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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2010

La democracia en Amrica Latina

Colectivo Prometeo (Crdoba)
Rebelin


Los sistemas polticos, todos los sistemas polticos, son el resultado y el reflejo de un modo de produccin y se dan en el contexto de una formacin social concreta. Por lo tanto, a la hora de juzgar la idoneidad de un modelo concretamente el nuestro, el democrtico occidental- no podemos obviar la dimensin histrica del mismo y considerarlo, sin ms, como el mejor de los posibles y adems exportable a cualquier rincn del mundo. Conditio sine qua non para que sea viable un sistema democrtico es la existencia de la igualdad, ms o menos real. Motivo por el cual no son posibles las democracias en aquellos lugares donde la igualdad ni se asoma. O, al menos, no son posibles las democracias basadas casi exclusivamente en votos y sistemas de partidos, tal como se dan en lo que nos hemos acostumbrado a llamar Occidente. De manera muy simplista, pero muy grfica, suelo explicar este hecho a mis alumnos de la ESO dicindoles que, en aquellos lugares donde se tiene un miedo reverencial al jefe y al brujo de la tribu, se vota lo que ellos quieren, y que, donde una mujer vale cinco cabras, la pregunta es por qu la mujer vota y la cabra no, si son intercambiables. No es para nada cientfico, pero se enteran de la necesidad de la igualdad.

En el mundo hay muchos sistemas de participacin y de toma colegiada de decisiones, no slo el sistema democrtico burgus surgido de la revolucin de Cronwell, muy anterior a la francesa, y de la que sta tom sus ideas. De manera muy intencionada se olvida que el padre de la formulacin de la soberana nacional y de la divisin de poderes es Locke, y no Rousseau o Montesquieu, y la revolucin norteamericana es tambin unos aos anterior a la francesa. Pero, cosas de la vida y de la enseanza de la Historia, el comienzo de la democracia burguesa se pone al lado de la toma de la Bastilla.

En Amrica Latina, en los pueblos ancestrales, el sistema de propiedad de la tierra es comunal. La tierra no se posee, se trabaja y se usa, y, una vez que el campesino muere y la unidad familiar se deshace, revierte a la comunidad, que la reasigna a una nueva familia. Los trabajos que tienen un beneficio colectivo son colectivos, y gratuitos, porque son necesarios para todos. Las decisiones se toman en comn y los roles estn repartidos, tanto en sentido horizontal como vertical: el presidente de la comunidad es en cada momento aquella persona que es capaz de dar solucin al problema planteado, y, cuando ya no responde a las necesidades, deja paso a otra persona que s lo hace. En general, los asuntos importantes se deciden dentro de la casa, entre todos los miembros de la familia que asumen responsabilidades. Los nios, en la medida en que son capaces de contribuir a las necesidades familiares, tambin son escuchados, de manera que la mayora de edad real no se alcanza cuando se cumplen unos aos, sino cuando se asumen responsabilidades de adulto y se responde de ellas. El representante de la familia en la asamblea de la comunidad suele ser el padre de familia, pero no necesariamente. Y en esta asamblea, suele actuar como portavoz de la familia. Rara vez toma decisiones que no haya consultado antes.

Para los observadores occidentales, eso da una sociedad absolutamente machista donde las mujeres no tienen presencia pblica. Eso es cierto en aquellos lugares donde la colonizacin ha sido ms intensa. All se ha llevado la cultura espaola de la diferencia entendida como inferioridad, y el cristianismo, con su idea de culpa y sumisin de la mujer, ha hecho estragos. En los lugares donde pervive la cultura ancestral, andina, amaznica o de otros orgenes, existe una diferencia de roles entre hombre y mujer que no necesariamente suponen jerarqua, y una mujer puede ocupar sin problemas situaciones de jefatura. Casos como el de Micaela Bastidas son suficientemente conocidos.

Sobre estas sociedades ancestrales se superpuso una sociedad feudal con un fuerte esclavismo, que llev a que se desarrollara, por una parte, una burguesa criolla carente de derechos en realidad, como toda la burguesa espaola hasta el Estatuto Real de 1834- que se vio defraudada en sus aspiraciones al fracasar la constitucin de 1812, que les prometa una cierta autonoma y la posibilidad de ocupar cargos. La colonia oficialista mantena una casta nobiliaria con un comportamiento ms parasitario que otra cosa. Los trabajos ms duros eran realizados por esclavos negros, excepto en las minas de altura, donde eran llevados a cabo por la poblacin indgena utilizando precisamente la mita, sus trabajos colectivos y gratuitos.

