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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-01-2010

Que en paz descanse la guerra

Ral Estrada Zamora
Tiempo21


Cuba llega este primero de enero al aniversario 51 del triunfo de su Revolucin en medio de una muy convulsa situacin internacional, caracterizada, entre otros factores, por la creciente agresividad militar de Estados Unidos, empeado en mantener sus injustificables guerras con Irak y Afganistn, al tiempo que apadrina golpes de estado como el de Honduras y virtualmente se anexa Colombia para utilizarla de base de operaciones contra Amrica Latina y las naciones africanas.

Este peligroso panorama me hace recordar una conversacin que sostuve con el actual presidente cubano, general de ejrcito Ral Castro Ruz , en ocasin de su visita a una gran unidad de tanques perteneciente al Ejrcito Oriental, el 3 de agosto de 1990, hace ms de 19 aos.

-General, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz , usted y otros lderes de la Revolucin han reiterado que pese al podero econmico, poltico, militar y tecnolgico de Estados Unidos, cualquier agresin armada de aquel pas contra el nuestro est llamada al fracaso. Por qu tan categrica idea, cuando el socialismo en Europa del Este ya se ha derrumbado, la Unin Sovitica atraviesa una situacin muy crtica y, como resultado, Cuba est perdiendo a sus principales aliados?

Tal fue la pregunta que hice al entonces Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), quien, poniendo una mano en mi hombro, me mir fijamente y, con su voz fuerte y serena, dijo:

-La primera razn es que hay mucha historia y mucha gloria que defender. A diferencia de lo ocurrido en otros pases, la Revolucin cubana es fruto legtimo de las tradiciones de lucha de nuestro heroico pueblo, forjadas a lo largo de ms de un siglo de incesante batallar contra descomunales potencias, primero Espaa y luego Estados Unidos.

Hizo una pausa, acentu lo dicho con aprobatorios movimientos de cabeza, y continu:

-Otro factor determinante es que, acorde con la doctrina defensiva de la Guerra de todo el pueblo , en caso de una agresin armada en gran escala, y aun cuando el pas fuera ocupado por tropas extranjeras, a pesar incluso de una abrumadora solidaridad internacional, lo confiaramos todo a nuestras propias fuerzas, asegurndole a cada patriota, a cada revolucionario, un lugar, un medio y una forma de hostigar al agresor, de tal manera que aqu la vida se le convierta en un verdadero infierno.

Nuevamente apoy sus frases con expresivos gestos, y concluy:

-Nuestros enemigos saben muy bien que invadirnos les costara un precio en vidas humanas sencillamente impagable. De todas formas, lo mejor es evitar una guerra que tendra catastrficas consecuencias para ambas partes. Por eso, para preservar la paz, seguiremos fortaleciendo nuestra capacidad defensiva. Hasta ahora, ese ha sido el principal elemento disuasivo frente a cualquier amenaza.

Al cabo de 19 aos de aquel encuentro, Cuba sigue demostrando la invariable decisin de no descuidar ni un pice la defensa de su independencia, su integridad territorial y su soberana, y as lo demostr la realizacin, hace un mes, del Ejercicio Estratgico Bastin 2009, el cual concluy con el Da Nacional de la Defensa, constituy la ms amplia maniobra militar ejecutada en los ltimos aos y result exitoso, segn afirm el propio General de Ejercito Ral Castro Ruz.

Sin embargo, el peligro de una agresin armada sigue en pie, y hasta quizs con ms fuerza, pues la actual escalada guerrerista del Pentgono y la Casa Blanca mantiene a Cuba en su principal punto de mira, a causa de las antiqusimas pretensiones estadounidenses de anexarse la Isla y como resultado, tambin, de la obsesin de las sucesivas Administraciones norteamericanas por derrocar a la Revolucin cubana, que llega victoriosa a su 51 cumpleaos.

Ojal prevalezca la cordura y en paz descanse la guerra.

Por estos das, cuando casi todo el mundo festeja la llegada del Nuevo Ao y la mayora de los cubanos celebramos adems el aniversario 51 del triunfo popular en nuestra patria, tanto quienes defendemos la Revolucin como sus enemigos, involuntariamente o adrede, ponemos sobre el tapete el tan viejo y actual tema del diferendo con Estados Unidos, y armamos la gorda al sealar al culpable.

Pero la historia es la historia, seores. Nadie la puede cambiar, y su juicio es inequvoco. Por qu no prestar atencin a lo que ella dice?

Al menos para los ms de 400 millones de hispanohablantes que poblamos el mundo, agresin significa: acto contrario al derecho de otro, por tanto, Estados Unidos comete agresin contra Cuba desde hace cerca de dos siglos y medio.

Cuando el 4 de julio de 1776 las Trece Colonias inglesas de Norteamrica proclamaron su independencia, haca una dcada que Benjamn Franklin, uno de los padres fundadores de la nueva nacin, haba escrito sobre la necesidad de colonizar el valle del Mississippi para ser usado contra Cuba o Mxico.1

Bueno es recordar que por aquella fecha an ni siquiera haban madurado los rasgos definitorios de la nacionalidad cubana, cuya plenitud lleg un siglo despus, gracias a la Guerra de los Diez Aos contra

Espaa (1868-1878).

Acorde con el ancestral espritu hegemnico y las viejas concepciones geopolticas de Estados Unidos, sus gobernantes comenzaron bien temprano un proceso expansionista que, al supuesto amparo del derecho natural, el destino manifiesto y otras doctrinas filosficas, propici el crecimiento territorial del pas, en perjuicio, sobre todo, de sus vecinos ms cercanos.

Por ejemplo, como resultado de esa filosofa del despojo, Mxico perdi las 945 mil millas cuadradas que hoy ocupan Texas, Arizona, Nuevo Mxico, California, Nevada, Utah y parte de Wyoming.

Imposible olvidar que aun antes de la Declaracin de Independencia, a hierro y fuego, o mediante el engao, los indios norteamericanos fueron desalojados de sus tierras por los colonos blancos, sedientos de oro, petrleo y frtiles suelos.

Considerada uno de los apndices naturales del continente americano, segn expresin de John Adams, segundo presidente estadounidense, y debido a su privilegiada posicin geogrfica, Cuba no poda escapar a las apetencias de los gefagos del Norte.

Ya en 1805, el presidente Thomas Jefferson declar, por primera vez oficialmente, las pretensiones de su pas de apoderarse de la cercana Isla. Aos despus, su homlogo John Quincy Adams proclam la tesis del fatalismo geogrfico, la cual sirvi de base al tambin mandatario James Monroe para develar, el 2 de diciembre de 1823, la doctrina que lleva su apellido, cuya esencia es Amrica para los americanos. O sea, para los habitantes de la gran potencia.

Tempranamente se inici tambin la inversin de capitales yanquis en Cuba, y no faltaron los intentos de comprarla. En tal sentido, las propuestas ms conocidas son las formuladas por los presidentes James Knok Polk (1845-1849), Franklin Pierce (1853-1857) y James Buchanan (1857-1861), aunque se sabe que Andrew Johnson (1865-1869), Ulises Simpson Grant (1869-1877) y Rutherford Birchard Hayes (1877-1881) hicieron similares gestiones de compra.

Martirizados por la mano de hierro ensangrentada con que Espaa los dominaba, al influjo de la Revolucin haitiana, la emancipacin de las hermanas naciones del continente y la propia independencia de las Trece Colonias, y depositarios del rico legado tico y revolucionario de eminentes precursores, como el padre Flix Varela , el poeta Jos Mara Heredia y el antianexionista Jos Antonio Saco , entre otros, el 10 de Octubre de 1868 los cubanos se lanzaron a la lucha redentora.

Sin ms armas que el machete de las faenas agrcolas o las arrebatadas al enemigo en los campos de batalla, descalzos, harapientos, vctimas del hambre y las enfermedades, y sin ayuda exterior, los patriotas enfrentaron durante 10 aos seguidos! a uno de los ejrcitos ms poderosos del planeta en esa poca, el cual, en cierto momento, lleg a contar en la Isla con unos 240 mil efectivos.

