Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Usos y abusos de Hait
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-01-2010

Hait
Anatoma de una maldicin

Aurelio Alonso
Rebelin


Acabo de leer en un despacho de AP que el televangelista norteamericano Pat Robertson sentenci que sobre Hait pesa una maldicin ocasionada por un pacto con el demonio, supuestamente sellado en ritos del vud que habran precedido a los alzamientos de esclavos con los cuales se inici la revolucin de 1791 en la colonia francesa de Saint Domingue. La revolucin que conducira a la primera independencia de nuestra Amrica, consumada el 1 de enero de 1804, tras una cruenta contienda contra los ejrcitos napolenicos, contabilizada por la historia como una de las ms estruendosas derrotas de Bonaparte. Si alguna influencia tuvieron los loas del vud no fue exactamente negativa.

Pero la maldicin no vino del cielo cristiano, vino de Europa y de los vecinos del Norte: del Occidente, al que no debiramos sentir tanto orgullo de pertenecer. Era el Occidente que no poda tolerar en sus dominios una repblica nacida de una revolucin de negros esclavos y de mulatos. Es curioso que la intolerancia procediera principalmente de la antigua metrpoli: la Francia salida de la primera gran revolucin social, que le cerr los indispensables asideros econmicos, forzando adems a la nacin haitiana a pagar una indemnizacin arbitrariamente impuesta, la cual cost ms de medio siglo cancelar.

Por otra parte, actuando a modo de tenaza, la joven nacin de Amrica del Norte, nacida de la independencia de las trece colonias britnicas, se asociaba a Francia en el bloqueo de su ex colonia. El novedoso experimento poltico, admirado por tantos europeos liberales de la poca, iba a mantener el rgimen de trabajo esclavo en el centro de su economa durante medio siglo ms; Hait no cuadraba en su entorno cercano. Es decir, que los dos pases ms representativos de la avanzada de la modernidad no vacilaron en estrangular las rutas de asentamiento a la primera repblica que se emancipaba en la Amrica realmente colonial.

Muchos aos despus, a principios del siglo XX, en el contexto ya de su expansin de poder en la regin, los Estados Unidos completaron la tarea pendiente en Hait con una ocupacin militar que dur cerca de treinta aos (1915-1934), dejando el pas materialmente desolado y en manos de una dictadura sui generis: la dinasta de los Duvalier. Paradojas de la historia: la dominacin colonial francesa haba llevado a Saint Domingue a la opulencia, en tanto la neocolonial norteamericana sirvi para perpetuar la pobreza extrema.

Me inclino a pensar que el pacto con el diablo existe, pero que no lleva la firma de Mackandal sino de quienes desde el comienzo del siglo XIX han ocupado la Casa Blanca y el palacio del Elseo. Y de banqueros y empresarios ricos y blancos de los dos lados del Atlntico.

Las masas haitianas, empobrecidas a extremos que rebasan cualquier explicacin histrica racional, se lograron sacudir la dictadura duvalierista en 1986, para caer de nuevo en un torbellino de inestabilidad muy difcil de afrontar. Sujeto siempre al lastre de lo arcaico, denominador que engloba, en la comprensin de la realidad haitiana, a los factores econmicos, polticos y culturales que comprimen las posibilidades de hacer viable un proyecto social que responda a las potencialidades y los intereses de la nacin.

Un Hait superpoblado, de tierras agotadas y campos deforestados, con el setenta y ocho por ciento de su poblacin bajo la lnea de pobreza, un producto per cpita que no llega a 400 dlares anuales, clasificado en la posicin 146 segn el ndice de desarrollo humano calculado por las Naciones Unidas, es el pas maldito cuya capital ha sido castigada con el brutal terremoto del 12 de enero de 2010.

El conteo de las vctimas mortales del terremoto va a ser muy alto, tal vez imposible de fijar con exactitud. El de las vctimas quehan sobrevivido va a ser mucho mayor. Pero el de las vctimas de dos siglos de opresin imperial es descomunal. El panorama de Puerto Prncipe arrasada por el sismo es siniestro. Pero no hay que olvidar que el panorama antes del sismo tambin lo era. Solamente con menos demoliciones y sangre en la calle. Eso es precisamente lo que hace mayor la desolacin del pueblo haitiano ante esta desgracia.

La tragedia provocada por el huracn Katrina en Nueva Orlens en 2006 mostr los niveles de desamparo que poda sufrir la poblacin humilde en una ciudad del pas ms opulento y poderoso de la Tierra. Los sobrevivientes del Katrina han debido purgar tambin su maldicin. Si nos guiamos por ese antecedente, qu pueden esperar las vctimas haitianas de esta catstrofe natural?

Ahora habr que concentrarse en salvar vidas de todos los impactados por los escombros. Dnde escombrear en una ciudad que ya estaba en ruinas antes del desastre? Se hace urgente garantizar la alimentacin de las victimas ahora impedidas. Y la del resto de la poblacin sumida en la miseria, que tambin carece de medios? Se necesita reponer progresivamente la perdida de techo a los que han quedado sin abrigo. Y el techo de los cientos de miles que duermen en las calles habitualmente? Cules van a ser las prioridades constructivas? Reconstruir el palacio presidencial -el edificio ms bello y emblemtico de la capital haitiana- o levantar espacios de alojamiento para la poblacin? Si fuese la Casa Blanca la arrasada no creo que sus inquilinos hubieran quedados tan desprovistos como las vctimas del huracn Katrina.

De donde van a salir los recursos para hacer frente a la restauracin de Puerto Principe? Sabemos que seguramente de la solidaridad de gobiernos y pueblos hermanos, instituciones de la sociedad civil, seguramente. Y el mundo del capital transnacional qu va a poner? Cunto van a aportar Carlos Slim, William Gates, Warren Buffet, Georges Soros, lvaro Novoa, Lawrence Elliot y otros acaudalados personajes? Habra que dirigirse a los que se han beneficiado de las formidables inyecciones de dinero que Wall Street y la City recibieron para afrontar la crisis financiera. No basta con el esfuerzo de Critas Internacional, de otras instituciones benficas y de los pases amigos latinoamericanos, perifricos todos, para ayudar al pueblo haitiano a afrontar una catstrofe de tales magnitudes.

Y al despacho oval, donde ahora se sienta un afroamericano -como gustan decir para creer que la discriminacin ha sido superada- quien podra compensar toda la discriminacin que el Estado de la Unin impuso a la primera repblica latina en independizarse en Amrica, por el slo hecho de haber sido forjada por esclavos negros y mulatos que decidieron no seguir oprimidos por los colonos franceses.

Ser posible conseguir lo necesario tocando a esas puertas?

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter