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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-12-2009

La desconcertacin chilena

Carlos Rivera Lugo
Claridad


Soplan aires de cambio en Chile, aunque contrario a lo acontecido recientemente en Uruguay y Bolivia, en este caso es ms bien de carcter regresivo. Luego de los comicios del pasado domingo en Chile, la Concertacin de Partidos por la Democracia, una coalicin de fuerzas social-liberales y demcrata-cristianas, se enfrenta al posible final de su predominio poltico de veinte aos al frente del gobierno chileno. Su apuesta decidida por la continuidad del orden poltico y econmico neoliberal legado por la dictadura de Augusto Pinochet, finalmente fue agotando su unidad interna y poder de convocatoria.

A ello se suma un poco atractivo, por no decir mediocre, candidato presidencial como el ex presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, a quien de nada le vali la altsima tasa de popularidad que disfruta la actual mandataria Michelle Bachelet, la cual alcanza la friolera de casi un 80 por ciento. A pesar de ello, el demcrata-cristiano Frei slo fue capaz de cosechar un 29.62 por ciento del voto, frente al 44 por ciento obtenido por el candidato de la derecha, Sebastin Piera Echenique. Con ello, la derecha, quien ya concentra en sus manos gran parte del poder econmico en el pas, parece estar prxima a conquistar tambin la jefatura del gobierno en una segunda vuelta en la que a Frei se le hace bastante cuesta arriba conseguir los veinte puntos porcentuales adicionales que, por lo menos, le haran faltan para imponerse. Nos enfrentamos a la posibilidad que la derecha gane las elecciones y debemos prepararnos para ello, adverta poco tiempo antes de los comicios el reconocido periodista chilena Manuel Cabieses, director de la revista Punto Final.

Ningn candidato de la Concertacin haba obtenido menos del 45 por ciento en la primera vuelta de comicios anteriores, incluso el propio Frei que en 1993 obtuvo un 58 por ciento de los votos emitidos. El cuadro se le complic adems por la divisin sufrida al interior de la Concertacin, lo que llev a la presentacin de otros dos candidatos presidenciales: el socialista allendista Jorge Arrate y el joven diputado social-liberal independiente Marco Enrquez-Ominami. Este ltimo obtuvo un sorprendente 20.13 por ciento del voto y el primero poco ms del 6 por ciento. Unido el voto de centro-izquierda, ste suma poco ms del 53 por ciento del total del voto emitido.

As las cosas, Frei se ver obligado a negociar con Arrate y Enrquez-Ominami, cuyos electores, a pesar de ser crticos de la Concertacin, le son imprescindibles para superar a Piera en la segunda vuelta del 17 de enero . Y s i bien es cierto que Arrate declar en la noche del domingo que est inclinado a pedirle a sus seguidores que voten por Frei en la segunda vuelta, Enrquez-Ominami no ha sido tan claro. Inicialmente, ha entendido mejor dejar a su electorado libre para votar por quin desee: Ustedes son responsables y sabrn qu hacer en la segunda vuelta, que enfrenta a dos lderes del pasado". Ahora bien, aclar: Mi domicilio es la izquierda progresista y un gobierno de Sebastin Piera sera un evidente retroceso histrico para Chile, agreg. El voto de los electores de Enrquez-Ominami ser decisivo para decidir quin se alza finalmente con la victoria, aunque ste ha advertido que si triunfa finalmente la derecha, la nica responsable de ello ser la propia Concertacin por la prdida del favor de la mayora del electorado.

Ahora bien, esta democracia a la chilena, maniatada y coja, llena de enclaves autoritarios, como bien seala el socilogo chileno Manuel Garretn, parece tambin haberse agotado. Y para mayor alarma, en su atrofia creciente va dejando una estela de desencanto entre sectores significativos de la poblacin, especialmente sus nuevas generaciones, sobre todo ante las terribles desigualdades que an subsisten en el pas no obstante el crecimiento econmico de los ltimos aos. La quinta parte ms rica se apropia de poco ms del 50 por ciento del ingreso nacional, mientras la quinta parte ms pobre recibe el 5 por ciento. Chile est entre los quince pases con peor distribucin de ingreso a nivel mundial. A este serio dficit democrtico le acompaa su incapacidad para reformar el sistema poltico legado por la dictadura, incluyendo la Constitucin, el cual propicia el dominio de los grandes bloques polticos como la Concertacin y la derechista Alianza por Chile. La actual mandataria ha calificado, por ejemplo, al sistema electoral como una camisa de fuerza que consagra un empate artificial y distorsiona la voluntad ciudadana.

La desafeccin poltica resultante se refleja en el hecho de que de los aproximadamente 12 millones de chilenos con edad para votar, slo un 53 por ciento, es decir, 8,285,186 se registraron y de stos 6,539,570 (un 53 por ciento) acudieron a las urnas. De los electores inscritos y obligados por ley a votar, se estima que aproximadamente un milln dejaron de hacerlo, doscientos mil anularon su voto y otros 80 mil depositaron su voto en blanco. Adems, en lo que algunos analistas califican de envejecimiento del padrn electoral vigente, slo poco ms de un 7 por ciento de los chilenos entre las edades de 18 a 30 aos de edad estaba inscrito para votar. Ello constituye un descenso significativo frente al 35.5 por ciento que representaba dicho sector en 1988. Esto se ha interpretado como otra manifestacin de la crisis de representatividad y legitimacin del actual sistema poltico.

Ahora bien, estos comicios han puesto fin a veinte aos de exclusin de representacin de los comunistas en el Congreso Nacional. Producto de un pacto electoral suscrito por el Junto Podemos Ms (coalicin en la que est integrada el Partido Comunista, junto con la Izquierda Cristiana) con la Concertacin, fueron electos tres candidatos comunistas a la Cmara de Diputados, entre stos Guillermo Teillier y Lautaro Carmona, su presidente y secretario general. En ese sentido, a cambio de dicha representacin congresional, los comunistas aportaron una nueva ampliacin de la Concertacin hacia la izquierda. En trminos generales, la lista pactada entre ambos para la Cmara de Diputados qued primero con el 44.41%, superando de ese modo el 43.42% obtenido por la derechista Coalicin por el Cambio.

As las cosas hay quienes, desde la izquierda, se lamentan de la servidumbre a un proyecto ajeno, como calific Cabieses el apoyo que dicha izquierda resignadamente le sigue prestando a una Concertacin en crisis desgastada por la corrupcin y un pragmatismo sin principios. Todo se reduce a decidir entre ms de lo mismo o algo peor. He ah el dilema que crecientemente consume a la izquierda chilena, en sus diversas manifestaciones: reducirse al papel de mera rabiza del actual bloque de poder para anidar en sus mrgenes o constituirse en opcin alternativa para la refundacin econmica y poltica del pas, ms all de la actual institucionalidad liberal-capitalista, y de esta forma hacer frente al evidente ocaso de la Concertacin y el agotamiento del orden poltico y constitucional actual.

Algunos observadores internacionales quisieron ver en la candidatura de Enrquez-Ominami, postulada al margen de los bloques hegemnicos, una alternativa refrescante que prometa romper con viejos esquemas ideolgicos y prcticos. Sin embargo, a pesar del significativo impacto meditico y de sus impresionantes resultados electorales, Enrquez-Ominami represent una gama indefinida de fuerzas que iba desde sectores de la derecha neoliberal hasta fracciones de una izquierda desafecta de los partidos tradicionales. De ah las serias contradicciones de su programa electoral y la incertidumbre en torno al peso real de su presencia futura en la nueva coyuntura. Ahora bien, en lo inmediato tiene en sus manos el destino de la balanza poltica que resultar finalmente de esta contienda electoral.

 

El autor es Catedrtico de Filosofa y Teora del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, en Mayagez, Puerto Rico. Es, adems, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueo Claridad.


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