Ninguna otra nacin latinoamericana luch contra el coloniaje espaol en condiciones tan difciles. Ninguno de los pueblos al sur del Ro Bravo tuvo que hacer tan supremo sacrificio por la libertad.

Y cul fue la actitud de los gobernantes de Estados Unidos frente a esa sublime epopeya?: el no reconocimiento de la beligerancia de los cubanos y la bochornosa confabulacin con Espaa, mediante la persecucin de los emigrados que desde su territorio trataban de allegar recursos a sus compatriotas, motivo por el que fracasaron numerosas expediciones.

A tal grado lleg la hostilidad de Washington, que incluso construy especialmente para los colonialistas espaoles 30 caoneras, cuyo empleo hizo an ms difcil el aprovisionamiento del Ejrcito Libertador y sus maniobras militares en puntos prximos a las costas.

Carlos Manuel de Cspedes , mximo lder del levantamiento del 10 de Octubre, considerado el Padre de la Patria y elegido primer presidente constitucional de la Repblica de Cuba en Armas, comprendi con suma rapidez el porqu de la actuacin del vecino del Norte.

Fue l de los primeros en percatarse de las pretensiones hegemnicas de la incipiente gran potencia y de lo intil de esperar su ayuda; por eso escribi a Charles Summer Wells, presidente de la Comisin de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos, una carta en los siguientes trminos:

A la imparcial historia tocar juzgar si el gobierno de esa Repblica ha estado a la altura de su pueblo y de la misin que representa en Amrica; no ya permaneciendo de simple espectador indiferente de las barbaridades y crueldades ejecutadas a su propia vista por una potencia europea monrquica contra su colonia () sino prestando apoyo indirecto moral y material al opresor contra el oprimido, al fuerte contra el dbil, a la Monarqua contra la Repblica () al esclavista recalcitrante contra el libertador de cientos de miles de esclavos. 2

En mensaje enviado a Jos M. Mestre, Cspedes fue an ms explcito, pues afirm:

Por lo que respecta a los Estados Unidos (), en mi concepto su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nacin () este es el secreto de su poltica y mucho me temo que cuanto haga o proponga, sea para entretenernos y que no acudamos en busca de otros amigos ms eficaces y desinteresados. 3

Sabido es que Cuba luch con sin par herosmo contra la opresin espaola, no solo una dcada, sino durante 30 aos. Y en todo ese tiempo los gobernantes norteamericanos siguieron fingiendo neutralidad mientras colaboraban con Espaa, a la espera de que la fruta madura, por ley de gravitacin poltica, se desgajara de Espaa y cayera en sus manos para engullirla con malvada fruicin.

Jos Mart, Hroe Nacional de Cuba , supo calar como nadie la entraa rapaz de la potencia del Norte, que ya en el ltimo cuarto del siglo XIX mostraba todos los rasgos del imperialismo, sobre lo cual l alert.

Tanto es as, que en carta a su amigo mexicano Manuel Mercado, la vspera de su cada en combate, ocurrida el 19 de mayo de 1895, nuestro Apstol plante la necesidad de impedir que en Cuba se abra, por la anexin de los imperialistas de all y los espaoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, y afirm:

Por ac yo hago mi deber. La guerra de Cuba () ha venido a su hora () para evitar la anexin () a los Estados Unidos. 4

Con paciencia, sabidura y tenacidad, Mart aprovech el perodo que l llam tregua fecunda o aos de reposo turbulento (1878-1895) para organizar la guerra necesaria, como tambin l mismo denomin la contienda iniciada el 24 de febrero de 1895 y que en menos de cuatro aos condujo a la inminente derrota de Espaa.

Qu hizo entonces Estados Unidos? Viendo que los das del poder espaol en Cuba estaban contados, y contrariamente a las pblicas declaraciones del Congreso y del presidente William Mc Kinley, busc los pretextos que crey ms atinados, siempre alegando el inters de proteger la vida y los bienes de los ciudadanos norteamericanos residentes en la Isla, para declararle la guerra a Espaa, que trat de evitarla por todos los medios, sin poder conseguirlo.

