Portada :: Chile
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-01-2010

Por qu gan Piera?

Andrs Figueroa Cornejo
Rebelin


1. Ms de un 40 % de las personas habilitadas para sufragar en las elecciones presidenciales 2009 en Chile, no acudieron a las urnas, no estn inscritas o anularon o dejaron el voto en blanco. La crisis de participacin de la democracia tutelada y puramente ritual y formal del pas testimonia los lmites del presente formato poltico, y su baja representatividad. Paradjicamente, este mismo estado de cosas, fortalece la gobernabilidad transitoria de la clase en el poder.

2. En el ltimo tercio de la dcada de los 80, en Chile se sell a fuego un pacto de gobernabilidad que, en trminos sustantivos, contina vigente, y que puso trmino al rgimen militar y abri el ciclo de gobiernos civiles. La dictadura pinochetista sirvi, de manera inmediata, para contener violentamente el avance de las fuerzas populares y una de las clases trabajadoras ms organizadas y concientes del mundo en aquella poca. Al respecto, la Unidad Popular encabezada por el doctor Salvador Allende fue expresin de la lucha de clases y el protagonismo del pueblo y sus intereses, y no al revs. El golpe de Estado termin con las conquistas asociadas al cuestionamiento estructural del reinado del capital por el poder popular condensado en sus masivos destacamentos polticos y autoorganizacin propia. La dictadura militar, digitada por el Pentgono, inaugur una fase de contrarrevolucin capitalista y desde mediados de los 70, se impuso en Chile el programa del estadio ms brutal del capitalismo, muy distinto al conocido hasta ese momento en la historia. De este modo, se ejecut la ultraprivatizacin de los derechos sociales, los recursos bsicos, el territorio mismo. Se ampli y precariz el empleo asalariado y se desmantel el sindicalismo (que, por otra parte, hoy apenas responde a una organizacin del trabajo anterior, y no a una nueva regimentada por un capitalismo sin contrapesos, la deslocalizacin y fragmentacin laboral. Por tanto, el actual sindicalismo es apenas una rmora adjetiva de una fase del capital ms bien desarrollista que ya no existe.). La crisis de la deuda externa de fines de los 70 e inicio de los 80 gatill en el pas la protesta social explcita y la exigencia mayoritaria del fin del rgimen de Pinochet. Antiguas representaciones polticas, como la Democracia Cristiana, guardianes de los intereses de la burguesa y el imperialismo, y que jugaron un papel fundamental en la legitimacin del golpe de Estado, se pasaron al bando de la oposicin a la dictadura, sin ms contenidos que el retorno a la democracia representativa. La izquierda de la poca, fuertemente influida por la revolucin nicaraguense y el apoyo internacional, radicaliz la protesta social, ampli sus organizaciones poltico-militares (FPMR, MIR, MAPU-Lautaro, fracciones del Partido Socialista) con el objetivo de romper con el monopolio burgus de las armas y presionar hacia una salida lo ms adelantada posible en trminos democrtico populares- de acuerdo a las circunstancias. Sin embargo, luego de 1986, la hegemona de conciliacin de la clase propietaria en la oposicin de los partidos democrtico burgueses y en tendencias al interior de la propia izquierda lapidaran la posibilidad de un levantamiento insurreccional, y aos despus compondra la Concertacin de Partidos por la Democracia. Esos partidos, tutelados por el imperialismo norteamericano y algunos Estados europeos, ante la polarizacin de la lucha de clases y la inminente crisis de gobernabilidad, pactaron una agenda de consenso, a espaldas del pueblo y los trabajadores, con la dictadura. As, el itinerario de Pinochet se mantuvo intacto, y gan el NO a la continuacin del rgimen militar en 1988. Un ao despus obtuvo la mayora en las primeras elecciones presidenciales luego de 17 aos, el DC y uno de los principales alentadores del golpismo durante el gobierno de Allende, Patricio Aylwin. En 1990 comenzaron los gobiernos civiles sobre un poderoso acuerdo de gobernabilidad por y para bien de los de arriba. La dictadura ya haba cumplido sus objetivos de exterminio popular y contraemancipador, y ahora slo ofreca crisis sociales y superior descontento.

3. El nuevo consenso de gobernabilidad de los que mandan tuvo por fin inmediato descomprimir la organizacin y la protesta social; cautelar el patrn de acumulacin capitalista inaugurado durante el perodo dictatorial; y despolitizar, desmantelar y descalcificar todas las organizaciones construidas por los trabajadores y el pueblo al calor de la lucha antidictatorial. Con la operacin concreta de desarticular, domesticar y extinguir las expresiones ms avanzadas de los de abajo, y con el argumento aterrador de evitar nuevas asonadas golpistas, los gobiernos civiles de la Concertacin capitalista, provocaron el reflujo del movimiento real del pueblo. Cooptaron y desmoralizaron a la mayora de sus cuadros dirigentes, y de manera progresiva, infantilizaron polticamente a las grandes mayoras. Al final del primer gobierno de la Concertacin el trabajo estaba hecho. Se consolid la paz de cementerios requerida por el modo primario exportador de una burguesa rentista, parasitaria, especulativa y subordinada al capital transnacional. Se hipotec, una vez ms, el desarrollo industrial y soberano del pas, condenando a Chile al extractivismo, la acumulacin por despojo de los recursos naturales, y la dependencia econmica y multidimensional respecto de los Estados corporativos titulares del capital mundial. El pueblo y los trabajadores se convirtieron en meros consumidores fuertemente endeudados y los distintos momentos de la realizacin de la valorizacin del capital (produccin-distribucin-consumo-produccin), al igual que en casi todo el planeta, fueron y son dominados por el capital financiero especulativo. Los dispositivos simblicos de representacin y legitimacin de masas de la versin del mundo dominante de la clase dominante, obraron de manera inmejorable a travs de las instituciones educativas, militares, eclesisticas y mediales. El mensaje es el miedo, la resignacin, el consumo compulsivo, la competencia insolidaria, la mansedumbre popular, y la conversin de los potenciales sujetos de transformacin en simples clientes, objetos de crdito, endeudamiento, explotacin y reproduccin general del capitalismo.

4. Del proceso constituido histricamente de acuerdo a condicionantes en el campo de las relaciones de fuerza mundiales, y su manifestacin determinante en el territorio chileno, coyunturalmente se presenta con la imposicin de los candidatos presidenciales del poder, Sebastin Piera (quien, junto a sus hermanos, se enriqueci gracias a la dictadura, la venta a precio absurdo de la propiedad estatal, la privatizacin de la seguridad social y la salud) y Eduardo Frei Ruiz Tagle (cuyo gobierno sold los lazos de dependencia estructural en relacin a los intereses corporativos transnacionales y, justo antes de Ricardo Lagos, termin el proceso de privatizacin de los derechos sociales, los recursos naturales y el empeoramiento de las condiciones de trabajo de la mayora chilena). Ambos representan los mismos intereses de clase y son notas de una similar composicin antisocial y antipopular. Casi est de ms recordar que los dos son instrumentos de las polticas emanadas de los centros imperialistas y sus polticas de ajustes estructurales, desregulacin econmica, el Estado subsidiario y aval de la burguesa en aprietos, la autonoma del Banco Central, programas sociales focalizados y absolutamente insuficientes, etc.

5. Mientras tanto, el padrn electoral viejo, clientilizado y loteado polticamente sobre la base de los resultados del plebiscito del S y el NO de 1988- repite una y otra vez sus resultados ante la crisis de representatividad, credibilidad de la actual democracia, y despolitizacin del conjunto del pueblo. Hasta ahora, y despus de 20 aos, el Ejecutivo estuvo en manos de la Concertacin. En la ltima eleccin concurri una batera de variables que explica el empate de las dos derechas en competencia, resuelto a favor de Piera.

6. De los aproximadamente 12,5 millones de electores potenciales en Chile, emitieron un voto vlido 6.942.601. Piera sac 3.582.800 y Frei 3.359.801. 244 mil personas anularon el voto. Es decir, del total de electores posibles, Piera tuvo el sufragio del 28,66%. Normalmente en la segunda vuelta la abstencin disminuye en al menos un 4% respecto de la primera. En esta ocasin se dio al revs: aument en un 2%.

7. El pueblo chileno no es ms derechista o conservador que hace 4 aos. El continuismo concertacionista, el nepotismo, la imposicin de Frei como candidato nico de la Concertacin sin pasar por primarias en un perodo de crisis de esa componenda; la fragmentacin y desgajamiento de la fraccin del bloque del poder en el Ejecutivo de MEO (cuya propaganda y mercadotecnia lo ligaron hbilmente al cambio generacional y al relevo sin contenidos, demostrado por el fenmeno de que un tercio de su votacin se fue a Piera y el resto a Frei); la inteligente, pero desconcertante e insuficiente maniobra de que Jorge Arrate, ex lder concertacionista, facilitara el ingreso de tres miembros de la direccin del Partido Comunista al parlamento a travs de un pacto por omisin; y la propia figura de Frei el peor de los candidatos posibles- son parte del problema. A lo anterior, es preciso aadir el populismo ms efectivo mediticamente de Piera (el 90 % de los medios de comunicacin en el pas son propiedad de la vieja derecha), su promesa de un milln de empleos y fin de la delincuencia (?), el trabajo aoso de la ultraderechista UDI en territorio popular, la apata galopante de la poblacin ante un panorama electoral sin alternativas, etc.

8. Sin duda, acaso desde abajo, como sugiere mi querido Pedro Echeverra (extraordinario y prolfico analista y acadmico mexicano), una de las variables sustantivas para el triunfo de Piera se encuentra en que la izquierda anticapitalista, el eventual continente poltico de los trabajadores y los pueblos, todava no se convierte en alternativa poltica desde, con y para las grandes mayoras. Es cierto, luego de un largo reflujo, descomposicin poltica y orgnica, desesperacin y depresin, el socialismo anticapitalista recin comienza a escribir el prlogo de la reconstruccin poltica de la conduccin de los intereses de los trabajadores y los pueblos. Ello se hace paulatinamente, con audacia y, al mismo tiempo, ofreciendo confianza, claridad y fortaleza a los futuros protagonistas de la transformacin profunda, independiente y popular que demanda la inmensa mayora de Chile. Por eso sus tareas principales son la participacin en los movimientos y luchas autnticas del pueblo trabajador, su ampliacin dinmica y comprensiva de las luchas anticapitalistas que se manifiestan en la gesta de los pueblos originarios, el feminismo, el ambientalismo, la diversidad sexual, las nuevas sensibilidades solidarias de las generaciones actuales. Para el caso, la izquierda anticapitalista debe rimar su unidad resumida en el Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores (MPT) con las condiciones actuales de fuerza, las demandas autnticas de las mayoras, una representacin y produccin simblica que termine con la nostalgia (que no con la memoria), eche al tacho de la basura las prcticas discursivas hacia adentro y atrs, y proyectarse creativamente de cara al futuro y con las maneras de la actualidad y los y las actuales. Frente a la alternancia de los dueos de todo por arriba, es preciso propugnar la alternativa desde abajo y en todos los terrenos en disputa de la lucha de clases. El calendario de la izquierda convencional recuerda buenamente los santorales inolvidables, pero es la lucha real de los trabajadores y el pueblo la agenda rectora del MPT y sus fuerzas amigas. El desafo de la creacin de un proyecto poltico cuyo horizonte sea la felicidad humana, la igualdad y la libertad, y que en su aterrizaje tctico se base sobre el anlisis concreto de la realidad concreta, debe arrojar por la borda todos los manuales, los dogmatismos estriles e incluso la simbologa que ya nada dice a los chilenos de hoy. Se acab la guerra fra, y la contradiccin dictadura / democracia es foto en sepia para los sujetos actuales. De no ponerse al da, con rigor, alegra y compromiso politico insobornable, el socialismo anticapitalista corre el riesgo de esclerotizarse rpidamente, mientras la burguesa no duerme en su objetivo estratgico de mantener incesantemente el infame estado de cosas.




Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter