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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2005

Una visin desde los grandes diarios argentinos
El clientelismo

Pablo Jos Torres
Rebelin


Introduccin

Los medios masivos de comunicacin inciden en la opinin de amplias capas de la sociedad. Sus afirmaciones son repetidas, comentadas o incorporadas a la vida cotidiana de numerosos ciudadanos que no suelen analizar crticamente el mensaje recibido. As lo que un medio manifiesta puede transformarse en una verdad revelada. "Lo le en el diario" es suficiente prueba.

El clientelismo es un fenmeno tan extendido como poco estudiado por los cientistas sociales y polticos argentinos. Sin embargo las pginas de los grandes diarios nacionales recurren a l frecuentemente, sin que tengamos certeza de su definicin conceptual. Todos aparentemente sabemos lo que es el clientelismo, aunque quizs hablemos de diferentes cuestiones utilizando el mismo vocablo.

Emilio Tenti Fanfani dice "se requiere una crtica del concepto o del uso que se hace del trmino en el lenguaje comn y en el lenguaje acadmico. El clientelismo existe en los dos mbitos... y el peligro es que la ciencia poltica adopte sin ms el trmino del sentido comn, que se usa en la lucha poltica" .

Sin pretender realizar la crtica del concepto clientelismo en estas pginas, analizaremos el uso que el vocablo clientelismo recibe por parte de los tres ms importantes diarios argentinos: Clarn, La Nacin y Pgina/12. Para eso recolectamos los artculos publicados en sus pginas de internet que mencionaron, aunque fuera en una oportunidad, el vocablo clientelismo durante un perodo de seis meses (desde 01/07 hasta 31/12/2002) y procedimos al anlisis de esa masa de artculos periodsticos para observar el tratamiento que la prensa da al fenmeno clientelar as como la vinculacin de ese trmino con otras cuestiones.

El presente trabajo se inicia con una breve explicacin de la metodologa utilizada para la recoleccin y el anlisis de los datos. Luego presentamos un apartado con el anlisis estadstico de la informacin recolectada, para pasar a un tercer punto que aborda el anlisis desde lo cualitativo, es decir nos adentramos en el uso del concepto, sus posibles implicancias y las relaciones que se atribuyen con otros trminos tambin utilizados en la lucha poltica cotidiana. Finalizamos con una serie de consideraciones surgidas a modo de conclusiones.

1. Cuestiones metodolgicas

Para la recoleccin de los datos utilizamos las ventajas que brinda la herramienta informtica. Detectamos todos los artculos que mencionaran el vocablo clientelismo, al menos en una ocasin, ya sea en los ttulos o en el cuerpo de la nota. Para obtener dichos artculos ingresamos en las pginas web de Clarn, La Nacin y Pgina/12 y utilizamos los buscadores de dichas pginas. Cada buscador brind una lista de los artculos publicados con el termino clientelismo en el perodo indicado. Con ese listado localizamos, tambin en la pgina web, el artculo correspondiente. Obtuvimos de los tres diarios una totalidad de 123 artculos.

Las 123 notas periodsticas recopiladas fueron sometidas a dos procesos de anlisis. El primero, de tipo cuantitativo, donde verificamos tres cuestiones principales:

a) la seccin del diario en que aparecieron,

b) el tema con el que relacionaban al clientelismo, y

c) el autor de la nota.

Luego de ese anlisis, tendiente a dar indicios del tratamiento que al tema clientelismo le conceden estos diarios, estudiamos el contenido de las notas, buscando relaciones con otras temticas (la poltica, la ayuda social, la economa, etc.) y tratando de detectar los supuestos subyacentes a la utilizacin del trmino en el contexto de cada nota. Para ello lemos reiteradamente el material recopilado, mediante la tcnica de anlisis de texto. Estas lecturas y relecturas permitieron relacionar cuestiones, las que se registraban en un instrumento previamente elaborado. En ese registro tuvimos en cuenta los siguientes aspectos:

estructura del clientelismo: caracterizacin de la red, actores y sus relaciones

el intercambio: lo intercambiado, momentos y procedencia

aspectos subjetivos de la relacin clientelar

estereotipos relacionados con el clientelismo:

a) favores por votos, sirve para ganar elecciones y slo los pobres son clientelares

b) aspectos relacionados con el concepto de clientelismo

c) la relacin de clientelismo y la poltica partidista

d) la relacin del clientelismo y la ayuda social

e) la relacin de clientelismo y corrupcin

f) los planteos presentados como tiles para evitar el clientelismo.

As, a partir de los registros de cada uno de los aspectos mencionados y retornando a las notas periodsticas, realizamos el anlisis cualitativo de las noticias que incluan el trmino clientelismo en su redaccin.

2. Anlisis cuantitativo

El Diario La Nacin es el ms afecto a utilizar el trmino clientelismo en sus pginas. Supera ampliamente a los otros dos matutinos. Mientras La Nacin escribi el vocablo clientelismo en 65 de sus artculos publicados entre el 01/07 y el 31/12/2002, Clarn y Pgina/12 lo hicieron en menos de la mitad de veces, exactamente en 29 notas cada uno de ellos. As los redactores, columnistas y editores de La Nacin aparentemente tienen ms tendencia a referirse al clientelismo que sus colegas de los otros dos diarios.

En qu secciones del diario aparecieron las notas?. En este punto los tres medios concuerdan: las publicaron mayoritariamente en la seccin de poltica nacional, marcando el primer indicio para el anlisis: el clientelismo tendra que ver con la poltica de nuestro Pas.

De los 123 artculos que analizamos 100 fueron publicados en poltica nacional. Los 23 restantes se distribuyeron de la siguiente forma: 6 en internacionales, 9 en economa, 4 en cultura y 4 en educacin (ver grfico 1).

Podramos pensar que la tendencia a utilizar el vocablo clientelismo no tendra tanto que ver con una decisin del medio, sino con cuestiones relacionadas con las personas que escriben los artculos. No obstante encontramos que el vocablo clientelismo aparece tanto en notas editoriales, de opinin, noticias firmadas por los periodistas o notas sin firma.

En este sentido encontramos 42 notas firmadas por los periodistas que incluan el trmino clientelismo, 31 notas sin firma, 21 artculos de opinin, 15 editoriales, 12 reportajes y 2 cartas de lectores con la mencionada caracterstica. Lo cual indica que desde los lectores que escriben cartas hasta los editorialistas de los tres grandes medios recurren al vocablo clientelismo aplicndolo a algn aspecto de la realidad (ver grfico 2).

El aspecto ms interesante del anlisis cuantitativo de las notas tiene que ver con el tema con el cual las notas relacionan al clientelismo en su redaccin. Vimos que la seccin de los diarios en las que el clientelismo recibe ms menciones es la de poltica nacional, lo cual da una primera pista, fortalecida en esta parte del anlisis.

As, sin hallar mayores diferencias entre los tres diarios, encontramos que el 58 % de los artculos (72 notas) relacionan al clientelismo con la poltica. Un 35 % (43 notas) mencionan al clientelismo como relacionado con la ayuda social. Luego, con una frecuencia mucho menor, aparecen un 4% (5 notas) que lo relacionan con la universidad, un 2 % (2 notas) con la cultura, y un 1 % (1 nota) con los sindicatos. Llamativamente no encontramos ninguna mencin que relacione la temtica del clientelismo ni con empresas ni con empresarios (ver grfico 3).

Resumiendo, el hallazgo de esta primer lectura, reducida a lo estrictamente cuantitativo, tiene que ver con que los lectores de La Nacin, Clarn y Pgina/12 encuentran al trmino clientelismo en un contexto que lo relaciona principalmente con la poltica argentina. Si entendemos que la ayuda social es una prctica poltica , veremos que la casi totalidad de los artculos (el 93 % de ellas) aparece en un contexto vinculado a la poltica partidaria o la ayuda social. Este primer indicio ser de mucha utilidad para contrastarlo durante el anlisis cualitativo.

3. Anlisis cualitativo

En este apartado iniciamos el anlisis a partir de los puntos sealados en la descripcin de los aspectos metodolgicos del trabajo. Desarrollaremos cada uno de los puntos, a partir de la mirada que le otorgan los tres grandes diarios nacionales y, en ocasiones, problematizando esa mirada, con interrogantes que surgen de la lectura.

3.1. La estructura del clientelismo

Los diarios dan indicios firmes sobre la existencia de estructuras vinculadas al clientelismo, aunque no siempre las califican como tal. S hacen referencia clara a los actores del clientelismo, los califican con trminos que dan idea de una estructuracin precisa y sealan algunos tipos de relaciones bsicas entre los actores.

Cuando mencionan a los actores son claros. Javier Auyero seala como actores participantes de una red clientelar a patrones, mediadores y clientes. Los tres diarios, sin nombrarlos de esa forma, tambin se refieren a ellos. El actor a que ms se refieren, otorgndole funciones de patrn, es un poltico, llmese gobernador, intendente o legislador. Los polticos son, para los medios, quienes mantienen la red clientelar, y frecuentemente los denominan caudillos, adjudicndoles caractersticas propias de una personalizacin vinculada con la proteccin paternalista. En este sentido Santiago del Estero es el paradigma que los medios presentan. Ven a su ex -gobernador, Carlos Jurez, como un caudillo: "los ciudadanos piensan que si Jurez no les resuelve las cosas no hay quin les garantice que se vayan a resolver", lo que se vincula con una oposicin limitada a la poltica electoralista. El gobernador resuelve problemas y protege a su pueblo, atributos bsicos de todo patrn clientelar.

Otros patrones que aparecen en la lectura de los diarios tambin estn vinculados a la poltica. Aunque no necesariamente sean gobernantes o legisladores, manejan cuotas de poder. Hay quienes identifican como patrones a los sindicalistas, a los lderes piqueteros o a los miembros de las universidades (puntualmente de la Universidad de Buenos Aires) otorgndoles caractersticas similares a las de los polticos partidistas.

La estructura de una red clientelar est encabezada por un patrn, que a su vez delega su acciones en los llamados mediadores (brokers). Qu es un mediador?. "Los mediadores no son slo intermediarios sino figuras cardinales en la produccin y reproduccin de una manera 'especial' de distribuir bienes, servicios y favores, en la articulacin de un 'lazo de amor' imaginario -una ideologa implcita- que relaciona a los mediadores y los as llamados 'clientes'. El clientelismo y la relacin broker-cliente se convierten en performances ceremoniales; performances en las que los actores 'desempean roles particulares, y su comportamiento puede verse conteniendo una gran variedad de significados y mensajes'". Los medios, a pesar de su importancia, casi no se detienen en los mediadores. Apenas mencionan casos puntuales como las "manzaneras" de Chiche Duhalde en la provincia de Buenos Aires o "las mujeres de Nina", la esposa de Jurez en Santiago . Las nicas estructuras de intermediacin mencionadas por los diarios estn compuestas exclusivamente por mujeres. Otros mediadores, mencionados al pasar, son familiares y amigos de legisladores o los llamados "punteros polticos". Un sacerdote define a los punteros bonaerenses como "los que representan al duhaldismo en los barrios. Muchos de los subsidiados sirven en sus casas o trabajan levantndolas". Les otorga caractersticas de representante del patrn y los califica como personas que obtienen provecho personal de parte de los clientes. En sntesis, si bien los medios reconocen la existencia de los mediadores les adjudican muy poca importancia, con lo que pierden de vista un aspecto que complejiza el fenmeno clientelar y contribuyen a limitarlo al estereotipo de "favores por votos".

Para los tres diarios los clientes estn bien definidos. Si uno tomara contacto con la realidad slo a travs de los diarios pensara que el nico sector social que mantiene relaciones clientelares con el poder son los pobres. Bsicamente, al hablar de clientelismo se refieren a una relacin entre poltico y pobre. Excepcionalmente algunos artculos mencionan a otros dos tipos: los estudiantes, clientes de los centros en las Facultades, y los empleados pblicos, clientes de la poltica para cuidar su empleo. Vale decir que ambos grupos, estudiantes y empleados pblicos, son tambin parte de los sectores ms dbiles de la sociedad, y a la mayora de ellos, aplicando el mtodo de Lnea de Pobreza, tambin puede categorizrselos como pobres.

