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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-01-2010

Quin teme a Ratzinger?

Luis Felip Lpez-Espinosa
Rebelin


El siglo XIII fue el de las grandes sntesis escolsticas en la filosofa medieval en Europa. Prosiguiendo la labor de Alberto Magno, Toms de Aquino fue quien, enfrentndose a la teologa agustinista (ideologa orgnica de las sociedades feudales), estableci de manera definitiva la conciliacin de la filosofa de Aristteles con la doctrina catlica. Esta conciliacin marcar la historia del pensamiento occidental hasta nuestros das.

En el siglo XIII, la religin no se reduce ya a una prdica a los siervos. La nobleza feudal se enfrenta a la alianza de la monarqua con la nueva clase social ascendente, una burguesa ligada al comercio, a las artes y a las universidades (donde los maestros seculares empiezan a reclamar el derecho al estudio del aristotelismo). En este orden de cosas, la Iglesia comienza a romper el asilamiento de los monasterios y a fundar conventos en las ciudades (donde est naciendo el poder econmico). Pero para entrar en las ciudades, para predicar a sus nuevos fieles, necesita elaborar un discurso adaptado a las circunstancias. El dogma cristiano debe modernizarse, y conciliar sus principios sobrenaturales con las explicaciones naturales de la realidad, explicaciones que son irrenunciables dentro de la visin del mundo que se tiene dentro de los burgos. En otras palabras, la Iglesia tiene que apropiarse de un discurso cientfico; y este discurso es el de Aristteles.

Para Toms de Aquino, siguiendo la doctrina, el hombre es un ser imperfecto en dones a partir de su expulsin del paraso; no puede ganar la salvacin por s solo, de modo que requiere de la ayuda externa (externa a su naturaleza) de la gracia divina. De manera que el hombre posee una serie de dones naturales, entre los cuales est su razn, los cuales sin embargo no bastan para alcanzar la salvacin, que se obtiene por medio de la fe movida por la gracia divina. De este modo, el planteamiento tomista establece una sntesis entre razn y fe en la cual sta prima sobre aquella, pero sin anularla (como haca la teologa agustinista). Toms resuelve que existen tres tipos de verdades: naturales (se pueden alcanzar por medio del uso de la razn), reveladas (artculos de fe que se conocen por el entendimiento guiado por la gracia), y prembulos de la fe (que pueden alcanzarse o bien por medio de la razn, o bien por medio de la fe; ello segn las capacidades intelectuales de cada individuo). Cada cosa en su sitio, y la religin en todas ellas.

 

Cuando Benedicto XVI reclama una ciencia que no se pretenda autosuficiente de la fe (http://www.publico.es/espana/283416/papa/pide/ciencia/autosuficiente/sino/abierta/fe) se est situando, en lo fundamental, dentro de este esquema de razonamiento, el de la sntesis tomista. Ahora bien, Benedicto dice ms: l no quiere una ciencia abierta a la fe, l quiere en realidad una ciencia sometida a la ltima palabra de la fe. Cuando Toms de Aquino retoma a Aristteles, a partir de una interpretacin (por supuesto) catlica, est situndose en la vanguardia de la ciencia de su poca. Est poniendo a la Iglesia a la cabeza de un camino que todos los pensadores van a tener que seguir hasta la revolucin cientfica del XVI. En cambio, cuando Benedicto pronuncia su discurso, est reclamando que la ciencia del siglo XXI retroceda hacia Aristteles.

Por eso, la posicin de Benedicto y los suyos no es la misma posicin de Toms de Aquino. Toms de Aquino no haba dicho slo que ciencia y revelacin sean necesarias para comprender la realidad (palabras de Ratzinger). Toms haba dicho que la ciencia era necesaria para conocer las verdades naturales, pero la revelacin era la nica que conduca a la salvacin. Y en eso consisti la sntesis tomista, una de las ms heroicas epopeyas de la filosofa occidental.

La posicin de Benedicto recuerda ms bien a aquellas circunstancias que en el siglo XIV dieron origen al nominalismo. En 1277, el obispo de Pars, Etienne Tempier, emite una clebre condena en la cual se rechazan y excomulgan las tesis averrostas. La idea es enfrentar a todos aquellos filsofos que ensean doctrinas paganas amparndose en la teora de la doble verdad (esto es, aquella que considera que existe una verdad natural y otra verdad revelada). El problema est en que en esta torpe condena, se incluyen no slo las posiciones averrostas, sino tambin las de Toms de Aquino y en general el aristotelismo (sospechoso, en tanto que siempre haba sido un discurso sobre la naturaleza). Esta condena, que fue un triunfo de la teologa agustinista, supone una de las muchas seales de ruptura que pueblan el siglo XIV, junto con el apogeo de los movimientos msticos (ah est Eckhart) y que marcan el desmembramiento de la filosofa y el ascenso de los primeros conatos de investigacin cientfica independiente. Aquella victoria de la teologa no hizo sino romper el delicado equilibrio que en el siglo XIII se haba establecido entre razn y fe. Cuando se prohbe a Aristteles, se fuerza a los fsicos consecuentes a que trabajen de espaldas a la fe.

Estas bsicas lecciones de historia deberan hacernos reflexionar, de un modo ms profundo, acerca de la importancia del papado de Benedicto XVI. Estamos enfrentndonos a una peligrosa ofensiva integrista? Tienen algo serio que temer los cientficos, los librepensadores, los ilustrados, ante las continuas y a menudo agresivas declaraciones de Benedicto, de nuestro Rouco Varela, de nuestro Antonio Caizares? Marx deca que todos los grandes acontecimientos se producen dos veces: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa. Juan Pablo II, el gran inquisidor del comunismo, el que vendi la Iglesia a los grupos catlicos de ultraderecha, el que aplast cualquier alternativa teolgica encuentra su repeticin cmica en Ratzinger. Lo irnico es que el antiguo prefecto de la Congregacin para la Doctrina de la Fe en tiempos de Wojtyła resulta ser ahora, en su propio papado, un tigre infinitamente menos temible de lo que haya sido su predecesor. Wojtyła haba llegado al fondo de aquella tarea inquisitorial; la Iglesia ya es (por lo que respecta a sus centros de poder) un inmvil reducto del extremismo. Lo nico que puede hacer Benedicto es seguir ah, repetir el discurso, pedir el poder absoluto de la religin en todas las esferas de la sociedad. Pero como dira Hlderlin con razn, all donde hay un gran peligro se encuentra tambin la salvacin. Y es que al igual que el obispo Tempier, Ratzinger ha roto la cuerda (tensada por su predecesor). Su discurso no es sino el sntoma de la completa ruptura de la Iglesia con los tiempos actuales, con la sociedad, con la ciencia, con la razn.

De modo que los cientficos de todo el mundo estn de enhorabuena: un Papa integrista puede mantener abierta esta ruptura y mantener la libertad de la investigacin cientfica y racional de espaldas al catolicismo.

Web: http://enuntrenenmarcha.googlepages.com

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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