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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2010

Homenaje al historiador militante: un texto de 1999 indito en castellano
El recuerdo del Holocausto: una toma de conciencia ms amplia

Howard Zinn
ZNet Commentary

Traducido del ingls para Rebelin por Beatriz Morales Bastos


Hace algunos aos, cuando daba clases en la Universidad de Boston, un grupo de judos me pidi que diera una charla sobre el Holocausto. Habl aquella tarde, pero no sobre el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial, no sobre el genocidio de seis millones de judos. Estbamos a mediados de la dcada de 1980 y el gobierno de Estados Unidos estaba apoyando a los gobiernos de los escuadrones de la muerte en Amrica Central, as que habl de la muerte de cientos de miles de campesinos en Guatemala y El Salvador, vctimas de la poltica estadounidense. Lo que yo planteaba era que no se deba encerrar con alambre de espino el recuerdo del Holocaust judo, reducirlo moralmente a un ghetto, mantenerlo aislado de otros genocidios de la historia. Me pareca que recordar lo que les haba ocurrido a los judos no serva para mucho a menos que suscitara indignacin, ira, accin contra todas las atrocidades, en cualquier parte del mundo.

Unos das despus en el peridico del campus haba una carta de un miembro de la facultad que me haba odo la charla, un refugiado judo que haba huido a Argentina desde Europa y despus a Estados Unidos. Se opona enrgicamente a que yo hubiera ampliado la cuestin moral de los judos de Europa en la dcada de 1940 a pueblos de otras partes del mundo en nuestra poca. El Holocausto era un recuerdo sagrado. Era un acontecimiento nico, que no se poda comparar con otros acontecimientos. Se senta indignado por el hecho de que habiendo sido invitado para hablar sobre el Holocausto judo, yo hubiera hablado de otras cuestiones.

Me acorde de esta experiencia cuando hace poco le el libro de Peter Novick, The Holocaust in American Life [El Holocausto en la vida estadounidense]. El punto de partida de Novick es la pregunta de por qu, cincuenta aos despus del acontecimiento, el Holocausto tienen un papel ms prominente en este pas (el Museo del Holocausto en Washington, cientos de programas sobre el Holocausto en las escuelas) del que lo tuvo en las dcadas inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Seguramente en el centro del recuerdo est un horror que no se debera olvidar. Pero en torno a este centro, cuya integridad no hay necesidad de realzar, ha crecido una industria de memorialistas que han trabajado para mantener este recuerdo vivo para sus propios fines.

Algunos judos han utilizado el Holocausto como un medio de preservar una identidad nica que ellos ven amenazada por los matrimonios mixtos y la asimilacin. Desde la guerra de 1967 los sionistas han utilizado el Holocausto para justificar una mayor expansin israel por tierra palestina y para construir apoyo para un atribulado Israel (ms atribulado, como haba predicho David Ben-Gurion, desde que ocup Cisjordania y Gaza). Y los polticos no judos han utilizado el Holocausto para construir apoyo poltico entre un grupo numricamente pequeo pero influyente de votantes judos (fjense en los solemnes pronunciamientos de presidentes del pas que llevan yarmulkas para poner de relieve su angustiada simpata).

No me habra convertido en historiador sin hubiera pensado que mi deber profesional era acudir al pasado y no emerger nunca de l, y estudiar acontecimientos ocurridos hace mucho tiempo slo por el hecho de ser nicos sin conectarlos con acontecimientos que estn ocurriendo en mi poca. Yo pensaba que si el Holocausto tiene algn significado debemos transferir nuestra ira a las brutalidades de nuestro tiempo. Debemos expirar el haber permitido que ocurriera el Holocausto judo impidiendo que hoy ocurran atrocidades similares; en efecto, utilizar el Da de Expiacin no para rezar por los muertos sino para actuar por los vivos, para rescatar a aquellos que estn a punto de morir.

Cuando los judos se vuelven hacia su interior para concentrarse en su propia historia y apartan la vista de las terribles experiencias de los dems, de manera terriblemente irnica estn haciendo exactamente lo mismo que hizo el resto de mundo, con lo que permiti que se produjera el genocidio. Ha habido momentos ignominiosos, farsas del humanismo judo, como cuando las organizaciones judas presionaron en contra de que el Congreso reconociera el Holocausto armenio de 1915 basndose en que esto diluira el recuerdo del Holocausto judo. O cuando los diseadores del Museo del Holocausto abandonaron la idea de mencionar el genocidio armenio despus de que el gobierno israel presionara en sentido contrario (Turqua es el nico gobierno musulmn con el que Israel tiene relaciones diplomticas*).

Otro de estos momento se produjo cuando Elie Wiesel, presidente de la Comisin del presidente Carter sobre el Holocausto, se neg a incluir en la descripcin del Holocausto el asesinato por parte de Hitler de millones de personas no judas. Segn l, eso hubiera sido falsificar la realidad en nombre de un universalismo equivocado. Novick cita las palabras de Wiesel en las que afirmaba que nos estn robando el Holocausto. A consecuencia de ello, el Museo del Holocausto slo se refiri de pasada a los cinco millones o ms de personas no judas que murieron en los campos nazis. Construir un muro en torno a la excepcionalidad del Holocausto judo es abandonar la idea de que la humanidad es toda una, de que todos, sea cual sea nuestro color, nacionalidad o religin, merecemos los derechos iguales a la vida, a la libertad y a la bsqueda de la felicidad. Lo que les ocurri a los judos bajo Hitler es nico en los detalles pero comparte caractersticas universales con muchos otros acontecimientos en la historia de la humanidad: el trfico de esclavos atlntico, el genocidio de los americanos originarios, la injurias y muertes de millones de trabajadores, vctimas del espritu del capitalismo que sita el beneficio por encima de la vida humana.

En los ltimos aos, al tiempo que cada vez se rendan ms homenajes al Holocausto como el smbolo central de la crueldad de los hombres, hemos colaborado con una interminable cadena de crueldades por medio del silencio y la falta de accin. Hiroshima y My Lai son los smbolos ms dramticos, y hemos odo a Wiesel y a otras personas que mantienen la llama del Holocausto indignarse contra estas atrocidades? Countee Cullen escribi una vez en su poema Tambin los Scottsboro merecen su cancin (despus de la condena a muerte de los hermanos Scottsboro**): Seguramente, dije,/ ahora los poetas cantarn/ pero no alzaron grito alguno/me pregunto por qu.

Ha habido las masacres de Rwanda y las hambrunas en Somalia que nuestro gobierno ha contemplado sin hacer nada. Ha habido los escuadrones de la muerte en Amrica Latina y se ha diezmado a la poblacin en Timor Este, y nuestro gobierno ha colaborado activamente con ello. Nuestros presidentes que acuden a la iglesia, tan piadosos en sus referencias al genocidio contra los judos, continan suministrando los instrumentos de la muerte a los perpetradores de otros genocidios.

Es cierto que hay algunos horrores que parecen estar ms all de nuestro poder. Pero existe una atrocidad actual que est a nuestro alcance ponerle fin. Novick lo seala y el mdico y antroplogo Paul Farmer lo describe con todo detalle en su notable nuevo libro Infections and Inequalities [Infecciones y desigualdades], y es la muerte de diez millones de nios en todo el mundo cada ao de desnutricin y enfermedades evitables. La Organizacin Mundial de la Salud calcula que tres millones de personas murieron el ao pasado de tuberculosis, una enfermedad que es evitable y curable, como ha demostrado Farmer en su trabajo mdico en Hait***. Con una pequea proporcin de nuestro presupuesto militar podramos eliminar la tuberculosos.

El objetivo todo esto no es minimizar la experiencia del Holocausto judo, sino ampliarla. Para los judos significa reclamar la tradicin del humanismo universal judo frente a un nacionalismo centrado en Israel. O, como lo expresa Novick, volver a una conciencia social ms amplia que fue el sello distintivo de los judos estadounidenses de mi juventud. Los judos israeles que en los ltimos aos protestaron por que se pegara a los palestinos en la Intifada y que se manifestaron contra la invasin de Lbano demostraron esta toma de conciencia ms amplia.

Para otros, ya sean armenios, o personas originarias estadounidenses, africanas, bosnias o de donde sea, esto significa utilizar sus propias historias sangrientas no para ponerse a ellos mismos contra otros, sino para crear una solidaridad ms amplia contra quienes tienen la riqueza y el poder, contra los perpetradores y contra los horrores que estn teniendo lugar de nuestro tiempo

El Holocausto puede servir para un propsito poderoso si nos lleva a pensar el mundo de hoy como la Alemania de la poca de la guerra, donde millones de personas moran mientras el resto de la poblacin acuda obedientemente a sus tareas. Es una idea aterradora que los nazis en su derrota salieran vencedores: hoy Alemania, maana el mundo. Esto es, hasta que abandonemos nuestra obediencia.

*N. de la t.: Actualmente Jordania, Egipto y Mauritania mantienen relaciones diplomticas oficiales con Israel. Pero a raz de una intensa campaa por parte de Israel para normalizar relaciones con los pases rabes, las relaciones no oficiales existen al menos con casi todos los pases rabes musulmanes del Golfo adems de con Marruecos, con Tnez y con Argelia a travs de oficinas de inters.

**N de la t.: Los hermanos Scottsboro eran nueve hermanos de raza negra acusados de violar a dos mujeres sin hogar blancas en 1931, en plena poca del segregacionismo estadounidense.

*** Paul Farmer es autor de un libro sobre Hait que se ha convertido en un clsico, Haiti para qu, Hondarribia, Hiru, 2002 ( 2 edicin).

Fuente: http://www.hartford-hwp.com/archives/60/145.html



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