El padre Meisegeier, entrevistado por Pgina/12, es el nico que describe un tipo de relacin clientelar (no caracterizada como tal) entre un grupo acomodado de la sociedad -los dueos de countries- y la poltica. Meisegeier, refirindose al problema de vivienda, cuenta: "lo plante en una reunin que arm el intendente de Malvinas Argentinas, Jess Cariglino, con las cmaras de countries. Fueron unas reuniones muy paquetas. En una de ellas habl el gerente de Tizado -una de las principales empresas de countries-, habl una ambientalista de primersima lnea, habl un espaol de los barrios cerrados en las afueras de Madrid, y habl yo. Lo mo cay mal. Demostr cmo, cuantitativamente, los efluentes cloacales de tales countries, sobre todo del Nordelta, van a la zanja de la calle. El de Tizado, a los gritos, me contest que no. "Mire, lo constatamos con el jefe de Obras Pblicas del municipio de Tigre", le dije yo. Antes, cuando llegaba la sudestada, en los barrios pobres entraba agua pero se iba rpido. Ahora, entra y se va mucho ms despacio. Por qu? Por los countries que hacen su contencin, amurallan el agua y joroban a los barrios pobres". La relacin countries-estados municipales aqu descripta sin duda alberga aspectos propios de una relacin clientelar.

Dijimos que los medios brindan indicios de la existencia de cierta estructura en las relaciones clientelares. Observemos la caracterizacin que hacen de ella. Los trminos utilizados en las notas son reveladores: ejrcito, aparato, aceitada maquinaria, estructura, red y trama. La secretaria de Promocin Social portea describe al clientelismo poltico como una trama "que se sostiene en el reparto de alimentos", dando idea de cierto tipo de organizacin, sustentada en un intercambio.

Clarn comenta sobre las manzaneras: "fueron elogiadas por su trabajo y criticadas por estar asociadas a algunas de las prcticas ms espurias de la poltica: el clientelismo. Pero sobre todo, fueron las que le dieron a Hilda 'Chiche' Duhalde un sello propio. Son las manzaneras, el ejrcito de ms de 42 mil mujeres que ella arm para distribuir ayuda social". Una acepcin del trmino ejrcito es: "gran multitud de soldados unida en un cuerpo al mando de un general". Viene bien para acercarse a las connotaciones de su uso para definir el clientelismo. Sin siquiera pensar en sus connotaciones militaristas, un ejrcito da idea de disciplina, de lealtad, de subordinacin a los superiores, incluso, en Argentina, de obediencia debida. Ser as el "ejrcito" de manzaneras?. Tendrn relaciones militarizadas con los pobres a quienes asisten?. O la relacin militarizada sera entre ellas y Chiche Duhalde?.

En La Nacin, describen a otra estructura clientelar tambin como un ejrcito, pero con un elemento adicional: el temor. "La sociedad santiaguea vive -dice la cronista- sumida en el terror poltico. Los que idolatran al viejo caudillo Carlos Jurez y a su mujer, Marina Mercedes Aragons, apodada Nina, les temen y compiten por alabarlos hasta el hartazgo con el fin de no quedar fuera del crculo ntimo". El clientelismo parece, siguiendo esta lectura, sustentado principalmente por los intercambios y, si hiciera falta, por el temor. Como en los buenos ejrcitos donde los subordinados mantienen una relacin de respeto y temor hacia sus mandos.

Resta agregar otro elemento, que es tambin un estereotipo: el clientelismo es decisivo en tiempos electorales. "La influencia de su rama femenina -la de Nina Aragons- ("las quijotes con faldas", como las llama ella) no es nada desdeable. Un verdadero ejrcito de mujeres (hay 18 diputadas sobre un total de 35) distribuye la ayuda social y forja la actividad de los punteros, clave en los procesos electorales".

Cules son las relaciones establecidas por los actores, insertos en estas estructuras?. Indicamos que los medios ven temor, de los clientes hacia sus punteros o patrones. Otro tipo de relacin es la de proteccin. Al patrn clientelar lo ven como caudillo, un protector, que soluciona los problemas ningn otro -en ese contexto- resuelve. Genera miedo alguien que protege y soluciona problemas?. Seguramente lo que crea es dependencia. O sea, incapacidad para encontrar respuestas fuera de la red clientelar. Los diarios hablan de dependencia, especialmente al referirse a los empleados pblicos, quienes para mantener sus puestos laborales deben respaldar a sus patrones en la red. As el juarismo santiagueo triunf en las elecciones provinciales del 2002, gracias a que "su apuesta fue "provincializar" la eleccin, recostndose en su aparato poltico y en los empleados pblicos que tienen su sueldo al da, el 75 por ciento con pesos y el 25 restante con Lecop. El gasto pblico alcanza el 40 por ciento del producto bruto interno provincial".

El temor y la dependencia no son seguramente las nicas relaciones establecidas entre patrones, mediadores y clientes. Sin embargo, son las nicas que encontramos en una lectura atenta de los tres grandes diarios nacionales. Qu otros tipos de relaciones aparecern?. Los estudios acadmicos hablan de cuestiones vinculadas con la pertenencia de patrones, mediadores y clientes a los mismos crculos familiares, tnicos, religiosos, deportivos, lo cual permite pensar que las relaciones clientelares llevan implcitas cargas de afectividad, solidaridad, compromiso mutuo. Estas cuestiones, no obstante, no las encontramos en los artculos analizados.

3.2. Los intercambios clientelares

El intercambio es imprescindible para la existencia de clientelismo, aunque las relaciones clientelares no se agoten en l. Dijimos que los diarios presentan al clientelismo como una relacin exclusiva de pobres con polticos. Esa primer definicin fija los lmites de lo intercambiado. Los patrones aportan, segn estos medios, bsicamente alimentos, subsidios por desempleo (del tipo Plan Jefe de Hogar o Trabajar) y empleo pblico. Un columnista de Clarn afirma que el clientelismo recrudeci, basndose en un aumento del empleo pblico: "De acuerdo con estos funcionarios -dice- la industria del clientelismo poltico 'hasta cobr mayor impulso', como lo prueba el fuerte aumento del plantel de contratados en el Estado".

Otros artculos incorporan nuevos elementos intercambiados. Una ex ministra de Trabajo nacional, quien seal al clientelismo como presente en los sindicatos, marca a los beneficios de las obras sociales como parte de la transaccin. La Cmara de AFJPs dice que el clientelismo intercambia pensiones. Lo afirma en el marco de su oposicin a una reforma previsional que prev, entre otras cuestiones, un sistema de pensiones para quienes no tengan aportes. "Hoy las Administradoras de Fondos de Jubilacin y Pensin (AFJP) van a salir con los 'tapones de punta' contra la reforma previsional que impulsa el Ministerio de Trabajo. Segn las empresas de jubilacin privada, las bases de esa reforma, elaboradas por la mayora de una Comisin de Expertos en la que los representantes de las AFJP, bancos, UIA y compaas de seguros se negaron a firmarlas, tienen 'limitaciones tcnicas', no cuentan con 'clculos de proyecciones que le den sustento' y carecen 'de consenso'. Y agregan que se trata de 'un instrumento para garantizar el clientelismo poltico y por eso no debe ni puede prosperar, ni siquiera ser tenido en consideracin'". El "no puede ni debe prosperar" quizs deba leerse como ms vinculado a un beneficio empresarial que a la voluntad de terminar con el clientelismo.

Tanto en la referencia a los sindicatos como a las pensiones, slo detectamos una mencin y provino, en ambos, de personas o entidades que tienen (o tuvieron) intereses personales o sectoriales en esas reas. Lo cual si bien no invalida la opinin, le otorga un matiz cargado de parcialidad.

Esto es lo que patrones y mediadores aportan al intercambio. Qu reciben como devolucin?. Poco hablan de ello los medios, tal vez por sobrentender que se trata de apoyo electoral. Si bien algunos artculos mencionan que un gobernador gan gracias al clientelismo, las menciones al aporte de los pobres al intercambio electoral son escasas.

Javier Auyero detect que los actos polticos son momentos importantes para quienes participan de una red de resolucin de problemas . Menciona, no obstante, que la concurrencia al acto no es entendida como obligacin a cambio de la ayuda recibida. Algunos clientes fundamentan su concurrencia a actos por "gratitud" a su puntero, "colaboracin" y hasta por "entretenimiento". Dice Auyero: "desde un punto de vista alejado, el acto es visto como un producto de las cosas que se dan, y los agentes que asisten como sujetos pavlovianos que responden mecnicamente a incentivos materiales. Si tomamos en serio al punto de vista de los clientes vemos que el acto -sea este conceptualizado como colaboracin, como expresin de gratitud, o como ocasin para pasarla bien- no es un evento extraordinario sino parte de la resolucin rutinaria de problemas. No es un addenda al acto de resolver un problema, de obtener una medicina, o un paquete de comida, o -en el mejor de los casos- un puesto pblico, sino que es un elemento dentro de una red de relaciones cotidianas. Ciertamente, uno de los resultados constitutivos de esta red de resolucin de problemas es la asistencia a los actos. Pero entender a esta asistencia masiva como un mero producto de la distribucin personalizada de bienes y favores es 'una distorsin que se acerca al desfiguramiento'".

El cura y militante del MTD, Alberto Spagnolo, brinda la nica mirada que se encontr en los artculos sobre el tema del acto. Una mirada opuesta a la de Auyero. Refirindose a los beneficiarios de planes, Spagnolo afirma: "se les daba 150 pesos a cambio de lo cual barran calles y plazas. Y, cuando haba actos polticos, los metan en los colectivos para ir a aplaudir y gritar. Al que no iba le retiraban el subsidio" .

El otro aporte de los pobres al intercambio con sus patrones y mediadores mencionado por los medios es la participacin en saqueos. Un artculo, aparecido en La Nacin, muestra las diferencias entre saqueos argentinos y uruguayos. Los saqueadores argentinos que terminaron con De La Ra -dice la nota- actuaron movidos por punteros polticos, en el marco de relaciones clientelares. "En el Gran Buenos Aires -dice el corresponsal en Montevideo- era evidente la presencia de hombres adultos, presumiblemente vinculados con punteros polticos. Los uruguayos destacan que aqu la ayuda social no est vinculada con el clientelismo partidario como ocurre en la Argentina". Aparentemente ciertos clientes "devolvieron" con saqueos los favores recibidos.

En sntesis, de la lectura de los tres diarios, extraemos que los intercambios pasan principalmente por ayuda social a los sectores desprotegidos de la sociedad, sea en la forma de alimentos, subsidios, empleo pblico, pensiones, beneficios de obras sociales, etctera. Los clientes aportaron al intercambio: votos, presencia en los actos partidarios y participacin en los saqueos previos al 20 de diciembre. Pronto veremos que el intercambio, condicin sine qua non del clientelismo, no es el nico aspecto que juega en una relacin clientelar. En ese sentido, los medios analizados contemplan los aspectos que exceden la transaccin?.

Si los mediadores son "figuras cardinales en la produccin y reproduccin de una manera 'especial' de distribuir bienes, servicios y favores, en la articulacin de un 'lazo de amor' imaginario -una ideologa implcita- que relaciona a los mediadores y los as llamados 'clientes'" , los momentos propios de los intercambios sern aquellos en que esa "manera especial de distribuir" -el "lazo de amor imaginario"- cristaliza. No obstante del anlisis de los diarios Pgina/12, Clarn y La Nacin no surgen referencias al momento del intercambio. No encontramos descripciones ni comentarios sobre esos instantes en que se construye, entre mediador y cliente, una relacin que excede largamente la transaccin. Aparentemente, esta situacin pas totalmente desapercibida para los medios y, por lo tanto, no ser adecuadamente justipreciada por los lectores.

Falta conocer el origen de los aportes de los patrones al intercambio. Cul es el origen de los recursos volcados al clientelismo?. La respuesta es clara: el Estado. Es unnime la referencia al Estado, en cualquiera de sus niveles, como aportante de los recursos que luego van al intercambio. Y esto es lo verdaderamente grave, ya que los recursos del Estado no debieran distribuirse discrecionalmente. Utilizar bienes pblicos para establecer relaciones personalizadas, sin respetar derechos ciudadanos, transforma al clientelismo en una prctica sumamente condenable.

El director de la ONG Article 19, entrevistado por Pgina/12, da su interesante visin. "El clientelismo -dice Puddephartt- es un elemento que est en la raz de la crisis. El control del Estado en este sistema poltico se usa para distribuir recursos a favor de los clientes. La poltica no es una competencia ideolgica de ideas acerca del tamao del Estado, o acerca del nivel de beneficios o bienestar social que se pagar segn lo determina una plataforma poltica tradicional de izquierda o derecha. Sin esto se convierte en un conflicto de grupos de patrones, entre los que pueden tomar control del Estado para distribuir los recursos" . De esta forma el Estado se convierte en botn de guerra utilizado para el clientelismo. Natalio Botana, desde La Nacin, coincide: "hasta cundo el gobierno nacional puede darse el lujo de permitir que en algunas provincias un clientelismo irresponsable dilapide recursos escasos destinados a combatir la miseria?.Sabemos que esta pregunta no tiene respuesta fcil, pues juegan en ellas la deficiencia de nuestras burocracias y las facciones partidarias que insisten en capturar los recursos pblicos como cosa propia. De todos modos, estas cuestiones revelan la endeble legalidad democrtica (segn algunos, decrpita e insignificante) con que tenemos que hacer frente a esta tormenta". Botana introduce un tema vital al plantear que el clientelismo y su buena salud son un indicio de una democracia endeble.

3.3. Los aspectos subjetivos de las relaciones clientelares

Hemos repetido que la relacin clientelar no se reduce a una transaccin entre patrones o mediadores y sus clientes, que el intercambio es un elemento imprescindible pero no todo acaba all. La relacin clientelar incluye lo que llamamos "aspectos subjetivos", que se cristalizan en la "manera especial" con que los mediadores distribuyen los recursos. Auyero conceptualiza los aspectos subjetivos como "el conjunto de creencias, presunciones, estilos, habilidades, repertorios y hbitos" que acompaan los intercambios.

Los aspectos subjetivos, al igual que el momento del intercambio, no son desarrollados por los diarios estudiados. Ambas cosas tienen estrecha relacin, ya que es precisamente en el momento de concretar el intercambio cuando se establecen estas relaciones que llamamos aspectos subjetivos.

No obstante, sin definirlos de esta forma, encontramos tres referencias a lo subjetivo de la relacin clientelar, de difcil deteccin con una lectura comn de los diarios.

El cura Meisegeier es quien, no casualmente con una visin desde abajo, diferencia el clientelismo de los punteros polticos del de las organizaciones piqueteras. "En este momento -dice el sacerdote- de mayor pobreza, es muy, muy difcil superar la clientelera poltica. Si vamos al caso concreto de los piqueteros, usted tiene tres lneas polticas: CTA, totalmente comprado con planes Trabajar o planes Jefes y Jefas de Hogar; Barrios de Pie o la Anbal Vern, menos en eso o que quieren apartarse de eso. Los piqueteros de la CCC estn en un comportamiento clientelar, pero es un modo clientelar distinto del puntero, que baja al barrio, deja la merca y se va. O que baja, saca su buena tajada y deja algo en el barrio" . Sugiere que las relaciones establecidas con las organizaciones piqueteras incluyen otro tipo de aspectos subjetivos, se mueven dentro del marco de otras creencias, estilos, habilidades, hbitos o repertorios.

Las otras dos descripciones de aspectos subjetivos encontradas se refieren al ex gobernador de San Luis, Adolfo Rodrguez Sa, y son ejemplos de un clientelismo de mayor densidad. En Pgina/12 presentan prrafos de un libro sobre "el Adolfo", donde el por entonces candidato camina en una plaza. Se acercan personas, y l les entrega dinero, tal vez simplemente para no sufrir la molestia de "aguantarlos". El otro caso es comentado por un editorial de La Nacin, que refiere un "absurdo concurso escolar organizado en la provincia de San Luis para glorificar o ensalzar la personalidad del precandidato presidencial Adolfo Rodrguez Sa". En la misma nota comentan la existencia, aos atrs de un libro de historia, que contena 17 fotos del entonces gobernador. "El inslito y ahora malogrado concurso escolar -opina La Nacin- constitua, por otra parte, un despropsito particularmente notorio en la presente instancia de crisis que vive la Repblica, necesitada como nunca de ejemplos de transparencia democrtica y, sobre todo, de un liderazgo renovado acorde con el espritu de los tiempos. Nada ms alejado de ese moderno liderazgo que este inquietante residuo de una notoria relacin clientelstica y prebendaria".

Observamos que los aspectos subjetivos de las relaciones clientelares pasan desapercibidos en las noticias que La Nacin, Pgina/12 y Clarn publicaron durante los ltimos seis meses del ao dos mil dos. Un lector imaginario no comprender, a partir de la lectura de estos medios, el fenmeno clientelar en su globalidad, sino que permanecer con una visin parcializada.

3.4. Los estereotipos

Los analistas del clientelismo ponen en discusin los estereotipos que circulan alrededor del tema. De algunos ya hablamos, por ejemplo, de su reduccin a mera transaccin de "favores por votos", o del que lo circunscribe a una "cosa de pobres". Otro estereotipo, tal vez el ms difundido, es la creencia de que el clientelismo poltico es, por s solo, suficiente para ganar elecciones. Los artculos analizados refuerzan estos estereotipos, quizs no por ser la opinin de los medios, sino porque muchas veces transmiten opiniones de actores que creen fervientemente en ellos, principalmente -tratndose de polticos- en el que habla del poder electoral del clientelismo.

En el anlisis de las notas, encontramos importantes referencias respecto del tema. Clarn anticipa que el PJ ganar seguramente las elecciones para gobernador de Santiago del Estero (2002) e implcitamente vincula lo electoral con el clientelismo: "en esta provincia empobrecida, el Estado es la principal fuente de trabajo: hay 45 mil empleados pblicos y ms de 25 mil contratados. El clientelismo poltico est en boca de todos. Jurez -85 aos, cinco veces gobernador- y su esposa, son ms ensalzados que Pern y Evita". Pgina/12 completa la visin: "el resultado est tan cantado que ni encuestas se hicieron. Esa realidad hace que estos comicios no puedan tomarse como anticipo del proceso electoral nacional. Santiago del Estero tiene una lgica amasada al calor de un poder cuasifeudal y clientelista. Una lgica elemental y efectiva: el 80 por ciento son empleados del Estado, de ese total ms de la mitad son contratados que, si quieren conservar el trabajo, tienen que votar al oficialismo. 'Los santiagueos no quieren reconocer que tienen miedo a tener miedo', sola repetir el obispo Gerardo Sueldo, histrico opositor a Jurez hasta su muerte en un accidente. 'No debemos votar usando el estmago, ni el bolsillo', advirti ahora el obispo de Aatuya, Antonio Baseotto". Una breve digresin. La cita de Pgina/12 refiere a clientelismo o a corrupcin?. El clientelismo poltico del que hablamos en este trabajo pasa por una relacin entre patrones/mediadores y clientes, dnde adems del intercambio dichas relaciones se fortalecen por la pertenencia comn a determinadas creencias, identidades, etnias, religiones, etc.. Lo que leemos de Santiago del Estero poco tiene que ver con esta cuestin, sino con la coaccin del votante, lo cual no es clientelismo poltico, es delito. Slo que acostumbramos usar el mismos vocablo con distintos significados.

En el mismo sentido, los integrantes del gobierno tucumano de Miranda parecieron atemorizados de que la ex primera dama, Hilda Duhalde, les quitase el manejo de los planes de ayuda social. "El sistema -dice Clarn- pareciera fundarse en el clientelismo poltico, que muchas veces se traduce en 'votos a cambio de los bolsones con comida'. El temor de los mirandistas es que la primera dama les quite el manejo de los programas sociales. Estar 'Chiche' dispuesta a llevar las cosas a ese extremo? O buscar un arreglo que permita la sobrevida del sistema? Cmo deber reaccionar ste frente al desafo? En manos de quines quedarn los bolsones? Son las preguntas que hoy se hacen todos los mirandistas". La pregunta que seguramente ms preocupaba a los mirandistas sera, si nos quitan los planes, cmo ganaremos las elecciones?. De nuevo, el uso de la ayuda social en beneficio poltico es propio del clientelismo, pero en el marco de nios muriendo por desnutricin comienza a abandonar la figura de clientelismo para ingresar en la mera corrupcin. Igualmente los mirandistas tienen la conviccin de que con planes sociales se ganan elecciones, o sea el clientelismo junta votos.

Minoritarias voces discuten el estereotipo. El clientelismo, dicen, ya no alcanza para ganar elecciones. Terragno, precandidato a presidente de la Nacin por la UCR (2003), otorga a "los aparatos" un podero sumamente devaluado. "Yo llegu a la presidencia del partido con la oposicin del aparato y soy senador porque le gan a los aparatos. El mito segn el cual no se puede avanzar sin una maquinaria tradicional est desvirtuado por los hechos. Los aparatos cada vez tienen menos importancia y menos poder, a la gente ya no se la puede mover de un lado a otro a voluntad de un caudillo de barrio. Todava hay muchos remanentes, pero eso va a ir cambiando". Terragno se contradice, ya que en la misma nota afirma que los partidos pierden poder mientras lo asumen las personas. Casualmente, una de la caractersticas propias del clientelismo es precisamente la personalizacin. "Yo creo -dice Terragno- que los partidos no gobiernan ms. Gobiernan los presidentes y los equipos, los partidos acompaan y contienen, pero no hay ms gobiernos de partidos". Fuera de esta opinin no se encontraron otras en el sentido de que el clientelismo no alcanza para ganar elecciones, s por el contrario, abundan los candidatos que afirman no competir en elecciones internas porque en ellas el poder del aparato es decisivo. Queda claro que al hablar de aparato se refieren a la estructura de dirigentes, punteros y simpatizantes movidos a partir de las rdenes de un jefe.

3.5. Qu es el clientelismo?, segn los diarios

El concepto de clientelismo es altamente complejo. Sus mltiples dimensiones hacen difcil reducirlo a una sntesis que lo abarque en su complejidad. Los medios hablan de clientelismo, aunque sin hacer referencia al concepto utilizado acadmicamente. Ya dijimos -con Emilio Tenti Fanfani- que el clientelismo se usa tanto en la lucha poltica como en la academia, no siendo beneficioso que sta le d el sentido que aquella le otorga. En los medios el concepto no est claramente definido, ms bien subyace en las referencias que al fenmeno clientelar se realizan. No obstante se lo refiere en trminos similares a los usados en el campo poltico.

Qu referencias encontramos al concepto de clientelismo en los diarios La Nacin, Clarn y Pgina/12 durante el perodo analizado?. No hay -ni se espera que las haya pues la funcin de un diario no es definir trminos- referencias precisas a la definicin conceptual. S encontramos calificativos que dan indicios, permitiendo un primer acercamiento a lo que subyace. Muchas de esas afirmaciones parten de columnistas o notas de opinin, con lo cual no son concordantes unas con otras o con la opinin editorial del diario.

En una columna del suplemento de economa de Clarn utilizan el trmino "industria" como referencia. Segn la nota, hablando del aumento del gasto pblico, funcionarios habran expresado que "la industria del clientelismo poltico 'hasta cobr mayor impulso'".

