Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-01-2010

Tiempos violentos

Sergio Job
Rebelin


Hay ciertas seales, nada alentadoras; el viento trae un leve sonido a redoblantes previos a la batalla. Claro que como no son ms que seales tenues, indicios solamente, podemos ignorarlas y continuar como si nada estuviera pasando; tambin podemos empezar a prestar atencin y estar un poco ms atentxs y pendientes de lo que pasa a nuestro alrededor. Por lo pronto, slo es oportuno decir, que hay ciertos movimientos inquietantes en la regin, que hacen que uno pare las orejas, agudice los sentidos y est ms alerta que hasta hace poquitito, donde todo estaba ms o menos igual.

La dcada parece haber empezado con un intento del imperialismo y las oligarquas locales (control meditico mediante) de retomar la agenda poltica de la regin. Si bien, exceptuando Venezuela, Ecuador y Bolivia, no existen gobiernos que se propongan poner un freno al imperialismo yanqui, tambin es cierto y es justo reconocerlo, no son las mismas relaciones las que establecieron los gobiernos de la regin en la dcada pasada, a la poltica de relaciones carnales que impulsaron los gobiernos latinoamericanos en la dcada de los noventa, cuando el consenso de Washignton y la cada del muro.

Las relaciones que entablaron los gobiernos de la regin, favorecidos por los precios internacionales de las materias primas y el petrleo que les permitieron cierta autonoma econmica, fueron de intentar cierto trato ms digno por parte de los patrones del norte. No cuestionaron la deuda (incluso en el caso del gobierno argentino, con la negociacin de la quita se reconoci y pag gran parte de la deuda externa ilegtima, como tambin lo hizo el Brasil de Lula), no tuvieron medidas que intentaran cuestionar la estructura econmica profundamente injusta de nuestros pases, no solucionaron ninguno de los problemas ms elementales de nuestros pueblos (acceso al agua potable, distribucin de tierras, trabajo, comida, salud, educacin), mantuvieron planes econmicos profundamente conservadores (lase, neoliberales), en definitiva nunca cuestionaron la relacin patronal misma, la dependencia y sumisin econmica, cultural, poltica y militar de la regin hacia el imperialismo.

Y no es que no se comprenda o estime las pocas medidas progresistas que tomaron estos gobiernos, sino que simplemente, si no se toca la estructura econmica de nuestros pases, donde se asienta el gran capital y el imperialismo (que es lo mismo, salvo raras excepciones), el resto es pan para hoy y hambre para maana, y esa estructura es la que no se toc.

El ejemplo ms claro es la ley de medios audio-visuales en Argentina, o incluso el juzgamiento a los militares asesinos de los setenta. Quin garantiza que ambas medidas, indudablemente progresistas, no puedan revertirse en el prximo gobierno conservador? Dnde est la base social que sostendr esas medidas? Tiene el gobierno una base popular movilizada que pueda apuntalar y mantener estos triunfos? Nunca estuvo en la agenda del gobierno argentino crear su propia base social progresista organizada. Por qu? Y sin lugar a dudas el oficialismo le teme ms al pueblo organizado y movilizado que a la oposicin conservadora. Un claro ejemplo de esto es no slo la inaccin en la construccin de un movimiento popular, sino el avance inmenso, en materia de represin a la pobreza y a la protesta social que se realiz en esta ltima dcada en el pas, con ley antiterrorista y un incremento descomunal de las fuerzas policiales de por medio.

Pero volviendo a la regin, a Nuestra Amrica. Luego de una primavera progresista, el gigante del norte volvi a poner sus ojos en el patio trasero y comenz a acomodar las cosas. Necesita la casa en orden para seguir invadiendo pases y masacrando pueblos en Medio Oriente y alrededores. As sucedi, de buenas y primeras en Honduras. Golpe de Estado militar para deponer a un tibio gobernante de un pueblo que se anim a sumarse al ALBA. Pecado imperdonable de Zelaya, el de sumarse al ALBA y el de intentar darle ms protagonismo al pueblo en las decisiones que lo afectan directamente. El pueblo, ese fantasma colorido y alegre que produce bipolaridad en los que mandan, que los hace oscilar entre el desprecio y el pavor. Un golpe quirrgico, un golpe arreglado (como todos los golpes en Centroamrica) entre whiskys y sonrisas aduladoras en la embajada yanqui en el pas en cuestin. Pero cuando crean que todo estaba dicho result que no, que el pueblo hondureo, con una enorme dignidad, luego de muchos meses sigue en las calles resistiendo de manera masiva, contundente. La situacin que crean poder descomprimir con unas elecciones fraudulentas desde su convocatoria hasta su resultado, sigue trabada. Pueblo obstinado que parece encapricharse en no aceptar el lugar de mano de obra barata de algunas familias de la oligarqua local gerentes del imperialismo yanqui.

