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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-12-2009

Shara, las promesas escritas en la arena

Flix Monteira
Pblico


Muchos espaoles estamos viviendo estos das con angustia la tragedia de una madre coraje saharaui, Aminetu Haidar, que ha empeado su vida en defender su dignidad pisoteada y la de su pueblo.

En una sala de la terminal de autobuses del aeropuerto de Lanzarote, esta mujer firme, multipremiada por su lucha en defensa de los derechos humanos, cumpli ayer el vigsimo quinto da de huelga de hambre por su justa reclamacin del derecho a regresar a su pas. Las autoridades marroques la expulsaron porque en el formulario escribi lo que es, saharaui, en lugar de declararse sbdita de Mohamed VI, el rey de la nacin que ocupa su tierra en contra de la legalidad internacional.

Ni del Gobierno, atrapado en un problema que le ha cado encima, ni de la oposicin ha nacido una sola crtica al proceder desptico de un rgimen que ha sometido a un pueblo liberado hace 33 aos de la colonizacin espaola. Tampoco del rey, que tantas veces ha proclamado su amistad con el monarca alau, ha surgido una iniciativa humanitaria para poner fin a esta barbarie.

En la poltica espaola ha prevalecido la conveniencia de un vecino que amenaza con poner fin a su papel de tapn en el norte de frica a la inmigracin ilegal y con romper la cooperacin en la lucha contra el terrorismo islmico. Otros pases con fuertes intereses en Marruecos, como Estados Unidos y Francia, han optado por la inaccin y el silencio.

El Parlamento Europeo, que este mismo ao protest ante Naciones Unidas por el deterioro de los derechos humanos en Shara, de momento calla. Y la Secretara General de la ONU, que en abril de 2006 confirm que ningn pas reconoce la anexin marroqu del suelo saharaui porque ello implicara el reconocimiento de la soberana de Marruecos sobre el Shara Occidental, da muestras de su usual impotencia. Ni siquiera la Minurso (Misin de Naciones Unidas para el referndum en el Shara Occidental) ha movido un dedo.

Espaa tiene responsabilidades histricas en esta zona de desierto de 266.000 kilmetros cuadrados. El primer enclave, un fuerte, se construy en 1476 con el afn de explotar la riqueza pesquera del litoral atlntico. El acuerdo que puso fin a la guerra con Marruecos en 1860 permiti 15 aos despus la reclamacin de este territorio como propio, pero la ocupacin efectiva no se produjo hasta 1934, durante la Segunda Repblica.

Cuarenta y dos aos despus, el 26 de febrero de 1976, Espaa abandon, de un da para otro, el territorio. Antes, tras la Marcha Verde del 6 de noviembre de 1975, el Gobierno firm con Mauritania y Marruecos los Acuerdos de Madrid, que establecan una administracin temporal tripartita.

El Frente Polisario constituy la Repblica rabe Saharaui Democrtica, reconocida por una cincuentena de pases. El resultado fue una guerra en dos frentes, aunque Mauritania firm la paz en 1979 y renunci a sus ambiciones anexionistas. Marruecos continu la ocupacin y construy 2.700 kilmetros de muro para apropiarse de las dos riquezas de este pas desrtico, los fosfatos y la pesca, as como la mayora de los escasos oasis. Los saharauis empujados a la pobre zona meridional sobreviven criando cabras y camellos, aunque la mayor parte de los 260.000 habitantes estimados est refugiada en campos instalados en suelo argelino.

Marruecos y el Polisario firmaron un alto el fuego con la promesa de un referndum de autodeterminacin amparado por la ONU que lleva 16 aos esperando. Marruecos boicotea la consulta y exige casi duplicar el censo de 150.000 votantes para voltear el resultado. Slo ha prometido una autonoma inconcreta. Las dos versiones sucesivas del Plan Baker son papel mojado para un pueblo asolado.

As las cosas, es un sarcasmo que la polmica se vea reducida en Espaa a dirimir si hay derecho a alimentar a Haidar a la fuerza, si llegado el caso, su vida corre peligro. La activista saharaui ha dejado claro su compromiso: Volver a mi pas viva o muerta.

A nuestro pas, como ex potencia colonizadora, le corresponde asumir sus responsabilidades. El Gobierno y la oposicin estn obligados a exigir a Marruecos que cumpla con los compromisos contrados con la comunidad internacional. Cmo, si no, este Estado vecino y socio puede aspirar a reclamar un tratado preferente con la Unin Europea? Primero ha de respetar los derechos humanos y acatar la legalidad internacional.

Fuente: http://blogs.publico.es/director/35/sahara-las-promesas-escritas-en-la-arena 



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