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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-01-2010

Hemeroteca en memoria de Zinn: un encuentro de 2004
Howard Zinn en La Habana

Santiago Alba Rico
LADINAMO n 11


A los 81 aos Howard Zinn visita Cuba por primera vez para supervisar los ensayos de su obra Marx en Soho y una tarde de mayo dialoga en el hotel Ambos Mundos de La Habana con una treintena de intelectuales y poetas cubanos. Zinn es un viejo hermoso de la estirpe libertaria de Thoreau y de Walt Whitman, manifiesto vivo de esa otra historia de los EEUU de la que se ha ocupado y que ha nutrido con su obra. Muy alto, muy espigado, sucinto y campestre como un pino, slo su acusada delgadez hace difcil concebir que en su juventud, antes de ser historiador, se ganase la vida como cargador de puerto. Todo lo dems despega y se funde en el generoso trajn del sueo colectivo de los cargadores del mundo: su vigor fsico, el verbo claro de su pedagoga militante, su voluntarismo veterano, esa sonrisa siempre encendida, entre tmida y avisada, del que ha aprendido ms en la brega que en los libros y que sabe que lo que sabe debe ensearlo en la palma de la mano. Desde detrs de la mesa escucha hacia delante y toma un hormiguero de notas; y responde modesto, abierto, aprendiz, intenso, insistiendo en la enorme eficacia de lo mnimo y en las colosales esperanzas de la paciencia. A una pregunta de Abel Prieto, brillante escritor y ministro de cultura de Cuba, Howard Zinn responde hablando de sus giras por pueblecitos y ciudades de provincia, apenas localizables en el mapa de los EEUU, donde a veces se renen cientos de personas para escucharlo: "No suelo utilizar la palabra socialismo. Les hablo de la nacionalizacin de la riqueza, del derecho a educacin y sanidad gratuita, de la lucha contra el imperialismo, y todos aprueban con entusiasmo. Luego, a veces, les digo que eso es el socialismo y se quedan asombrados. Pero si pronunciase de entrada la palabra "socialismo" todos se asustaran y dejaran de escucharme".

Por la noche, Zinn cena en casa de Abel Prieto ensalada y pollo, acribillando a preguntas a su anfitrin sobre las elecciones cubanas, los programas de estudio y la libertad de creacin; y sonre, mientras escucha, con la ingenuidad invencible, insobornable, de un nio difcil. A los postres, le sirven un vasito de ron aejo y l hace una tmida alusin a un puro habano. El viejo Howard Zinn, el historiador del pueblo, se vuelve an ms hermoso detrs del gran cigarro que parece estar fumndoselo a l, con las mejillas ligeramente arreboladas por el alcohol y esa sonrisita limpia que ahora es abiertamente complacida. Y de pronto descabalga de su improvisada traductora de ingls y sorprende a todos con una correctsima, largusima frase en castellano. Mentira si dijese que Zinn dice: "el 11-M seala el principio del fin del imperio estadounidense", porque ya lo haba dicho por la maana; o si dijese que Zinn dice "nadie es neutral en un tren en marcha", que es el ttulo de uno de sus libros ms bonitos. Howard Zinn, el historiador del pueblo, dice muy despacio y muy sencillamente: "Estoy muy contento de haber venido a La Habana". Y la intrprete nos lo traduce rpidamente al ingls.



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