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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2010

La definicin de franquismo, la acuacin selectiva de la memoria histrica y la liberacin de Auschwitz por el Ejrcito Rojo.

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


En su edicin del mircoles 27 de enero de 2010, Pblico [1] daba noticias del debate en torno a la definicin de franquismo que figura en el diccionario de la Real Academia Espaola (RAE)

Para quienes padecieron su violencia, comenta Diego Barcala, el autor del artculo, la definicin no convence. Para quienes, por edad o situacin, no la padecieron, tampoco la conviccin ser tarea fcil.

Se habla en la definicin de golpe de Estado militar antidemocrtico, un ataque fascista a la II Repblica que desde 1936 hizo desaparecer a ms, a muchas ms de 100.000 personas? Registra la definicin que el Rgimen franquista cont con el apoyo ideolgico, cultural, educativo, social, de la Iglesia nacional-catlica, apostlica y romana? No es conveniente recordar que el general golpista africanista era denominado Caudillo por la Gracia de Dios y que sola entrar en instituciones y establecimientos eclesisticos bajo palio? Se seala en la entrada acadmica la decisiva ayuda militar de las dos grandes potencias del Eje, la Alemania nazi y la Italia fascista? Rgimen dictatorial es la expresin ms adecuada para hacer referencia a la esencia del franquismo? El franquismo finaliz con la muerte del dictador, el 20 de noviembre de 1975? No habra que recordar la violencia, con asesinatos anexos, ejercida por todas las instituciones del Estado sobre la ciudadana y la resistencia antifranquista? El franquismo consisti bsicamente en un crculo, de radio mediano, que rode y protegi al general golpista? No sacaron fruto de la situacin clases sociales privilegiadas e instituciones y cuerpos prestigiosos? No habra que recordar el decisivo apoyo para su consolidacin del Imperio usamericano y sus mximos representantes?

No hace falta seguir. La lista es larga, casi alfica Es imprudente y aventurado sugerir que existe una clara estrategia para otorgar un barniz positivo al franquismo? Ser que los largos tentculos de nuestra Monarqua borbnica, o el consolidado sentido comn de la transicin, quieren edulcorar el rgimen que la eligi e impuls?

Emilio Silva, el presidente de la Asociacin para la Recuperacin de la Memoria Histrica, ha puesto el dedo en la llaga de la Real Academia: Lo ms grave es que la RAE incumple su propia definicin de definicin. Por qu? Porque no es fiel a lo que debe describir una definicin. Qu debe describir una definicin? Lo siguiente, segn el diccionario de la propia RAE: Proposicin que expone con claridad y exactitud los caracteres genricos y diferenciales de algo material o inmaterial.

Fue Silva quien ha hablado con acierto de estrategias de barniz positivo. Le sobran razones.

Las vctimas han hecho propuestas para rectificar la definicin. La derecha, como era de esperar, se ha movilizado: la ideologa dominante es la ideologa de las cases dominantes generada a travs de las actuaciones de sus representantes destacados. No hay que olvidar lo bsico.

La Razn (qu nombre para qu cosa!), el diario que fue dirigido por el acadmico Luis Mara Ansn, propuso a la RAE la inclusin del trmino totalitarismo en la definicin de comunismo. Pero no hablbamos de otro asunto? Ya, s, de acuerdo, reconocen, pero era para equipararlo al franquismo. Para equiparar al franquismo con una concepcin poltico-cultural que vertebr el eje bsico, la sal de la tierra resistente, del movimiento democrtico y socialista antifranquista, tradicin que, como otras sin duda, est llena de militantes asesinados, de torturas, de encarcelamientos, de represin! Equiparar el mal con el bien, llamar mal al bien, a la resistencia social y a la rebelda antifascista?

Antonio Muoz Molina, otro real acadmico como el seor Ansn, segn recoge tambin La Razn, ha manifestado lo siguiente en torno al asunto:

Aparte de que, recogiendo su misma estpida y abyecta consideracin, s que hay diferencia entre un caso y otro, la que l mismo apunta, ya est bien -digmoslo como l, en su tono enrgico de perdonavidas- de que el autor de El jinete polaco, cada da ms perdido entre aguas polticamente turbulentas, sermonee da s, otro tambin, con compases anticomunistas a raz del asunto que sea. Quieran o no quieran, se admite o no se admite, se recuerde o no, los (y LAS desde luego) comunistos europeos, por no hablar de otros comunismos, han sido organizaciones centrales, bsicas, nucleares, en la lucha antifascista y en la liberacin. Hay que relacionar nominalmente los miles y miles de mrtires que entonaban la Internacional y se reconocan en los smbolos de la hoz, el martillo y el rojo encendido en su lucha fraternal? En la historia universal del herosmo y la fraternidad sus vidas ocupan un lugar destacado, sobresaliente.

No slo eso. Garca Ortega recordaba tambin ayer en Pblico [2] las razones, las buenas razones que existen para que no olvidemos la Sha. Hablaba de recuerdo, de memoria, de evitar que habite el olvido. Sin embargo, no le pareci oportuno recordar quines liberaron Auschwitz el 27 de enero -el mismo da en que l public su artculo- de 1945.

No es necesario decirlo, est en la mente de todo aquel que quiera recordar sin ceguera: el ejrcito sovitico. Queda mal decirlo: suena a comunismo, recuerda a la URSS, suena socialismo, suena a Stalin tambin.

Es esa es la forma de acuar la memoria histrica? Esa es la forma justa de recordar la Shoa? Wikipedia (incluso Wikipedia!) lo recoge as:

En 1943, el autor de Si esto es un hombre, junto con otros muchos camaradas, se uni a la resistencia antifascista italiana. Arrestado por la milicia fascista, que lo entreg al ejrcito de ocupacin alemn al identificarse como judo (como partisano, como luchador comunista antifascista, hubiera sido fusilado al instante sin ningn miramiento) fue deportado a Auschwitz. Fue en 1944.

All pas diez meses antes de que el campo fuera liberado por el Ejrcito Rojo. De los 650 judos italianos que junto a l fueron enviados al campo de exterminio polaco, l fue uno de los veinte que pudo sobrevivir. En Primo Levi en dilogo con Ferdinando Camon (Madrid, Anaya & Mario Muchnik, pgina 134), hay una referencia a su experiencia en el campo liberado por el ejrcito sovitico: :

En el texto mecanografiado, Primo Levi agreg en lpiz: No encuentro una solucin al dilema. La busco pero no la encuentro.

Probablemente no la haya. S hay solucin, s hay respuesta a la pregunta sobre las fuerzas, los pases, los ciudadanos y ciudadanas, que combatieron contra la barbarie de rostro tambin humano. El color rojo, el rojo encendido que Salvador Espriu asociaba con la vida, el amor y la lucha, colorea muchas tonalidades de la respuesta a este interrogante.

El propio Primo Levi, que en un poema de 1946 destinaba al infierno a los periodistas norteamericanos y los banqueros y reservaba el paraso, entre otros, para los rusos y los enamorados (3), responda a la cuestin muozmolinesca en torno a las diferencias entre dos horrores semejantes -segn la propaganda todava hoy dominante- en una entrevista de 1976, incluida a modo de apndice en la edicin de Muchnik de Si esto es un hombre. Por qu habla usted slo de los lager nazis y no tambin de los rusos?, le pregunta el periodista, a lo que Primo Levi contesta que la diferencia principal consiste en su finalidad y que es precisamente esa finalidad la que determina otras mensurables en las cifras de vctimas y en las condiciones de vida de los campos. El propsito de los Lager -dice Primo Levi- era el exterminio y, por lo tanto, no haba ni una acusacin de culpabilidad ni una esperanza de salida mientras que en los campos soviticos, incluso si la vida era tratada muy a la ligera, no se buscaba la desaparicin fsica del prisionero y subsista siempre una esperanza de libertad. De esa diferencia fundamental, que es ideolgica, se derivan, dice Levi, todas las dems favorables -por muy condenables que sean- a los campos soviticos: las relaciones entre guardias y prisioneros, la posibilidad de recibir cartas y paquetes, la excepcionalidad de los castigos fsicos, la atencin a los enfermos y, en definitiva, la conservacin por parte de las vctimas, incluso si mermada, de su personalidad humana. En conclusin, termina el admirable resistente antifascista, los campos soviticos siguen siendo una manifestacin deplorable de ilegalidad y deshumanizacin. Nada tienen que ver con el socialismo sino, al contrario, se destacan en el socialismo sovitico como una fea mancha; han de considerarse ms bien como una barbarie heredada del absolutismo zarista de la que los gobiernos soviticos no han podido o no han querido liberarse. Quien lea Memorias de la casa de los muertos, escrita por Dostoievski en 1682, no tiene dificultad en reconocer los mismos rasgos carcelarios descritos por Soljenitsyn cien aos despus. Pero es posible o, ms bien, es fcil imaginar un socialismo sin Lager: en muchas partes del mundo se ha conseguido. No es imaginable, en cambio, un nazismo sin Lager(4).

Notas:

[1] Diego Barcala, Pblico, 27 de enero de 2010, p. 32.

[2] Adolfo Garca Ortega, Por qu hay que recordar la Sho, Pblico, 27 de enero d 2010, p. 7

[3] Debo a Santiago Alba Rico, comunicacin personal de 28 de enero de 2010, noticias sobre el poema de Levi.

[4] Primo Levi, Si esto es un hombre, Apndice, pag. 196-199. Muchnik Editores, Barcelona 1987.

http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/


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