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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-01-2010

2009, el ao del ALBA

Carlos Rivera Lugo
Claridad/Rebelin


Si el mundo del nuevo siglo se perfila como multipolar, ante el fracasado intento estadounidense por imponer su hegemona absoluta, es indudable que uno de los nuevos polos de poder que definitivamente ha emergido es el encarnado en la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra Amrica (ALBA). Su presencia y protagonismo como nuevo bloque revolucionario de poder en Nuestra Amrica, sobre todo durante el pasado ao 2009, han establecido un nuevo, slido y esperanzador referente poltico y econmico diferenciado que ya no pueden ignorar las diversas potencias mundiales, particularmente las comandadas desde Washington y Bruselas. Es ms, ya voceros importantes de ambas dan seales de franco reconocimiento a la potente y singular voz que ha asumido el ALBA en torno a diversos asuntos internacionales crticos, con serias implicaciones estratgicas, aunque sea para exteriorizar su gran malestar y lanzar amenazas veladas contra sus estados miembros o intentar falsear sus posturas.

As, el pasado 11 de diciembre, la jefa de la diplomacia estadounidense, Hillary Clinton, haciendo alardes de la tradicional autoridad imperial de su cargo, advirti a Venezuela y Bolivia de que sus relaciones amistosas con el gobierno iran pueden tener consecuencias para ellos, as que esperamos que se lo piensen dos veces. Por otra parte, la ministra espaola de Medio Ambiente, Elena Espinosa, prcticamente acus a Bolivia y Venezuela de sabotear la posibilidad de llegar a un acuerdo en la reciente Cumbre del Cambio Climtico realizada en Copenhague. La imputacin pretende reducir las militantes posturas asumidas por ambos pases a consideraciones de estricta defensa de su intereses particulares en el gas natural y el petrleo.

La declaracin de la Clinton hecha en el momento en que daba a la publicidad un Informe gubernamental sobre la situacin poltica en la Amrica Latina es la tpica prepotencia imperial con la que siempre ha reaccionado Washington ante cualquier intento de pases de la Amrica nuestra por ejercer una poltica internacional independiente. Incluso, en la aplicacin selectiva de su crtica, denota cierto doble rasero igualmente tpico, pues no se le ocurri hacerle la misma advertencia a Brasil. Deja de tomar nota del hecho de que el gobierno de Lula se ha distanciado tambin de la agresiva diplomacia estadounidense hacia Irn. De ah la acogida que recientemente le dispens al presidente iran, Mahmoud Ahmadinejad, y la firma de una serie de acuerdos de cooperacin entre ambos pases, al igual que lo haban hecho Venezuela y Bolivia. Pero aqu juega la nueva consideracin estratgica que el gobierno estadounidense est otorgando crecientemente a Brasil, como una de las potencias emergentes que integran el Grupo de los 20, concertacin global de pases que crecientemente ha ido desplazando al menos representativo club de las grandes potencias conocido como el Grupo de los 7. Y a pesar de estar dirigido por un presidente de izquierda, ste es valorado como un izquierdista bueno y moderado, sobre todo por la continuada adhesin de su gobierno a ciertas expresiones del neoliberalismo.

Los ricos son los responsables de la destruccin del planeta

En el caso de la fantasiosa imputacin de la ministra espaola de Medio Ambiente, sta queda meridianamente refutada por los hechos. En todo caso, fueron los gobiernos de Estados Unidos y la Unin Europea los que, pretendiendo evadir su responsabilidad histrica por el cambio climtico que amenaza la supervivencia misma de la humanidad, descarrilaron los procesos deliberativos del importante evento, encabezados por el cada vez ms desacreditado presidente estadounidense Barack Obama. Festinadamente impusieron una farsa a expensas del Protocolo de Kioto y las negociaciones que se desarrollaban bajo la coordinacin de la Organizacin de las Naciones Unidas (ONU), al no poder conseguir la aprobacin de un rgimen legal que les siguiese dando un trato preferencial discriminatorio a sus economas, en desconocimiento de las grandes desigualdades prevalecientes en la economa mundial.

De las voces que, sin embargo, destellaron por su hondo sentido de responsabilidad frente al sinsentido, el oportunismo e irresponsabilidad de los ms poderosos, fue la del presidente boliviano, Evo Morales Ayma. ste hizo un llamado a crear, bajo el auspicio de la ONU, un Derecho de la Madre Tierra que ponga fin a la produccin y consumo irracional de las grandes potencias.

Al llamado del mandatario boliviano se uni, con igual pertinencia, el presidente venezolano Hugo Chvez Fras, al exigir un cambio del sistema capitalista si de verdad lo que se quiere es cambiar el clima. Si el clima fuese un banco,el sistema capitalista ya lo hubiese salvado, denunci. El mandatario bolivariano puntualiz que los ricos son los mayores responsables de los peligros que hoy se ciernen sobre el planeta. Ambos, Morales y Chvez, sacudieron as el cnclave de Copenhague con su discurso radical y consecuente, en contraste con la retrica crecientemente hueca e inconsecuente de Obama.

El que no aprenda del pasado est condenado a repetirlo

Ya desde la Cumbre de las Amricas, celebrada en abril en Puerto Espaa, la capital de Trinidad y Tobago, el gobierno estadounidense de Obama se ha visto continuamente emplazado por la voz del ALBA. Mientras Obama peda a sus interlocutores al sur del Ro Bravo y de las Antillas que no se quedaran empantanados en el pasado, reclamndole a su gobierno por los errores de pasadas administraciones estadounidenses, Chvez logr imponerse con el regalo que le hizo, el libro Las venas abiertas de Amrica Latina, del uruguayo Eduardo Galeano. Con ello, Chvez quiso advertir al mandatario estadounidense de que ignorar el pasado, negndose a asumir las crticas y responsabilidades de rigor, en nada ayudara a evitar su eterna repeticin. Y as ha acaecido.

stos no han sido, sin embargo, los nicos ni los ms crticos ejemplos, en el ao recin concluido, en que los pases del ALBA han cuestionado y confrontado decisivamente las ambiciones imperiales de Washington, desenmascarando de paso la esencial continuidad bajo Obama de las mismas actitudes y polticas imperiales del pasado, particularmente hacia la Amrica nuestra. En dos ocasiones le volcaron en contra el otrora Ministerio de Colonias, como la Revolucin cubana bautiz a comienzos de los sesentas del siglo pasado a la Organizacin de Estados Americanos (OEA). A comienzos de junio, el ALBA, por voz de Manuel Zelaya, el presidente de Honduras y anfitrin de la reunin anual de la Asamblea General de la OEA, se encarg de consolidar lo que ya era un reclamo a gritos: poner fin a la ignominiosa resolucin suya que, por imposicin de Washington, expuls a Cuba en 1962 de ese controvertible organismo interamericano. La empecinada y criminal injerencia estadounidense en relacin a la Revolucin cubana recibi as un golpe que le oblig, a regaadientes, a aceptar la resolucin consensuada. No obstante, ni corto ni perezoso, Washington se encarg de poner suficientes trabas y condiciones para que no tuviera mayores efectos concretos en lo inmediato.

La guerra en Honduras contra el ALBA

Pero, no pas mucho tiempo para que la OEA volviese a ser escenario de un nuevo choque de fuerzas a raz del golpe de Estado cvico-militar en Honduras de finales del mismo mes de junio. El ALBA fue decisivo en la articulacin de la condena unnime con la que dicho golpe fue recibido, tanto por la OEA como por otras organizaciones regionales, entre ellas el UNASUR y el Mercosur, e internacionales como, por ejemplo, la ONU. En este ltimo caso, la Asamblea General estaba presidida en ese momento por el ex canciller nicaragense Miguel DEscoto Brockmann, siendo su pas uno de los miembros destacados del ALBA.

La postura inicial adoptada por la OEA, a la que accedi con cierto remilgo el gobierno de Obama-Clinton, insisti en la restitucin incondicional e inmediata del presidente constitucional de Honduras. Sin embargo, mientras ms se iban conociendolos antecedentes del golpe, ms se confirmaba la complicidad de Washington con sus fines. Ello qued crecientemente corroborado cuando la Secretaria de Estado Clinton consigui sumar al mandatario costarricense, Oscar Arias, a un esfuerzo diplomtico para darle validez a los efectos del golpe a travs de un acuerdo, finalmente suscrito entre las partes, del que Zelaya sali trasquilado y definitivamente depuesto.

El gobierno de facto se hizo cargo de controlar, con toda la fuerza bruta a su disposicin, el proceso de seleccin del prximo presidente civil, el cual una vez electo en unos comicios viciados de raz, recibi de inmediato el aval de Estados Unidos y algunos otros pases aliados suyos como Costa Rica, Panam y Colombia. De paso, el gobierno de Obama no ha ocultado mucho su parecer de que en Honduras se libra un conflicto de carcter estratgico por intermedio de terceros (el proxy war de la Guerra Fra), donde su verdadero adversario es el ALBA y su creciente influencia a travs de la regin.

La derrota de los golpistas medialuneros

El ALBA ejerci tambin un liderazgo decisivo al interior de la Unin de Naciones Suramericanas (UNASUR) para convocarle a auxiliar el presidente boliviano Evo Morales, recientemente refrendado por una mayora amplia de los bolivianos, quien se enfrentaba en el momento a un proceso violento de desestabilizacin poltica, con fines golpistas. Dicho proceso sedicioso fue promovido por un grupo de prefectos de los departamentos que integran la llamada media luna, auxiliados por la Embajada de Estados Unidos en La Paz, que amenazaban con la secesin, entre otras cosas. Fue la primera cumbre de la joven Unin, citada de emergencia por la presidente chilena Michelle Bachelet en Santiago de Chile. Al concluir, acord solidarizarse con el gobierno de Evo Morales, pronunciarse inequvocamente a favor de la unidad nacional de Bolivia y rechazar firmemente cualquier intento de golpe contra el orden constitucional. La intervencin de la UNASUR fue un elemento clave en la desarticulacin y el fracaso de los planes golpistas.

Posteriormente, en noviembre, el ALBA alz nuevamente su voz, sobre todo al interior del UNASUR, para denunciar los efectos desestabilizadores sobre la paz, la seguridad y la autodeterminacin regional que tiene la instalacin de siete bases estadounidenses en Colombia. En esta ocasin, sin embargo, la UNASUR se neg a actuar con la firmeza requerida frente a los gobiernos de Obama y Uribe, optando por la estrategia diplomtica de baja intensidad de pedir garantas formales a ambos gobiernos de que dichas bases no se usarn para realizar actividades militares contra terceros pases. Colombia se convierte as en una base potente de operaciones para la injerencia yanqui en nuestra regin, sobre todo contra Venezuela, Ecuador y Bolivia.

Una integracin y unidad poscapitalista

En sus cinco aos de fundado, el ALBA proyecta un grado de poder e influencia que ha sorprendido a no pocos analistas internacionales que en sus orgenes la tachaban de un invento grandilocuente de Hugo Chvez y Fidel Castro, sus fundadores, que tendra escaso impacto sobre la poltica regional o mundial. Sin embargo, como iniciativa alternativa de integracin y unidad de Nuestra Amrica, con un carcter postcapitalista, sus logros positivos la han posicionado como un creble bloque regional de poder que ha crecido, entre otras razones, a partir del giro decisivo a la izquierda que ha habido en los ltimos aos en la poltica regional .

De ah que en 2006 se uni Bolivia al ALBA, como resultado del histrico triunfo electoral de Evo Morales. En 2007, el retorno de los sandinistas al gobierno en Nicaragua, llevan al ingreso de dicho pas. En 2008 lo hizo Honduras, bajo el gobierno de Zelaya y en 2009 Ecuador, bajo la presidencia de Rafael Correas. Otras adhesiones al ALBA incluyen a Dominica, en 2008, y San Vicente y las Granadinas, as como Antigua y Barbuda, los cuales ingresaron en 2009. Los miembros del ALBA se han visto beneficiados significativamente con una serie de polticas de cooperacin econmica y social.

Uno de sus logros ms importantes ha sido poner fin al analfabetismo en Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador. Unindose a la puesta en marcha de otras importantes iniciativas, tales como el Banco del Sur y Telesur, as como una red de empresas comunes, el ALBA prximamente dar otro paso de histricas dimensiones cuando entre en vigencia su nueva moneda, el Sistema Unitario de Compensacin Regional de Pago, mejor conocido como el Sucre, y que busca sustituir el uso del dlar en las transacciones comerciales y financieras entre sus miembros. Dicha iniciativa se enmarca dentro de un proceso que desembocar finalmente en la adopcin de una moneda comn, que operar de forma similar al euro. sta constituye una meta que el ALBA ha estado promoviendo tambin activamente al interior del UNASUR.

Sin embargo, seramos ingenuos si dejramos de reconocer que, ante los avances decisivos y ejemplares del ALBA, Washington no se ha quedado cruzado de brazos. Como muy bien advirtiera el lder histrico cubano Fidel Castro Ruz en una de sus ms recientes reflexiones: el imperio est de nuevo a la ofensiva. Y ste anda nuevamente haciendo de las suyas, tratando de recuperar su patio trasero. Y frente a ese maldito empeo imperial por devolvernos a las tinieblas, se alza esperanzadoramente el ALBA.

El autor es Catedrtico de Filosofa y Teora del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, en Mayagez, Puerto Rico. Es, adems, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueo Claridad.



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