El clientelismo sirve de excelente excusa. Las AFJPs lo utilizan como argumento para evitar pensiones para quienes no tienen aportes. El economista Jos Luis Espert se refiere al clientelismo, utilizndolo como fundamento para una curiosa opinin: "Espert dijo -escribe La Nacin- que la lucha contra la evasin no aporta al fisco. 'Por ms que se cacaree en ese sentido -seal-, la evasin no va a bajar con estas alcuotas, mientras persista el clientelismo y la corrupcin'". Un uso concreto del clientelismo en la opinin de economistas y funcionarios que los diarios reflejan pasa, entonces, por la defensa de cualquier inters ideolgico o sectorial: evitar pensiones, opinar contra el gasto pblico o desestimar la lucha contra la evasin. Para neutralizar este tipo de cuestiones el clientelismo es un concepto de referencia a la hora de fundamentar.

Desde veredas ideolgicas opuestas a los economistas neoliberales los medios transmiten distintas versiones del clientelismo. Lo ven como algo negativo, que debe ser superado o contra el que se combate. El psicoanalista Juan Carlos Volnovich, en una nota de opinin, enmarca su referencia al clientelismo en lo que denomina "el discurso de la resistencia". "Este discurso -dice Volnovich- apela a la construccin, a la reconstruccin de lazos sociales y exalta el insoslayable mrito de una trama urbana basada en redes solidarias y creativas. Registro de la originalidad con que varones y mujeres aceptamos el desafo de sobrevivir a despecho de los que estn convencidos de que sobramos, el discurso de la resistencia pone el foco en las ingeniosas formas de gerenciar la miseria que nos queda, en las propuestas alternativas para administrar la decadencia. En ltima instancia, reivindica el legtimo derecho que tenemos a permanecer en funcin de lo que alguna vez fuimos y reclama para nosotros algo ms que el lugar de guardianes de un museo; algo ms que el papel de custodios de las ruinas que perduran para dar testimonio de una pasada "poca de gloria". En este contexto el psiconalista comenta las acciones de organizaciones piqueteras que "eluden exitosamente la trampa tendida por el clientelismo poltico", con lo cual el clientelismo se transforma en trampa a evitar.

Un dirigente del PT brasilero, comentando las dificultades futuras del gobierno de Lula por no tener manejo propio del Legislativo, manifiesta "el Congreso est dominado por la reaccin, por el clientelismo". Con lo cual iguala al clientelismo poltico con la derecha, as quienes ejercen prcticas clientelares podran ser caracterizados como derechistas. Hecho que incomodara a muchos partidos polticos del "progresismo" argentino, que se identifican como de izquierda y mantienen prcticas clientelares de alta densidad . Si el clientelismo es una prctica propia de "la reaccin" quienes la apliquen no podran considerarse "la izquierda".

El diario La Nacin tiende a conceptualizar al clientelismo como "un tradicional vicio" que es, adems, anacrnico. Refirindose a irregularidades en el Plan Jefes de Hogar seala que algunas "provienen de los tradicionales vicios que son inherentes al clientelismo poltico" . En otra nota retoman el trmino "vicio" para caracterizar al clientelismo. Hablando del Dilogo Argentino expresan: "este dilogo no se propone obtener efectos inmediatos, sino permanentes, y supone 'la valoracin de la poltica como espacio de construccin del bien comn', lo que requiere rescatarla de vicios como la corrupcin en el ejercicio del poder, el clientelismo y el internismo" . El calificativo de anacrnico viene adherido al caudillismo, aparentemente los anacrnicos caudillos, eran fervientes practicantes del clientelismo. Quin mejor que el paradigmtico Carlos Jurez?. "Mientras crecen en el pas los reclamos en favor de una enrgica renovacin de la vida poltica, tendiente a erradicar el clientelismo prebendario y a darle mayor legitimidad al sistema institucional, algunas provincias continan atadas a los peores hbitos del pasado. Impera en ellas, en efecto, un caudillismo personalista decadente y anacrnico, fundado en el manejo inescrupuloso del asistencialismo estatal, puesto al servicio -casi siempre- de un aparato partidario hegemnico" .

Natalio Botana hace un interesante aporte al relacionar al clientelismo con la oligarqua y la manipulacin de las instituciones democrticas. "Las oligarquas abrevan en la idea de que el poder es algo que puede ser posedo como una cosa que se puede manosear. Donde hay manipulacin de las instituciones hay oligarqua: las instituciones, carentes de autoridad, son fachadas que ocultan una madeja de poderes (no slo polticos) que abusan de los recursos ciudadanos. A cunto llega este desperdicio? No lo sabemos a ciencia cierta, aunque lo intuimos abundante. Esto tambin es parte del juego oligrquico" . Es importante el planteo de Botana en el sentido de que puede emparentarse con la existencia de una ciudadana de baja intensidad y, a la vez, por no caer en el esquematismo efectista de achacarla exclusivamente a la poltica. Entendemos que Botana al hablar de instituciones se refiere a aquellas propias de la democracia, pero igualmente podramos hablar de institucionalidad es en conflicto, ya que el clientelismo puede ser considerada tambin una institucin . Y "las instituciones tienden a ser resistentes y duraderas, especialmente cuando tienen profundas races histricas; el particularismo, por cierto, no es excepcin. El particularismo -afirma O'Donnell- es un rasgo permanente de la sociedad humana, que slo en pocas recientes, en ciertos lugares y en ciertos mbitos institucionales pudo ser moderado por normas y reglas universalistas. En muchas poliarquas nuevas el particularismo est fuertemente asentados en sus instituciones polticas formales" . As la institucin del clientelismo permea las instituciones de esta democracia delegativa, con ciudadana de baja intensidad, transformada en contexto favorecedor para el desarrollo de prcticas clientelares.

En resumen los tres diarios estudiados no presentan un concepto unvoco de clientelismo, aunque prevalecen tanto en sus editoriales como en la opinin de sus columnistas indicios de una conceptualizacin algo simplista del fenmeno clientelar. Existen tambin excepciones, en general en columnas de expertos, que superan esta mirada esquematizadora e intentan una comprensin ms amplia.

3.6. La relacin clientelismo-poltica

Dijimos desde el anlisis cuantitativo que La Nacin, Clarn y Pgina/12 en sus notas ven a la poltica como el lugar preponderante del clientelismo. Mostraremos en este apartado de qu manera presentan de la relacin poltica y fenmeno clientelar.

Hay quienes llevan al extremo la relacin y presentan a la poltica como una actividad basada exclusivamente en el clientelismo. "La poltica, que ya no se ve como la ciencia o el arte de gobernar, sino como el ejercicio del clientelismo, del amiguismo y del favoritismo". El historiador Halperin Donghi, criticando la existencia de clientelismo en la Universidad de Buenos Aires, recurre a una idea similar, considerando que hubo una "transformacin de la poltica en una actividad destinada a organizar sistemas clientelares" . El socilogo Pedro Krotsch a su vez afirma que la partidizacin de la universidad fue negativa. Podramos pensar que la partidizacin universitaria trajo consigo una prctica comn de los partidos polticos: el clientelismo .

Otra cuestin, que reafirma lo anterior, es que el clientelismo no es exclusividad de ningn partido poltico. Abundantes crnicas describen casos de clientelismo en diversos partidos: desde el Justicialista hasta la UCR, pasando por el Movimiento Popular Neuquino. Las prcticas clientelares atraviesan a las fuerzas polticas ms importantes, independientemente de su posicin en el arco ideolgico.

El socilogo Portantiero intenta clarificar la crisis de representacin poltica en Argentina. "Las tradicionales configuraciones polticas parecen sordas y permanecen inmviles frente a los reclamos de la ciudadana. Amuralladas tras una lgica autorreferente de comportamiento, viven ms preocupadas por mantener sus mecanismos de reproduccin interna que por mediar entre la ciudadana y el Estado. En los casi veinte aos de democracia llevaron al agotamiento sus estilos de patronazgo y clientelismo articulados alrededor de las figuras de los "punteros", empresarios de votos y de lealtades entre los partidos y las fuentes locales de poder. As se transformaron en mquinas prebendalistas, con un financiamiento oscuro amaado en colusin con los gobiernos, sin educacin para sus cuadros, sin perfiles ideolgicos ni programticos definidos y con escasa renovacin de las figuras que presentaban ante el electorado" .

Ante esta situacin aparecen incipientes planteos alternativos, algunos muy cercanos al mero maquillaje. Los dirigentes polticos apuestan a la interna abierta, presentada como la solucin a los males de "la vieja poltica". Los medios reproducen opiniones que tienden a hacer descansar en la interna abierta, obligatoria y simultnea la solucin para esta situacin. La interna rpidamente dej de ser simultnea y obligatoria y pas a ser slo abierta. Algunas opiniones dan una idea del panorama que revelan los diarios sobre esta temtica:

Nstor Kirchner reclam que "las internas partidarias del PJ sean 'abiertas, simultneas y con voto obligatorio de la gente, porque de otra manera los aparatos y el clientelismo poltico pueden condicionar este proceso'". Felipe Sol seal que "el nuevo sistema constitua un claro avance en la transparencia del proceso de seleccin de candidatos, dominado muchas veces por el clientelismo y la patota. (...) Las elecciones internas dan fuerza a los candidatos, los legitiman y, adems, los obligan a desarrollar y exponer un proyecto, y lo que tenemos que tener en claro es que de la situacin actual no se sale si no hay un proyecto claro".

Juan Carlos Maqueda relaciona clientelismo con afiliacin, siendo sta un hecho central de una interna cerrada: "el legislador habl de clientelismo y de prebendas: destac que es un fenmeno que se da en todas partes del mundo y que la diferencia en la Argentina, como seala el informe, esta dada por su magnitud. 'Aqu, los altos niveles de afiliacin hacen que el puntero poltico tenga una dimensin extraordinaria'".

Una nota de opinin de La Nacin participa de este optimismo: "en el sistema de internas abiertas, por el contrario, la sociedad entera puede participar en la eleccin de los candidatos del partido de su preferencia. Aunque no se trate de un elegido por la "estructura", cualquier contendiente tendr razonables posibilidades de triunfar, porque podr lograr el apoyo de los simpatizantes no enredados en la maraa burocrtica. Y as suceder en todos los partidos. Es decir, el ciudadano se sentir atrado para intervenir porque su participacin tendr un valor real de decisin. A la vez, con el tiempo, necesariamente mejorarn los candidatos, pues van a ir surgiendo en todas las organizaciones figuras de mayor calidad. Las internas abiertas irn provocando el final del caudillismo opresivo pues, al contar con la libre participacin independiente, los candidatos no sern digitados por cpulas de las que ya no dependern".

No estamos cuestionando aqu a las internas abiertas como un avance que permite la participacin de sectores ms amplios de la sociedad en la seleccin de candidatos, sino cierto optimismo exagerado que las presenta como la panacea. Las internas abiertas realizadas hasta el momento (abril 2003) demostraron que incluso profundizan los defectos de las cerradas. Los aparatos mantienen una importancia fundamental, recurdese la abierta presidencial de la Alianza entre De La Ra y Fernndez Meijide. Los punteros se sienten a gusto en una interna abierta, tienen "ms mercado" no deben limitarse a los afiliados sino que pueden trabajar sobre los sectores independientes o sobre afiliados a otros partidos, habindose llegado inclusive a la denuncia de compra lisa y llana de votos. Ms an se habla de "transacciones" entre dirigentes locales para que cada uno sortee con xito su respectiva interna, "prestndose" clientelas mutuamente en la fecha de la eleccin. Seguramente un buen sistema de elecciones abiertas, obligatorias y simultneas solucionara algunos de estos defectos. En Argentina no hay experiencias al respecto hasta este momento. No obstante no encontramos en las notas sobre clientelismo de los diarios estudiados un debate de ideas sobre este tema. Ms bien slo difusin de opiniones que, generalmente, olvidan que una interna abierta no es la solucin para todos los males de la crisis de representatividad poltica en Argentina.

Si bien el clientelismo parece (y no lo es) propiedad exclusiva de la poltica partidista, algunas notas lo vinculan con organizaciones polticas no partidistas (aunque partidizadas) como la universidad, sindicatos, piqueteros o, inclusive, la propia Iglesia Catlica.

A la Universidad de Buenos Aires la describen como partidizada y clientelar. De dnde nace la partidizacin?. "Es una historia larga y dramtica -dice Krotsch-. La autonoma relativa de las instituciones en Argentina ha sido siempre muy dbil, porque han estado permanentemente atravesadas por el poder, ya sea de los partidos polticos o de la intervencin militar directa. Si nos detenemos en la recuperacin de la democracia, en 1983, tenemos un ejemplo concreto. Aparece Franja Morada, ligada explcitamente a un partido poltico, la UCR. Esto no tiene nada que ver con los ideales de la Reforma del 18, que siempre se expres a travs de un movimiento que disolva los intereses particulares de los movimientos polticos. Tena su propia tica y su propia forma de valorar la militancia acadmica, que no coincida para nada con los valores hegemnicos en los partidos polticos" . Es extrao que, aunque esta descripcin puede aplicarse a todo el sistema universitario argentino, slo aparezcan notas referidas a la Universidad de Buenos Aires, sin menciones a otras universidades del pas. Tal vez porque la UBA fue el paradigma ms claro de esta partidizacin universitaria.

El ex vicepresidente Chacho Alvarez, refirindose a la falta de autocrtica en el radicalismo, coincide en sealar la utilizacin de la universidad con fines partidistas. "El (se refiere a Alfonsn) dej hacer ese radicalismo que es una especie de vale todo. Nunca se plante hacer una reforma cultural fuerte. Adems particip, en un partido que vena del fracaso del 89, de una teora conspirativa, la del golpe de mercado, que los dej tranquilos y no les dej revisar su funcionamiento, los mtodos, el internismo, los usos de las instituciones para financiar el partido, lo que pasaba en la UBA con Franja Morada, que haca discurso antimodelo pero que tambin usaba a la universidad para financiar el aparato partidario" .

Un dato importante es que al referirse a la universidad como vinculada al clientelismo siempre hacen referencia al sector estudiantil. Aparentemente son los centros de estudiantes -principalmente los de Franja Morada- quienes mantienen relaciones clientelares con la conduccin de la universidad o con el resto de los estudiantes. Nadie habla de otro tipo de relaciones clientelares existentes, especialmente en los concursos para la cobertura de cargos de profesor o en las relaciones entre acadmicos y rectorado o decanato. De nuevo, como en el caso de la relacin empresas-clientelismo, parece que slo mantienen relaciones clientelares los ms dbiles: en la poltica partidista, los pobres; en la universidad, los estudiantes.

Respecto de relaciones clientelares al interior de la Iglesia no hay referencia alguna en los tres medios estudiados. No obstante, un ex prroco narra una relacin clientelar poder poltico-Iglesia Catlica. Leamos el relato de Spagnolo, entrevistado por Mara Ester Gillio:

"-Yo sigo siendo sacerdote, la ordenacin es un sacramento. Es como el bautismo. No se pierde nunca.

-Lo cual no quiere decir que conserve su lugar como prroco.

-No lo conservo, en el ao '98 me suspendieron la licencia porque participaba en los cortes de ruta.

-Cmo fue eso?

-Mientras yo trabajaba en la Pastoral Social, un movimiento de desocupados que buscaban trabajo, el obispado no deca nada. Estaba de acuerdo. Cuando mi actitud fue ms combativa, empezaron los problemas. Porque, adems, en ese momento Duhalde empez a presionar al obispado.

-Duhalde era gobernador.

-S, era gobernador y empieza a presionar diciendo que va a retirar los fondos que daba a las iglesias si seguamos molestando.

-Dijo "molestando"?

-Algo un poco peor. Deca: 'Cmo puede ser que en un mbito cristiano se est alimentando la violencia'. El dijo eso y el obispo Jorge Novak opt por el poder. Nos pidi que sacramos a los desocupados. A un cura de Varela lo hizo salir.

-Usted era prroco de este barrio.

-S. Yo consult a la comunidad: "Qu hacemos?", pregunt. La comunidad dijo: "No, que el obispo venga y d la cara, que diga por qu hay que echar a los trabajadores".

-De las iglesias?

-Bueno... de los edificios de las iglesias. La comunidad le pidi que viniera a hablar, que explicara por qu decida obedecer a Duhalde contra la opinin de la comunidad. Ah se produce un conflicto entre la comunidad y el obispo, y la comunidad decide tomar la parroquia hasta que Novak venga a hablar.

-No fue?

-No, no fue e inici un juicio de desalojo ante los tribunales. Despus de ao y medio, el 22 de junio de 2000, viene la Infantera y nos desaloja.

-Y usted ya estaba suspendido.

-Ya estaba suspendido, me haba apartado de la parroquia. Hoy no tengo relacin con la Iglesia, la argentina.

-Querra volver?

-A una Iglesia en la que hay que obedecer al poder... No me hice cura para eso, para hacer caso a Duhalde u otro del mismo estilo"

En sntesis el aporte del Estado a la Iglesia Catlica sirvi, segn Spagnolo, como mecanismo de presin. Se trata de una relacin clientelar donde la Iglesia oficia de cliente del Estado?. No hay notas en los medios que describan relaciones clientelares entre la Iglesia y sus fieles. Otras religiones, y otros pases, tambin relacionan al clientelismo con la religin. En una de las escasas notas de poltica internacional que mencionan el clientelismo, se vincula al islamismo con prcticas clientelares en Irn: "el concepto de igualdad, dogma de fe en el Islam, aparece deformado por un peculiar aspecto del chiismo iran: el de Mardja-e-Taqlid (conceptualmente "el ms sabio" en lo religioso-poltico y casi infalible) que hoy sera el "gua de la revolucin" sayyid Khamenei, en torno del cual se ha desarrollado un ambiente de nepotismo y clientelismo en nombre del ideal religioso de 1979 que ha llevado al pas a una situacin crtica. Representa el ala ms fundamentalista y se enfrenta con un ala no menos religiosa, pero mucho ms abierta con el presidente Khatami, tambin sayyid" . La falta de descripcin del tipo de prcticas clientelares observadas no permiten avanzar en la comprensin de las relaciones clientelares que pueden darse en el interior de congregaciones religiosas.

Otro mbito donde el clientelismo incide es el de los medios de comunicacin. No es, obviamente, un tema sobre el que abunden las referencias en los diarios. Pgina/12 public un informe desarrollando la actualidad de la televisin en el interior del pas. All detecta fenmenos como la reduccin de los presupuestos para la produccin local, la desaparicin de anunciantes, la restriccin de oferta de canales de cable, y el agravamiento del clientelismo poltico. En relacin a ste la nota explica cmo los canales del interior son cooptados por sus vinculaciones polticas: "se despliega, sin pudores, la mirada sesgada de un fuerte tono partidario en noticieros y programas periodsticos. La que aparece es una pintura parcial sobre los hechos. Cuenta Sandra Daz, crtica de Pregn de Jujuy, que 'el nico canal abierto (Radiovisin Jujuy) es una empresa perteneciente a un senador justicialista que mira la realidad desde la ptica partidaria. Como San Salvador est en manos de radicales, se resalta en las noticias todo lo malo. El sufrimiento de la gente no se ve en la tele; en la tele se ve Telef. Se mantiene la lgica de la dictadura: lo que no conviene, no se dice'. Caen los presupuestos, y el noticiero se vuelve complaciente con la gestin de turno. Surgen extraas jerarquas para seleccionar la noticia del da". La crtica Mara Rodrguez, de La Maana de Formosa, explica que "existen slo dos canales estatales de un fuerte sesgo justicialista. Hay ciertos hechos que se cubren y otros que no. A la falta de mirada crtica se suma la carencia de recursos imprescindibles para estar bien informados" . Por supuesto que no ser este el nico tipo de relacin clientelar entre los medios de comunicacin y el poder. Siempre escuchamos insinuaciones sobre periodistas recibiendo sobres de organismos estatales, pero no son temas investigados por la mayora de los medios de prensa. Esta fue la nica referencia a relaciones del tipo clientelar a partir de los medios encontrada en el anlisis de las notas. Sirve, al menos, para que el lector tenga una primera noticia de que este fenmeno existe, aunque no sea tan comentado como el clientelismo que incluye a los pobres.

En sntesis, a pesar de que el centrimetraje de los diarios indica que la principal relacin clientelar es la de los pobres con los polticos, una lectura atenta encuentra indicios de clientelismo en otros sectores de la vida, siempre -claro est- vinculados con la poltica. Parece que la poltica es capaz de "clientelizar" (valga el neologismo) todas sus relaciones. Es un patrn de relacin pasible de ser trasladado a las ms diferentes relaciones en que la poltica est inserta, sea con sindicatos, medios de comunicacin, religiones u organizaciones sociales (incluidas las aparentemente impolutas ONGs).

3.7. Clientelismo y ayuda social

Aunque dijimos que la asistencia social no se constituy, por su grado de fragmentacin, nunca en una poltica pblica, s es parte de las polticas sociales. En ese sentido, obviamente mantiene estrecha vinculacin con lo partidario. El clientelismo segn los diarios parece basarse en una relacin establecida con los sectores ms pobres de la sociedad. La ayuda social es una prctica poltica dirigida a los pobres, estos atributos la hacen blanco del clientelismo.

Qu dicen los medios analizados de la relacin clientelismo y ayuda social?. En principio leemos opiniones crticas respecto de la forma actual de la asistencia social y planteos alternativos que pasan, casi exclusivamente, por las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs). Es fuerte el reclamo para que el Estado abandone uno de sus deberes esenciales (la preocupacin por el bienestar de su gente) y ceda ese espacio a las organizaciones del Tercer Sector. Hablamos entonces de una privatizacin de la ayuda social, basada en un sistema de razonamiento muy similar al utilizado con los telfonos, los ferrocarriles o YPF: "como el Estado no es eficiente ser mejor privatizar". No plantean la posibilidad de mantenerlos estatales y eficientes, como si el antnimo de ineficiente fuera privado. En este sector de las polticas sociales, la ayuda social, el planteo es similar: "el Estado es ineficiente y cae en el clientelismo, demos el manejo de la asistencia social a las ONGs". Dejando sentado que el slo hecho de ser una Organizacin No Gubernamental sea garanta de eficiencia, honestidad, sensibilidad, transparencia. Atributos que muchas ONGs efectivamente poseen, pero no necesariamente todas.

Clarn, en nota editorial, comparte el criterio enunciado. "La respuesta solidaria -dice Clarn- es la contracara de la debilidad de las respuestas estatales, debida tanto a la escasez de recursos como a la desarticulacin de las instituciones que deberan ocuparse de esos problemas o la manipulacin poltica de la ayuda disponible" . La Nacin editorializa vinculando asistencia-prebenda-clientelismo: "mecanismos asistenciales en los que casi nunca estn ausentes la prebenda y el clientelismo. Es sugestivo que las palabras ms autorizadas y de mayor peso, en estos momentos, estn proviniendo de las entidades de bien pblico, que suelen tomar el lugar que los poderes del Estado no parecen en condiciones de ocupar". Y agrega: "El Estado no parece hallar su rumbo y tal vez necesita que entidades ms eficientes consigan marcrselo" . Un lector resume maravillosamente el planteo de las soluciones distorsionadas: "no sera ms prctico, ms econmico y ms eficiente que el Estado no se ocupara de estos temas, hasta ahora abandonados, y trasladara la mitad de los fondos previstos para esas necesidades a ONG competentes, que las hay y muchas?" . Cualquier parecido con las preguntas retricas de Bernardo Neustadt, a principios de los noventa, sobre las empresas estatales no es casualidad. La Nacin avanza proponiendo que el Estado delegue todas aquellas funciones para la que existan otros sectores ms aptos. Textualmente: "la mayor participacin de las organizaciones comunitarias abonar el principio de subsidiariedad que debera prevalecer en todos los programas sociales, de manera tal que el Estado delegue todas aquellas funciones para las cuales hubiere actores sociales ms aptos y capacitados" .