Declarada la guerra y obtenida la victoria, gracias a la inestimable ayuda del Ejrcito Libertador cubano, al cual ni siquiera se le permiti entrar en la ciudad de Santiago de Cuba una vez liberada, el gobierno yanqui decidi ocupar militarmente el pas.

Para entonces era imposible anexar el caribeo archipilago al territorio del poderoso vecino del Norte, porque, despus de 30 aos de legendaria lucha, los cubanos contaban con aguerridas tropas y eran portadores de un slido cuerpo ideolgico, forjado a lo largo de casi todo un siglo y notablemente enriquecido por el pensamiento y la obra del Apstol Jos Mart.

Frente a esas circunstancias, Estados Unidos implement una serie de mecanismos econmicos, polticos, militares y de la ms diversa ndole, que le garantizaran dominar a Cuba sin exacerbar las contradicciones con Inglaterra, Francia y otras potencias.

Haba incrementado ya la inversin de capitales en las ramas bsicas de la economa cubana y continu hacindolo; aviv las divergencias entre las autoridades de la Repblica en Armas, pese a nunca haberlas reconocido, lo que acab en la destitucin de Mximo Gmez, General en Jefe del Ejrcito Libertador, la disolucin del Partido Revolucionario Cubano, fundado por Mart, y la desintegracin de la Asamblea del Cerro, rgano supremo de gobierno.

Puesto que Espaa siempre prefiri entregar a Cuba antes de reconocer su bochornosa derrota a manos de un ejrcito guerrillero, muy inferior al suyo en cuanto a la cantidad de hombres y recursos, Estados Unidos firm con la metrpoli ibrica el Tratado de Pars (10 de diciembre de 1898), a espaldas de los cubanos, verdaderos triunfadores, acuerdo mediante el cual la fruta madura cay en las garras yanquis.

Luego de la evacuacin acelerada de las fuerzas espaolas y el traspaso de toda su propiedad inmobiliaria a manos norteamericanas, el primero de enero de 1899 comenz oficialmente la ocupacin militar de Cuba por los Estados Unidos.

William Mc Kinley, en su mensaje al Congreso, el 5 de diciembre de aquel mismo ao, dej bien clara la posicin de su pas al respecto:

La nueva Cuba, al levantarse de las cenizas del pasado, necesita estar sujeta a nosotros por lazos de singular intimidad y fuerza () Si aquellos lazos sern orgnicos o convencionales, los destinos de Cuba estn de alguna manera y forma legtima irrevocablemente ligados con los nuestros, pero cmo y hasta dnde se determinar en el futuro por la madurez de los acontecimientos. 5

Desdichadamente, Estados Unidos no se conform con haberse incorporado a un nuevo reparto del mundo al desencadenar la primera guerra imperialista e inaugurar el sistema neocolonial, empezando por Cuba; tampoco le bastaron las prerrogativas que obtuvo con el Tratado de Pars y la ocupacin militar de la Isla, sino que necesitaba atar an ms a su presa, y para ello emple diversos instrumentos.

Suerte que los cubanos no olvidamos esta premonitoria frase del Apstol de nuestra independencia: "Es criminal quien promueve en un pas la guerra que se le puede evitar; y quien deja de promover la guerra inevitable."

Fuentes:

1 Miguel DEstfano Pissani: Historia del Derecho Internacional, desde la antigedad hasta 1917, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1985, p. 149.

2 Carlos Manuel de Cspedes: Carta al seor Charles Summer Wells, presidente de la Comisin de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos, en Hortensia Pichardo, Morir todos o ser independientes, Revista Bohemia, 5 de febrero de 1993, p. 64.

3 Carlos Manuel de Cspedes: Carta a Jos M. Mestre, en Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo, Carlos Manuel de Cspedes. Escritos, t. 1, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, p. 84.

4 Jos Mart: Carta a Manuel Mercado, Obras Escogidas, t. 3, Editora Poltica, La Habana, 1981, p. 577.

5 Francisca Lpez, Oscar Loyola y Arnaldo Silva: Cuba y su historia, Editorial Flix Varela, La Habana, 2004, p. 121.

[email protected]

http://www.tiempo21.cu/columnistas/raul_estrada/en_paz_descanse_guerra_2_091230.htm  



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