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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-12-2009

Las ridculas pretensiones de Israel sobre el legado de Franz Kafka

Mary Rizzo
Palestine Think Tank

Traduccin de Manuel Talens


Alguien deba de haber calumniado a Josef K.,
porque, sin haber hecho nada malo,
fue detenido una maana.


Dudo que alguien haya ledo el devastador inicio de El proceso de Kafka sin sentir un estremecimiento de emocin. En su desnuda simplicidad, su fuerza despiadada y su poderoso despliegue narrativo, una sola frase nos muestra facetas de un universo total en el que un estado de nimo se da de bruces con la escritura en movimiento, en el que un sentido de la confusin y el menosprecio se topan con la realidad de un acto arbitrario. De inmediato, el sujeto trata de racionalizar y comprende que se encuentra ante un grave agravio personal y nosotros, los lectores, sin saber nada del asunto, simpatizamos con l, bajo la premisa de que, pase lo que pase, nos pondremos de su lado.

Pero existe una ambigedad, que no cesa a lo largo del libro, con la presentacin de sentimientos de culpa, resignacin, ausencia de clarificaciones y, al final, un estoicismo que conduce al rechazo de la libertad personal. Conforme leemos, en alternancia podemos identificarnos con Josef K. y resignarnos al destino o bien podemos zarandearlo para que cese en su complacencia. A veces nos ponemos incluso en su piel, dejamos el libro a un lado y nos decimos, s, es verdad. Es esta experiencia emocional, que nos afecta cada vez de forma diferente al enfrentarnos al libro (y que, como todas las grandes obras, no cesa de ofrecernos nuevos matices insospechados), lo que transforma la experiencia de la lectura en algo activo, personal y vibrante.

El proceso hubiera podido comenzar con esa frase evocadora, como tantos otros, pero lo que de verdad convierte a este libro en una experiencia que nunca cesa para quienes lo aman es el hecho de que desconocemos cmo se leera si el propio Kafka lo hubiese publicado en vida y sus espacios narrativos sujetos a interpretacin fuesen cosa de un da. Desde el punto de vista literario, sabemos que apareci pstumamente y sin indicaciones explcitas sobre su construccin. Se ha dicho que la manera confusa con que Kafka organizaba sus manuscritos dio lugar a una disposicin arbitraria de los captulos e incluso que la exclusin de un sueo en el corpus de la novela en su edicin ms conocida fue una mala decisin de Max Brod, de la cual me ocupar en breve.

Adems, de vez en cuando aparecen ediciones crticas, incluida una muy interesante que adopta el esquema de Crimen y castigo de Dostoievsky. Hay ediciones que incluyen variaciones y en las que se modifican pequeos detalles o incluyen notas autobiogrficas a pie de pgina, para deleite e informacin del lector. Conoceremos algn da la versin integral del libro, tal como el autor la quiso? Eso depende de Israel.

Para cualquier investigador, el acceso a los manuscritos originales de escritores es algo esencial por muchas razones. En primer lugar, uno puede ver la evolucin del proceso mental observando la construccin de las frases, las tachaduras, las notas, las posibles variantes que el autor deja para s mismo antes de llegar a una solucin definitiva; en segundo lugar, porque todo manuscrito otorga per se un valor histrico a la obra de arte. El contacto con el manuscrito original es lo ms parecido a sentarse junto al escritor, que refina cosas poco claras o, con suerte, incluso descorre unas cortinas que ni siquiera sospechbamos y nos permite ver algo diferente.

Hace un par de aos experiment una revelacin as cuando examin el manuscrito original de uno de los ms importantes poemas italianos, LInfinito, de Giacomo Leopardi. Me embarg un estado de pura conmocin al ver con mis propios ojos y sentir su pluma, que tachaba una palabra aceptable para cambiarla por otra perfecta Como podra haber existido una versin de este poema que fundiese lo interior con lo infinito? Fue algo extrao sentir que el plpito expresado en ese poema sufri una evolucin. Pero al darme cuenta de que la sufri y de que fue producto de una dinmica de la mente humana, de un instante temporal y, por lo tanto, inefable y compuesto de muchas facetas, por un momento me intern en la mente de Leopardi y vi de qu manera se enfrentaba a una realidad, a una encarnacin de su pensamiento, que al mismo tiempo refinaba en su interior y ms all de su interior, igual que el sujeto del poema. Lo que me dej sobrecogida fue la sensacin de haberlo comprendido, algo que nunca antes haba experimentado tras muchos aos de leerlo y admirar su obra.

El propio Kafka es un objeto interesante desde el punto de vista biogrfico y en los estudios crticos de su obra siempre aparecen hechos y documentos de su vida, incluso aquellos tan personales como cartas y notas, que aaden comprensin a sus escritos... y la controversia que rodea a la desaparicin o a la falta de acceso a sus manuscritos ir en aumento conforme su papel de precursor de la literatura existencial y testimonio de la vieja Europa en su lucha modernista vaya haciendo que sus libros sean cada vez ms contemporneos.

Yo misma he sentido una enorme atraccin por Kafka, no slo por lo enigmtico de la doble existencia que llev como funcionario diurno en una compaa de seguros y escritor por las noches, sino por algo mucho ms banal: sus similitudes biogrficas con mi propia familia, que me ayudan a reconstruir un mundo ya permanentemente desmembrado y, por lo tanto, objeto de una nostalgia irresistible y quimrica para m. Su familia proceda del mismo pueblo que parte de la ma; ambas vivieron las experiencias de abandonar la aldea para trasladarse a Praga, de la tuberculosis, de la mortalidad infantil... todas las historias que una escucha sobre una saga privada estn ah, en una figura literaria. Por supuesto, l perteneci a una clase social diferente de la ma e incluso habl una lengua materna distinta de la de mi familia, pero una parte de m sigue creyendo que algo existe en su obra capaz de ofrecerme fragmentos minsculos de informacin, quiz la pieza faltante, algn pequeo detalle que, vinculado a otros, podra dar sentido a aquel universo que se recordaba, s, pero nunca se mencion con palabras.

Esto, en s mismo, me explica una de las razones por las que lo abrazo con tal intimidad, para tratar de comprender algo de un mundo que siento muy cercano, slo de forma evocadora, envuelto en un sudario firmemente sellado y distante para siempre. Pero existe tambin una atraccin universal hacia su obra: la ambigedad de su escritura resulta extraamente tranquilizadora, porque en ella siempre existen la promesa y la esperanza de poder descifrar el orden simblico que esconde para que lo absurdo se vuelva lgico. Incluso si la contextualidad es la aceptacin de que el significado ms profundo est en el lado del lector pues la obra en s misma no ofrece redencin y es posible hurgar en ella tanto como se desee la redencin est en otra parte. En El proceso todo es desesperacin, lo cual no es nada nuevo.

Y, sin embargo en su lectura una se siente transportada al interior del tero del lenguaje humano, con su fuerza y su fragilidad, en la creencia de que podr expresar la esperanza de un mundo distinto y ms justo, incluso si tal esperanza nunca se menciona.

Puede significar mucho para millones de personas y muchas de ellas quieren saber ms. Por supuesto, esto es posible a travs del estudio de los manuscritos originales y la biblioteca de Marbach, en Alemania, ha sido un lugar de peregrinaje para muchos estudiosos. Sin embargo, si Israel logra su objetivo, este manuscrito deber abandonar Europa y regresar a Israel, junto con el resto de los documentos escondidos, todava por estudiar y sujetos a una extraa ley de la herencia juda. A causa de dicha ley, si sta termina por prevalecer, probablemente nunca ms vern la luz del da.

Esa ley israel prohbe que todo material que ellos consideren importante para el pueblo judo salga del pas. La ley incluso establece que aceptan una fotocopia... pero todo el mundo sabe lo digno de confianza que es Israel y, al parecer, sus ciudadanos tambin lo saben, pues muchos de ellos no caen en la trampa. De hecho, es ms que razonable imaginar que miles de documentos importantes, no slo para el pueblo judo, sino para la humanidad, han tomado el camino de las ventas clandestinas y de la desaparicin para que sus propietarios eviten verse forzados a entregarlos o venderlos por una mnima parte de su valor al Estado judo. Incapaces de vender material literario a bibliotecas e instituciones culturales (pues ninguna comprara una fotocopia de un documento), la propiedad se traspasa por medio de ventas secretas y exportacin o, en el caso de los manuscritos de Kafka, se depositan en algn otro lugar, quiz para siempre.

Kafka nunca vivi en Israel, tampoco lo visit. Su confidente y mdico, Max Brod, s llev a Palestina todos los documentos que Kafka le haba confiado con la promesa de que los destruira personalmente. Brod no lo hizo, por fortuna. De hecho, intent ordenar de algn modo los manuscritos y los public en seis volmenes de obras previamente inditas, tras haber sido su amigo ms ntimo y fiel, buen conocedor del Kafka literario y humano y, por lo tanto, el ms capacitado para reconstruir en vez de destruir.

La contravencin de los deseos de su mejor amigo no fue una hazaa que pueda compararse con las dificultades de ensamblaje del material. Lo ayud en la tarea su propia secretaria, Esther Hoffe, otra originaria de Bohemia trasplantada al naciente Estado judo. Tras la muerte de Brod, Hoffe tom posesin de los preciados manuscritos. Haba logrado vender algunos de stos en el extranjero, pero el pacto qued bloqueado justo cuando los documentos iban a ser transferidos al nuevo propietario.

A su muerte, sus hijas se convirtieron en dueas del material y se han negado a entregarlo a Israel. A pesar de esa ley, no quieren que el Estado expropie y obtenga por un precio irrisorio algo a lo que, segn ellas, no tiene derecho. Al menos eso es lo que hace pensar su terca negativa a colaborar con las exigencias de que el Estado judo sea rbitro y custodio de los manuscritos. Se dice que entre los documentos se encuentran el diario de Brod, algunos dibujos de Kafka y la correspondencia que no fue destruida.

Una vez ms, Israel exige el derecho a algo que no le pertenece. En este caso, que no pertenece ni al Estado ni al pueblo judo ni tampoco a las hermanas Hoffe, sino al legado de Franz Kafka. Si consideramos los deseos explcitos deste, segn los cuales todos sus escritos deban terminar en las llamas, y que incluso Dora quem algunos de sus relatos y una obra de teatro a peticin suya, es fcil imaginar que el conflicto actual no le hubiese gustado en absoluto al escritor.

Con las presiones que se estn ejerciendo para la entrega de este material bajo ciertas condiciones, es bastante probable que el mundo nunca tenga acceso a algo que, se rumorea, es muy voluminoso y variado, y que el estudio de este gigante de la literatura seguir entorpecido. Ello se debe a la necesidad que siente Israel de reclamar la propiedad de todo sobre lo que considera tener un derecho tnico. Existe algo parecido a una literatura juda, determinada por su estilo o por su sangre? Forma parte Kafka de ella? Haba considerado el propio Kafka que su obra era patrimonio del pueblo judo o habra sentido, en cambio, que otros estn jugando con su destino, al igual que pensaba su personaje ms famoso, Joseph K.?

Y, para ser ms precisos, es posible que un Estado pueda reclamar su derecho a un material que fue introducido en su territorio desde otro sitio, por no hablar de que dicho Estado ni siquiera exista en tiempos de Kafka ni cuando Brod se traslad a Palestina en 1939? Adems, no es absurdo que reclame ser su representante y que sus manuscritos deban permanecer en territorio israel? Ello implica que un escritor cuya obra lleg a Israel por circunstancias aleatorias, no por eleccin de su autor (eleccin testamentaria que, para ms escarnio, no fue respetada), sea ahora un rehn simblico, confinado al estatus de escritor judo, y que si los investigadores desean estudiar sus manuscritos tengan que ir a Israel para hacerlo. Eso significara el reconocimiento de que el escritor pertenece al Estado de Israel y luego al pueblo judo. Slo de forma incidental se le considerara como un ser humano cuya vida y cultura fueron otra cosa. Kafka fue un europeo de Bohemia, un ciudadano de la ciudad de Praga, la cual colore su percepcin al mismo ttulo que sus viajes por la Europa central y el norte de Italia contribuyeron a su actitud vital. Israel no tiene nada que ver con su obra, al menos si se juzga por el material conocido de sta.

Pero Israel, al igual que ha hecho con la tierra de Palestina, decide apropiarse de lo que anhela y reclama derechos sobre ello con criterios raciales, religiosos y tnicos. Niega las circunstancias histricas reales y espera as reescribir la historia para que, dentro de una generacin, todo el mundo crea que Kafka naci en Tel Aviv y fue una prominente figura de los asuntos culturales judos. No hace falta mucho esfuerzo para construir un hermoso complejo cultural, Centro histrico y biblioteca Kafka, donde los estudiantes irn a contemplar las vitrinas y las muestras multimedia antes de adentrarse en la tienda de souvenirs.

De hecho, sa sera una metamorfosis que habra aterrado a Kafka: que alguien, algn da, vaya contando mentiras sobre Franz K.

Fuente: http://palestinethinktank.com/2009/12/09/let-my-kafka-go-israel's-ridiculous-ownership-claims/



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