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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2010

Obama, un ao despus

Atilio A. Boron
Rebelin

A la memoria de Howard Zinn, maestro, camarada y amigo


Al cumplir un ao la Administracin Obama presenta inequvocos signos de deterioro. Segn el Rasmussen Report, dedicado a producir un seguimiento da a da de la popularidad de los presidentes de Estados Unidos, en apenas un ao la aprobacin popular de la gestin de Obama descendi desde un 65 % el da de su inauguracin al 47 registrado el 27 de Enero del 2010. [1] En esa misma fecha la encuestadora Gallup le asignaba un porcentaje levemente superior de aprobacin popular: 48 %, desde un 69 % inicial. [2]

Las razones de esta rpida declinacin son muy variadas: la crisis general capitalista ha generado un profundo descontento popular que las ortodoxas medidas adoptadas por la nueva administracin para enfrentar la crisis -fundamentalmente, el multimillonario rescate de los grandes oligopolios a costa del gasto social y la muy injusta reparticin de los esfuerzos para superarla- no hacen sino acentuar. En los das previos a su discurso ante el Congreso y golpeado por la inesperada prdida de la banca senatorial en el Estado de Massachussets, tradicional bastin del partido Demcrata, Obama anunci su intencin de establecer regulaciones ms estrictas sobre los bancos y el sector financiero y, adems, de promover un conjunto de medidas tendientes a favorecer la creacin de empleos y facilitar el acceso de las familias de los trabajadores a crecientes niveles de educacin.

Estas promesas fueron sin duda impulsadas por la derrota electoral y la prdida de la estratgica super-mayora en el Senado (60 votos sobre los 100 que componen ese cuerpo) que, entre otras cosas, le permitira avanzar con su programa de reforma del sistema de salud. Pero tambin fueron aguijoneadas por la constatacin de la indignacin popular desatada por el contraste entre las exuberantes ganancias de los principales operadores bancarios y la cada de los ingresos (y el aumento del desempleo) de los trabajadores. Goldman Sachs, tal vez el ms importante banco de inversin del mundo, anunci das atrs que en 2009 haba obtenido una ganancia de US$ 3.385 millones, antes del reparto de dividendos, una cifra que result seis veces mayor que el beneficio logrado en 2008. [3] Es decir, para el capital financiero la crisis fue un esplndido negocio, y por eso los gerentes y directivos de Wall Street sern premiados, tal como lo asegura Robert Reich, con una suma cercana a los 25.000 millones de dlares en bonificaciones anuales que sern distribuidas en los prximos meses entre un puado de privilegiados. [4] Un verdadero escndalo para un pas cuya tasa real de desempleo es decir, incluyendo a los trabajadores indocumentados, los que trabajan a medio tiempo y los que dejaron de buscar empleo- supera ya la marca del 20 % y en el cual las diferencias de remuneraciones entre la gerencia y los trabajadores se ha disparado a las nubes. Hace unos 25 aos los primeros perciban salarios que fluctuaban entre 30 y 40 veces por encima de los del trabajador medio; en la actualidad estudios concretos revelan que esa diferencia alcanz la astronmica cifra de 344 veces. Magia del mercado, que le dicen. [5]

Llegados a este punto es conveniente preguntarse por las razones que produjeron tan fenomenal polarizacin entre las remuneraciones de unos y otros. Hay dos causas principales: por una parte, las polticas neoliberales de desregulacin y liberalizacin de la vida econmica, que removieron los controles existentes desde la poca del New Deal y la posguerra que ponan ciertos lmites al despotismo del capital. Ronald Reagan comenz la demolicin y sus continuadores, sin excepcin, profundizaron esa poltica. Por otro lado, el radical debilitamiento de los sindicatos: si en la dcada de los cincuentas ms de la tercera parte de los empleados del sector privado estaban sindicalizados, la legislacin anti-laboral (flexibilizacin y precarizacin de la relacin obrero-patronal) promulgada desde los aos ochenta hicieron que la proporcin de trabajadores encuadrados en organizaciones sindicales se desplomara a un 7 % en los ltimos aos. Investigaciones empricas demuestran que en las empresas sin sindicatos los gerentes tienen sueldos y compensaciones un 20 % superiores a las de sus colegas en empresas en donde existen sindicatos; y que los trabajadores en las primeras perciben ingresos muy superiores a los que reciben quienes se desempean en otras en las cuales no hay actividad sindical.

Lo anterior revela los alcances del proceso de intensificacin de la explotacin capitalista en Estados Unidos y la exacerbacin de la concentracin de la riqueza en manos de la clase dominante. En cierto sentido podra pues decirse que en ese pas asistimos a una situacin en la cual la lucha de clases se desenvuelve sordamente bajo un espeso velo ideolgico que impide a las clases y capas subalternas adquirir una verdadera comprensin de sus propias condiciones de existencia y las causas de sus pesares. Toda la industria cultural norteamericana ha sido diseada para negar la existencia de las clases y su irreconciliable contradiccin. La permanente invocacin y exaltacin del American Dream -que lleg a su apoteosis con la llegada de un afro-americano a la Casa Blanca- no es sino ese cemento ideolgico del cual hablaba Gramsci y mediante el cual los vctimas del sistema se culpabilizan a s mismas de sus miserias y fracasos e inocentizan al sistema capitalista por sus desdichas y padecimientos. Lucha de clases velada y, adems, atrofiada, porque la crisis del movimiento obrero, el derrumbe del sindicalismo y la claudicacin del partido Demcrata (que abandon por completo su antigua pretensin de representar a las capas medias y los trabajadores para entregarse de cuerpo y alma a los yuppies del capital financiero) dejan a la enorme masa de trabajadores asalariados norteamericanos hurfana de toda expresin poltica y sindical y, por eso mismo, sin capacidad para poner coto a las exacciones a que se ve sometida por la clase dominante. Bajo estas condiciones, los anuncios y la retrica de Obama difcilmente puedan surtir algn efecto: se requiere mucho ms que palabras y discursos, y parece que eso es todo lo que aqul puede ofrecer al menos por ahora.

El deterioro de la situacin social en los Estados Unidos puede graficarse elocuentemente si se repara que a partir del 2008 7 millones perdieron su empleo, ... 1 de cada 8 (norteamericanos) se alimenta a travs de vales de comida y 1 de cada 5 dice que el ao pasado tuvo serios problemas para dar de comer a los suyos. [6] Tambin, si se tiene en cuenta que si antes de las reaganomics (en los aos 70s ) el 10% ms acomodado capturaba menos de un tercio de la riqueza -igual no era poco-, hoy se alza con la mitad. [7] Esto constituye el teln de fondo de los recientes anuncios de Obama. Son tambin, por supuesto, factores que explican la abrupta cada en la popularidad presidencial. De todos modos, bast que aqul hiciera algunos anuncios previos en relacin a estos programas para que el establishment norteamericano y sus voceros reaccionaran con virulencia, fulminando al ocupante de la Casa Blanca con el rtulo de populista por su fuerte retrica en contra de los bancos. [8]

Pero el malestar y la debilidad de Obama tiene tambin otras fuentes: una de ellas es la generalizada sensacin de que la guerra infinita de George W. Bush es una pesadilla interminable que se agrava con el paso del tiempo, tal como lo demuestran las fatdicas noticias que a diario llegan de Irak, Afganistn y Pakistn. Y si bien en su alocucin al Congreso Obama asegur que las tropas estacionadas en Irak regresaran a casa en Agosto son pocos los que creen en semejante promesa. Es ms, no sera absurdo conjeturar que la creciente militarizacin de las relaciones hemisfricas -con base en Colombia, convertida en la Israel latinoamericana- podra tener como consecuencia la apertura de un tercer frente blico, ahora en esta parte del mundo. La obsesin por derrocar a Hugo Chvez y normalizar el cuadro poltico latinoamericano podra llegar a precipitar tal desatino.

A ello agrguese la muy difundida percepcin de que la decadencia del imperio americano no encuentra en el ocupante de la Casa Blanca el piloto de tormentas que se necesita para enfrentar tan delicada situacin agravada, adems, por la creciente complejidad de un escenario global caracterizado por: (a) la aparicin de nuevas actores dotados de extraordinarios recursos China, en primer lugar, pero tambin India, Rusia y la misma Unin Europea- y (b), por el surgimiento de inditos desafos, como el cambio climtico, la crisis del agua, el terrorismo internacionalizado y el trfico ilegal de drogas, personas y armas, cuestiones estas que ponen en entredicho la eficacia de los mecanismos tradicionales de intervencin en el sistema internacional.

Por eso, a poco andar, las promesas electorales de Obama se fueron abandonando sin mayores explicaciones. Su decepcionante conducta en la Cumbre de Kopenhagen demostr claramente la tibieza de sus afanes innovadores. Y lejos de desmilitarizar la poltica exterior de Estados Unidos lo que hizo Obama, sin fuerzas para sobreponerse a las presiones de sus generales y el complejo militar-industrial, fue delegar cada vez ms sus prerrogativas como comandante supremo de las fuerzas armadas en manos del establishment . Una buena prueba de ello la ofrece el hecho de que el presupuesto militar aprobado para este prximo ao es el mayor de toda la historia de Estados Unidos, superando con largueza el billn de dlares (un milln de millones de dlares) si se consideran los gastos militares efectuados por todos los departamentos de la Administracin federal y no slo por el Pentgono. Lejos de revertir el papel dominante del Departamento de Defensa en la formulacin de la poltica exterior, que es uno de los legados ms funestos de la era Bush Jr., lo que hizo Obama fue proseguir en el mismo curso, algo que poda fcilmente pronosticarse a partir de la ratificacin de Robert Gates al frente del Pentgono, nombrado como se recordar por su predecesor en reemplazo de Donald Rumsfeld. La gira por Asia mostr, adems, a un presidente norteamericano a un paso de la humillacin en su visita a China, y con Japn reclamando cada vez con ms energa la redefinicin de las relaciones nipo-estadounidenses constreidas an por los leoninos arreglos de la postguerra y las secuelas de la Guerra Fra.

En lo que hace a esta parte del mundo el desempeo de Obama flucta entre la intrascendencia y, otra vez, la continuidad con las polticas de Bush Jr. Pese a sus promesas de cerrar en el plazo de un ao la crcel ilegal que mantiene en la base naval de Guantnamo Obama tuvo que reconocer que tal cosa ser imposible, al menos por ahora. La Cuarta Flota sigue navegando nuestras aguas y ahora los marines (unos 14.000 al da de hoy) asumieron el control de una devastada Puerto Prncipe que necesita mdicos, trabajadores sociales, ingenieros y arquitectos y no mquinas de matar. El objetivo, claro est, es reforzar hasta el paroxismo su control territorial en la regin, y el terremoto y la posterior tragedia haitiana le brind a Washington una magnfica excusa, al igual que el derrumbe de las Torres Gemelas lo hizo para lanzar los planes belicistas de Bush y compaa. El comportamiento de Obama durante el golpe de Honduras fue, al principio errtico, pero luego que la Secretaria de Estado Hillary Clinton fijara la postura de los sectores dominantes del imperio -que encuentran en ella a su ms calificada y confiable representante- y caracterizara lo ocurrido en ese pas centroamericano como un interinato la Casa Blanca se pleg a la lnea emanada del gobierno permanente de Estados Unidos y, en la actualidad, ha convalidado plenamente el golpe por la va del reconocimiento de la validez de unas elecciones tan fraudulentas y viciadas que la OEA y el Centro Carter decidieron que no vala la pena monitorear. Como si lo anterior fuera poco Obama no hizo absolutamente nada en relacin a la situacin de los 5 cubanos prisioneros en las crceles de Estados Unidos, bajo condiciones que ni siquiera se le aplica al ms feroz criminal serial y que fueron sentenciados en un escandaloso juicio que constituye una vergenza para el sistema judicial norteamericano. En relacin al bloqueo a Cuba, condenado por toda la comunidad internacional con la excepcin del propio Estados Unidos, su estado-cliente Israel y su protectorado en la Micronesia, Obama no tom ninguna medida significativa para la eliminacin de tan infame poltica. Como si lo anterior fuera poco firm con Uribe un tratado por el que se le concede a Estados Unidos el derecho a instalar siete bases militares en Colombia, cuyo objetivo apenas silenciado es el de poder controlar con sus aviones cualquier movimiento significativo que tenga lugar en Sudamrica, hasta las cercanas del Cabo de Hornos. Tal como lo sealara el Comandante Fidel Castro, ese tratado constituye en realidad una anexin de facto de Colombia a los Estados Unidos: sus militares y civiles pueden entrar y salir a voluntad de Colombia, sin utilizar pasaportes. Basta para ello con exhibir un simple carnet de identidad. Los colombianos que quieran ingresar a Estados Unidos, en cambio, son sometido a toda clase de controles y vejaciones. Los cargamentos que los norteamericanos internen o saquen del pas no pueden ser sometidos a fiscalizacin alguna por parte de las autoridades colombianas. Pueden importar armas de destruccin masiva, si se lo proponen; y exportar estupefacientes, cosa que ya hicieron en el pasado (recordar el affaire Irn-Contras). Por si lo anterior no bastara, los estadounidenses establecidos en Colombia gozan de total inmunidad diplomtica y no pueden ser llevados a los tribunales colombianos por cualquier delito o crimen cometido en ese pas. Y este tratado lo firm Obama, no Bush. Para resumir: al cabo de un ao la gestin Obama revela que es ms de lo mismo, a pesar de sus recientes arrestos dialcticos que habr que ver si son sucedidos por iniciativas concretas, cosa que no parece demasiado probable. Noam Chomsky tena razn cuando advirti, mucho antes de su eleccin, que Obama es un blanco que tom demasiado sol.

www.atilioboron.com


[1] http://www.rasmussenreports.com/public_content/politics/obama_administration/obama_approval_index_history

[2] http://www.gallup.com/home.aspx

[3] Obama pone un drstico lmite a los bancos y al sector financiero, en Clarn http://www.clarin.com/diario/2010/01/22/elmundo/i-02124926.htm

[4] http://www.clarin.com/diario/2010/01/21/opinion/o-02124068.htm

[5] Workers Need Added Clout To Close The Pay Gap with CEOs, en http://www.commondreams.org/view/2008/09/01

[6] Cf. Hinde Pomeraniec, Gerente o lder, http://www.clarin.com/diario/2010/01/28/elmundo/i-02128501.htm

[7] Cf. Nstor Restivo, El lento declive de la clase media y el sueo americano, en http://www.clarin.com/diario / 2010/01/28/elmundo/i-02128501.htm

[8] CBSs Reid calls Obamas populism more like politics than a real plan, en http://businessandmedia.org/articles/2010/20100125145911.aspx

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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