Portada :: Otro mundo es posible
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-01-2010

La esperanza

Xabier Onainda
Gara


Aprincipios de setiembre, en plena campaa de histeria colectiva inducida, terminaba yo un artculo con una afirmacin de riesgo: La gripe A y sus secuelas son reales, pero si el virus no sufre una mutacin, y no hay motivos razonables para pensar que vaya a cambiar, nada extraordinario nos va a pasar.

Hoy comienzo con otra afirmacin rotunda: la gripe A ha sido una suerte. El virus A (H1N1) ha sustituido a nivel mundial y en ms del 90% de los casos al virus de la gripe estacional, y al afectar sobre todo a los jvenes y ser menos letal, del medio milln de muertes anuales hemos bajado a 14.000. De no existir los intereses de las multinacionales y su influencia en los medios de comunicacin, en polticos y expertos sanitarios, habra pasado desapercibida. Lo sucedido en estos meses debe servirnos para ajustar cuentas, pero sobre todo para sacar unas enseanzas que nos sirvan para tener criterios y enfrentarnos mejor a la prxima crisis que seguro ya se est incubando.

La Organizacin Mundial de la Salud (OMS) ha sido una institucin que ha propiciado avances sanitarios histricos, como el Listado de Medicamentos Esenciales, que es el vademcum bsico en muchos pases, o las sales de rehidratacin oral en las diarreas que tantas vidas han salvado, y quiz por ello se vio aupada a dirigir la gestin de esta crisis.

Gestora tambin en la gripe aviar, comenz esta vez su gestin cediendo a las presiones de la industria alimentaria y cambiando el nombre de gripe porcina por el asptico A (H1N1) que a nadie responsabiliza. Sigui en junio con la declaracin de pandemia, con las consecuencias sanitarias y econmicas que esto implica, atendiendo slo al criterio de extensin y olvidndose de la letalidad, que para entonces ya sabamos era menor que la de la gripe habitual. En agosto inici la va de los pronsticos alarmistas, escogiendo de entre todas las posibilidades la ms extrema al declarar que llegaran a dos millones de hospitalizados en USA y a miles los muertos (en 2005 ya haba pronosticado siete millones de muertos con la gripe aviar y no llegaron a 300). En setiembre ya sus iniciativas tienen mucho tufo econmico e imponen frente a criterios ms razonables un protocolo de administrar Tamifl no slo a los grupos de riesgo, sino tambin a los casos graves, y Margaret Chan, directora de la OMS y responsable mxima de la gestin, nos regala: Esta pandemia va a costar un dineral, pero los gobiernos no pueden permitirse no tener preparados antivirales y vacunas, una frase muy oportuna para los intereses de las farmacuticas y el pistoletazo de salida para que polticos y responsables sanitarios se lanzasen a negociar con las multinacionales el suministro masivo. La misma seora Chan que al recoger el premio Prncipe de Asturias declar: Las relaciones con las multinacionales han permitido disponer de vacunas gratis para pases subdesarrollados. Relaciones peligrosas las de un organismo pblico como la OMS con las empresas privadas, y dudo mucho que hayan sido gratis.

Manuel Patarroyo, descubridor de una vacuna frente a una enfermedad que causa 500 millones de casos al ao y dos millones y medio de muertos, deca con amargura: No deb entregar la patente de la vacuna de la malaria a la OMS, porque est controlada por las farmacuticas, y si esto es as, nuestra salud no puede estar en esas manos y la prxima crisis no puede ser gestionada por esta gente, sino por una institucin de probada independencia econmica y organizativa de las multinacionales.

La industria farmacutica es, aparentemente, la gran vencedora en esta crisis, con 412 millones de euros de ganancias netas para Novartis, 750 para Sanofi y 2.500 para Glaxo slo en vacunas. Si sumamos lo gastado en Tamifl, mascarillas, gel hidroalcohlico de limpieza, congresos, reuniones de expertos para establecer protocolos, personal para dispensar vacunas... el costo puede ser mareante, y todo ello ha sido pagado con dinero pblico.