Las ONGs tambin tienen limitaciones, incluso algunas de ellas son planteadas por los medios. Una encuesta de Gallup, comentada en La Nacin, plantea el problema del financiamiento: "tanto la falta de dinero (para enfrentar los costos de una mayor demanda, para comprar insumos, para sostener proyectos planificados, para pagar y/ o contratar servicios), como las dificultades para acceder a fuentes de financiamiento y para conseguir fondos (hay menos donaciones, falta el apoyo empresarial, cuesta lograr la cooperacin de agencias nacionales e internacionales) constituyen escollos que no slo dificultan sino que a veces impiden continuar con la provisin de algn servicio. Al respecto cabe sealar que la mayora percibe una disminucin en el volumen de los aportes y ha tenido que generar vas distintas a las habituales para la obtencin de fondos". La alternativa encontrada es el trabajo en red con otras organizaciones, aunque se plantea que "esta tendencia positiva a la complementariedad con otros grupos debera tambin extenderse al Estado y a las empresas. Por mayor empeo que pongan las organizaciones intermedias en solucionar la crisis actual, resulta necesaria la articulacin de objetivos y acciones, forjando una slida red que una a la sociedad civil con las empresas y el Estado" . Cmo incidir en las ONGs su relacin con el Estado?. Podrn (pudieron) los gobiernos cooptar algunas de estas organizaciones para mantener prcticas clientelares?. Qu grado de competencia se establecer entre ONGs para captar mayores fondos provenientes del Estado?. Podran establecerse relaciones clientelares entre Gobierno y organizaciones del Tercer Sector?.

El cura Meisegeier rompe con la monocroma, describiendo algunos de los problemas que sufren las ONGs:

"- qu problemas enfrentan este tipo de organizaciones que se dedican a lo social?

-El riesgo es caer en el discurso neoliberal o de las polticas neoliberales que hablan de la sustentabilidad. Que los pobres tienen que autosostenerse en lo que hagan. Por ejemplo, nosotros, como ONG, nos metimos en un programa de AGP (Asistencia a Grupos Vulnerables) en dos barrios de Moreno. Se hace el diagnstico, y despus la aplicacin no la hicimos. Nos fuimos despavoridos y renunciamos.

-Por qu?

-Diagnstico era ver sobre cuatro grupos vulnerables, jvenes, ancianos jubilados, madres solteras y discapacitados. Tena que hacerse un censo en ese barrio -compartido con la gente- en el barrio, y despus, una vez que se haca el censo, y relevado a toda la gente, haba que seleccionar los casos ms vulnerables. Pero entraban entonces una serie de componendas como que a una mujer le exigan, para que pase de una casilla a una vivienda mnima de 30 metros cuadrados -una pieza, un bao y una cocinita-, que tenga escritura del terreno. Qu tipo pobre va a tener escritura?! Tendr un boleto de compraventa, o el terreno a medio pagar, o la ley Pierri, que no es una escritura. Son cosas absurdas, impuestas desde el extranjero. Normas que te obligan a imponer cosas tcnicas, que le dan de comer a una serie de evaluadores y consultores que viven muy bien, y cobran muy bien de la consulta que le hacen para ver cules son las normas mnimas de habitabilidad para la gente pobre. Las normas mnimas del Banco Interamericano de Desarrollo para que eso sea 'sustentable'. Son planes armados desde afuera y hacindote creer que se hace algo. Es lo que se llam la microcontencin social en los grupos vulnerables. Esos consultores son pagados en la Argentina, son contratados a muy buen precio para hacer esos estudios" .

Vale aclarar que no tratamos aqu de realizar una crtica a las ONGs, la gran mayora de las cuales trabajan admirablemente, cubriendo las serias falencias del Estado en materia de polticas sociales. Por el contrario, tratamos de describir un discurso simplista que apunta a debilitar al Estado, con propuestas que no siempre son pertinentes para atacar los problemas que supuestamente solucionaran.

Los planes de ayuda social se transforman en instrumentos vlidos para el clientelismo a partir de problemas de implementacin. Aldo Neri plantea que "si no definimos bien el cmo, aunque la idea sea muy buena, puede frustrarse. Y hay que prevenir toda forma de clientelismo". La Sindicatura General de la Nacin (Sigen) establece una serie de problemticas detectadas en los planes: "falta de transparencia, flexibilidad en los mecanismos de control, irregularidades severas en la confeccin de las bases de datos y tratamientos desiguales". Tambin detecta una metodologa de utilizacin de los planes para usos clientelares mediante lo que denominan "la doble boca". "La Sigen detect un nmero no determinado de 'bocas paralelas' de beneficiarios. Es decir que al listado de desocupados que elevaron los municipios a la Nacin para incluir los desocupados en el plan asistencial se agreg en el camino otro amplio listado de beneficiarios. No se sabe si stos fueron incluidos por las provincias o el Ministerio de Trabajo. Fuentes autorizadas de la Sigen dijeron a LA NACION que 'la aparicin de bocas paralelas en los programas sociales resulta ser un fiel ejemplo de que el clientelismo poltico sigue en pie'" . Coincidimos con Neri y la Sigen, y agregamos, cual nuevo corolario a la ley de Murphy: todo lo que pueda ser clientelable, lo ser. La tarea es instrumentar mecanismos para impedir que la ayuda social se transforme, en el camino hacia los beneficiarios, en un instrumento pasible de intercambio en una relacin clientelar. La cultura poltica argentina tiene tan incorporado el hbitus clientelar que si existe alguna posibilidad de incorporar las ayudas al intercambio del clientelismo, efectivamente alguien lo har.

La acadmica Claudia Danani, en una nota de opinin en Clarn, hace un lcido aporte. Para ella el debate acerca de los criterios de asignacin y la utilizacin de los planes con fines polticos evita otra discusin mucho ms profunda. "Nos atosigamos a diario con acusaciones sobre los criterios de asignacin de los planes Jefes y Jefas de Hogar, con el descubrimiento de receptores que no los necesitan, con estudios que demuestran el escaso control nacional y provincial, con propuestas para mejorar el cruce de datos que impida que una misma persona duplique el beneficio, con denuncias sobre prcticas clientelistas. Esta marea deja fuera de debate la verdadera mdula del problema: a quines no llega el plan y cul es el alcance real de las prestaciones. Quedan fuera el nivel, la calidad y las condiciones de vida que la sociedad argentina considera que deben ser garantizados a sus ciudadanos, slo por serlo. Desde sus orgenes se ha criticado a las polticas sociales ms por lo que hacen, que por lo que no hacen". Ms adelante, describe lo que califica como una situacin cruel de la realidad argentina: "es que el legtimo desvelo por la corrupcin y el clientelismo, que pudren desde adentro cualquier proyecto que pretenda recuperar lo que la poltica tiene de autntica sociabilidad colectiva, por momentos contribuye a distraer la atencin de por qu y qu papel jug la corrupcin en que este pas haya aumentado la produccin de pobres a una velocidad inusitada. Y en que haya crecido tambin la riqueza y su concentracin a niveles anteriores a los de fines del siglo XIX (y no poda ser de otro modo, ya que aquella pobreza no es resultado de una catstrofe natural ni de una guerra)". Danani cierra su artculo proponiendo otra mirada sobre las polticas sociales, mirada poco frecuentada pero no por eso menos necesaria: "el 'problema' de las polticas sociales, en definitiva, no es su exceso, sino su dficit; no es que llegue a quienes no las necesita
n, sino que no llegan a todos los que las necesitan, ni en la proporcin, extensin y calidad apropiadas. Es hora de que los pjaros le tiren a la escopeta" . Es interesante al menos dejar algn interrogante al respecto. Si los planes de ayuda social llegaran a todos los necesitados... habra espacio para el clientelismo?. O el clientelismo se asienta sobre la permanente falta de recursos que hace que se dispongan de 100 planes Jefes de Hogar para distribuir entre 1000 desocupados?. La focalizacin de la asistencia no transforma en una alternativa de obtencin de recursos a la participacin en redes clientelares?.

Horacio Verbistky, en el marco de un comentario sobre la polica bonaerense, seala el caso de un piquetero asesinado. "Los acompaantes de la vctima dijeron que la polica haba dejado pasar a Bogado (el supuesto autor de los disparos), como parte de una provocacin contra los piqueteros, cuya gestin de los planes de empleo debilita e irrita al clientelismo tradicional. 'Las decisiones se toman por asamblea y han dado luz a numerosos proyectos comunitarios (bibliotecas, roperos, guarderas) y productivos (bloqueras, carpinteras, panaderas, herreras, huertas, talleres de confeccin, etc.) que van creando las bases de una cultura poltica y una economa alternativa', describi entonces uno de ellos". As aparecen ejemplos de un germen de construccin poltica alternativa, que no necesariamente debe incorporar el hbitus clientelar a sus prcticas.

En sntesis, el contexto de las prcticas polticas de ayuda social es sumamente favorable para la instauracin del clientelismo. Los objetos que constituyen la asistencia suelen transformarse en bienes intercambiables en el marco del clientelismo, gracias a el bajo nivel de control de la mayora de los planes. Los diarios estudiados detectan esta situacin y la describen a sus lectores, proponiendo como alternativa que la ejecucin de la ayuda social pase a organizaciones no gubernamentales, sin discriminar en modo alguno entre unas y otras. Al mismo tiempo investigadores como Danani, plantean discusiones ms abarcativas que slo espordicamente llegan al gran pblico.

3.8. Clientelismo y Corrupcin

Al igual que con la relacin pobreza-clientelismo o ayuda social-clientelismo, las prcticas clientelares son emparentadas de diversas formas con la corrupcin. Aunque no todo clientelismo implica un acto corrupto en sentido estricto, los diarios transmiten opiniones que los emparientan. En ocasiones, la forma de presentar la noticia hace que el lector vincule ambos hechos. Un editorial del Diario Clarn realiza un racconto de "funciones que el Estado no cumple". Comienza hablando de corrupcin policial y finaliza con la necesidad de coordinacin en las agencias sociales para que la ayuda social no se transforme en "moneda de cambio en los circuitos del clientelismo poltico".

No obstante vale manifestar que no slo los medios confunden clientelismo y corrupcin, lo hacen la mayora de los actores sociales: sacerdotes, piqueteros, polticos, etc.. Los legisladores suelen tener fondos que pueden utilizarse para ambas cosas. El diputado Julio Gutirrez reconoci, segn Clarn, "que le ofrecieron a l y a otros diputados sobresueldos de entre 1.000 y 2.000 pesos a cambio de mantenerse dcil a las posturas del bloque", lo cual implica un hecho de corrupcin, pero en la misma nota explican que ese mismo dinero servira para financiar el clientelismo poltico. "Fuentes legislativas -dice Clarn- reconocieron que las aplicaciones autorizadas son tan amplias que resulta sencillo desviar parte de esos fondos para intereses personales de clientelismo poltico de los diputados. El dinero es manejado por las autoridades de los bloques y puede ser utilizado, entre otras cuestiones, en ayuda social, medicamentos, libros y revistas, investigaciones, alquileres, capacitacin y gastos generales de mantenimiento" . Queda claro, aunque no sea as en la totalidad de los casos, que el clientelismo suele financiarse con recursos provenientes de prcticas corruptas.

Los grupos piqueteros comparten la mirada de que el clientelismo est estrechamente vinculado a la corrupcin: "los lderes (piqueteros) aprovechaban para criticar el clientelismo de la red asistencial del peronismo. 'La ayuda a travs del aparato del PJ es totalmente clientelar, hace que la comida llegue a donde no tiene que llegar. Por eso entendemos que las organizaciones de los necesitados son las nicas que han probado que pueden mitigar el hambre sin caer en la corrupcin', asegur Gimnez, del Teresa Vive" . En otras palabras, el aparato hace clientelismo y las organizaciones piqueteras no, por eso "no caen" en la corrupcin.