Pero no es slo Honduras. La situacin es regional, y los planes para recuperar la agenda poltica tambin. As Paraguay, Per, Colombia, Venezuela, Cuba y Argentina no estn al margen. Como el hilo siempre se corta por lo ms fino, la situacin ms preocupante en estos momentos es Paraguay. All, la presidencia est en manos de un ex-obispo carismtico que, tras ganar las elecciones al omnipresente Partido Colorado (para quien nunca estuvo en Paraguay es imposible imaginar el poder que tiene el partido que supo sostenerse en el gobierno tanto con las dictaduras como con la democracia durante sesenta y un aos) moder considerablemente su discurso y trat de hacer pactos con quien quisiera hacerlo para garantizar la gobernabilidad, esa mediocre expectativa de los gobiernos mediocres.

Lugo comenz a hablar de la poltica del agujero del poncho, mantenerse siempre al medio, y con esto empez a esfumarse lo que podra haber sido una verdadera revolucin democrtica en el Paraguay. Los aires de esperanza que se respiraban en ese comienzo de 2008 cuando asume la presidencia Lugo empiezan a enrarecerse, y comienzan a ponerse en accin todo tipo de maniobras por parte de las fuerzas conservadoras (incluidas el Partido Liberal que acompa al ex-obispo en las elecciones y logr casi todos los escaos que arrastr el voto por el cambio, donde slo una banca fue para el movimiento de izquierda moderada Tekojoja). Sin estructura poltica, sin base social organizada, salpicado por distintos escndalos, Lugo comienza a quedarse slo y sin capacidad de accin poltica. En ese momento, en lugar de apoyarse en las organizaciones sociales y el movimiento campesino, que representan lo ms dinmico de la sociedad paraguaya, Lugo sigui insistiendo con su poltica moderadamente conservadora del statu quo. Las respuestas por derecha y por izquierda no se hicieron esperar.

La derecha con la prensa, el congreso, el poder judicial, el ejrcito y el imperialismo (tanto yanqui como brasilero), es decir, con el mismo poder de siempre, comenz a jugar fichas cada vez ms fuertes. Del otro lado, toma visibilidad el EPP (Ejrcito del Pueblo Paraguayo) que comienza a realizar acciones militares exitosas que tienen repercusin. Los terratenientes responden planteando abiertamente la necesidad de generar sus propias guardias armadas, una amenaza slo discursiva, ya que estos grupos paramilitares existen desde antes, desde mucho antes, para frenar la toma de tierras que los movimientos campesinos paraguayos vienen realizando desde hace mucho tiempo. Ese es el pantano paraguayo hoy, de un lado la derecha con todas las herramientas que tiene a mano orquestando la salida anticipada de Lugo del gobierno (lase, golpe de Estado), y del otro, si bien por separado, una guerrilla que toma cada vez ms visibilidad y realiza acciones militares cada vez mas osadas, y los movimientos campesinos y sociales que siguen esperando (y actuando) que se avance en la solucin de los problemas de fondo del pas, principalmente la justa reforma agraria. Rosa Luxemburgo supo decir que no se puede mantener el 'justo medio' en ninguna revolucin. La ley de su naturaleza exige una decisin rpida: o la locomotora avanza a todo vapor hasta la cima de la montaa de la historia, o cae arrastrada por su propio peso nuevamente al punto de partida. Y arrollar en su cada a aquellos que quieren, con sus dbiles fuerzas, mantenerla a mitad de camino, arrojndolos al abismo. Entre el justo y digno apuro de unos, de los de abajo, y el siempre puntual egosmo y odio de los de arriba, se encuentra el pantano llamado Paraguay, que lamentablemente cada vez rima ms con guerra civil.

Pero si bien Paraguay es lo urgente, no es el todo. Por el contrario son muchas las seales preocupantes que podemos rpidamente enunciar: en Chile el posible giro al pinochetismo en las prximas elecciones (sera una mentira decir a derecha, ya que la Concertacin puede decirse que nunca tuvo polticas siquiera progresistas) y la guerra abierta y franca que mantiene el Estado con las comunidades mapuches que con toda justicia reclaman su autonoma. En Per los violentos enfrentamientos entre comunidades originarias y las fuerzas represivas del Estado al norte, el resurgimiento de algunas unidades de Sendero Luminoso hacia el centro y sur del pas, y la polarizacin del pueblo peruano en general, que se expresarn de algn modo en las prximas elecciones nacionales. En Colombia el cambio en la estrategia poltico-militar de la guerrilla para salir del aislamiento (incluido la firma de tratado de paz entre las guerrillas FARC-EP y ELN, un intento de reorientar su relacin con la sociedad civil y los movimientos sociales, y una reorganizacin militar de las FARC-EP) que puede ser un avance para unas fuerzas que parecen indestructible para el imperialismo norteamericano, el que aumenta su injerencia y violencia con la legalizacin de siete bases militares ms en territorio colombiano. En Venezuela donde la nueva derecha empieza a tener aire frente al desgaste lgico de las fuerzas progresistas luego de ms de diez aos de Chvez en el poder, y sobre todo frente a la burocratizacin de un aparato Estatal cada vez ms vetusto para el avance en el cambio social. Con la incorporacin de Cuba en la lista de Estados terroristas por parte del gobierno imperialista yanqui que sigue preparando el terreno para una posible incursin en territorio socialista. En Brasil con la casi segura derrota en las prximas elecciones del partido de Lula en manos de los demcratas, quienes debern gobernar un pas con movimientos sociales cada vez ms radicalizados frente a la decepcin que implic el perodo del PT en el poder. Y en Argentina con un oficialismo desgastado que no supo (ni quiso) avanzar en soluciones sociales de fondo, y una oposicin conservadora cada vez ms abiertamente fascista, quienes intentan dicotomizar el mapa poltico, disputndose un electorado cada vez ms harto de culebrones, por un lado; y por otro, un tercer arco que abarca a unas tmidas fuerzas progresistas y de izquierdas con alguna experiencia acumulada luego del 2001, que si bien muy dispersas y con variadas posiciones irreconciliables en muchos casos, comienzan a ganar fuerza en las bases sociales tanto territorialmente como en el movimiento obrero, y que de alguna manera tambin se expresa en la visibilidad que electoralmente toman las opciones menos radicalizadas de este fenmeno, como Proyecto Sur y lo que supo ser la izquierda del kirchnerismo; as, el mapa argentino es sumamente complejo e incierto.

Esta foto, a todas luces incompleta y muy superficial, permite sin embargo, comenzar a oler cierta polarizacin social y poltica que difcilmente pueda resolverse sin enfrentamientos abiertos entre las fuerzas que desde siempre estn en pugna en Nuestra Amrica, es decir, las oligarquas y el imperialismo de un lado, cada vez ms fascistas y violentos, y el bajo pueblo, lxs trabajadorxs y el campesinado del otro, queriendo avanzar en la construccin de un futuro ms digno y libre para todxs.

Es la intencin de este escrito que se tome nota, que si bien son, a grandes rasgos, las mismas fuerzas de siempre las que se estn enfrentando en el periodo que se abre, y todo parece estar mas o menos igual que el ltimo tiempo, son la intensidad y la calidad de las fuerzas en pugna las que se estn modificando, y eso exige un reacomodamiento de las estrategias y tcticas polticas por parte de las organizaciones y movimientos sociales y polticos que damos la disputa desde abajo y a la izquierda. Y exige tambin prepararse para disputar polticamente el corazn y la cabeza de las grandes mayoras de nuestros pueblos que empezarn a sentirse incmodos ante el simbronazo que puede moverles la silla desde la que miran televisin o esperan el trabajo que no llega. La organizacin y el aprendizaje de las experiencias histricas es hoy nuestra tarea fundamental, y dentro de ella insistir en los tiempos, entender qu quiere decir acompaar (ni delante solxs, ni detrs lejos) las organizaciones polticas de abajo tenemos ante nosotrxs el gran, inmenso desafo, de saber manejar los tiempos, sino siempre, por veloces o por lentos, esos tiempos violentos se escriben con nuestra sangre, y algunxs creemos que ya fue demasiada. Si se riega de sangre nuevamente el continente, que sea para nuestra segunda y definitiva independencia.

Rebelin ha publicado este artculo con permiso del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter