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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-12-2009

La pobreza rentable

Miguel Romero
Diagonal


 

Con la proclamacin de los Objetivos del Milenio por las Naciones Unidas en el ao 2000, la erradicacin de la pobreza entr en la agenda poltica internacional. Y qu? Pues lo que llevamos padeciendo desde entonces: una avalancha ininterrumpida de discursos y compromisos gaseosos de quienes deciden el contenido real de esa agenda y un seguimiento a veces bienintencionado, a veces cmplice, de la sociedad civil. Hay una idea conductora sincera o falsamente comn a todos: la idea de que el peor de los males del mundo es la pobreza, y que por tanto la cultura de las clases pobres debe ser sustituida por la cultura de las clases dominantes, deca P. P. Pasolini.

Haro Tecglen defini los Objetivos del Milenio como increbles e indecentes. Que son increbles se demuestra en las pruebas repetidas de su incumplimiento, an ms abundantes desde que se instal la crisis capitalista global. Que son indecentes puede verificarse, por ejemplo, leyendo que se llama erradicar el hambre a reducir a la mitad el porcentaje de hambrientos a 15 aos vista, hambrientos a los que, a la vez, se asegurara empleo productivo y trabajo digno. Cuando se tiene la capacidad de incumplir compromisos impunemente, da igual caer en contradicciones flagrantes.

El discurso dominante en las ONG sita el problema en que la voluntad poltica para luchar contra la pobreza es insuficiente; en consecuencia, el objetivo de la sociedad civil debera ser presionar sobre los gobiernos para incrementarla. Es una propuesta tan intil como desorientadora. La cuestin central est en que, para sus agentes fundamentales de la voluntad poltica los gobiernos de los pases del Centro, el sistema de la ONU, incluyendo particularmente al FMI y al Banco Mundial, el objetivo no es erradicar la pobreza, sino gestionarla de acuerdo con los principios del mercado, es decir, rentabilizarla.

Por tanto, no se trata de convencer a quienes hacen y dirigen las reglas del juego para que las mejoren, sino de cambiar radicalmente de reglas y de juego. Y para eso, no vale el lobby de despacho, en el que normalmente influye ms el que se sienta en la silla ms grande, sino promover movimientos sociales crticos, autnomos de los poderes establecidos y, por esa razn, capaces de crear alternativas.

Nada rentable Veamos el problema desde otro enfoque. Se considera habitualmente que una de las consecuencias perversas de la pobreza es la exclusin social. Pero ste es un trmino equvoco. Es verdad que las personas pobres sufren exclusin de derechos polticos y sociales fundamentales y de los medios precisos para satisfacer necesidades bsicas en alimentacin, salud, enseanza, etc. Pero no es verdad que estn excluidas del mercado, que es finalmente la institucin que rige nuestro mundo.

El mercado no excluye a nada ni nadie potencialmente rentable. Y las personas pobres, ms de la mitad de la poblacin mundial, lo son en grado sumo. Trabajan en condiciones indignas, pero muy productivas para las empresas que los emplean cuando y como quieren, y por salarios miserables. Se les despoja a conveniencia de sus tierras, al servicio, por ejemplo, de la compra a precio de saldo de tierras cultivables africanas por corporaciones y fondos de inversin que practican, parafraseando a David Harvey, el imperialismo por desposesin. Se les introduce en los circuitos de consumo solvente, por ejemplo, por medio del astuto proyecto del gobierno brasileo de regalar mviles a los once millones de beneficiarios del programa asistencial Bolsa Familia, con un saldo de siete reales (2,7 euros) mensuales. El Gobierno asegura que, con este plan, las operadoras lograran expandir el sistema de telefona mvil, que ya ha llegado cerca del lmite. Las empresas basan sus expectativas de beneficio en que las familias acabarn superando el consumo de siete reales al mes, pudiendo llegar hasta los 12, casi cinco euros (El Pas, 11/11/2009). Y en fin, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), destinada tericamente a las personas pobres, moviliz el ao 2008 unos 80.000 millones de euros de fondos pblicos. Obviamente, el mercado orienta estos fondos hacia el beneficio de las corporaciones transnacionales con inversiones y negocios en los pases del Sur.

La cooperacin al desarrollo funciona as como un mecanismo perverso de inclusin de las personas pobres en el mercado mundial. Hay que tenerlo en cuenta cuando, por ejemplo, el presidente Zapatero se presenta como lder de la ayuda internacional, un argumento que escucharemos mil veces durante la prxima presidencia europea. El fundamento de ese liderazgo estara en el avance muy dudoso, por cierto hacia el mtico 0,7%, una espuma que oculta a quien no quiere verlo, el uso que se hace de la AOD. En ese uso, por cierto, hay que incluir espectculos millonarios, a cargo de ONG sumisas, destinados a dar cobertura a las operaciones ms reaccionarias de la diplomacia espaola: la llamada Coalicin de Madrid (nacida en diciembre de 2008, promovida por la ONG espaola Asamblea de Cooperacin por la Paz y el Ministerio de Asuntos Exteriores, cuya ltima reunin fue en octubre pasado). Una agresin directa en nombre de la paz y la diplomacia ciudadana (sic) contra la mayora de las organizaciones sociales palestinas y las israeles solidarias con ellas, es el ejemplo ms reciente.

Puertas para empresas En general, el uso de la AOD est hoy determinado por las Alianzas Pblico-Privadas, que han abierto de par en par a las empresas las puertas de los fondos pblicos de la cooperacin espaola, con el apoyo entusiasta de la corriente mayoritaria en las ONGD, sometida a la cultura de las clases dominantes. No es extrao, y es significativo que las crticas consistentes a la poltica de cooperacin espaola vengan fundamentalmente de fuera del sector ONGD, como ha ocurrido recientemente con las crticas de la campaa Quin debe a Quin a la reforma del FAD. En realidad, el mejor criterio para juzgar la calidad de una ONGD es saber cules son sus relaciones y alianzas prioritarias; las ONGD comprometidas efectivamente en la accin solidaria estn junto a los movimientos sociales, aunque tengan que asumir los riesgos y los esfuerzos de remar contra la corriente.

Somos la primera generacin que puede acabar con la pobreza, dice un bobo eslogan de moda, que sirve como estribillo de canciones de protesta-light coreadas dentro de lo que Isaac Rosa ha llamado las adhesiones fofas contra la pobreza. Pero la capacidad de acabar con la pobreza no depende de avances tecnolgicos o del volumen del PIB mundial. La historia de nuestra poca puede leerse como una sucesin de luchas emancipatorias contra el capitalismo y el colonialismo de generaciones de las gentes de abajo, que quisieron y pudieron acabar con la explotacin, y por tanto, con la pobreza, pero fueron derrotadas. Vencieron las clases dominantes, el capitalismo, o si se quiere los ricos, o tambin la riqueza. Para cuando una Alianza contra la Riqueza?

http://www.diagonalperiodico.net/La-pobreza-rentable.html



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