Portada :: Bolivia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-12-2009

Seguridad, proceso de cambio y estrategia regional

Juan Carlos Pinto Quintanilla
Rebelin


Amrica aprende a mirarse en el espejo

Amrica Latina est viviendo momentos de transformacin revolucionaria. Nunca antes haban confluido en la regin las condiciones para hacer posible un cambio histrico-estructural revolucionario en nuestros pases. Dcadas de lucha revolucionaria de nuestros pueblos han permitido este momento histrico en el que varios pases latinoamericanos se inclinaron, en el marco de la democracia formal, a favor de un proceso de cambio que tome en cuenta a las mayoras olvidadas y vilipendiadas por los grupos de poder e ignoradas por la historia oficial elaborada por ellos.

Bolivia, con ms razones que muchos ha tomado este camino. Desde el reconocimiento de su diversidad y la reivindicacin de su dignidad ha empezado el camino de la transformacin desde un liderazgo que representa a los millones de rostros indgenas que pueblan esta porcin de Amrica, interpelando a la historia oficial la condicin de ciudadana negada que ha construido una democracia excluyente y colonial.

Estos procesos de cambio estructural an en el marco de la democracia formal, hacen pensar a los detentadores imperiales y locales del poder en un proceso revolucionario; y lo es, aunque la revolucin consiste simplemente en construir una democracia con identidad propia que incluya a los excluidos. Las luchas para lograr este cometido se han dado a lo largo de toda nuestra historia a veces como resistencia silenciosa y por momentos en intensos levantamientos e insurrecciones; ahora, cuando la mayora ha logrado el gobierno, la lucha de fuerzas se vuelve permanente y en una lectura neoliberal que entiende la democracia como ausencia de conflictos, vivimos un proceso creciente de inseguridad local y continental.

Sin embargo, esta construccin democrtica como forma de organizar los conflictos y construir una cultura de paz, inclusin y participacin entre los diversos, estn transformando los trminos de la comprensin de la convivencia en sociedades pluriculturales como las latinoamericanas y tambin en nuestra relacin entre pases, pues el mercado ya no puede ser el nico parmetro de nuestros vnculos, ms an entre pases que han tenido una historia comn de lucha anticolonial y de pueblos indgenas que son originarios que en la actualidad siguen siendo una identidad fundamental para comprendernos.

La inseguridad de la sumisin colonial

Es evidente que desde los trminos de la dominacin colonial e imperial, vivimos hoy un proceso de inseguridad regional que pone en tela de juicio las formas de dominacin-subordinacin en las que histricamente se han desenvuelto nuestras relaciones. Es cierto que el fenmeno imperial y capitalista contina siendo el modo de produccin dominante y que ha condicionado nuestra forma de ser como pases en el contexto internacional, relegndonos a ser imitadores y subordinados de los pases del primer mundo.

As funcion histricamente el orden imperial de la convivencia, a travs de los grupos de poder que simplemente reprodujeron esquemas y polticas que no tenan que ver con la mayora sino con los intereses mezquinos y particulares de pequeos grupos locales autodenominados nacionales que se enriquecieron subastando nuestros recursos naturales y explotando nuestra fuerza de trabajo. La lgica comercial de explotacin intensiva de nuestros recursos y de compra-venta de los mismos fue la pauta fundamental de relacin impuesta. Desde la Colonia pasando por la poca republicana, se busc la desintegracin y el enfrentamiento en los espacios del mercado dependiente creados por el imperio capitalista para explotar de mejor manera los recursos naturales de acuerdo a sus intereses.

Nunca tomaron en cuenta los lazos estructurales que nuestro pueblos poseen entre s y que los han reproducido una y otra vez a lo largo de la historia, en la ambigedad de las limitaciones fronterizas con algunos pases vecinos que en realidad reflejan la continuidad de una misma identidad, escindida por los lmites nacionales por sobre la identidad del ser indio de nuestros pueblos. Incluso a inicios de la Repblica, sus precursores soaban con un proyecto continental de unidad y reconstitucin de una nueva identidad a partir de nuestra diversidad; sin embargo esos sueos perecieron bajo los intereses y las armas de los grupos de poder que se repartieron los pases y definieron las fronteras que nos separan.

Esta lgica confrontacional presente en la construccin histrica de los Estados Nacionales del continente, buscaba justificar los intereses supremos de los grupos de poder locales que se repartieron la tierra y los recursos naturales por sobre los pueblos originarios e indgenas. Algunos pases optaron por el exterminio de millones de indgenas, otros, que no podan substraerse a su mayoritaria identidad indgena heredera de pueblos que ya eran naciones en el momento de la colonizacin, los sometieron a una explotacin intensiva como fuerza de trabajo y los excluyeron de toda participacin poltica, con un tinte racista porque buscaba justificar la superioridad colonial sobre los vencidos.

De esta manera, nuestros pases se construyeron de espaldas a los intereses y sueos de la mayora, y les hicieron creer que la nica forma de ser y de vivir era la de la indignidad de la subordinacin y la limosna, crendoles el complejo de inferioridad por no ser parecidos a los colonizadores quienes vinieron a decirnos cmo imitarlos.

Los conflictos blicos y de seguridad en el continente estn relacionados con los intereses mezquinos y de poder de los grupos elitarios de cada pas, que intentaron construir una identidad nacional que les permitiera asentar su estrategia de dominacin hegemnica, basada en el reconocimiento del mestizaje como ciudadana, dejando de lado las diferencias tnicas y raciales para dar paso a las relaciones de mercado. Los conflictos blicos en nuestra Amrica tienen que ver con la necesidad de resolver los problemas estructurales en la constitucin de los pases, que sin el apoyo popular en diversas situaciones histricas, tuvieron que acudir a la construccin del enemigo externo como factor de diferenciacin para lograr la unidad nacional.

Bolivia y la colonialidad estatal

Bolivia a lo largo de toda su historia ha vivido etapas de confrontacin blica con algunos pases vecinos, que sin excepcin, terminaron en prdidas territoriales. Bolivia naci como Repblica de espaldas a su realidad plurinacional, negndola para que los grupos de poder hicieran de la exclusin una caracterstica de Estado; es as que hasta el ao 1952, formalmente slo entre el 2 al 5% de los bolivianos contaban con los derechos de ciudadana y posteriormente, a pesar del reconocimiento del voto universal, las formas y contenidos de la convivencia societal nunca dejaron de ser excluyentes y racistas.

La seguridad regional, en esos trminos, tena una lectura basada en la inseguridad permanente respecto a la territorialidad, debido al trauma histrico de haber sido desmembrados territorialmente y a la facilidad del ingreso de ciudadanos extranjeros de pases vecinos por nuestras fronteras, que libremente procedieron a la explotacin de nuestros recursos naturales, mientras que el Estado concentraba su presencia material en las ciudades a travs del ejrcito y las fuerzas de seguridad para enfrentar a los movimientos populares que no cesaban de demandarle su inclusin en las polticas pblicas.

Los momentos de tensin con los pases vecinos tuvieron como componente central la imposibilidad histrica del Estado boliviano para la constitucin hegemnica de la territorialidad, basado en intereses econmicos de mercado que adems de permitir el ingreso de los vecinos con una clara intencin expoliadora, cre un puente de corrupcin institucionalizada en las autoridades fronterizas que buscaban su provecho econmico personal. El Estado fue incapaz de sentar presencia institucional, dejndole a pequeos grupos y oligarquas locales el usufructo del territorio nacional como patrimonio familiar.

Tanto los gobiernos militares como los democrticos hicieron uso de esas tensiones con los pases vecinos, principalmente Chile, para llamar a una cruzada nacional permanente en torno a una bolivianidad que construyera identidad y borrara las diferencias, sin darse cuenta que los conflictos y la confrontacin interna estaban generando una interpelacin permanente a la forma de existencia del Estado boliviano que sostena un doble discurso moral, pues mientras llamaba a la recuperacin histrica de nuestros recursos territoriales y martimos perdidos, propugnaba, en el marco del neoliberalismo, el libre intercambio econmico en beneficio de los declarados enemigos.

En definitiva, la presencia de un Estado como monopolio de la fuerza y de la represin para la sostenibilidad de modelos econmicos de mercado excluyentes, era al mismo tiempo una ausencia de Estado en los procesos de inclusin y construccin de ciudadana. En esta situacin es comprensible el comportamiento poltico de los sectores dominantes que en una lgica de guerra buscaron histricamente someter, y no convencer ni incluir a la mayora, en un horizonte de pas que estructuralmente no poda generar ms que la confrontacin permanente.

La seguridad a partir del vivir bien

Evo Morales como reivindicacin histrica del liderazgo indgena, representa el quiebre de esta lgica estatal, que no pudo resolver sus contradicciones en el marco de la confrontacin y fue vencida, siguiendo la lgica de la democracia formal con el triunfo contundente y mayoritario del MAS, con el 53.74%, por primera vez en la historia del pas.

En ese contexto, el tema de la seguridad es abordado desde una nueva perspectiva, que le permita a la poblacin mayoritaria el acceso a mejores condiciones de vida, pues ahora el Estado pasa a ser un reflejo y una construccin de la mayora plurinacional del pueblo boliviano. La seguridad no es ajena a la vida del pueblo y en el marco de la transformacin del Estado, no puede ser una excusa para la represin o la confrontacin.

El vivir bien como filosofa de este nuevo proceso de transformacin es la posibilidad de construccin de la equidad y de la inclusin ciudadana, donde el Estado asume el rol central en el proceso de redistribucin y de inclusin ciudadana a los derechos fundamentales. Las nacionalizaciones y la transformacin paulatina de las condiciones sociales de la mayora expresan precisamente este gran cambio respecto al Estado neoliberal donde la seguridad jurdica a la inversin y las empresas era el centro de la accin estatal, a diferencia del Estado plurinacional que, sin dejar de lado esos temas, prioriza la transformacin social y la garanta de seguridad de una mejor vida para las mayoras.

El ejrcito en el proceso de cambio

Los viejos puntales de la lgica estatal colonial se encuentran en proceso de transformacin a partir de las nuevas y renovadas condiciones que se presentan en este proceso de cambio en democracia. As, el viejo ejercito represor, cuya ltima accin cost la vida de ms de 70 ciudadanos en la ciudad de El Alto para expulsar al presidente neoliberal Gonzalo Snchez de Lozada del pas, hoy atraviesa por un proceso de cambio interno que implica su deselitizacin, al permitir, por ejemplo, que en el colegio militar, eje de la formacin militar de las lites y de su relacin formativa con el imperio, exista en la actualidad un cupo de participacin obligatoria de los pueblos indgenas.

De la misma forma, el papel del Estado se ha transformado a lo largo de estos 4 aos, el excedente producto de la nacionalizacin gasfera se ha convertido en bonos para nios, ancianos y mujeres, los mismos que cuentan con el apoyo de los militares para su gestin y entrega a lo largo del territorio nacional, permitiendo que la ciudadana civil tenga una nueva imagen y una nueva relacin con las fuerzas militares.

En el papel propiamente de seguridad fronteriza, el ejrcito ha desplazado la mayor parte de sus efectivos a las fronteras y est construyendo nuevos cuarteles en ellas, en la perspectiva de sentar soberana, y reforzar la lucha contra el contrabando y el narcotrfico. El Estado Plurinacional aprob recursos para la compra de material para el ejrcito que ayude en la lucha contra el narcotrfico.

El Alto Mando militar se rene una vez por semana con el Presidente Evo Morales, a quien reconocen plenamente como su comandante general, y bajo su mando han soportado las arremetidas de los grupos paramilitares y cvicos que han tomado instituciones pblicas y humillado a soldados en espera de una respuesta represiva que nunca se dio, agotando la lgica de la violencia hasta la masacre desatada en el departamento de Pando, donde paramilitares cvico-prefecturales de oposicin masacran a cerca de 40 indgenas y campesinos y obligan al Estado a actuar a travs del ejrcito, declarando estado de sitio en el departamento y capturando a los responsables.

A pesar de esa actitud fundamental que hacen a uno de los rasgos del nuevo nacionalismo en el pas, donde los militares y la gente participan de los mismos actos y se reconocen como parte del pueblo, no habr que perder de vista que en su estructura jerrquica fundamental el ejrcito fue formado, en su gran mayora, por la Escuela de las Amricas y que siguiendo rdenes o por iniciativa propia ha sido parte de las masacres sufridas por los bolivianos en los tiempos neoliberales. Tambin en los avatares del terrorismo cvico separatista que fracas se detect la presencia de militares de rango tanto en servicio activo como pasivo como parte de ese plan subversivo.

Polica: viejas tareas con nueva visin?...

En el caso de la Polica Nacional, guardin de la seguridad ciudadana en el contexto del viejo Estado, los esfuerzos por su transformacin han sido infructuosos en su mayora. Sin embargo, se ha logrado, al igual que en el ejrcito, deselitizar la escuela del Alto Mando de la polica, para facilitar el ingreso de representantes indgenas a la carrera policial en sus niveles jerrquicos, y de esta manera tambin lograr una mejor representatividad en los cuerpos policiales. En todo el pas se ha incrementado de forma sustancial la infraestructura otorgada a la polica para el mejoramiento de su accionar.

