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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-02-2010

Asaltos nocturnos, centros de detencin ocultos, la Crcel Negra y los perros de la guerra en Afganistn
Las prisiones secretas de Obama

Anand Gopal
TomDispatch.com

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Una tranquila noche de invierno del pasado ao en la ciudad afgana de Khost, un joven empleado del gobierno de nombre Ismatullah se esfum, sencillamente. Se le haba visto en el bazar de la ciudad con un grupo de amigos. Sus familiares estuvieron registrando durante das las polvorientas calles de Khost. Los patriarcas de la ciudad contactaron con los comandantes talibanes en la zona que solan secuestrar a trabajadores del gobierno, pero nunca haban odo hablar del joven. Hasta el gobernador se implic en la bsqueda, ordenando a su polica que investigara entre las peligrosas bandas criminales que en ocasiones acosaban y cazaban a jvenes asiduos al bazar para pedir luego un rescate.

Pero la bsqueda no dio fruto alguno. La primavera y el verano llegaron y se fueron y no hubo seal alguna de Ismatullah. Un da, mucho despus de que la polica y los patriarcas de la aldea hubieran abandonado su bsqueda, un correo entreg una pulcra nota escrita a mano en el puesto de la Cruz Roja que estaba cerca de la vivienda de su familia. En ella, Ismatullah informaba de que se encontraba en Bagram, una prisin estadounidense situada a ms de 320 kilmetros de distancia. Las fuerzas estadounidenses le haban capturado cuando iba desde el bazar camino de su casa, afirmaba la tersa carta y no saba cuando le liberaran.

En algn momento de los ltimos aos, los aldeanos pastunes de la escarpada zona central de Afganistn empezaron a perder la fe en el proyecto de EEUU. Y muchos de ellos pueden sealar el momento preciso de esa transformacin, que normalmente se produjo a altas horas de la noche, cuando la mayor parte del pas se encontraba dormido. En el hermtico proceso de detenciones implementado por EEUU, habitualmente se arresta a los sospechosos en la oscuridad, envindoles despus a una de las reas de detencin establecidas en las bases militares, a menudo por la ms ligera sospecha y sin conocimiento de sus familias.

Este proceso ha conseguido crear incluso ms miedo y odio en Afganistn que los ataques areos de la coalicin. Los asaltos y detenciones nocturnos, poco conocidos fuera de esas aldeas pastunes, han ido poniendo poco a poco a los afganos contra las mismas fuerzas que saludaron como liberadoras hace tan slo unos aos.

Una oscura noche de noviembre

Era el 19 de noviembre de 2009, a las 03,15 horas de la madrugada. Una fuerte explosin despert a los aldeanos de una arbolada zona de las afueras de la ciudad de Ghazni, una ciudad de antiguos orgenes del sur del pas. Un equipo de soldados estadounidenses dinamit la puerta principal de la casa de Majidullah Qarar, el portavoz del ministro de agricultura. Qarar se encontraba en Kabul en aquellos momentos, pero sus parientes estaban en casa, cuatro de ellos dorman en la habitacin para invitados de la familia. Uno de ellos, Hamidullah, que vende zanahorias en el bazar local, corri hacia la puerta de la zona de invitados. Inmediatamente le dispararon, pero se las arregl para arrastrarse hacia adentro, dejando un reguero de sangre tras l. Despus, Azim, panadero, se lanz corriendo hacia su primo herido. Tambin le dispararon y se dobl contra el suelo. Los dos hombres atacados le gritaron a los dos familiares que quedaban en la habitacin que se quedaran all, pero ellos nios ambos- no se atrevieron ni a moverse y se quedaron paralizados y callados en sus camas muertos de miedo.

Los soldados extranjeros, la mayora de ellos con barba y tatuajes, se dirigieron a la zona principal. Tiraron las ropas por el suelo, haciendo aicos la vajilla y forzando los armarios. Finalmente, encontraron al hombre que buscaban: Habib-ur-Rahman, programador de ordenadores y empleado del gobierno. Rahman era el responsable de convertir Microsoft Windows en ingls al lenguaje pastn local para que las oficinas del gobierno pudieran utilizar el software. Haba pasado un tiempo en Kuwait, y el traductor afgano que acompaaba a los soldados declar que haban actuado a partir del chivatazo de que Rahman era miembro de al-Qaida.

Se llevaron descalzo a Rahman y a un primo suyo a un helicptero que esperaba a una cierta distancia y les transportaron hasta una pequea base estadounidense situada en una provincia vecina para interrogarles. Despus de dos das, las fuerzas estadounidenses liberaron al primo de Rahman. Pero, desde entonces, a Rahman ni se le ha visto ni se sabe nada de l.

Hemos llamado a su mvil pero no responde, dice su primo Qarar, el portavoz del ministro de agricultura. Utilizando sus poderosos contactos, Qarar consigui la ayuda de la polica local, de los parlamentarios, del gobernador e incluso del mismo ministro de agricultura en la bsqueda de su primo, pero no lograron que les dijeran nada. Los funcionarios del gobierno que investigaron de forma independiente el escenario tras el asalto y que corroboraron las afirmaciones de la familia, presionaron tambin exigiendo una respuesta de por qu se haba asesinado a dos miembros de la familia Qarar. Las fuerzas estadounidenses emitieron un comunicado diciendo que los muertos eran combatientes enemigos que haban mostrado una intencin hostil.

Semanas despus del asalto, la familia siente una gran amargura. Todo el mundo en la zona saba que ramos una familia que trabaja para el gobierno, dice Qarar. Rahman ni siquiera poda salir de la ciudad porque si los talibanes le pillaban en el campo le hubieran matado.

Sin embargo, ms all de la pregunta de si Rahman era inocente o culpable, la forma en que fue capturado ha dejado un residuo de odio y rabia en su familia. Por qu tenan que matar a mis primos? Por qu tenan que destruir nuestra casa?, pregunta Qarar. Saban donde trabajaba Rahman. Es que no podan venir con una orden judicial durante el da? Habramos obligado a Rahman a cumplirla.

Yo sola aparecer en televisin diciendo que la gente deba apoyar a este gobierno y a los extranjeros, aade. Pero estaba equivocado. Por qu van a apoyarles? No me importa que me disparen por decir esto, porque slo estoy diciendo la verdad.

Los perros de la guerra

Los asaltos nocturnos son slo el primer paso en el proceso de detencin que EEUU lleva a cabo en Afganistn. Normalmente se enva a los sospechosos a una de entre las series de prisiones habilitadas en las bases militares estadounidenses por todo el pas. Oficialmente hay nueve crceles de ese tipo, denominadas en la jerga militar Campos de Detencin. Son zonas pequeas, a menudo tan slo un puado de celdas divididas por paneles de contrachapado, y se utilizan fundamentalmente para interrogar a los prisioneros.

En los primeros aos de la guerra, esas reas no eran sino lugares de paso para quienes enviaban a la prisin de Bagram, una instalacin con una reputacin infame de malos tratos y torturas. Como en los ltimos aos, el foco de la atencin internacional cay sobre Bagram, los guardianes empezaron a comportarse mejor y el maltrato de prisioneros empez a perpetrarse en los menos conocidos Campos de Detencin.

De los 24 ex prisioneros entrevistados para esta historia, 17 afirman haber sido torturados en esos lugares o en el camino hacia los mismos. Doctores, funcionarios del gobierno y la Comisin Independiente Afgana por los Derechos Humanos, una institucin encargada de investigar las denuncias por abusos, corroboran doce de esas afirmaciones.

Uno de esos ex detenidos es Nur Agha Sher Khan, que era oficial de polica en Gardez, una ciudad de casas de adobe situada en la parte oriental del pas. Segn Sher Khan, fuerzas estadounidenses le detuvieron en un asalto nocturno en 2003 y le llevaron a un Campo de Detencin en una base cercana de EEUU. Me interrogaron toda la noche, recuerda, pero no tena nada que decirles. Sher Khan trabaj para un comandante de polica al que las fuerzas estadounidenses haban detenido por sospechar que tena vnculos con la insurgencia. De forma ocasional, haba sido conductor de ese comandante, lo cual le convirti en sospechoso a los ojos de los estadounidenses.

Los interrogadores le taparon los ojos, le taparon la boca y le encadenaron al techo, acusa. Ocasionalmente soltaban a un perro, que le morda una y otra vez. En un determinado momento, le quitaron la venda de los ojos y le obligaron a arrodillarse sobre una larga barra de madera. Me ataron las manos a una polea por encima de m y me empujaban adelante y atrs mientras la barra rodaba a travs de mis espinillas. Yo no paraba de dar alaridos. Entonces le empujaban al suelo y le obligaban a tragar doce botellas de agua. Dos tipos me abran la boca y derramaban el agua por mi garganta hasta que el estmago se me llenaba y perda el conocimiento. Era como si alguien me inflara, dice. Cuando volva en si tras el desmayo, no paraba de vomitar agua.

Esto continu as toda una serie de das, algunas veces le colgaban boca abajo del techo, y otras veces le vendaban los ojos durante amplios perodos. Finalmente, le enviaron a Bagram, donde cesaron las torturas. Cuatro meses despus, fue liberado silenciosamente con una carta de disculpa de las autoridades estadounidenses por haber encarcelado por error.

Una investigacin del caso de Sher Khan por la Comisin Afgana Independiente por los Derechos Humanos y un doctor independiente hallaron que tena heridas que se correspondan con el maltrato y torturas que afirma haber padecido. Las fuerzas estadounidenses han declinado comentar nada de su caso, pero un portavoz dijo que algunos de los soldados implicados en las detenciones en esa parte del pas haban recibido castigos administrativos no especificados. Aadi que todos los detenidos son tratados humanamente, excepto casos aislados.

Los desaparecidos

Algunos de los que llevan a los Campos de Detencin nunca llegan a Bagram, sino que son sencillamente liberados despus de que las autoridades consideran que son inofensivos. An as, algunos afirman haber sido torturados. Como fue el caso de Hajji Ehsanullah, secuestrado en una noche de invierno de 2008 de su hogar en la provincia surea de Kabul. Fue conducido a un sitio de detencin en la provincia de Khost, a unos 320 kilmetros de distancia. Volvi a su hogar trece das despus, con la piel llena de cicatrices de las mordeduras de los perros y con dificultades de memoria que, segn su doctor, eran consecuencia de un golpe en la cabeza. Las fuerzas estadounidenses le arrojaron en una gasolinera de Khost despus de tres das de interrogatorio. Le llev ms de diez das encontrar la forma de volver a su casa.

Otros de los que llegan a esos sitios no acaban en Bagram por razones muy diferentes. En los escarpados pueblos del sur pastn, donde los rumores crecen con mayor abundancia que la ms abundante de las cosechas, las gentes del lugar susurran historias de personas que fueron capturadas y ejecutadas. Muchas veces no hay pruebas. Pero de vez en cuando, aparece algn cuerpo. Tal fue el caso en el campo de detencin de una base del ejrcito estadounidense en la provincia de Helmand, donde en 2003 un coronel del ejrcito estadounidense escribi en el informe de la autopsia de un detenido que muri bajo custodia estadounidense (del que ms tarde se pudo disponer a travs del Acta de Libertad de Informacin): La muerte sobrevino por mltiples heridas causadas por un objeto contundente en el torso inferior y en las piernas, complicadas con rabdomilisis (La rabdomilisis es una destruccin de las fibras musculares estriadas con liberacin de sustancias a la circulacin, entre ellas la mioglobina. La mioglobina es la responsable del dao renal por obstruccin de estructuras renales o liberacin de sustancias txicas. La rabdomilisis se produce en casos de accidente por aplastamiento, convulsiones o necrosis musculares, entre otros). Forma de morir: homicidio.

En la polvorienta provincia de Khost, un da del pasado mes de diciembre, las fuerzas estadounidenses lanzaron un asalto nocturno contra el pueblo de Motai, matando a seis personas y capturando a nueve, segn casi una docena de autoridades del gobierno local y de testigos oculares. Dos das despus, los cuerpos de dos de los detenidos con esposas de plstico en las manos- fueron hallados a ms de un kilmetro de distancia de la mayor base de EEUU en la zona. Un portavoz del ejrcito de EEUU rechaza cualquier implicacin en las muertes y se niega a comentar los detalles del asalto. Sin embargo, los oficiales afganos y los patriarcas locales, mantienen con toda firmeza que los dos fueron asesinados cuando estaban bajo vigilancia estadounidense. Las autoridades estadounidenses liberaron a cuatro de los otros aldeanos en los das siguientes. Se desconoce el destino de los tres restantes cautivos.

El asunto podra aclararse si el ejrcito estadounidense fuera menos hermtico acerca de su proceso de detencin. Pero el secretismo ha estado al orden del da. Los nueve Campos de Detencin estn envueltos en secretismo oficial, pero al menos la Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias saben que existen. Sin embargo, puede haber otros de cuya existencia, en las decenas de bases militares que salpican todo el pas, no se sabe nada. Un ejemplo, segn antiguos detenidos, es la instalacin de detencin en Rish Khor, una base del ejrcito afgano que se alza en lo alto de una montaa con vistas a la capital, Kabul.

Una noche del pasado ao, las fuerzas estadounidenses asaltaron Zaiwalat, una diminuta aldea encajada entre las montaas de la provincia de Wardak, a unas cuantas docenas de millas al oeste de Kabul, y capturaron a nueve vecinos. Llevaron a los cautivos a Rish Khor y les interrogaron durante tres das. Nos tuvieron en un contenedor, recuerda Rehmatullah Muhammad, uno de los nueve. Estaba hecho de acero. Nos tuvieron esposados los tres das. Apenas dormimos esos das. Los interrogadores, vestidos de paisano, acusaron a Rehmatullah y a los otros de proporcionar refugio y comida a los talibanes. Los sospechosos fueron despus enviados a Bagram y liberados despus de cuatro meses. (Un nmero de ex detenidos dijeron que fueron interrogados por funcionarios de paisano pero no saban si esos funcionarios pertenecan al ejrcito, a la CIA, o eran contratistas privados).

Los activistas afganos por los derechos humanos estn preocupados de que las fuerzas estadounidenses puedan estar utilizando sitios secretos de detencin como Rish Khor para llevar a cabo interrogatorios fuera de cualquier control. Sin embargo, el ejrcito estadounidense niega incluso tener conocimiento de la instalacin.

La Crcel Negra

Mucho menos secreta es la parada final para la mayora de los cautivos: las Instalaciones de Internamiento de Bagram. Aunque se la denomina con el inquietante nombre del Guantnamo de Obama, sin embargo, Bagram ofrece, ahora, las mejores condiciones de todo el proceso de detencin para los cautivos.

Su vida moderna como prisin empez en 2001, cuando pequeos cifras de detenidos de toda Asia eran encarcelados all en la primera parte de una odisea que les arrojara finalmente en las instalaciones estadounidenses de detencin de la Baha de Guantnamo, en Cuba. Sin embargo, se ha convertido en el principal destino para los capturados dentro de Afganistn como parte de la creciente guerra que el pas padece. En 2009, la poblacin de presos haba aumentado hasta ms de 700. Construida en un viejo hangar sin ventanas de la poca sovitica, la prisin consiste en dos filas de atestadas celdas que parecen jaulas baadas de forma continua con luz blanca. Los guardias caminan a lo largo de una plataforma que va pasando a travs de la parte superior de las alambradas, una posicin fcil desde la que vigilar a los prisioneros abajo.

Infames y habituales torturas, al estilo de la prisin de Abu Ghraib en Iraq, marcaron los primeros aos de Bagram. Por ejemplo, Abdullah Mujahed, fue capturado en el pueblo de Kar Marchi en la provincia oriental de Paktia en 2003. Mujahed era un comandante de la milicia tayica que haba dirigido un levantamiento armado contra los talibanes en sus das de decadencia, pero las fuerzas estadounidenses le acusaron de tener conexiones con la insurgencia. En Bagram, estuvimos esposados, con los ojos vendados y con los pies encadenados durante das, recuerda. No nos permitieron dormir ni un momento durante trece das y trece noches. Un guardia le golpeaba las piernas cada vez que se quedaba dormido. A diario poda or los alaridos de los presos torturados y el inconfundible sonido de los grilletes arrastrndose por el suelo.

