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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-12-2009

Intereses bastardos

Joxe Iriarte, Bikila
Rebelin


Cuentan que Anastasio Tacho Somoza, el asesino de Sandino y durante dos dcadas dictador de Nicaragua, era para Franklin D. Roosevelt, presidente de los EEUU, "un hijo de puta; pero es nuestro hijo de puta". Otros colocan el exabrupto en boca del piadoso Truman. Los hay que lo resean dirigido al no menos brutal Trujillo. En cualquier caso, ms claro agua: mientras sirviesen a sus intereses, ellos, los paladines de la democracia y del mundo libre, deberan permitir a tales tiranos sus atrocidades, y adems ban a sostener.

Quizs porque no se lo pueden permitir, la mayora de los gobernantes mundiales no son tan francos como suelen ser los yanquis. Pero, a la postre, hacen lo mismo o parecido. Todos y todas se proclaman ardientes defensores de los llamados derechos fundamentales: la vida, la educacin, la salud, la alimentacin, un trato digno, la libertad de expresin, el trabajo, la vivienda digna, la dignidad de la persona... pero, a la hora de la verdad, todo depende de los intereses en juego. El puesto de trabajo depende del inters del capital y, a pesar de la oposicin sindical y la resistencia obrera, las leyes amparan al propietario de la empresa. Y si no es as, no tardarn en cambiarse.

AMINETU. En un interesante artculo en el El Pas, Ignacio Cembrero denunciaba las dos varas de medir de los gobiernos europeos en materia de derechos humanos: Cuba tiene hoy en da 58 presos de conciencia. La Unin Europea no le brinda ningn tipo de cooperacin y le aplic incluso, en 2003, unas sanciones inspiradas en una posicin comn (*) El Consejo de Ministros (de Espaa) otorg, en enero de 2005, la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Catlica a los generales Hamidu Laanigri, ex jefe de la polica secreta, y Hosni Bensliman, que manda la Gendarmera. Ambos figuran en el pelotn de cabeza de una lista elaborada por la AMDH con los nombres de los presuntos responsables de los abusos cometidos durante los aos de plomo (1956-1990). Desde 2007 un juez instructor francs reclama, en vano, a Bensliman al que quiere interrogar con relacin al secuestro y asesinato, en 1965 en Pars, del opositor marroqu Mehdi Ben Barka. (*) El Gobierno espaol es contemporizador y el PSOE tambin. Lo es incluso comparado con sus correligionarios franceses. La secretara de relaciones internacionales del PS francs conden con comunicados la primera oleada de represin contra la prensa, en 2000, del reinado de Mohamed VI. En octubre pasado hizo otro tanto con la segunda gran oleada. Entremedias, en 2005, tambin reprob el aplastamiento de la revuelta saharaui. La secretara del PSOE permaneci muda, y eso que Espaa ostenta an, segn la doctrina de la asesora jurdica de la ONU, la soberana e incluso la administracin del Shara Occidental aunque no la pueda ejercer. Desconciertan tantas cautelas por parte de un presidente, Jos Luis Rodrguez Zapatero, que en junio de 2008 afirm en un discurso dedicado a la poltica exterior: *(...) quiero que mi Gobierno hable con el lenguaje de los derechos humanos ante todos los retos de hoy y en todas las regiones del mundo*. Seis meses despus el Consejo de Ministros aprobaba el Plan General de Derechos Humanos que recalca: *La promocin de los derechos humanos en todo el mundo es objetivo prioritario del Gobierno y atraviesa todas las actuaciones de Espaa*.

En relacin a las demandas de Aminetu Haidar, lo prioritario se ha convertido en secundario (ms bien en agua de borrajas), al igual que en los casos denunciados en el mentado artculo. El gobierno espaol recula ante la amenaza alauita de restringir las privilegiadas posiciones en materia econmica que goza el capital espaol en esa regin (adems de lo relativo al banco de pesca saharaui, las extracciones de fosfatos, etc.) y dejar en suspenso las alianzas en materia de poltica migratoria (sin olvidar la amenaza de agitar las aguas de los enclaves de Ceuta y Melilla, espaolas por la gracia de la ocupacin colonial).

Aminetu Haidar, anteponiendo su dignidad como persona y como saharaui (negndose a aceptar una nacionalidad forzada) a la vida propia, est poniendo en jaque a la monarqua marroqu y al Estado espaol. Al primero, poniendo a descubierto su verdadero rostro: durante aos la confin en sus crceles clandestinas, de las que sali con la salud muy quebrantada; ahora la empujan a la muerte antes de aceptar su pacfica pero decidida insumisin nacionalitaria. Al segundo le obliga a escoger entre la proclamada defensa de los derechos humanos y los intereses ms espurios. Y el gobierno espaol, como casi siempre en estos casos, quiere nadar y guardar la ropa. No se lo podemos permitir: Salvemos a Aminetu!