Este tipo de sociedad es la que alcanza la independencia, ahora hace 200 aos. Es decir, nos encontramos una sociedad colonial y una ancestral que se dan la espalda, y que permanecen unidas slo por un vnculo, el de la mita, que supone la esclavitud encubierta de los jvenes comuneros. Para mantener la explotacin agraria, las autoridades coloniales mantienen el rgimen de tenencia comunal de la tierra, excepto en zonas propias para plantacin de productos coloniales caf, cacao, algodn, tabaco, caa de azcar, frutas y otros- que son trabajados mayoritariamente por mano de obra esclava. Los dueos de esclavos son los burgueses a los que se les llena la boca hablando de libertad, no se nos olvide, y que estn en estrecho trato con los ingleses, sus abastecedores de mano de obra negra desde el Tratado de Utrecht en 1713.

Para mantener la agricultura de abastecimiento en marcha, y el cobro de impuestos junto con el sistema de la mita, se hace imprescindible el mantenimiento de las autoridades locales y de las asambleas comunales. El contacto de algunas de estas autoridades locales con las ideas de la Ilustracin va a dar frutos como la revuelta de Tpac Amaru II, Jos Gabriel Condorcanqui, quien junto a su esposa Micaela Bastidas van a tratar de recuperar el imperio inca, en el ltimo tercio del siglo XVIII, tambin antes de la revolucin francesa. Su derrota y brutal ejecucin no terminan con la organizacin social y poltica autctona, que sigue siendo imprescindible para asegurar la explotacin del imperio.

Cuando se proclama la independencia, la nueva clase dominante es la burguesa, que necesita acaparar todas las tierras disponibles, y que intenta, sin demasiado xito, acabar con el sistema comunal. Se consigue en territorios como Venezuela, Colombia, Mxico, y en aquellos en los que se ha exterminado la poblacin indgena, como Argentina y Uruguay, pero en los reductos como la zona andina, la zona de races mayas y las regiones de las selvas amaznicas, la comunidad permanece hasta el da de hoy y sigue estando presente en el imaginario colectivo de los dems pueblos indgenas menos fuertes. El lder de este despojo es Simn Bolvar, en nombre de la libertad, la igualdad y el progreso. Conviene no olvidarlo tampoco.

Tambin en nombre de la libertad y el progreso, se sigue manteniendo la esclavitud, que se abole por la fuerza de los hechos: es muy difcil mantener el trfico de esclavos a la vez que la colonizacin de frica, donde hacen falta para las explotaciones propias de la zona, y el ser humano, como la mayora de los animales, se reproduce muy mal en cautividad. An as, en la muy espaola isla de Cuba se sigue manteniendo hasta 1888.

La etapa republicana es una sucesin de presidentes ms o menos vendidos a ingleses y norteamericanos, que gobiernan para la minora burguesa y se olvidan de las mayoras indgenas, mestizas o descendientes de esclavos, a los que niegan los derechos que reclaman para ellos mismos.

La extensin del derecho de sufragio no ha llevado consigo la extensin de la igualdad, o de las medidas de igualdad necesarias para que la democracia sea algo ms que una palabra. Se ha pretendido copiar el modelo norteamericano en cuanto a sistema formal, pero no se ha tomado ni siquiera una de las medidas tendentes a lograr la igualdad a niveles parecidos a los alcanzados en Europa, que son mucho ms altos que en Estados Unidos.

El resultado ha sido un rasgado general de vestiduras porque los sistemas de partidos a los que estamos tan acostumbrados en las democracias burguesas que hemos dado en llamar occidentales, como si el occidente fuera algo ms que un punto cardinal, no cuajan en una sociedad que no se le parece en absoluto. Ese ruido de telas rasgadas se completa cuando surgen figuras como la de Hugo Chvez o Evo Morales, a los que se tilda de caudillos como en su da lo fueron Fidel Castro, Emiliano Zapata o el Che Guevara, o, ms antiguos, Bolvar o Andrs Avelino Cceres. Para entenderlo, convendra tambin conocer el valor de smbolo que tiene el caudillismo, que cae lejos de la forma de entender el liderazgo que tenemos en Europa.

