tres facetas: la educacin en la igualdad y la lucha contra la violencia, la corrupcin y el narcotrfico.

Hasta que no se ponga coto a la corrupcin, se mantendr la impunidad, y continuarn siendo asesinadas las muchachas de Ciudad Jurez. Quienes all intentan poner coto a estas violencias sufren presiones insoportables, amenazas, acoso o la muerte. Por ello es fundamental la presin internacional sobre el Estado mexicano para que cambien sustancialmente su actitud y empiece a combatir tanto la corrupcin que lo corroe y que se traduce -en el caso de las mujeres de Ciudad Jurez- en facilitar interesadamente la impunidad de los culpables eludiendo la investigacin, el castigo y la reparacin.

Si la Corte Interamericana de Derechos Humanos dicta sentencia en el caso Campo Algodonero condenando a los Estados Unidos Mexicanos por su inactividad, se habr dado un primer paso, pero no es suficiente. Es imprescindible que todos hagamos llegar nuestra voz contra el feminicidio, contra la violencia, contra la corrupcin. A favor de las mujeres de Ciudad Jurez. A favor, en definitiva, de todo el pueblo mexicano.



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