No dicen que la voluntad popular es ley en democracia? Si hay un tema que a lo largo y ancho del Estado espaol suscita el mximo consenso, es sin duda la defensa del derecho de autodeterminacin del pueblo saharaui. Ayuntamientos, comunidades autnomas, parlamentos y partidos polticos (desde la extrema izquierda a la extrema derecha, pasado por los nacionalismos perifricos de todas las ideologas) y, por supuesto, la ciudadana de a pie es partidaria de la causa saharaui. Solo el gobierno central (y la patronal, incluida la vasca) se pliegan a la realpolitik y a los intereses econmicos dominantes.

COPENHAGUE. En otro interesante articulo, Iaki Barcena expone: Aunque el gobierno de los EE UU representado por Bush padre no la firm, pues como manifest expresivamente no estaba dispuesto a poner en cuestin el american way of life, la cumbre de Ro de Janeiro sirvi para poner los primeros cimientos que llevaron al Protocolo de Kyoto en 1997, donde los 39 pases ms industrializados del mundo se comprometieron a reducir sus emisiones de CO2 entre el 6 y el 8% para el ao 2012, respecto al CO2 emitido por cada pas en 1990. En Copenhague en Diciembre de 2009 se van a negociar qu reducciones debern producirse a partir del 2012, la manera en que afectarn a los diferentes pases, con qu mecanismos de mitigacin y adaptacin y con qu modos de financiacin. Tanto la Cumbre de Ro de Janeiro como la Conferencia de Kyoto se vendieron al mundo como victorias del ecologismo. No ocurri lo mismo con la Cumbre del Medio Ambiente de Johannesburgo en 2002, que todo el mundo interpret como un fracaso, ya que las Naciones Unidas tuvieron que reconocer que los gobiernos ms importantes del mundo no estaban por la labor de invertir en el manido desarrollo sostenible.

Y no parece que vayan a cambiar de actitud. Unos de forma descarada (EEUU, China, etc.) y otros mssolapadamente (la UE), hasta la fecha ningn gobierno ha tomado en serio la tarea de detener o frenar el cambio climtico. Al igual que en el mbito de los derechos humanos, los intereses de los poderes imperiales, los lobbys y multinacionales han considerado la naturaleza y todo lo que le rodea mera materia prima a explotar segn conveniencia (y lo mismo hicieron los estados de lo que se llamo el socialismo real, y hace actualmente ese hbrido en galopante evolucin hacia el capitalismo que es la Republica Popular de China).

Llevamos ms de 30 aos de retraso (desde la alerta dada por el Club de Roma). Durante aos, gobiernos y multinacionales no han querido aceptar la gravedad del deterioro medioambiental, producto de un hiperdesarrrollismo. Conflictos blicos sangrientos y contaminantes, un sistema de trasporte de viajeros y mercancas a la medida de globalizacin capitalista, extraccin y quema de combustibles fsiles que han producido un calentamiento climtico a punto de alcanzar cotas irreversibles, han acumulado sus destructivas secuelas hasta el punto de poner en tela de juicio la pervivencia a largo plazo de la civilizacin humana. Como detalle, convendr apuntar que el Estado espaol, lejos de reducirlas, tal y como se comprometi, ha aumentado en un 30% sus emisiones de CO2.

Ya no pueden ocultar lo que salta a la vista. Pero maniobran con falacias relativas a las nuevas capacidades tecnolgicas (o las que se podrn descubrir) para encontrar un solucin. Todo menos coger el toro por los cuernos. De hecho, EEUU y China no parecen dispuestas a aceptar las medidas necesarias. Por tanto, no se contempla que se llegue a acuerdos eficaces. Habr que esperar (dicen) a la prxima cumbre en Mexico.

Nada hay ms nefasto que la resignacin. El quedarnos en casa como espectadores ante un programa televisivo sobre catstrofes naturales. Es la hora de la protesta y la movilizacin. En Seattle naci el movimiento alterglobalizador de mbito mundial que puso el boga el doble eslogan: Otro mundo es posible, y las personas son ms importantes que las mercancas. En Copenhague ha de nacer su equivalente contra el cambio climtico: Que intereses bastardos no hipotequen el porvenir del mundo!

Rebelin ha publicado este artculo con permiso del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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