Los artculos de algunos acadmicos aprueban esa visin. Danani, en nota citada, menciona ambos trminos (clientelismo y corrupcin) unidos en las cuatro oportunidades donde aparecen en su nota, con lo cual los transforma en un binomio aparentemente indivisible. Ruth Pearson, acadmica inglesa, los vincula desde una crtica al aumento del gasto pblico: "una de las vas por las que la corrupcin se hizo endmica aqu es a travs del gasto social. Es un sistema muy clientelista organizado a travs de los sindicatos" . El especialista en administracin pblica de la Universidad de Birmingham, Andrew Nickson, es ms explcito an: "ser imposible frenar la corrupcin sin una administracin pblica fuerte y eficiente, que logre desprenderse del clientelismo poltico", a la vez que critica a los partidos polticos: "es donde menos eco encuentro a una reforma que termine con la poltica clientelstica, fuertemente ligada con la ineficiencia y la corrupcin" . Coincidentemente, "Robert Klitgaard ha desarrollado un modelo simple para explicar la dinmica de la corrupcin: C (corrupcin) = M (monopolio) + D (discrecionalidad) - A ( accountability ). Esta ecuacin afirma que la extensin de la corrupcin depende del monto de poder de monopolio y del poder discrecional que un funcionario ejerce. La "rendicin de cuentas" ( accountability ), la efectividad de organismos y dispositivos de control (internos y externos, verticales y horizontales) disminuyen el espacio viable para la corrupcin" . Si efectivamente conceptualizamos a la corrupcin bajo la frmula propuesta por Klitgaard, el clientelismo podra ser directamente identificado con la corrupcin. Una red clientelar es -en muchos lugares de Argentina- el nico refugio que encuentra un habitante pobre para solucionar sus problemticas ms acuciantes. El jefe de la red o sus punteros, con el monopolio de los recursos para la "solucin" de problemas, goza de un altsimo grado de discrecionalidad. Decide a quin otorgar (o no) una ayuda, y slo rinde cuentas a sus superiores en la red clientelar, con lo cual el grado de accountability es muy bajo. En estos trminos el jefe de una red, si obtiene sus recursos del Estado o ilegalmente, formara parte de una relacin clientelar, basada en un hecho de corrupcin. Ms discutible sera si los bienes fuesen propios -y obtenidos lcitamente. En ese supuesto la discrecionalidad es otorgada por la legtima propiedad de los recursos a ser intercambiados, lo que tambin elimina la posibilidad de accountability.

3.9. Cmo superar las prcticas clientelares?

Los diarios hablan de clientelismo, con una mirada ms o menos profunda, ms o menos estereotipada. Describen prcticas clientelares, las condenan o tratan de comprenderlas. Sus pginas dan una idea de lo piensan acerca del fenmeno clientelar. Pero tambin dan pistas, indicios, de cmo creen que sera factible superarlo. Decenas de notas sealan acciones que podran utilizarse para combatir el clientelismo. La mayora de ellas las agrupamos en cuatro planteos principales:

a) el clientelismo se combate combatiendo sus causas: es el planteo de algunos actores. Mencionan como causas del fenmeno a la pobreza, la desciudadanizacin, las carencias educativas o la falta de una democracia real.

El frecuentemente citado padre Meisegeier manifiesta que "en este momento de mayor pobreza, es muy, muy difcil superar la clientelera poltica", con lo cual para combatir al clientelismo debe lucharse contra la pobreza. Elisa Carri postula un retorno "al mrito". El Estado genera prcticas clientelares por que perdi el mrito, fundamenta. "El Estado -dice Carri- es ineficiente porque se impuso el clientelismo, el amiguismo, el nepotismo, el inters particular donde deba estar el mrito. Por eso postulamos una modificacin del funcionamiento del Estado a partir de dos principios: primero un gran control anticorrupcin interno con los mismos empleados pblicos, y segundo, aplicar un sistema de ingreso a partir de concursos por antecedentes y oposicin auditados. Esto incluye pautas muy claras de transparencia. Es decir, reconstruir la administracin desde la misma administracin. Esto es la reforma del Estado, adems debemos redefinir las instituciones de la repblica. As que deberemos poner transparencia donde hay oscuridad, poner mrito donde hay clientelismo" .Dejamos para otro momento una discusin al respecto: el clientelismo es slo falta de mrito o es otra institucionalidad?.

Danani ampla la discusin acerca de las polticas sociales: para combatir al clientelismo debemos discutir lo principal. "Nada ms alejado de nuestra intencin que despreciar la preocupacin por una mejora de las polticas del Estado y, en particular, por erradicar de cuajo el cncer de la corrupcin y el clientelismo social. Pero cuando esas preocupaciones ocupan el primer lugar, cuando la atencin se desliza hacia el puntero, concejal, diputado o senador que condicionan el acceso a los planes a determinadas manifestaciones de 'lealtad' o hacen un uso directamente corrupto de los fondos, la corrupcin y el clientelismo vuelven a triunfar, porque las personas 'beneficiadas' estn dispuestas a coexistir cotidianamente con esos mecanismos que les arrojan alguna ayuda. Podemos reconocer que es una victoria prrica, que quizs se vuelva contra la corrupcin y el clientelismo mismos, pero instalar como lo principal ese y otros temas de 'gestin' termina postergando la discusin acerca de algo tan anticuado como la justicia, y se resigna el debate grande acerca del modelo de sociedad que pretendemos" . Es un planteo interesante contrapuesto a una visin muy frecuente que pretende combatir el clientelismo desde sus metodologas y no desde sus causas.

El Partido de los Trabajadores del Brasil pone especial nfasis en la extensin de la ciudadana, lo cual concuerda con el concepto de "suspensin de ciudadana" que citamos anteriormente. El primer punto del Programa de Gobierno del PT dice: "slo un nuevo contrato social que favorezca el nacimiento de una cultura poltica de defensa de las libertades civiles, de los derechos humanos y de la construccin de un pas ms justo econmica y socialmente permitir profundizar la democratizacin de la sociedad, combatiendo el autoritarismo, la desigualdad y el clientelismo. En busca de un nuevo contrato, la movilizacin cvica y los grandes acuerdos nacionales deben incluir y beneficiar a los sectores histricamente marginalizados y sin voz de la sociedad brasilea. Solo as ser posible garantizar, de hecho, la extensin de la ciudadana a todos los brasileos. Es indispensable, por eso, promover un gigantesco esfuerzo de desprivatizacin del Estado, colocndolo al servicio del conjunto de ciudadanos, en especial de los socialmente marginalizados" . La extensin de la ciudadana, por lo tanto, contribuir al combate contra el clientelismo.

Un editorial de La Nacin plantea como causa del clientelismo la falta de educacin. "El clientelismo -dice La Nacin- pasa por la manipulacin de masas disponibles dispuestas a entregarse al mejor postor; es una aberrante metodologa para no brindarles soluciones de fondo a los sectores ms pobres de la poblacin con la idea de que stos dependan permanentemente del apoyo o de las ddivas del Estado y de los aparatos partidarios que viven de recursos pblicos y de la corrupcin. En buena parte de la raz de este mal est la falta de educacin de la mayora de los sectores pobres e indigentes de nuestro pas. No slo nos sorprende advertir hoy el grado de miseria en que viven familias enteras, sino mucho ms su escasa capacitacin para proveer de alimentos a sus hijos o para desarrollar pequeas huertas familiares que ayudaran a resolver elementales problemas de los ms necesitados" . Es interesante que el planteo pase por la educacin de los pobres (sumamente necesaria) y no hable de la educacin de sus dirigentes. Aqu definimos al clientelismo como un "hbitus" lo cual implica la necesidad de iniciar un proceso de cambio que incluya por supuesto a los clientes, pero tambin, indispensablemente, a quienes generan las redes clientelares, o sea patrones y mediadores. Ms an, el uso de la frase "la disposicin de las masas para entregarse al mejor postor" revela una concepcin pobre de lo que es el fenmeno clientelar.

Cerramos este punto con palabras del Presidente de Brasil, Lula: "sin profundizar la democratizacin de la sociedad no derrotaremos el autoritarismo, las desigualdades y el clientelismo"

b) Combatir el clientelismo combatiendo sus mtodos: algunos artculos plantean formas de superacin del clientelismo a partir del combate contra sus metodologas de intervencin. En ese sentido el presidente colombiano lvaro Uribe el da de su asuncin propuso una "iniciativa de reformar las instituciones del pas y establecer un Congreso unicameral es parte del llamado a un referendo que propone eliminar las prebendas de los diputados, dndole batalla al 'clientelismo, la politiquera y la corrupcin'" . Es decir, apunta apenas a una -por supuesto no la nica- de las posibles fuentes de financiamiento de las prcticas clientelares.

La Secretara de Promocin Social portea propuso un sistema de entrega de vales para la compra de alimentos, una iniciativa discutible desde lo tcnico. Segn sus propulsores inclua "un objetivo ms difcil, segn admiten en el gobierno porteo: desarmar la trama del clientelismo poltico que se sostiene en el reparto de alimentos" . En verdad, un objetivo desmesurado, y tal vez no pertinente, para tan humilde accin. Terminarn los vales con el clientelismo a partir del intercambio de alimentos, o inaugurar la poca del clientelismo a partir del intercambio de vales?.

Vimos como las elecciones abiertas con presentadas como una panacea. Vinculado a eso, otra supuesta metodologa para acabar con el clientelismo es la eliminacin de las listas sbana. As lo manifiesta un editorial de La Nacin: "las reprobadas listas sbana, en las cuales la eternizada presencia de una mayora de ignotos candidatos introduce un factor de distorsin y favorece el clientelismo poltico y el prebendismo electoralista. Mxime porque los futuros votantes interpretan que, de suyo, la superposicin de las elecciones nacional y local los colocar frente a largusimas e indescifrables nminas de postulantes a los cargos electivos" . Podemos discutir si siendo las redes clientelares comandadas en forma personalizada por un patrn, el jefe poltico, estas no tendran alta incidencia en una eleccin de candidato nico, sin lista sbana. Qu cambia para el jefe de una red clientelar el que su nombre sea el nico de la lista o sea acompaado de una veintena de ignotos candidatos?. Disminuye el poder de la red la soledad en la boleta?. Una ex ministra realiza una propuesta de similar tono: un plebiscito para la caducidad de todos los mandatos "para terminar con el clientelismo" . De nuevo: el jefe de una poderosa red clientelar -si como indican los diarios el clientelismo gana elecciones- qu problemas tendra en presentarse a los comicios y hacerse re-elegir superando el plebiscito

La raz comn de estos planteos es que todos proponen acabar con el clientelismo combatiendo sus mtodos. Es una mirada acotada, a-histrica. El clientelismo no es rgido, supo adaptarse a situaciones diversas a lo largo de los aos, y es lo suficientemente creativo para, si le cierran algunos caminos, descubrir alternativas. Intentar terminar con el clientelismo mediante un ataque a sus mtodos podra ser efectivo en un primer momento, pero no tardarn en aparecer nuevas formas de realizar los intercambios, especialmente cuando el contexto de crisis generalizada empuja a grandes masas de la poblacin a la desesperacin y la miseria.

c) Combatiendo a los intermediarios para combatir el clientelismo: una variante del punto b, slo que en lugar de apuntar a los mtodos intenta evitar el trabajo de los intermediarios. El planteo es "evitando la intermediacin es ms difcil desviar fondos hacia el intercambio clientelar", cuestin con la que acordamos. La Nacin, en referencia a un programa de ayuda brasilero, dice: "la clave para que el esquema no derive en el clientelismo poltico es que los recursos llegan sin intermediarios, directamente a los beneficiarios" . No obstante, cmo evitar eficazmente la intermediacin?. Aqu las ideas surgen alrededor de las ONGs, tema tratado al hablar de la relacin clientelismo-ayuda social, y de otros grupos organizados que rompen con el puntero tradicional, como los piqueteros. La ruptura con el tradicional puntero, no significa en modo alguno que no establezcan relaciones clientelares con mediadores no tradicionales. Esas organizaciones (no gubernamentales o piqueteras) pueden re-significar el rol del puntero creando sus propios mediadores, para otro tipo de relaciones clientelares donde los clientes quizs no aporten votos pero s otras contraprestaciones. Vale la pena reiterar la cita de Danani: "cuando la atencin se desliza hacia el puntero, concejal, diputado o senador que condicionan el acceso a los planes a determinadas manifestaciones de 'lealtad' o hacen un uso directamente corrupto de los fondos, la corrupcin y el clientelismo vuelven a triunfar, porque las personas 'beneficiadas' estn dispuestas a coexistir cotidianamente con esos mecanismos que les arrojan alguna ayuda". En otras palabras, los estrechos mrgenes de sobrevivencia de los sectores pobres los obligan a aceptar las reglas del juego clientelar ya que, bsicamente, las opciones son solucionar deficientemente sus problemas en el marco de la red clientelar o, simplemente, no solucionarlos. Las opciones favorecen claramente el mantenimiento de las redes, por necesidad de sus clientes.

d) En el empleo pblico, carrera administrativa: en el caso puntual del empleo pblico, signado como uno de los posibles intercambios de cualquier relacin clientelar, la propuesta es la reforma administrativa, quitando a los funcionarios polticos discrecionalidad a la hora de definir ingresos a las plantillas de empleados estatales. Esta propuesta fue motorizada por la visita de un experto, Andrew Nickson, quien visit Argentina y gener notas en La Nacin y Pgina/12, que incluso dieron lugar a posteriores editoriales basados en sus palabras.

"Es muy preocupante -dice Nickson- que en medio de una crisis tan profunda, un aspecto fundamental como la gestin del Estado no sea un tema central en la discusin. Es una cuestin en la que se liga corrupcin, ineficiencia, focalizacin del gasto pblico, el clientelismo en la poltica. La reforma de la administracin pblica es la que permite romper con las viejas tradiciones de la poltica. Si no se rompe, vuelve a aparecer el problema una y otra vez". "La desaprensiva utilizacin de las estructuras de las administraciones pblicas para retribuir favores polticos -seala en otro artculo- ha sido la progenitora del estancamiento o el fracaso de las polticas tendientes a producir las imprescindibles reformas del Estado en muchos pases del subcontinente. Es necesario profundizar las razones por las cuales la corrupcin se pudo enseorear de las relaciones entabladas entre los viciosos aparatos estatales y los sectores de la actividad privada". La propuesta concreta es crear el llamado Servicio Civil, para lo cual propone "llegar a un acuerdo para la creacin de una Comisin de Servicio Civil, integrada por ciudadanos que merezcan la confianza ciudadana y tengan a cargo el reclutamiento de personal para la administracin pblica. No es imposible. La Argentina cuenta con gente de renombre en materia de reforma administrativa, profesionales con reconocimiento internacional. (...) No es un problema de capital humano, lo que se necesita es voluntad poltica. Donde no encuentro eco es en los partidos polticos"

Ultimas Consideraciones

Finalizamos mencionando sintticamente las principales cuestiones tratadas en el desarrollo. Repetimos que el presente es slo un anlisis preliminar que podra profundizarse con un estudio ms detallado tanto del concepto utilizado para hablar del clientelismo como de sus usos.

Clarn, La Nacin y Pgina/12 presentan una realidad donde el clientelismo se vincula casi exclusivamente a cuestiones relativas a la poltica nacional, y -dentro de esta- a la ayuda social. No hay, aparentemente, fronteras partidarias para el clientelismo, sino un hbitus que atraviesa diversas agrupaciones polticas, sin importar si provienen de la izquierda o la derecha. El clientelismo parece una relacin entre polticos y sectores ms dbiles de la sociedad. Nunca lo vinculan a las clases poderosas (que bien podran, por ejemplo, oficiar de patrones de redes clientelares con los polticos como clientes), a los grupos econmicos, ni siquiera a la clase media.

Reafirma esta visin el hecho de que cuando mencionan al clientelismo en mbitos no especficos de la poltica partidaria (iglesia, sindicatos, universidad, etc.) hablan de la partidizacin de estos sectores y, ms an, los actores que identifican como clientes en esos mbitos son tambin los ms dbiles (por ejemplo los estudiantes en la referencia al clientelismo en la UBA).

Los medios sealan la existencia de los tres personajes bsicos de cualquier relacin clientelar: patrones, mediadores y clientes. Los patrones son polticos: gobernadores, legisladores o intendentes. De los mediadores poco hablan, escasamente los mencionan como "punteros" y los clientes son claramente los pobres. As pierden una dimensin importante del fenmeno, pues los mediadores no son simples intermediarios sino "figuras cardinales" de la reproduccin de las relaciones clientelares.

Leyendo los diarios advertimos que el clientelismo posee cierta forma de estructuracin. Mencionan dos atributos bsicos: 1) es sustentada en un intercambio y 2) es organizada (un "ejrcito"). Sus actores, segn los medios, establecen relaciones basadas en el temor, la proteccin de patrones a clientes, y la dependencia de la red para subsistir. No hay menciones, sin embargo, a la forma de estructuracin de relaciones clientelares intra partidarias, esto es, el patrn de una red local (por ejemplo un intendente) puede ser mediador o cliente de una red mayor (cuyo jefe es un gobernador o un caudillo regional). Es decir las redes clientelares locales son englobadas en otras estructuras mayores, pasando sus patrones a cumplir tareas de mediadores o, directamente, clientes de otros patrones ms poderosos.

Para los diarios los patrones aportan al intercambio los productos de programas de ayuda social y empleo pblico; en tanto que los clientes devuelven con servicios personales (a patrones o mediadores), votos y otras cuestiones menores, como participacin en los saqueos o asistencia a actos, esto es apenas sealado.

Los momentos del intercambio no son objeto de descripcin ni anlisis por parte de los medios. No encontramos referencias a esta cuestin de importancia central, pues es precisamente en el momento del intercambio donde mediadores y clientes desarrollan su particular relacin, basada principalmente en "el modo especial" de dar del mediador. Si siguiramos exclusivamente el fenmeno clientelar por las notas periodsticas adquiriramos una visin parcializada con foco en lo intercambiado pero no en sus esenciales aspectos contextuales.

Hablamos de intercambio, lo cual implica recursos. Los recursos de todos los intercambios narrados en las notas provienen del Estado, utilizados por patrones y mediadores en provecho propio. La discrecionalidad en el manejo de dichos recursos facilita el desvo de bienes estatales hacia redes de resolucin de problemas manejadas con criterios personalistas.

Los aspectos subjetivos -conceptualizados como "el conjunto de creencias, presunciones, estilos, habilidades, repertorios y hbitos" que acompaan los intercambios- no son detectados por los medios estudiados. Apenas los mencionan tangencialmente, impidiendo que el lector no especializado en el tema, advierta su importancia en el marco del fenmeno clientelar. Esto fomenta una visin sesgada sobre la realidad del clientelismo, quitndole su complejidad.

Al mismo tiempo los medios refuerzan los estereotipos ms difundidos sobre el tema, agravando la simplificacin mencionada en el prrafo anterior. Esta mirada estereotipada no es exclusiva de los medios, sino tambin de los polticos. Cuestiones tales como que el clientelismo es un tipo de relacin propia de los sectores ms pobres, que es un mero intercambio de favores por votos, o que el clientelismo por s solo alcanza para ganar elecciones, abundan en las notas de los tres diarios. En relacin al ltimo estereotipo -"el clientelismo gana elecciones"- vale decir que el fenmeno clientelar puede "ayudar" a obtener una masa mayor de votantes pero no hay estudios avalando la existencia de triunfos electorales basados exclusivamente en el peso de la red clientelar.

La lectura de los medios nos permiti detectar un uso adicional del clientelismo. Esto es, el clientelismo como excusa o chivo expiatorio. En las voces reproducidas en las notas lo detectamos como excusa para diferentes cuestiones, desde no profundizar la lucha contra la evasin hasta para evitar la creacin de un sistema de pensiones para los ciudadanos sin aportes. Cuando hay intereses sectoriales en juego un fundamento til para defenderlos es apelar al clientelismo.

La interna abierta se presenta como panacea que terminar con los males de la poltica. No obstante no explican que las estructuras clientelares pueden perfeccionarse en este tipo de comicios, an logrando el "prstamo" mutuo de clientes entre patrones de diferentes partidos polticos. Esta situacin tal vez se solucionara con las internas simultneas y obligatorias, aunque al da de la fecha no existen experiencias en ese sentido en la Repblica Argentina.

La poltica impregna, segn los medios, de clientelismo lo que toca. As tanto la relacin de los polticos con los medios masivos de comunicacin, la universidad o las iglesias parecen atravesadas por alguna forma de clientelismo. En pocas palabras, todo lo que pueda ser clientelable, la poltica lo transformar en realmente clientelar.

En lo referente a la relacin poltica y ayuda social los medios presentan una alternativa: el trabajo mediante Organizaciones No Gubernamentales. Estas son presentadas como la alternativa vlida a la ineficiencia del Estado. Plantean un falso dilema: ONGs vs. Ineficiencia, como si ambos trminos fuesen contrapuestos. El Estado es realmente ineficiente en el manejo de algunas de las polticas sociales, lo cual no garantiza que todas las ONGs cumplan con criterios de eficiencia. Existirn ONGs de alta calidad y mayor eficiencia, las que conviven con otras de menor eficiencia. La generalizacin sirve para desvirtuar la labor estatal, contribuyendo al fortalecimiento de la ideologa neoliberal que propugna en esta rea el desprendimiento de los roles estatales en materia de ayuda social. No hay, como no lo hubo durante las privatizaciones, una discusin seria que contraponga planteos realmente opuestos. A la actual ineficiencia se opone la eficiencia estatal, y no el abandono de su accionar en el tema.

De la lectura de los diarios, tanto en opiniones propias como en las de actores polticos, los trminos corrupcin y clientelismo conforman una pareja indivisible. Si hay clientelismo, hay corrupcin, opinan los protagonistas de la vida poltica. Esta equivalencia de trminos, verdica en muchos casos, es otro de los elementos que contribuye a la simplificacin de la concepcin de clientelismo. An acordando que la utilizacin de los fondos pblicos con criterios discrecionales sera una forma de corrupcin, no es posible que todo acto clientelar sea un acto corrupto. Qu ocurrira si detectamos que un poltico solventa su red clientelar con fondos personales, honestamente conseguidos?. No hablaramos de corrupcin, pero s de clientelismo.

El clientelismo no se define por el origen de los fondos sino por el tipo de relacin establecida entre patrn, mediadores y clientes. Que en la mayora de los casos los fondos provengan del Estado mediante un desvo inaceptable de recursos, es un hecho que no invalida la posibilidad de existencia de relaciones clientelares no vinculadas con la corrupcin. Esta mirada no est en los diarios, el binomio clientelismo-corrupcin aparece unido sin mayor reflexin sobre su aplicabilidad en cada caso particular.

Finalmente, los medios reflejan opiniones que incipientemente intentan superar la problemtica del clientelismo poltico. Agrupamos dichas opiniones en dos grandes grupos. El primero, con una mirada global, lo plantean acadmicos o experimentados polticos, que pretenden acabar con el clientelismo a partir de la eliminacin de las causas que lo generan. Es decir, la pobreza, las deficiencias de las polticas sociales, la desocupacin entre otras.

El segundo grupo tiene una visin ms restringida de la situacin. Plantea el combate al clientelismo a partir de la invalidacin de sus metodologas. Entre otras, evitando los intermediarios, eliminando prebendas a los legisladores, permitiendo el voto uninominal. Estas cuestiones que, sin dudas, colaboraran con la disminucin del clientelismo, no eliminan sus causas, con lo cual dejan abierta la posibilidad de que las redes clientelares se regeneren a partir de nuevas metodologas. El clientelismo demostr gran flexibilidad y capacidad de adaptacin, por lo cual intentar derrotarlo a partir de enfrentar a sus mtodos podra ser una salida vlida, pero insuficiente.




Bibliografa:

AUYERO, Javier (comp.). (1997). Favores por votos. Editorial Losada. Buenos Aires.

Diarios Clarn, Pgina/12 y La Nacin. Artculos periodsticos. Buenos Aires. 01/07 al 31/12/2002.
O'DONNELL, Guillermo. (1997). Contrapuntos. Editorial Paidos. Buenos Aires.

TORRES, Pablo Jos. (2002). Votos, chapas y fideos: clientelismo poltico y ayuda social. Ediciones De La Campana. Buenos Aires.




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