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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-12-2009

Aminetu Haidar y los efectos paradjicos de la visibilidad

Carmen Gmez Martn
Rebelin


Quisiera aprovechar este espacio para realizar un anlisis sociolgico, utilizando como base el paradigma de la visibilidad, sobre las implicaciones que la huelga de hambre de la activista por los Derechos Humanos Aminetu Haidar est generando a nivel del Estado y de la opinin pblica espaola.

Desde un punto de vista meramente terico cabra indicar que el inters actual por adquirir una visibilidad fsica, social, meditica o institucional, forma parte de una idea generalizada en la que ser visible se entiende como sinnimo directo de existencia social, y en la que la lucha por la obtencin de dicha visibilidad, se presenta como un proceso que puede combinar dos tipos de reivindicaciones diferentes pero a menudo ligadas. Me refiero, siguiendo las palabras de la filsofa Nancy Fraser, a una lucha por la consecucin de una justicia redistributiva y a una lucha por un reconocimiento identitario, cultural, etc., que permitiera restituir igualmente una estima menoscabada a nivel individual o colectivo. La construccin de la visibilidad es un proceso largo, complejo y de carcter conflictivo, en la que una multiplicidad de actores con intereses diversos defienden posturas y acciones contrapuestas. El paso de la invisibilidad a la visibilidad (o viceversa), quin es mostrado o no lo es, cmo y por qu un sujeto o colectivo es representado o se representa, el sentido que adquiere en los imaginarios aquello que se torna visible, debe ser analizado irremediablemente en trminos de dominacin.

La reivindicacin de Aminetu Haidar y los acontecimientos que se han ido sucediendo posteriormente se inscriben en este nuevo paradigma explicativo de las luchas sociales. Su entrada forzada en nuestro pas (con la violacin de convenios internacionales y de derechos humanos tanto por parte de Marruecos como de Espaa, ya que voluntaria o involuntariamente esta ltima contribuy a su expulsin de Marruecos), as que las decisiones tomadas con posterioridad, reflotan con una fuerza sorprendente la olvidada cuestin del Sahara Occidental. La situacin de Haidar en el aeropuerto de Lanzarote hace de sta un foco inesperado de visibilidad para la causa saharaui, estancada desde hace aos ante la impotencia del Frente Polisario y del movimiento de solidaridad. Su voluntad frrea de entrar en el Aain y su huelga de hambre provoca as una ruptura con el juego de ambigedades anterior, llevando a una toma de posiciones mucho ms clara por parte de los actores implicados en el conflicto (inclusive del Frente Polisario que se ha visto forzado a radicalizar su postura), y poniendo sobre el tapete la absoluta hipocresa de un sistema errado y podrido por los juegos de poder. En este sentido podra resultar un tanto incomprensible que Marruecos haya puesto en evidencia de manera tan clara el carcter poco democrtico de su gobierno, as como su violacin sistemtica de los derechos humanos; violacin que con la ayuda inestimable de los Estados occidentales haba conseguido, matizar, ocultar o travestir en los ltimos aos. La incomprensin sin embargo se diluye en el momento en que uno entiende que la monarqua alauita maneja a la perfeccin el juego de alianzas internacionales, y que presentarse como tirano no es necesariamente malo si, por el contrario, uno tiene mucho que aportar en el plano geoestratgico.

La visibilidad del caso Haidar pone de manifiesto que el olvido impuesto durante dcadas a este conflicto de descolonizacin no ha llevado en ningn caso a acabar con el problema inicial, que la situacin jurdica del territorio y de sus habitantes sigue siendo extremadamente ambigua (la teora jurdica internacional no corresponde en absoluto con la prctica) y que la represin mil veces silenciada de la poblacin saharaui en los territorios ocupados sigue siendo el pan nuestro de cada da. Ser visible dota efectivamente de una existencia renovada al conflicto, pero despus de la sorpresa y de la confusin inicial, los discursos dominantes tambin se han ido reconfigurando y la visibilidad adquirida ha terminado por transformarse en un arma de doble filo. De esta forma, una matizacin debe ser establecida: la adquisicin de visibilidad de una causa no es sinnimo de reconocimiento social de la misma. As, en los ltimos das asistimos a una evolucin radical de los discursos pronunciados por la opinin pblica espaola y sus dirigentes, inclinndose hacia posturas de intolerancia con respecto a la situacin que denuncia Haidar: transformacin de sta en culpable de su propia suerte y de la sociedad espaola en vctima de su locura o su cabezonera.

Es cierto que los discursos de apoyo y solidaridad son cuantiosos, as que las crticas hacia el gobierno (actuaciones rpidas y desesperadas, sumisin, pragmatismo, poca capacidad de influencia y de presin internacional, pocas ganas de influenciar y de presionar, etc.,). Se podra criticar igualmente a la oposicin que se mantiene callada y a la espera o a aquellos que apoyando la causa saharaui confunden la condena del rgimen cherifiano con peligrosos sentimientos anti-marroqus. No obstante mi inters se centra en analizar aquellos discursos de rechazo a la figura de Haidar que han ido apareciendo a lo largo de los ltimos das y que son cada vez ms numerosos. A mi entender, existen ciertos factores (solo nombrar aqu cuatro de ellos, pero son mltiples) que pueden arrojar algo de luz sobre los mecanismos que llevan a su formacin.

