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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2009

La Cruzada macarthista del fiscal Ljubetic

Sergio Grez Toso
The Clinic


La Cruzada macarthista del fiscal Ljubetic por Sergio Grez Toso Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijramos, dos veces. Pero se olvid de agregar: una vez como tragedia y otra vez, como farsa (Karl Marx).

La tragedia

El senador por Wisconsin Joseph McCarthy fue un personaje de obscura trayectoria hasta que en 1950 acus pblicamente a 205 funcionarios del Departamento de Estado de los Estados Unidos de ser comunistas infiltrados. En el clima de la Guerra Fra de aquellos aos, esta y otras acciones del mismo tipo le valieron una efmera notoriedad, muy superior a sus escasos mritos personales. En 1953 fue nombrado Presidente de la Subcomisin Permanente de Investigaciones del Senado, donde tuvieron que comparecer numerosos funcionarios de la administracin norteamericana. Desde ese cargo McCarthy ampli su afiebrada cruzada y ejerci gran influencia sobre la Comisin de Actividades Antiamericanas, organismo dependiente de la Cmara de Representantes, que ya vena realizando su propia labor inquisidora desde fines de la dcada anterior. Centenares de miembros del gobierno, de la administracin y de las fuerzas armadas fueron acusados por McCarthy de profesar la ideologa comunista.

Las denuncias ms absurdas, los procesos irregulares, las listas negras de sospechosos y dems caractersticas de las cazas de brujas, contribuyeron a crear un pesado clima poltico en los Estados Unidos. Pero McCarthy fue demasiado lejos. En 1954 acus al Secretario de Defensa de encubrir actividades de espionaje extranjeras. Entonces el Presidente Eisenhower y otros lderes republicanos se volvieron en su contra. Ese ao McCarthy fue censurado y la retransmisin televisiva de una audiencia del Senado contra oficiales del Ejrcito por presuntas actividades comunistas, acabaron por desacreditarlo y aislarlo completamente. Su alcoholismo crnico le provoc la muerte (por cirrosis y hepatitis) en 1957, a los 48 aos. El nico legado histrico de McCarthy fue dejar su apellido para designar genricamente las persecuciones paranoicas de ciertos poderes estatales a sus oponentes polticos y la violacin de los derechos civiles en nombre de la seguridad nacional.

La farsa

El macarthismo ha seguido teniendo mulos en muchos lugares. Chile no ha sido la excepcin. Durante la dictadura pinochetista la caza de brujas anticomunista y antiizquierdista alcanz niveles de paroxismo. Los humanoides portadores del cncer marxista deban ser denunciados, perseguidos y exterminados. Se supona que el advenimiento de la democracia terminara totalmente con esas prcticas. Craso error. Desde hace varios aos, el Estado chileno ha respondido a la lucha de los mapuches por recuperar sus tierras ancestrales con allanamientos policiales a las comunidades, detenciones, maltratos de todo tipo, torturas, e incluso asesinatos de algunos de sus integrantes. A ello se ha sumado la accin legal de los fiscales especiales que persiguen judicialmente a los luchadores mapuches. Estos fiscales, que actan como McCarthy montando acusaciones desprovistas de fundamentos slidos, hacen gala de un paranoico celo persecutorio. De este modo tratan de dar un poco de realce y notoriedad a sus tristes carreras profesionales y, de paso, congraciarse con el poder para obtener un ascenso. Entre estos sujetos destaca por sus incongruencias, mentalidad febril y debilidad por la figuracin meditica, el fiscal regional de la Araucana Francisco Ljubetic. Durante el ltimo ao, este funcionario viene anunciando por la prensa que militantes de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM) habran recibido instruccin militar en el extranjero, especficamente en Colombia, insinuando probables vnculos con las FARC. Todo en condicional. Cules son sus pruebas? Sin arrugarse, este fiscal dice que hay comuneros mapuches que han viajado a pases como Per, Bolivia, Ecuador, Colombia Cuba y Venezuela, entre ellos el lder de la CAM, Hctor Llaitul, preso actualmente en Concepcin. En otras entrevistas Ljubetic asegur que la CAM recluta alumnos universitarios, en base a una seleccin muy minuciosa y que algunos vascos ligados indirectamente a ETA haban visitado las comunidades de Temucuicui y de Yeupeko, pero que no seran expulsados porque no estaban vinculados a hechos que pusieran en peligro a la seguridad nacional. Cabe sealar que luego de todas estas declaraciones impactantes, el fiscal de marras nunca ha podido probar algo que sea efectivamente constitutivo de delito.

Insatisfecho del magro resultado de sus pesquisas (a pesar de contar a su favor con las muy cuestionables armas de la Ley Antiterrorista, los testigos sin rostro, los perodos de prisin preventiva, la doble accin de tribunales civiles y militares para juzgar los mismos hechos, y los apremios ilegtimos a los que son sometidos sistemticamente los mapuches detenidos), ms recientemente el fiscal Ljubetic ha lanzado acusaciones an ms inconsistentes que las anteriores. Esta vez su blanco ha sido Pamela Pessoa, trabajadora social del Hospital de Caete, pareja y madre de cuatro hijos de Hctor Llaitul. En entrevista al diario La Tercera (28.11.2009) Ljubetic ha afirmado que, al igual que Pessoa, tres o cuatro personas ms vinculadas familiarmente a presos mapuches trabajan en servicios de salud del Estado. Con esto -confiesa orgulloso de su perspicacia el fiscal- se le agotan las coincidencias porque estas personas no forman parte de grupos familiares pasivos, sino al contrario.

Qu significan estas declaraciones sino una innoble persecucin contra los familiares de los presos mapuches? No contento con encarcelar preventivamente a los weichafes, Ljubetic pretende extender la caza de brujas contra todo aquel que tenga algn vnculo personal o familiar con sus acusados. Ni McCarthy lleg a tanto. Ahora se trata de golpear a los militantes mapuches por todos lados, privando de sustento econmico a sus hijos y sumindolos en un apartheid social. Las afirmaciones de Ljubetic son gravsimas porque comportan un atentado contra los derechos ms esenciales de las personas, como ganarse honestamente la vida, viajar o asociarse polticamente. Aunque no sabemos si sus palabras son solo el fruto de su irresistible afn de figuracin meditica o si responden a los requerimientos de terceros que le indican cmo proceder, lo cierto es que no deberan dejar indiferentes a las personas que valoran los derechos democrticos y las libertades civiles. Las afirmaciones de este personaje de poca monta pueden ser la punta del iceberg de una ofensiva ms vasta, un sondeo para testear las reacciones de la poblacin. Es imprescindible una enrgica reaccin ciudadana contra estas prcticas inquisitoriales y las concepciones antidemocrticas que las inspiran. Todos estamos afectados, todos podemos ser vctimas potenciales de la paranoia macarthiana de fiscales como Ljubetic. Todos, chilenos y mapuches.

Artculo publicado en The Clinic, N325, Santiago, 24 de diciembre de 2009




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