Aqu se ha perpetrado un atraco a nivel planetario. Se han dado a las multinacionales miles de millones, que eran necesarios para mejoras sanitarias, ahorrados por los trabajadores durante muchos aos. En plena crisis econmica y mientras los sindicatos denunciaban que se regalara dinero pblico a los bancos, se estaba cometiendo un saqueo solapado a los trabajadores sin ninguna protesta. Slo en el Estado espaol se calcula un gasto mayor a 350 millones de euros que habr que detraer de otros gastos en una sanidad que ya es muy deficiente.

Slo Cuba y Polonia se han salido del guin negndose comprar una vacuna que no estaba testada. La ministra polaca de sanidad pregunt en el Parlamento por qu, si era tan eficaz, los laboratorios se negaban a hacer una demostracin y exigan quedar exentos de responsabilidad en caso de efectos secundarios indeseables, y nadie le respondi.

Los franceses adquirieron 94 millones de dosis pero no pudieron colocar ni cinco, por lo que Bachelot, ministra de Sanidad, perdi los papeles y amenaz con tomar represalias contra los sanitarios que se negaban en masa. Ahora, ante el escndalo, han decidido rechazar 50 millones y vender el sobrante a Qatar y Egipto, pero quin compra entradas de reventa para un partido que no interesa a nadie? Los espaoles compraron 37 millones para evitar las 8.000 muertes que segn la ministra Jimnez iban a producirse, y tampoco han podido colocar ni cinco, las cuales, segn parece, han sido muy eficaces, pues no han llegado a 300 los fallecidos en el estado ni a 15 en Euskal Herria. Probablemente menos que los muertos en accidentes domsticos en el mismo periodo.

Osakidetza inicia el curso con tratamientos de Tamifl, guardados bajo llave para uso ambulatorio estricto. En octubre recula y decide que, ante el poco uso, se expenda tambin en farmacias, pero eso s, con receta. Adquiere 500.000 dosis para iniciar la vacunacin a principios de noviembre, pero por presiones de la Sra. Jimnez la retrasan hasta el 16 (para no diferenciarse del resto del Estado), cuando ya era evidente que la curva epidmica iniciaba su descenso. Ante los escasos voluntarios, deciden ampliar los grupos de riesgo y vacunar tambin en las crceles y residencias de ancianos, cuando es sabido que los mayores de 65 tienen memoria inmunolgica por un virus circulante hace 50 aos y que no precisan de vacuna. Deslizndose por la pendiente, deciden enviar cartas personales invitando a vacunarse a pacientes que para nada eran candidatos. Desesperados, junto a la nmina de noviembre el Director General de Osakidetza nos manda a todos los trabajadores una carta que finaliza: consciente del inestimable valor que tu ejemplo tiene sobre nuestros pacientes, te animo a que optes por la prevencin contribuyendo a interrumpir la posibilidad de transmisin a stos, cuya traduccin es: ya que te pagamos la nmina, haznos el favor y vacnate. Y con todo ese esfuerzo, confiesan haber puesto 96.000 dosis.

Es seguro que entre polticos y gestores hay gente honrada, pero tambin es seguro que hay mucho incompetente y mucho corrupto, y que hemos llegado a una situacin en la que resulta muy difcil distinguir a unos de otros. Pero lo peor es que aqu nadie pide responsabilidades y nadie dimite. Se pueden ir miles de millones por el sumidero, que nadie se responsabiliza, porque la oposicin no ejerce, los sindicatos no estn y la sociedad plcida esperar otros cuatro aos para votar a los mismos.

Pero hay gentes que viajan por Internet, que buscan informacin alternativa, que hablan en la cuadrilla, que practican el boca-oreja. Hay gentes que no son capaces de enfrentarse y pedir responsabilidades, pero tampoco estn dispuestas a poner el brazo para que les inyecten una vacuna apenas contrastada para evitar una enfermedad que no es tal como cuentan. Estas gentes han dado una extensin planetaria de la insumisin. Por primera vez un engao ha sido percibido como tal por la inmensa mayora de la poblacin y millones de personas de toda condicin y cultura en todo el mundo han reflexionado sobre su salud, se han parado a pensar y han dicho no. Quiz por primera vez han tomado una decisin meditada y contraria al discurso oficial.

La OMS, las multinacionales farmacuticas, polticos y expertos sanitarios se estarn preguntando qu ha fallado. Se han hecho con el dinero, s, pero han quedado tocados para la prxima. Porque esta insumisin colectiva es, adems de una alegra, una esperanza.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter