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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-12-2009

Autores y juristas espaoles piden una red libre tambin de los grandes intereses empresariales
En defensa de una red libre

Martnez, Serrano, Snchez Almeida, Gopegui, Alba, de la Nuez, Ramonet, Liria, Rosa, Arco
Rebelin


El reciente Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet ha sido suscrito por multitud de administradores de webs, bloggers y simples usuarias y usuarios de la Red de un muy amplio abanico poltico. Revisando lo escrito y dicho sobre este manifiesto, encontramos que tenemos algunos compaeros de viaje realmente incmodos. Junto a quienes apoyan con sinceridad la libre difusin de la cultura en Internet, un grupo de firmantes lo suscribe slo para oponerse al gobierno de Zapatero desde la derecha ms montaraz. Entre ellos encontramos a periodistas que defienden la libre descarga de pelculas o msica desde Internet pero son celosos guardianes de otras formas mucho ms injustas y colonialistas de propiedad privada.

La izquierda y la derecha han luchado, luchan y lucharn por la titularidad de los medios de produccin, ste es el motor de la historia, impulso que, por obvio, se suele ocultar. En el actual orden mundial, las propiedades intelectual e industrial se han convertido en un instrumento de acumulacin de capital ms eficaz que ninguna industria o comercio.

La explotacin del derecho de autor, lejos de responder a su terico objetivo, el sustento de creadoras y creadores, se ha utilizado como elemento de dominacin, como arma al servicio de la casta cultural ms acomodaticia con el sistema establecido. En el caso de Estados Unidos, representa un valor estratgico. La riqueza de una nacin puede llegar a basarse en la imposicin de tasas por utilizacin de propiedades inmateriales de todo tipo, incluido el uso de semillas o variedades animales patentadas. Desde una ptica transformadora que aspira a una sociedad ms justa e igualitaria, slo cabe apoyar y promover el libre conocimiento.

Defendemos la democratizacin de la cultura porque la creacin la hacen las colectividades a travs de determinados individuos y no al revs, como se suele pensar. Consideramos que el sistema de royalties que slo beneficia a unos pocos es injusto, tanto para las patentes cientficas como para la expresin de la creatividad humana. Por eso creemos que no se trata de que las autoras y autores cambien de amos. La cultura libre debe estar inserta en un movimiento colectivo que vaya ms all de las rentas de un tipo u otro de empresario. Son muchas las y los creadores que se definen como trabajadoras y trabajadores de la cultura y aspiran a una remuneracin que les permita mantenerse y no a seguir ganando ms all del esfuerzo realizado. El problema no radica en cmo seguir cobrando derechos, sino en la manera de hacer que las contribuciones intelectuales, artsticas o cientficas pertenezcan realmente a toda la sociedad y no slo a quienes tienen el privilegio de explotarlas.

Como en tantas ocasiones es preciso dejar a un lado, siquiera un momento, el etnocentrismo del primer mundo y recordar que para una verdadera disminucin de la brecha digital hay condiciones previas: la llegada de la electricidad al domicilio, dinero para comprarse un ordenador, un Estado que te haya enseado a leer y escribir, y haber comido, y tener un techo y un mdico para cuando te pones enfermo. La era digital no podr lograr eso si no es imbricndose en la lucha de los pueblos.

Tanto como la democratizacin de la cultura, con ms razn cabe defender la democratizacin de toda la economa. No parece razonable aplicar en este debate el trmino "democracia" tan superficialmente como se est haciendo. Si la mayora de los internautas est en contra del cierre de pginas Web que facilitan el intercambio de archivos, una gran mayora de ciudadanos est a favor de repartir entre todos la riqueza de la que se apropian empresas como el Banco de Santander, Repsol o Telefnica, distribucin que sigue la misma lgica de quienes pedimos un conocimiento universal, y que nadie osa plantear por una evidente cuestin de correlacin de fuerzas.

Para reivindicar Internet como un derecho, no como un eslogan publicitario, es preciso incluirlo dentro de lo pblico, como la educacin o la sanidad, y no dejarlo en manos de proveedores privados que pueden acabar con la neutralidad de la red al margen de la legislacin slo con aumentar el coste de subir contenidos. Sabemos que en nuestras sociedades entregadas a la privatizacin es una reivindicacin difcil, pero necesaria y un gobierno que realmente represente al pueblo que lo ha elegido debera ser capaz de llevarla a cabo.

En el mbito de la cultura hay propuestas audaces como la de distribuir el cine espaol subvencionado bajo licencia copyleft, legislando para que la percepcin de ayudas pblicas determine la publicacin de obras con licencias libres para lograr su mxima difusin. O las que pasan por la nacionalizacin de la SGAE y dems entidades de gestin para que la retribucin a los creadores deje de ser una cuestin privada. Iniciativas como la Carta para la innovacin, la creatividad y el acceso al conocimiento, an insuficientes, apuntan la posibilidad de construccin de reglas distintas. Los intereses que se oponen a ello son poderosos. Pero en este momento la evolucin de los medios de reproduccin abre una oportunidad para que ningn conglomerado meditico pueda decidir qu productos culturales merecen ser distribuidos y cules no. Se trata de entender el P2P como una gran biblioteca comn y no como, una vez ms, servicios en streaming donde sean las discogrficas o las editoriales o las nuevas empresas de la Web quienes decidan qu suena, se lee, se imagina.

Nos preguntamos si el gobierno tiene algn inters, aunque sea mnimo, en investigar nuevos modelos. Ni la lgica de la prohibicin, ni tampoco la lgica del cambio de amo. La poltica de las multinacionales del entretenimiento ha ido dirigida a un solo objetivo: expoliar a la Humanidad de su patrimonio cultural. El cambio en el modo de reproduccin de las creaciones podra suponer un avance para todos. Quiz no sea fcil. Pero, por una vez, no es mucho ms difcil que prohibir y castigar. Se trata de recuperar la red para todos los seres humanos y no para las grandes empresas que cada da se aduean de ella un poco ms.

Suscriben:

Carlos Martnez, jurista, Pascual Serrano, periodista y escritor, Carlos Snchez Almeida, abogado, Beln Gopegui, novelista, Santiago Alba, escritor, Ignacio Ramonet, periodista y escritor, Alex de la Nuez, msico, Carlos Fernndez Liria, filsofo y escritor, Isaac Rosa, escritor, Constantino Brtolo, editor, Carlo Frabetti, escritor y matemtico, Rosa Regs, escritora, Irene Amador, antroploga, Antonio Arco, msico, Montserrat Boix, periodista, Ramn Ramn, profesional del software libre.


Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa de los autores y autoras, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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