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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-12-2009

La victoria de Evo y las nuevas amenazas

ngel Guerra Cabrera
La Jornada


La resplandeciente victoria electoral de Evo Morales expresa la fuerza moral de un gobierno hecho suyo y defendido por una mayora de bolivianos de casi todos los sectores. El presidente no slo result reelecto sino que su partido, el MAS, consigui lo que pareca imposible: la amplia mayora parlamentaria de dos tercios necesaria para instrumentar las leyes que permitirn dar vida a la Constitucin del Estado plurinacional y avanzar hacia la refundacin del pas. Hay un dato revelador y es la abrumadora afluencia de electores, ascendente a ms del 90 por ciento de los registrados segn clculos preliminares, algo con lo que no pueden ni soar las llamadas democracias avanzadas puesto que sus ciudadanos cada vez creen menos en ellas; ms relevante an considerando la amplitud de un padrn electoral que se acerca a la inclusin de toda la ciudadana en edad de votar. Ello es una prueba de la creciente participacin poltica en el pas andino, particularmente de sus pueblos indios, muchos de cuyos integrantes no existan legalmente hasta la llegada de Evo al gobierno y por lo tanto no ejercan el derecho al sufragio, pues durante siglos fueron marginados y privados de todos sus derechos.

Digan lo que digan los pulpos mediticos, los avances econmicos, polticos y sociales de Bolivia demuestran que Evo ha hecho un excelente gobierno, caracterizado, eso s, por la defensa de la soberana nacional y de los intereses de las mayoras, que as lo reconocen como lo prueba la copiosa votacin que recibi, casi diez puntos por encima de cuando fue electo por primera vez. Cuntos presidentes pueden presumir un respaldo igual? Esta victoria, como apunt el propio Evo, no es slo de Bolivia sino de todas las fuerzas y gobiernos antimperialistas y seguramente constituir una fuente de inspiracin, de enseanzas y un gran estmulo para movimientos populares e indgenas de otros pases de la regin que an no han logrado colocar en la presidencia a uno de los suyos e iniciar un proceso de cambios. Lo mismo puede decirse de los gobiernos progresistas, cuyos pueblos y lderes reciben como propia la noticia de este triunfo.

Pero pongamos los pies sobre la tierra. Ni Estados Unidos ni las oligarquas se resignan a estos tiempos nuevos de nuestra Amrica y si no aceptan ni moderadas reformas mucho menos van a cruzarse de brazos ante la consolidacin de los procesos revolucionarios en Venezuela, Ecuador y Bolivia ni perdonar a Cuba su carcter de pionera y su apego a los principios revolucionarios. El golpe de Estado en Honduras es el precedente creado por Washington para interrumpir por la fuerza los procesos de cambios sociales y polticos por va electoral en Amrica Latina. Ahora el imperio afirma cnicamente, a coro con sus ms estrechos aliados en la regin, que condena el golpe pero reconoce las elecciones organizadas por el gobierno golpista con candidatos golpistas, arbitradas por instituciones golpistas en un pas bajo toque de queda y donde la mayora de los electores no concurri a votar precisamente por considerar ilegtimo el chanchullo montado por la dictadura.

Es muy importante que la cumbre del Mercosur se haya pronunciado categricamente por no reconocer ese circo y pidiera de nuevo el restablecimiento del orden constitucional en Honduras. All Hugo Chvez dijo lo que muchos pensamos. De modo que si en Venezuela seal- hay maana un golpe de Estado y luego los golpistas organizan unas elecciones, pases como Colombia y Per reconoceran al gobierno surgido de ellas. All est la paradoja a que nos enfrentamos en Amrica Latina, donde la eleccin de Barak Obama a la presidencia de la potencia del norte levant la esperanza de una relacin ms respetuosa y menos agresiva del imperio con Amrica latina y resulta que menos de un ao despus hemos visto el retorno del golpismo y que con el pretexto de la lucha contra el narcotrfico y el terrorismo nos van a llenar de bases militares yanquis y planes de militarizacin en los pases con gobiernos serviles como los de Colombia, Per y Panam. Si el restablecimiento de la IV Flota era motivo sobrado de alarma, estas acciones militaristas y subversivas constituyen una gravsima amenaza a la soberana latinoamericana y vienen a reforzar la situacin de cerco, militar y meditico, en que el imperio intenta colocar a los gobiernos progresistas de Amrica del sur y central y a todas las fuerzas revolucionarias de la regin.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2009/12/10/index.php?section=opinion&article=027a1mun

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Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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