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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-12-2009

La crisis Haidar
Gana Rabat

Alberto Piris
Estrella Digital


Si hubiera que desentraar los motivos que movieron a los Gobiernos de Francia y EEUU (que junto con Espaa gestionaron el acuerdo con Marruecos, para que Aminatu Haidar pudiera regresar a su patria), bastara con averiguar cmo considera cada uno de ellos que el Magreb podr enfrentarse en mejores condiciones a la creciente marea del terrorismo islmico: en la inestable situacin actual?, con un Sahara Occidental independiente?, o incorporado definitivamente a Marruecos?

sa ha sido precisamente la baza que ha jugado el Rey Mohamed, ganando en ltimo trmino la partida. Gracias a su supuesta y muy valorada cualidad de bastin irreducible frente al terrorismo vinculado a Al Qaeda -como el que en Mauritania ha secuestrado a tres cooperantes catalanes-, se viene transigiendo con la prolongada ocupacin ilegal y violenta del Sahara Occidental por el Gobierno de Rabat y la represin que sufren sus ciudadanos, con la obstruccin sistemtica de las resoluciones de Naciones Unidas que tienden a encontrar una solucin definitiva al conflicto y con la violacin de los derechos humanos de la poblacin marroqu, apenas oculta tras un frustrado intento de lavar la imagen de la medieval monarqua que rige el pas.

Seamos realistas: ni Espaa, que arrastra la responsabilidad histrica del abandono en que dej sumido al pueblo saharaui; ni Francia, cuya sombra sigue proyectndose sobre el norte de frica; ni EEUU, cuyas perspectivas son ms amplias y mayor su escala de preocupaciones, manifiestan una inquietud suficiente por la suerte del pueblo saharaui como para permitirles forzar una solucin justa a este viejo y enconado problema. El temor a una propagacin del integrismo islmico de base terrorista por la orilla meridional del Mediterrneo, que permitiera a Al Qaeda hacer ondear sus banderas simblicas desde Indonesia al Atlntico, es superior a cualquier otra consideracin de orden legal o moral o simplemente de justicia internacional. No se puede negar que se trata de una percepcin justificable, dada la situacin creada por la paranoia de Bush que, echando gasolina sobre el fuego por l encendido, tanto ha excitado en todo el mundo la violenta rebelin de los extremismos ms fanticos entre los seguidores de la religin de Mahoma.

De momento, pues, gana Rabat. Los tres comunicados oficiales, emitidos por Francia, EEUU y Espaa, a exigencia de Marruecos como condicin para formalizar el acuerdo, suponen para el monarca marroqu un nuevo espaldarazo a sus reivindicaciones. Aunque alguien opine que el texto formulado por Espaa slo tena como objetivo dar una salida a la "crisis Haidar", el reconocimiento oficial -llmese constatacin o como se prefiera- de que "la ley marroqu se aplica en el territorio del Sahara Occidental", permite al Rey Mohamed dar un paso ms en sus designios de englobar al Sahara Occidental en su reino. Constatar algo bsicamente ilegal, sin manifestar inmediatamente el rechazo a lo constatado, es aprobarlo tcitamente. Eso ha hecho Espaa, y justo es admitir que el pueblo saharaui tiene derecho a sentirse de nuevo traicionado por la que fue potencia colonizadora.

Al lado de esto, las alabanzas a la monarqua alau vertidas en dicho texto (donde se alude al "compromiso [del monarca marroqu] con la democracia y la consolidacin del Estado de Derecho") no pasan de ser una muestra ms de lo que hay que aceptar cuando no se es ni se ejerce de superpotencia mundial. Digamos, en honor a la verdad, que el texto francs tampoco le va mucho a la zaga en lo relativo al "espritu de apertura y generosidad" del monarca. El documento de EEUU, por su parte, sin escatimar las usuales alabanzas, "subraya la urgencia de encontrar una solucin definitiva al conflicto" dentro del mbito de Naciones Unidas, apuntando hacia un referndum del que estamos casi seguros que nunca tendr lugar sino en los exactos trminos (censo electoral y otras condiciones) que acepte Rabat, y eso, para ganarlo.

En este mar de turbias aguas resalta, obligadamente, el valor personal y la entrega de quien, arriesgando la vida, se erigi en portavoz de su pueblo y consigui que el enquistado conflicto del Sahara Occidental saltara a todos los medios de comunicacin y fuera de nuevo recordado por la opinin pblica. Est por ver, no obstante, el efecto que pueda alcanzarse a corto plazo en la promocin de la causa saharaui, ya que de sobra es conocido el peso de las poderosas "razones de Estado" que rigen los destinos de la humanidad, y la "constatacin" -esta vez s- de que ningn parecido existe entre la India que Gandhi moviliz y liber mediante la accin no violenta y el Sahara Occidental, donde el nimo firme y templado de una mujer ha vuelto a llenar de esperanza los corazones de muchos saharauis.

Fuente: http://www.estrelladigital.es/ED/diario/282891.asp



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