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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2010

Crecimiento y cohesin social
Los trminos del debate

Fernando Luengo
Sin Permiso


El debate sobre la relacin que vincula el crecimiento y la cohesin social no es nuevo, pero posiblemente nunca antes como ahora, con la crisis econmica internacional, ha alcanzado tanta centralidad.

Un punto de partida obligado para entrar en ese debate es ser consciente de que los mercados no estn "vacios", ni estn gobernados por leyes o principios invariables. En la economa realmente existente, gobernada por las imperfecciones y los fallos de los mercados, la competencia imperfecta y la informacin asimtrica, operan actores, tanto privados como pblicos, tanto nacionales como transnacionales. Los protagonistas de estos mercados son las grandes corporaciones productivas, comerciales, financieras-, las coaliciones de firmas y las redes empresariales y los Estados nacionales de las economas ricas.

En torno a estos actores se tejen tramas de intereses y relaciones de poder que constituyen "las manos visibles" de los mercados. Esos intereses y relaciones a veces se expresan abiertamente en el espacio poltico, y otras veces se configuran de manera opaca, en espacios difusos, muy lejos de los controles democrticos establecidos por los gobiernos o por las sociedades civiles (ello no debe interpretarse necesariamente como que se sitan en terrenos ilegales).

As pues, muy lejos de aquellos analistas que imaginan un "campo de juego nivelado", abundan las posiciones jerrquicas y de subordinacin que condicionan, en gran medida, los beneficios y los costes de las polticas econmicas aplicadas. Desde esta perspectiva, los mercados no se configuran tanto como resultado de la interaccin mltiple y dinmica- de las fuerzas de la oferta y la demanda, sino sobre todo fruto de la interaccin de grupos sociales que ocupan posiciones asimtricas.

Desde esta perspectiva, los aspectos concernientes con la distribucin del ingreso y la riqueza pasan a ocupar una posicin central en un anlisis que pretenda dar cuenta de la naturaleza de los procesos econmicos. En ningn caso cabe presuponer en ese anlisis la presuncin de un juego de suma positiva, donde los beneficios superen necesariamente los costes o donde lo recibido por los perdedores les compense de su frgil posicin y les mantenga en condiciones de participar activamente en los segmentos dinmicos del tejido productivo.

No se trata slo ni siquiera fundamentalmente de la existencia de gap temporales, perspectiva habitual de instituciones como el Fondo Monetario Internacional, desfase que se podra reducir, nunca eliminar, si se aplicara el paquete de polticas econmicas que podramos asimilar al conocido (con cierta imprecisin) como consenso de Washington. Se trata, ms bien, de la existencia de desequilibrios en las capacidades de negociacin y de presin de los diferentes grupos sociales en beneficio de las rentas del capital y de algunos grupos de trabajadores laboral y productivamente bien posicionados; desequilibrios que, antes de la eclosin de la crisis financiera internacional, ya eran claramente visibles en el mundo capitalista desarrollado, tambin en la Unin Europea, y que parecen ampliarse con el transcurrir del tiempo.

Qu papel desempean las instituciones o, en trminos ms generales, el Estado en esta deriva? Buena parte del debate ha permanecido instalado en la existencia de un supuesto antagonismo "Mercado versus Estado". En realidad, se trata de un falso y confuso dilema que apenas ayuda a comprender el capitalismo realmente existente. Los mercados reclaman, de manera insistente, la intervencin de las instituciones; la agenda neoliberal exige "Ms no menos Estado" (al menos en trminos cualitativos). Al mismo tiempo, argumentando una supuesta ineficiencia de los poderes pblicos como proveedores de servicios, se desarrollan estrategias y se organizan grupos de presin para convertir en negocio parcelas donde hasta ahora prevalecan criterios sociales (como la salud y la educacin). Podra decirse que la globalizacin, ms que expulsar al Estado de la economa, est provocando que los entornos institucionales y las polticas pblicas cambien de signo (posiblemente, este efecto sea ms importante que el adelgazamiento de los Estados nacionales) y que se contraigan las parcelas sociales ofrecidas por las administraciones pblicas.

El corazn del debate no reside tanto en la reduccin del peso de los Estados nacionales (aunque en mucho casos tambin suceda esto) cuanto en las tramas, en la colisin de intereses que orientan sus polticas. Emergeran as nuevos consensos sociales, propiciados por los ganadores de la liberalizacin y la globalizacin de los mercados, donde el Estado jugaran un papel subalterno de estos intereses.

Dado el abanico de costes y beneficios, de perdedores y ganadores que sugiere este escenario, cualquier opcin de poltica econmica est obligada a proceder a una cuidadosa evaluacin de los aspectos distributivos. Dicho clculo no puede quedar en manos del mercado, dado que, inercialmente o como consecuencia de la actuacin de las "manos visibles" que lo dan forma, producir un reparto desigual de la renta y la riqueza.

Una puntualizacin final, a modo de conclusin, que va ms all del debate entre crecimiento y cohesin social y que debera ayudar a encuadrar una reflexin -econmica, que no economicista- al que estamos emplazados como ciudadanos: Los espacios sociales tienen vida propia, encuentran su justificacin y legitimidad ms all de la economa, pues alrededor de la lgica social se generan derechos y capacidades cuyo despliegue hace que la vida de las personas sea digna y creativa.

Fernando Luengo es profesor de Economa Aplicada I de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Grupo de Investigacin "Economa Poltica de la Mundializacin", Instituto Complutense de Estudios Internacionales.


http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3003


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