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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-01-2010

Ciencia, civilizacin y barbarie (I)

Sergio Barrios Escalante
Adital


Pensar es el primer deber de la intelligentsia. Y en ciertos casos, el nico"
(Octavio Paz).

El dilogo multidisciplinario, tanto dentro como fuera de los mbitos acadmicos e institucionales formales, ha sido siempre una poderosa herramienta heurstica, y hoy ms que nunca debemos continuar practicndolo.

En la actualidad, la creciente agudizacin y generalizacin de una crisis que de general se ha tornado rpidamente en integral, compleja y multidimensional, justifica con creces la necesidad de volver los ojos a la prctica sistemtica, seria, desprejuiciada y horizontal, del dilogo inter y multidisciplinario, y en particular, al dilogo entre las Ciencias Sociales y las llamadas "Ciencias Puras", "Fsicas" o "Exactas".

El espritu prevalente en algunos de quienes desde hace mucho tiempo hemos venido abogando (y practicando) este tipo de dilogo, ha sido el de la necesidad de recordar permanentemente la misin irrenunciable de la ciencia, en relacin a la bsqueda de humanizar este planeta, buscando sin cesar, de manera honesta e incansable, alternativas y soluciones a los problemas ms acuciantes y lacerantes que nos agobian.

Lejos de ser una costumbre extica, la prctica del dilogo multidisciplinario es muy antigua, y algunas veces se ha ejercido en torno a ejes y problemticas que han ocupado y obsesionado a cadenas enteras de generaciones, prolongndose incluso, a lo largo de siglos enteros de esfuerzo reflexivo constante entre pensadores, cientficos e investigadores.

Quiz uno de los casos ms ilustrativos de esto sea el dilogo multidisciplinario iniciado por Platn y Aristteles, en torno a lo que entonces no era otra cosa ms que un problema metafsico, centrado en interminables discusiones sobre las relaciones entre la materia y la forma.

Mucho tiempo, gente y neuronas hubo de emplearse hasta que finalmente S. Carnot, en el siglo XIX, mediante la formulacin de sus conocidos principios de la termodinmica, hiciera "aterrizar" los frutos de tan largas y abstractas discusiones, correlacionando por vez primera los fenmenos de la energa con los de la entropa (donde e= - H), es decir, la entropa como negacin/obstruccin de la informacin en cualquier sistema cerrado o abierto.

Desde entonces la nocin ha sido aplicada en disciplinas tan diversas como heterogneas, que van desde la fsica clsica hasta la fsica terica y cuntica, pasando por la lingstica y la semitica, y me parece, utilizada tambin y con distinto nombre entre algunas corrientes psicoanalticas.

El siguiente salto en esa misma direccin lo dio Einstein, estando ya en el siglo XX, con su archi conocida frmula que correlaciona la materia con la energa, y poco tiempo despus, Wiener y Shannon, siguiendo la misma lnea reflexiva-investigativa, vincularon la nocin de energa con la nocin de informacin.

Esa es la "breve" historia" del "bit", parmetro a travs del cual ahora todos medimos la cantidad de informacin que tenemos y procesamos en nuestros juguetes informticos (y telemticos), de uso cotidiano en la oficina y en la casa.

Empero, cualquier mortal contemporneo con los pies bien plantados sobre la tierra, de inmediato tiende a pensar que hoy en da ya no contamos con las mismas posibilidades y recursos (y con el mismo tiempo), para entretenernos y distendernos en largos y abstractos alegatos propios de la metafsica ontolgica.

Y sin embargo, al estilo de Napolen frente a su esposa ("vsteme despacio que tengo prisa"), habra que decirle a los pragmticos cortoplacistas (y a uno que oto "ignorante ilustrado"), que nunca como ahora este tipo de reflexin (metdica, horizontal, rigurosa, conceptualmente estructurada y no- anecdtica), es hoy ms que nunca muy necesaria.

En la medida que se va acentuando la presente crisis civilizatoria (con su indetenible cauda de barbarie), se va haciendo cada vez ms evidente la importancia invaluable de formular (se) preguntas vitales. Estamos viviendo un momento crucial en el cual las interrogantes son igual de importantes (o quizs aun ms), que las mismas respuestas.

Es ms, el primer requisito indispensable para encontrar las respuestas adecuadas es formular las preguntas adecuadas. Lo cual de inmediato y por simple asociacin de ideas, me hace recordar unas palabras de Canclini, ese lcido antroplogo argentino-mexicano: "vivimos actualmente una poca crucial, en la que los procesos son ms importantes que las acciones heroicas".

Y resulta a todas luces evidentes, que sin reflexin no hay procesos.

Quiz precisamente por eso, en las dos ltimas dcadas, prcticamente se ha borrado de tajo la enseanza de la filosofa en muchas unidades acadmicas, cosa que ocurre en una buena parte de universidades de Amrica Latina, Estados Unidos y Europa (hasta hace muy poco tiempo, la "reina cada en desgracia", luchaba a brazo partido con las ms altas autoridades de la UNAM, en Mxico, pues en esa alta y prestigiosa casa de estudios se discuta si finalmente tambin de all habra de ser echada a patadasalgo que segn tengo entendido, felizmente no ocurri).

En trminos generales, a nivel de todo el sistema-mundo, quiz eso tenga algo que ver con la necesidad imperiosa de inducir a la gente de todas las latitudes, a que renuncie a desarrollar sus capacidades reflexivas y auto-reflexivas.

Quiz con ello se busca que la gente no mir ms all de la zanahoria que cada da el sistema le coloca enfrente, para conseguir que sigan adelante por simple inercia, sin siquiera preguntarse a dnde van, o mejor dicho, como dira "Momo", el acucioso personaje de la novela de Heinrich Bell, "sin siquiera preguntarse a dnde los llevan".

Dan Fabre Platas y Martha Beatriz, en su ensayo "Conversin religiosa y dinmica social" (UAEH, Pachuca, Mxico), nos recuerdan que Bonfil haba comentado ms de una vez, al referirse a la religin, que "esta tradicionalmente ha sido una "matriz" productora de sentido: uno de los esquemas ordenadores de mayor importancia en todas las culturas"

En esta frase atribuida a Bonfil, sustituya usted la palabra "religin" por cualquier otra cosa o trmino, y de todas maneras obtendr el mismo resultado, en particular, un resultado paradojal. Un enorme vaco para una civilizacin tan llena de todo tipo de cosas, pero hurfana de cosas tan importantes, por ejemplo, de hiptesis acerca de cmo ser (o sera) un mundo realmente post-capitalista.

Ahora bien, yo me pregunto Qu sucede cuando, en medio de una crisis civilizatoria y neo-barbrica como la actual, la religin (o el valor que usted quiera poner a cambio), pierde esa pretensin?

Qu sucede cuando el hombre moderno, "culto" y "civilizado", con sus desplantes irracionales se esfuerza por retornar a la caverna? Hemos llegado al punto en el cual nos quieren imponer la idea de que, en realidad, slo la riqueza del oro y la del uranio valen. La del oro como refugio ante las turbulencias financieras y la del uranio para amenazar.

Estamos pues, ante una sociedad global que metafrica y literalmente ha "mineralizado" sus principios y valores vitales, como una medida alternativa ante el fracaso del actual proyecto civilizatorio. Es una especie de "alquimia regresiva", dira un Paracelso o un Newton del siglo XXI.

En un tono algo similar al prevalente en este artculo, Jos Beriain, en su ensayo "Los contornos interpretativos del Self en la modernidad y en la postmodernidad", sin necesariamente emplear las mismas palabras que voy a usar para presentarlo, nos dice que la actual civilizacin, en su versin actual de desarrollo postcapitalista y occidental, es hasta cierto punto el resultado de una serie de "pactos" entre dos tipos de individuos: el homo economicus y el homo religioso (en el sentido puritano de la conocida versin weberiana de inicios de la revolucin industrial).

Metamorfoseado poco tiempo despus, en aquel "especialista sin espritu" y "gozador sin corazn", de Thomas Mann, para quien el nico y mximo logro de la humanidad del capitalismo avanzado, no consista en otra cosa ms que en haber logrado "la transformacin del dinero en sustituto tcnico de dios".

Pero Beriain tambin nos seala otro "pacto" entre otros dos actores "civilizatorios" importantes. Se refiere al pacto de mutua sumisin entre el autcrata y el "hombre masa" de Ortega y Gasset, as como tambin el pacto entre el financista y el burcrata, en la visin de E. A. Poe, Baudelaire y W. Benjamn, con su nefasta cauda de burocratizacin y monetarizacin de las relaciones sociales.

De alguna manera (y siguiendo la tnica de Beriain), el resultado de todos estos "pactos identitarios" (yo preferira llamarlos "matrimonios de conveniencia"), est condensado en lo que nuestro amigo denomina como "proletarizacin psquica", entendida como el actual y masivo desmoronamiento tico y moral que hoy en da afecta a importantes porciones de la poblacin mundial, algo de lo cual, segn el mismo autor, ya muy tempranamente en el siglo XX dan cuenta gente como Kafka en su obra "El Castillo"; O. Wells en "El Proceso"; Th. Benhard en su "Correccin", entre otros seres notables que han ejercido la crtica social radical.

*El autor es cientfico Social e Investigador. Escritor. Editor de la Revista Raf-Tulum

Fuente:http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1〈=ES&cod=44266


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