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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-12-2009

Resolviendo el 'caso Haidar'

Alberto Piris
Estrella Digital


Un viejo compaero de profesin, ya hace tiempo retirado pero curtido en algunas batallas de los servicios secretos, unas ganadas y otras perdidas, y en algunas acciones clandestinas, dentro y fuera de las fronteras espaolas, al servicio del Estado que desapareci con la Constitucin de 1978, me expona el otro da el modo definitivo de resolver el espinoso problema causado por la presencia en el aeropuerto de Lanzarote de la activista saharaui Aminetu Haidar.

All donde la diplomacia espaola parece estar fracasando, as como los intentos de Washington y de la ONU para convencer al dspota monarca marroqu de que ceda siquiera unos milmetros en su intransigencia, el plan de accin de mi antiguo compaero de armas producira, segn l, un resultado eficaz y contundente, que modificara la situacin de modo radical.

Para ello bastara con depositar a Haidar en El Aain, por supuesto de modo ilegal. Tras recordarme, con entusiasmo y profusin de detalles, varias operaciones realizadas en el pasado por otros servicios secretos, sobre todo israeles pero tambin de EEUU y Francia, relacionadas con el secuestro de personas o con el rescate de rehenes, el castigo a traidores o la neutralizacin de personajes incmodos, la infiltracin en bandas terroristas y otras aventuras propias de una novela de Le Carr, me describi su plan. Consistira, sencillamente, en que, una vez obtenido el libre acuerdo de Haidar -que l daba por sentado-, se organizara una operacin de cobertura en el mismo aeropuerto, haciendo creer a todos los seguidores de su causa all presentes que Aminetu estara recluida unas horas en su habitculo, sin dejarse ver, viva pero en estado de preocupante gravedad, lo que aconsejaba interrumpir temporalmente las visitas.

Mientras tanto, aprovechando las horas nocturnas o mediante alguna operacin de diversin (que podra consistir en la concentracin de todos los presentes en otro local, para ser informados de ciertas novedades urgentes del mximo inters), sera transportada a un helicptero contratado al efecto, que en vuelo rasante, para evitar ser detectado por los radares del trfico areo, recorrera en poco tiempo los 200 km que separan El Aain del aeropuerto lanzaroteo. En un lugar determinado de antemano y prximo a la capital saharaui, que ofreciera garantas de seguridad, tomara tierra el aparato y sus viajeros se pondran en contacto con otros colaboradores saharauis de la operacin, que tendran organizado el traslado a su domicilio. All, al da siguiente, hara Amietu Haidar su aparicin oficial, habiendo puesto previamente sobre aviso al mayor nmero posible de medios de comunicacin internacionales, para aumentar el efecto de resonancia pblica de su regreso al hogar, tras la odisea padecida.

Como suele suceder en casi todos los servicios secretos, quienes en ellos trabajan se dividen, grosso modo, en dos tipos: los operativos y los intelectuales. Raras veces coinciden en una sola persona las cualidades de ambas categoras. Por eso, a mi amigo, cuya adscripcin al primer grupo ha sido indiscutible desde que empez a moverse en las sombras del Estado, no le preocupaban las cuestiones de fondo. Como viejo militar, sigue sintiendo la vergenza del abandono en que Espaa dej sumido al pueblo saharaui a partir de 1975, y eso le impulsa a apoyar sus reivindicaciones. Por otra parte, apenas le molesta el proceder autocrtico del medieval monarca marroqu, ni las violaciones de los derechos humanos tan frecuentes en el vecino pas ("cada pueblo tiene los gobernantes que se merece", es su principal receta poltica, que no requiere muchas aclaraciones) y tampoco se pierde en disquisiciones jurdicas, legales o diplomticas sobre lo que puede o no puede hacerse en las relaciones internacionales. Aplica la frmula que oy a un conocido general espaol que ostent en el pasado altas responsabilidades en la seguridad del Estado, al referirse a la lucha antiterrorista: "Hay cosas que no se deben hacer. Si se hacen, no se deben decir. Y si se dicen, hay que negarlas".

Intent hacerle ver, con poco xito, que la operatividad debe estar subordinada a los objetivos polticos para que sea verdaderamente eficaz. Salt con un exabrupto: "Ya estamos otra vez con la poltica! Lo que hay que hacer, se hace, sin ms contemplaciones". Intent explicarle la complejidad del asunto: la situacin geoestratgica de Marruecos respecto a Espaa, como va de inmigracin ilegal y objetivo del terrorismo islamista, pero tambin competidor comercial, entre otras cosas. Le record la exclusiva responsabilidad del Gobierno de Rabat en el conflicto, por mucho que la mayora de la poblacin marroqu, slo informada por una prensa controlada, respalde a su monarca y sufra un acceso de patrioterismo excitado por sus gobernantes. No pareci convencido.

Al despedirnos, le dije: "Amigo, en tiempos de Franco se haca lo que l o sus generales decidan. Si sala mal, nadie protestaba. Slo por la BBC o Radio Pars podas enterarte de lo ocurrido. Ahora las cosas son ms complejas y es precisamente la accin poltica, que tanto detestas, la nica que puede dar soluciones a problemas tan enmaraados como ste. Deja actuar a la poltica y, si el resultado no te gusta, la prxima vez vota a otros". Se alej refunfuando.

Fuente: http://www.estrelladigital.es/ED/diario/278473.asp 



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