1. Habra que hablar en primer lugar de memoria histrica, ms concretamente, de una ruptura de memoria con el pasado colonial de Espaa en frica. En este sentido podramos decir que la cuestin del Sahara forma parte de la amalgama de olvidos voluntarios explcita o implcitamente pactados durante el periodo de la Transicin. Dicha ruptura ha tenido efectos generacionales importantes e inmediatos, puesto que entre otras cosas, la presencia espaola en el Sahara y todo el proceso de descolonizacin, frustrante y frustrado, como dira el jurista Carlos Ruz Miguel, desaparece sin dejar rastro de los textos de historia escolares. La labor de ocultacin poltica conoce aqu su mximo esplendor. Sin comprensin del pasado, sin historia, nos encontramos con que una parte de la poblacin espaola (especialmente aquella nacida despus de 1975) no consigue establecer las conexiones necesarias que existen entre el Sahara Occidental y Espaa para analizar el problema actual.

2. Se observa una fuerte tendencia obsesiva en estos discursos de rechazo a relacionar los eventos actuales con la cuestin migratoria. Aqu la confusin entre ambos temas se enmarca en un contexto de crisis econmica que canaliza los sentimientos de anti-migracin y de racismo. La imagen de exterioridad de Haidar (el imaginario rabe, africano) y su entrada en el pas sin pasaporte, tiene para muchos una nica lectura posible, la consideracin de sta como un inmigrante ilegal. Las dos medidas desesperadas y poco operativas lanzadas por el gobierno: nacionalizacin, refugio poltico (que ella misma rechaz por no guardar relacin alguna con lo que pide) vienen a reforzar ese imaginario pavoroso sobre la migracin y el pensamiento de que Espaa contina siendo el coladero migratorio de Europa. Haidar es vista socialmente en trminos de exterioridad, es el otro temible, la alteridad indeseada. Su discurso o la justeza de su reivindicacin se ven por lo tanto eclipsados por la oleada de sentimientos proteccionistas, etnocntricos y de solidaridades de clase ficticias que inundan Espaa (Europa) en los ltimos tiempos. Para muchos ella es la expresin clara de la introduccin del caos en la Polis, de la entrada de la jungla, de la barbarie en la civilizacin, que mejor opcin por lo tanto que vuelva con sus problemas al mundo que le correspondeall donde no pueda ser ni vista ni oda.

3. Dentro del discurso dominante Haidar no solamente es rechazada como figura de la exterioridad, sino tambin de la subalternidad: mujer, nacida de la pobreza y no blanca. Como dira Homi Bhabha su presencia es fundamental para que el grupo hegemnico siga autodefinindose como superior, pero se vuelve extremadamente peligrosa cuando alza la voz y acusa. La mejor manera de desprestigiarla es intentar doblegarla a su estatus de dominada a travs de su presentacin como un sujeto dependiente, manipulado e incapaz de reflexin autnoma.

4. Por ltimo sealar que las posiciones de rechazo son tambin producto de una sensacin de hartazgo y de indigestin informativa. Nos encontramos en una sociedad que demanda informacin y que la aborrece al mismo tiempo. Zigmund Bauman y su concepto de "modernidad fluida" tendra seguramente muchas cosas que aportar a este sucinto anlisis. Queremos informacin de usar y tirar, efmera y fcil de comprender (tambin de olvidar) para que podamos dar nuestra opinin sin ningn tipo de esfuerzo reflexivo. Estamos acostumbrados a eso porque es lo que nos ha proporcionado la revolucin meditica y la libertad de opinin mal entendida. Durante aos, por no decir dcadas, la cuestin saharaui se ha mantenido en una posicin secundaria para cmaras y peridicos; fcil de imaginar, por consiguiente, que el inters repentino de stos por la cuestin saharaui no sea entendida por parte de la poblacin, ms todava cuando las informaciones actualizadas al minuto provocan sobrecarga y confusin. La espera agobiante de Haidar en Lanzarote provoca hartazgo en muchos, pero tambin un enganche enfermizo a dichas informaciones, ya que su situacin es narrada como si se tratara de un reality show morboso que puede que termine en muerte. Curiosamente este seguimiento exhaustivo nos confiere adems el derecho a opinar sobre la validez o no de su muerte, olvidando completamente el sentido que a lo largo de la historia ha ido adquiriendo el propio cuerpo como ltima arma de lucha o de reivindicacin.

La visibilidad de Haidar y los diferentes discursos que ha generado su accin no solamente sacuden la causa saharaui del polvo que empez a cubrirle desde que se firmaron los acuerdos de paz de 1991, del polvo que el Frente Polisario y el movimiento de solidaridad no ha sabido tampoco limpiarle en las dos ltimas dcadas. Su visibilidad no solamente muestra de nuevo la base hipcrita y deshumanizada del sistema internacional, sino que permite dibujar el retrato de la sociedad espaola a travs del choque violento que produce en las conciencias, si es que quedan, de una reivindicacin que nos sobrepasa, porque en su mensaje complejo, y al mismo tiempo sencillo, aparecen dos palabras que se han vuelto opacas para una sociedad adormecida como la nuestra: resistencia y dignidad.

Carmen Gmez Martn es sociologa de migraciones y doctoranda en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de Paris

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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