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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-01-2010

Okupas

Carlos Taibo
Pblico


El desalojo policial en Madrid de un centro social okupado, el Patio Maravillas, ha reabierto la magra discusin que entre nosotros provocan proyectos que, como ese, en modo alguno son residuales. Bueno es recordar que la presencia de esta suerte de centros es, muy al contrario, comn en muchos de nuestros medios urbanos.

Los centros sociales okupados muestran, como poco, dos dimensiones interesantes. Olvidar ahora la primera de ellas, que no es otra que la posibilidad de que jvenes y no tan jvenes encuentren cobijo en un escenario marcado casi siempre por alquileres prximos a la usura. Mayor inters tiene en estos momentos la segunda dimensin, que nos habla de esos centros como notabilsimos y estimulantes focos de irradiacin cultural y pensamiento crtico.

A ttulo de ejemplo, el Patio Maravillas madrileo, como tantos otros, ha acogido en los ltimos 30 meses un sinfn de actividades, entre las que se cuentan conciertos, talleres, servicios de asesora legal y actos pblicos a menudo masivos. Un buen termmetro de lo que tenemos entre manos lo ofrece el hecho de que una parte de las sesiones del Foro Social de Madrid previstas para finales de este mes haba de celebrarse en ese recinto (y se celebrar, por lo que parece, en su sustituto).

S hay que mencionar, con todo, dos carencias que arrastran estos locales: la primera la aporta su indisimulada condicin generacional a poco ms atraen que a jvenes, en tanto la segunda llega de la mano del escaso atractivo que tienen para lo que llamar con ligereza la izquierda tradicional, acaso ms culpa, bien es cierto, de la miopa de esta ltima. Agreguemos, para cerrar el panorama, que frente a la imagen, tantas veces difundida por los medios, de antros cerrados, marginales y fuente de delincuencia, es harto frecuente que iniciativas como la del Patio Maravillas disfruten de un general apoyo entre los vecinos del barrio en que han cobrado cuerpo.

Pero, ms all de lo anterior, hay que prestar atencin a lo que los centros sociales okupados significan en el terreno de la contestacin de dos miserias ingentes que marcan de forma indeleble el derrotero de nuestras sociedades. La primera es la radical supremaca que corresponde a un ocio el que se ofrece a los jvenes dramticamente impregnado de consumo, de dinero y de atontamiento; importa subrayar la gratuidad, frente a ello, del ocio y de los servicios que proporcionan los centros que ahora nos atraen.

La segunda miseria la configura, cmo no, una especulacin inmobiliaria que entre nosotros lo inunda casi todo. A duras penas puede ser casual que, en muchos casos, los inmuebles objeto de okupacin sean propiedad de personas de dudosa moralidad que bien saben lo que es el negocio sucio y la presin sobre los dirigentes polticos. Qu tiempos estos en los que quienes especulan y se lucran con el trabajo de los dems campan por sus respetos, mientras son frecuente objeto de represin, demonizacin y criminalizacin muchos jvenes que buscan, con talento y compromiso, horizontes distintos. Los mismos tiempos, bien es cierto, que permiten que quienes llevan aos alentando un visible deterioro en las condiciones medioambientales del planeta pongan en la crcel, incomunicados, a quienes han tenido el coraje y el buen sentido de plantarles cara.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Poltica

Fuente: http://blogs.publico.es/delconsejoeditorial/429/okupas/



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