Los europeos tenemos la idea de que un caudillo es una persona que se pone al frente de un pueblo para manipularlo y llevarlo a donde no quiere ir, y para ello desarrolla una poltica de falsedad y destruccin de libertades. El modelo que tenemos es el de los partidos fascistas y nazis de comienzos del siglo XX. En Amrica Latina no es as. El caudillo latinoamericano es el smbolo de la idea que se persigue. Para la Venezuela de Hugo Chvez, Bolvar ha perdido su faceta de despojador de tierras comunales para quedarse en el smbolo de la unidad continental frente a los explotadores forneos. Ciertamente, la realidad histrica se distorsiona al escogerse slo un aspecto, que por otra parte, es real. Igual cabra decir del movimiento etnocacerista andino, que reivindica la figura de Andrs Avelino Cceres, lder de la resistencia contra Chile, olvidando que fue uno de los responsables de la matanza de lderes comuneros y del despojo sistemtico de tierras comunales en el rea andina, utilizando para ello mtodos dignos de una pelcula de terror. Pero los problemas actuales son los de la falta de unidad frente a los intereses norteamericanos o europeos manifestados a travs del nuevo colonialismo surgido tras la guerra fra, o el avance de las economas ms fuertes en la propia regin latinoamericana, y los smbolos galvanizadores de conciencias tienen que ser los que los representen.

Para las poblaciones que han sido tradicionalmente excluidas, el hecho de que personas de su etnia alcancen grandes magistraturas despierta de manera casi automtica la creencia en que, por el simple hecho del color de la piel o la procedencia, puedan entender mejor sus problemas y darles soluciones. Casos como los de Lucio Gutirrez, Alberto Fujimori o Alejandro Toledo lo desmienten de manera categrica. Pero estos personajes han sabido utilizar en beneficio propio una de las caractersticas de las sociedades ancestrales: la reciprocidad. Si t les das, ellos deben darte algo a cambio, y algo que sea de valor para ti. Es una idea que el neocolonialismo disfrazado de ONGs y cooperacin al desarrollo se esfuerza en destruir, porque transforma pueblos orgullosos en pueblos de mendigos, y, por lo tanto, dependientes y sumisos a los intereses occidentales, que son los que les llevan la ayuda. Cuando Fujimori pide el voto de los uros, que viven en islas de anea flotante en el lago Titicaca, llevndoles a cambio ordenadores que jams podrn utilizar porque el punto de electricidad ms prximo est a kilmetros de distancia y fuera del lago, sabe que lo van a votar, no porque lo crean o porque confen en l, sino porque tienen que ser recprocos para seguir siendo dignos. Pero el voto conseguido de esta manera tiene exactamente el mismo valor que el conseguido de manera reflexiva y que corresponde con una decisin meditada. Las acciones de castigo contra los que no son adictos, como las represalias contra los pobladores de San Nicols de Zaa, a los que se les neg el alimento y se les quit las mantas y los cobertizos porque le negaron el voto a Fujimori tras el fenmeno El Nio de 1998, van ms all de la miseria humana. De manera inmediata, tienen el efecto de castigo. A medio plazo, generan la aparicin de lderes locales y de organizaciones de base que urge combatir con la accin de ONGs o, si se resisten, de sicarios.

El miedo que despiertan los gobiernos de Evo Morales, Hugo Chvez, Fernando Lugo o Rafael Correa, por citar a algunos, va ms all del derivado de una ideologa poltica o del temor a que puedan derivar en dictadura. A ningn gobierno occidental y democrtico le tembl el pulso para reconocer a Pinochet, Videla, Fujimori, Alan Garca hay que recordar las matanzas de los penales, y las ms actuales de Bagua o Apurmac- o cualquier otro. El problema es que se les escapa de las manos la posibilidad de seguir explotando unas tierras que, desde el descubrimiento de 1492, se han considerado como posesin de los pases europeos o sus hijos americanos. Las organizaciones de base, democrticas y representativas, aunque no sean partidistas, estn confluyendo por primera vez con las democracias formales, de manera impecable de acuerdo con los observadores internacionales, y se estn quedando sin argumentos para atacar a dictadores como Chvez mientras mantienen a demcratas como Uribe.

El colonialismo ha dejado paso al neocolonialismo, bien en la forma ms burda de las multinacionales o en la ms sutil de las ONGs, sobre las que tambin convendra hacer un anlisis y separar el grano que lo hay, y excelente- de la paja, que, como en cualquier cosecha, es mucho ms abundante y se ve muchsimo ms. Contra estos sistemas estn surgiendo formas ms igualitarias, y, por tanto, ms democrticas. Aunque no sean exactamente las formas democrticas propias de una sociedad burguesa como la europea, porque, sencillamente, en Amrica Latina hay muy poca burguesa, ningn movimiento obrero proletario porque el proletariado es consustancial a la revolucin industrial que all no se dio, y, en pocas palabras, Amrica no es Europa y no se pueden dar las mismas formas organizativas.

Rebelin ha publicado este artculo con permiso de los autores, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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