Los cuerpos especializados de lucha contra el narcotrfico, han incrementado sus actividades, desde que el gobierno boliviano decidiera expulsar a la DEA del pas, despus de que se encontrara que este organismo tena un doble papel en la lucha antinarcticos (existen denuncias, como en el caso de Huanchaca, donde segn investigaciones en un gigantesco laboratorio, protegido por la DEA, se obtenan fondos para las luchas de desestabilizacin de gobiernos como el de Nicaragua en dcadas pasadas.

Desde que sali del pas esta institucin norteamericana, los logros de incautacin y represin al narcotrfico se han duplicado, a pesar de la permanente migracin de los carteles que bajo el efecto globo, hace que cuando la represin se incrementa en Colombia o Per, aumenten las fbricas en Bolivia, y viceversa.

Es cierto que no se cuenta con los recursos tecnolgicos necesarios que tena la DEA, pero el gobierno, bajo el principio de soberana, decide que la lucha contra el narcotrfico sea comandada por los propios bolivianos, consiguiendo recursos y comprando tecnologa que nos permitan la desarticulacin de los carteles de droga que actan en nuestro territorio.

An somos una economa frgil, en la que el ingreso por la venta de la hoja de coca sigue siendo una fuente importante de subsistencia para gran cantidad de familias en el trpico boliviano; se busc, a travs de polticas de conciliacin y acuerdos, la disminucin de las plantaciones de coca en los mrgenes legales, logrndose importantes avances que pasan por la erradicacin voluntaria de las organizaciones sindicales para acompaar de forma comprometida los objetivos que el gobierno se ha propuesto en esta materia.

Inseguridad ciudadana y linchamientos

Las cifras referidas a la inseguridad ciudadana en Bolivia, no se comparan con las de los pases vecinos, que son muy elevadas, sin embargo el narcotrfico y su internacionalizacin ha provocado que los mrgenes de violencia se incrementen, los delitos violentos estn ligados con el trfico de drogas y la mayor presencia de bandas de narcotrfico internacionales ha generado la demanda ciudadana de servicios policiales para mejorar la poltica de seguridad ciudadana.

En muchos casos son los pobres del campo y las ciudades los que han sufrido las consecuencias de la delincuencia, pero tambin de la ineficiencia policial, as como de jueces que incapaces de cumplir con los plazos de ley para el cumplimiento acusatorio, se han dado a la tarea de desprestigiar la norma legal por su flexibilidad, as como de esconder en este argumento los altos niveles de corrupcin existentes en el rgano judicial.

Debido a ello, se han incrementado los casos de linchamiento, principalmente en los mrgenes de las ciudades, donde la poblacin organizada ha tomado la justicia por mano propia. Ese hecho ha sido aprovechado por las autoridades judiciales y los medios de comunicacin, opositores en su gran mayora al gobierno, que lo han usado para atacar el reconocimiento de la justicia indgena y comunitaria, que arbitrariamente y bajo una intencionalidad poltica, se ha confundido con los linchamientos.

Golpes cvicos, terrorismo y accin policial

Tambin la polica ha tenido un importante papel en los procesos de levantamiento y subversin contra el gobierno de Evo Morales. En el intento de golpe cvico-prefectural del ao pasado, actu como guardiana y no como represora para evitar el proceso de victimizacin de los agresores, muchos policas, incluida la jerarqua, fueron golpeados y humillados en el cumplimiento de su papel. Luego del proceso investigativo de la labor delincuencial en esos hechos que daaron el erario nacional, se identificaron a los culpables, pero no pudieron ser apresados o enjuiciados, en su gran mayora, por contar con la complicidad del poder judicial opositor al gobierno.

La labor de inteligencia desarrollada por la polica nacional, dio como resultado en meses pasados, la desarticulacin de un grupo terrorista separatista, que contratado por los grupos cvicos prefecturales buscaba desatar una guerra civil en Bolivia. Su eliminacin trajo consigo la desarticulacin poltica del grupo opositor, que sin embargo busc camuflar a los culpables y financiadores, acusando al gobierno y a la polica de violacin a los derechos humanos. Uno de los culpables, est hoy refugiado en los Estados Unidos y es el ex presidente en Bolivia de American Watch, una institucin norteamericana veedora del respeto a los derechos humanos, que financiaba con recursos y cobertura las acciones del grupo terrorista.

Esta eficacia institucional en algunos casos y en otros, la falta de institucionalidad, se complementa con el alto nivel de corrupcin que existe en los niveles jerrquicos y de base de la polica nacional, que la han hecho una de las instituciones menos confiables para la ciudadana boliviana.

Nueva institucionalidad en el Estado Plurinacional

Como podemos ver, estas instituciones, involucradas en el tema de la seguridad nacional del Estado colonial y republicano, como son el ejrcito y la polica, si bien conservan su papel institucional, se estn transformando en el marco del nuevo Estado, como complemento necesario para la nueva comprensin de seguridad que el Estado Plurinacional busca construir. Sus roles institucionales se conservan, en el marco de la nueva CPE que ha mantenido la redaccin de la anterior Constitucin en relacin al tema, con el fin de evitar fricciones institucionales entre ambas fuerzas.

Sin embargo la nueva CPE adems subraya claramente como un principio fundamental en su Art. 10, que Bolivia es un Estado pacifista que rechaza las guerras de agresin y prohbe la instalacin de bases extranjeras en su territorio. En el pasado se busc ocultar bajo la sombra del agresor externo, los verdaderos conflictos que vive la poblacin. Es necesario entender que bajo los principios que hoy guan la Constitucin, el auto reconocimiento de nuestra plurinacionalidad y la necesidad de la construccin de la equidad y la justicia social, son los mejores caminos para construir la seguridad nacional y regional.

Construyendo la seguridad regional desde el bienestar de los pueblos

As estn siendo comprendidos los procesos de transformacin social hoy en marcha en Amrica Latina. En el ALBA se han asumido esos procesos de revolucin, cada uno con sus propias caractersticas y particularidades histricas, como fundamento comn para la construccin de una identidad latinoamericana propia a partir de nuestra identidad mltiple, acompaada de los procesos de hermandad que manden sobre los designios del mercado para construir redes sustentables de solidaridad que desechen la confrontacin.

Importantes caminos se han abierto a partir de este acercamiento continental, as adems de planes macroeconmicos continentales, que no cuentan ya con la participacin del imperio, se han dado seales histricas nunca antes asumidas: En el caso Boliviano, ha habido un gran acercamiento con pases con los que en el pasado se tuvieron enfrentamientos blicos que dejaron heridas y prdidas territoriales, como Chile y Paraguay, hoy da, con ambos se tienen planes conjuntos de apoyo importantes y los viejos temas del pasado buscan ser abordados con la seriedad necesaria sin pasar por los rencores atizados en el alma de los pueblos.

An as, esta diplomacia directa asumida en la hermandad de nuestros pueblos, tiene sus bemoles en gobiernos que han apostado a favor del imperio y se han convertido en sus portavoces en el continente, a cambio de la otorgacin de preferencias e intereses comerciales. Es el caso de Colombia, que con la aceptacin de la instalacin de 7 bases militares norteamericanas en su territorio, ha cargado de belicosidad el ambiente continental, dando la seal de que el imperio est dispuesto a saldar cuentas con quienes se alejan de la servidumbre y subordinacin a sus proyectos continentales de dominacin.

En el caso del Per, pas hermano de Bolivia, por razones histricas y de identidad conjunta siempre se tuvo una cercana ms all de los gobiernos; aunque hoy se vive un proceso de conflicto diplomtico, pues las opciones polticas distintas en el continente no dejan de afectar las relaciones entre los pases; es decir, el derecho a la autodeterminacin debe ser pensado tambin en base a la convivencia que hoy afecta a todos los pases.

Los conflictos e intercambios de palabras entre los presidentes de ambos pases no podrn tener alcance duradero, pues en el caso boliviano, es un tema de principio inscrito en la Constitucin el de asumirnos como pas pacifista, que a veces puede contrastar con la diplomacia directa que Evo Morales ha desarrollado como una nueva caracterstica del representante popular en el gobierno.

Bolivia, a travs del liderazgo continental de Evo Morales, ha concitado la plena identificacin y apoyo de los pueblos originarios e indgenas a lo largo del continente; ellos se ven reivindicados ante la historia por la figura del un presidente indio, que expresa simblicamente la llegada del tiempo de los pueblos indgenas. Nuevas luchas y reivindicaciones emergen hoy en el continente ante sus respectivos gobiernos, demandando participacin poltica y territorio como reivindicacin histrica.

El tema indgena y el de la construccin de sociedades ms justas y equitativas deben ser parte de la agenda poltica latinoamericana y por decisin de los mismos pueblos; ello provoca que las estructuras establecidas de dominacin y exclusin se vean interpeladas, generando inseguridad regional en las viejas formas de organizar el poder; pero al mismo tiempo provocando una nueva forma de entender, crear y participar en democracia, para que nadie sea excluido y que el tema de la seguridad se enfoque tambin en la capacidad de los Estados para comprometerse a mejorar la calidad de vida de sus poblaciones, en el marco de su participacin y desde las identidades originarias e interculturales que son, en ltima instancia, el sustento de nuestro ser latinoamericano.


Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter