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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-12-2009

Cultura y dictadura en Honduras

Rodolfo Pastor Fasquelle
Rebelin


Los organismos de la institucionalidad cultural hondurea: el Instituto de Antropologa e Historia (I.H.A.H) y la Secretaria de Cultura (S.C.A.D.) fueron criaturas de dictadura. El Instituto original se gest en la dictadura de T. Caras, con un Acuerdo del Ministerio de Educacin del 1947 y se instituy en el gobierno de Glvez, 1952, dos aos antes de la nueva dictadura de Julio Lozano. Y estableci la Secretaria de Cultura la dictadura militar del J.A. Melgar en 1975. En el poco ms de medio siglo que ambas llevan de vida, 23 aos han sido de dictadura.

El Instituto se fund con la idea de glorificar a la antigua Copn como ombligo histrico de la nacin, paradjicamente por inspiracin extranjera, mientras que La Secretaria fue establecida con el fin primordial de cooptar a intelectuales y creadores. Y termin depositada en manos de militares, cuya visin amalgamaba un concepto folk de la cultura del pueblo y una visin elitista de la Alta Cultura burguesa. Esos fueron sus pecados de origen. Aun as, ambas instituciones jugaron un rol en el rescate y la valoracin de manifestaciones y agentes culturales.

Con el retorno al poder civil, ilusamente llamado democracia, en 1982 y con la gua de UNESCO, esas instituciones lanzaron programas de Casas de Cultura y fortalecieron proyectos internacionales de arqueologa aun si slo en Copan. Cuando el Presidente Carlos R. Reina me pidi, en 1993, que presidiera esa cartera para rescatar la identidad nacional, acced advirtiendo que ese propsito tendra que ser una meta fundamental del sistema educativo.

El financiamiento pblico adecuado para la educacin y la cultura bien entendidos como fundamentos des desarrollo del pueblo tendr que esperar. Pero la cosa se movi, como deca Galileo, gracias a la confianza que nos tuvo el Presidente Reina, a un grupo de intelectuales y artistas que asumi la responsabilidad e inspir la visin intelectual y la determinacin de desarrollar la institucin, contra el burocratismo y el clientelismo partidarista. Despus de vencer la propuesta del Banco Mundial de desaparecer el Ministerio, obtuvimos ayuda de la comunidad internacional. Y comenzamos la profesionalizacin y la articulacin de lneas de poltica: descentralizacin, democratizacin, rescate tnico y apoyo a los creadores, para exigir servicios culturales de calidad.

En Antropologa, arrancamos los proyectos de Parques Arqueolgicos en Talgua y en Los Naranjos. Establecimos La Escuela de Restauracin y el proyecto de Comayagua Colonial con apoyo de Espaa. Restauramos templos valiosos. La Biblioteca Nacional se mud a un esplendido edificio colonial restaurado y La Hemeroteca adquiri casa propia. Apoyamos a Fundarte para establecer La Galera Nacional de Arte en La Merced. La Editorial, con un Consejo de los mejores hombres de letras public clsicos hondureos. Se fortalecieron las escuelas de artes y los programas de extensin, de bandas juveniles. La Direccin de las Artes estableci compaas de danza moderna y de teatro que montaron clsicos con dignidad y la Direccin de Cultura Popular triplic las Casas de La Cultura y realiz rescates de la tradicin campesina. Esa ruta tuvo seguidores.

En la Administracin Maduro (2002-2006) abundaron cuatro ministros y otros tantos gerentes del IHAH, el cual permaneci acfalo meses. Esa inestabilidad provoc la desconfianza de nuestros socios externos y de los mismos agentes culturales, que deriv en desestima de la capacidad de la SCAD y dispersin de los programas culturales. Cuando regresamos al Ministerio en 2006 haba quince proyectos culturales financiados por distintas entidades pero en otros ministerios, sin coordinacin con la SCAD.

Despus de varios cambios de gobierno, y de partidos en el gobierno, sin embargo, algunos de los cuadros tcnicos ya experimentados sobrevivan marginados y no fue difcil reagruparlos. Reclutamos algunos veteranos y nuevos profesionales brillantes. El Presidente Zelaya no nos increment el presupuesto, prefiri impulsar proyectos culturales desde Casa Presidencial. Otros varios compaeros ministros hicieron lo propio. Pero la dispersin del Estado hondureo no era solo en materia cultural y el Presidente nos dej trabajar.

Con las destrezas manifiestas y el profesionalismo del equipo, ubicamos el tema de la Cultura dentro de la poltica social prioritaria y conseguimos prontamente importantes apoyos de gobiernos y de organismos extranjeros, para impulsar nuestros programas de difusin, rescate patrimonial, diversidad, apoyo directo a los creadores y descentralizacin de funciones y recursos. Empezamos a trabajar en varios (Yarumela, Ro Amarillo) y abrimos el nuevo Parque Arqueolgico de Curruste, iniciamos la capacitacin en etnografa y el trabajo con las organizaciones indgenas en IHAH. Establecimos en el viejo Palacio Presidencial un Centro Documental de Investigacin Histrica (CDIHH), juntando archivos y bibliotecas. Y comenzamos procesos de modernizacin tecnolgica y organizativa: fusin de unidades, digitalizacin de archivos e incunables, conexin electrnica.

De nuevo, casi triplicamos el nmero de Casas de la Cultura en cabeceras y poblaciones importantes con identidad propia y en comunidades tnicas remotas garfunas, en Cusuna, o tawakas, con todo y bibliotecas bilinges. Multiplicamos la productividad de las editoriales. Conseguimos duplicar en tres aos el nmero de libros en las bibliotecas pblicas del pas y elevamos el nivel profesional de los bibliotecarios. Establecimos un Fondo Nacional para financiar proyectos artsticos y acadmicos tcnicamente evaluados. De tal forma que -aun trunca- hicimos una gestin memorable, me atrevo a decir que heroica.

El Golpe ha sido una tragedia para la institucionalidad cultural al tiempo que un sacudimiento y estimulo para el espritu crtico y creativo del que vive y prospera la Cultura. El golpismo nombr como ministra a una diputada que desconoce el campo y tiene un concepto clasista y banal, alrgico a nuestra idea central de trabajar con el pueblo y para darle instrumentos y servicios culturales. En las primeras horas de su administracin denunci que estbamos proyectando convertir las Casas de Cultura en casas del ALBA, algo totalmente peregrino y conden que proveyramos a las bibliotecas pblicas de libros que tild de progresistas. Casi de inmediato, aunque le tom varios meses terminar la tarea, procedi a desmantelar los cuadros tcnicos que le daban credibilidad a la institucin y a coludir sindicatos. Despus quiso desmantelar el CDIHH para entregarles el viejo Palacio Presidencial en el Centro Histrico de Tegucigalpa a los reservistas como cuartel; ha dedicado los recursos de la SCAD y el IHAH a la contratacin de activistas y la promocin de la moda. Si, fashion.

No soy tan pesimista como la mayora de mis compaeros. Ciertamente se han quedado en el aire muchos proyectos valiosos, y en el campo patrimonial se corren riesgos bajo los mandos que podemos vislumbrar. Pero en muchos mbitos hay ya un compromiso local y nacional con el patrimonio, que proteger aquello de lo que la gente se ha apropiado. Eso subraya como moraleja que nuestra funcin principal -en la institucionalidad- es conseguir que la gente se apropie de su patrimonio.

Me entristece pero ya no me preocupa la desviacin de mucho apoyo a la cultura viva. Los programas y proyectos que dependan de la coordinacin directa del Ministerio no tienen salvacin. Otros que diseamos (con alguna previsin) para ser administrados directamente por la comunidad artstica local y regional prosperaran contra la oposicin de la dictadura. Bajo conduccin profesional rescatada a travs de los organismos internacionales, muchos de los programas de apoyo descentralizado pronto fructificarn de nuevo. Anticipo que, despus de la dictadura (y los historiadores sabemos que hay antecedentes y tambin- un despus), nuestra gente se reagrupar para un proyecto publico de apoyo a la cultura ms slido y democrtico incluso que antes. Y a la vez con ms respeto para el profesionalismo en la administracin tcnica. Si las instituciones fueron productos de la dictadura, sobrevivirn a otro episodio de estulticia autoritaria. Por lo pronto, los problemas, las oportunidades y los retos, son otras.

Como el surgimiento de La Resistencia, el valiente involucramiento de la gran mayora de los mejores pensadores y artistas del pas en la vida cvica es uno de los frutos inesperados, es sorprendente y esperanzador. En todos sus niveles, en parte por ignorancia, pero tambin como reaccin a la incompetencia secular (cuya imagen no cambia en una o un par de administraciones) del Estado, en su materia, y finalmente por la conciencia crtica acerca de la corrupcin e inoperancia de lo pblico en general, nuestros artistas e intelectuales han suscrito -por dcadas- el escepticismo, no slo frente a la institucionalidad cultural publica, si no frente al Estado y frente a la poltica. Ese escepticismo ha sido un problema de la cultura y un dolor de cabeza de las instituciones pblicas culturales. Pero peor, ha sido una parte del problema cvico. Porque, en la medida que se ausentan del foro los espritus crticos y creativos, la poltica se queda hurfana de inteligencia y de imaginacin. El florecimiento de la cultura en La Resistencia ha engendrado una nueva conciencia, un nuevo tipo de compromiso, crucial para la oposicin y para la futura reconstruccin de una democracia, ms autntica y honda.

Me se siento orgulloso de la manera en que han reaccionado mis colegas en el mundo acadmico con su anlisis y los creadores del pas en todos los campos. (Siempre hay quien opta por el fascismo, algunos pusilnimes y muchos oportunistas). Animndose ellos mismos y a los dems, frente a la represin y la persecucin, varios artistas han sido perseguidos, detenidos, alguno incluso abusado. Otros han resistido prudentemente la intimidacin. Y se sabe que la fe prospera perseguida.

De inmediato, la tarea es animar. Hay que ganar la guerra. Porque, si no, se puede cumplir el viejo adagio (originario de la Guerra Civil Espaola) de nosotros tenamos todas las canciones, ellos ganaron la guerra. Pero las guerras se ganan primero en el campo de la moral. Necesitamos para ganar ms que canciones y pantomimas, poemas y proclamas pero las canciones han sido alma de La Resistencia y una Resistencia desalmada hubiera sido ineficaz. Y la historia ser distinta con el involucramiento comprometido de los artistas y acadmicos en la vida cvica.

No recuerdo ya donde le que la persistencia de nuestras dictaduras --varias se han prologado dcadas deriva de que la oposicin no es capaz de imaginarse alternativas, salidas. Los intelectuales profesionales del pensamiento y trabajadores de la imaginacin- son entonces los llamados a mantener viva y a despertar esa capacidad de soar con el cambio y de imaginarse otro mundo ms justo, libre, pleno y digno. En cuanto, allende del panfleto y la retrica, la creatividad y la lucidez fundamenten una plataforma aglutinante, La Resistencia podr convertir un apoyo de sectores particulares en una idea que se contagie y posesione de la gente, ms all incluso- de las lneas de clase, con una imagen de la nacin para todos, que anhelamos. Slo as se podra articular una insurreccin capaz de derrocar a la dictadura. Viva la Cultura!

* Rodolfo Pastor Fasquelle es Doctor en Historia. Ministro de Cultura y Artes de Honduras; colaboracin en exclusiva para el seminario uruguayo Brecha; Mario Casass -coordinador del suplemento dedicado a TeguciGOLPE-, edit algunos fragmentos por cuestiones de espacio.

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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