Despus, lleg un da en que un grupo de soldados le arrastr hasta un avin, negndose a decirle adnde le llevaban. Finalmente, aterriz en otra prisin, donde pudo sentir que el aire era denso y hmedo. Cuando caminaba a travs de la fila de jaulas, los presos empezaron a gritar: Esto es Guantnamo! Ests en Guantnamo!. All se enter que le acusaban de dirigir el grupo islamista pakistan Lashkar-e-Taiba (que en realidad diriga otra persona que tena el mismo nombre y que haba muerto en 2006). Finalmente, EEUU le liber y le devolvi a Afganistn.

Los ex detenidos de Bagram afirman que eran golpeados con regularidad, sometidos a msica estridente durante 24 horas al da, que se les impeda dormir, que se les desnudaba y que se les forzaba a adoptar lo que los interrogadores denominaban posiciones de estrs. El peor momento lleg a finales de 2002, cuando los interrogadores golpearon a dos presos hasta matarles.

Las Fuerzas Especiales de EEUU tambin dirigan una segunda y secreta prisin en la Base Area de Bagram, a la que la Cruz Roja no tiene an acceso. Utilizada sobre todo para interrogatorios, es tan temida por los prisioneros que la han denominado la Crcel Negra.

Un da de hace dos aos, las fuerzas estadounidenses fueron a por Noor Muhammad, en las afueras de la ciudad de Kajaki, en la provincia surea de Helmand. Muhammad, que es mdico, diriga una clnica que atenda a todo el que llegaba hasta ella en bsqueda de cuidados, incluidos los talibanes. Los soldados asaltaron su clnica y su casa, matando a cinco personas (incluidos dos pacientes) y deteniendo tanto a su padre como a l. Al da siguiente, los vecinos encontraron el cadver esposado del padre de Muhammad, muerto, al parecer, de un disparo.

Los soldados se llevaron a Muhammad a la Crcel Negra. Haba un pasillo muy estrecho con montones de celdas a ambos lados y una gran puerta de acero y luces brillantes. No sabamos cundo era de noche y cundo de da. Le mantuvieron en una habitacin de hormign sin ventanas, totalmente confinado en solitario. Los soldados le arrastraban siempre por el cuello y le negaban el alimento y el agua. Le acusaron de proporcionar cuidados mdicos a los insurgentes, a lo cual l les contestaba: Soy mdico. Mi deber es proporcionar cuidados a cualquier ser humano que llegue a mi clnica, ya sea talibn o del gobierno.

Finalmente, Muhammad fue liberado, pero cerr su clnica y dej su ciudad natal. Me aterran tanto los estadounidenses como los talibanes, dice. Me alegro de que mi padre haya muerto, de que no tenga que vivir en este infierno.

Miedo a la oscuridad

A diferencia de la Crcel Negra, los oficiales estadounidenses, en los ltimos dos aos, han tratado de reformar la principal prisin en Bagram. Las torturas se han acabado all, y ahora los oficiales de la prisin alardean de que los presos suelen engordar unos siete kilos mientras estn detenidos. En algn momento de los primeros meses de este ao, los oficiales planean abrir una deslumbrante nueva prisin que finalmente sustituir a la de Bagram- con celdas grandes y ventiladas, el ltimo equipamiento mdico y salas para formacin vocacional. La prisin de Bagram se traspasar el ao que viene a los afganos aunque el resto del proceso de detencin permanecer en manos estadounidenses.

Pero los defensores de los derechos humanos dicen que continan estando preocupados por el proceso de detencin. El Tribunal Supremo de EEUU dictamin en 2008 que no se les puede negar a los presos de Guantnamo su derecho al habeas corpus, pero no decidi la misma resolucin en relacin a los detenidos en Bagram. (Los oficiales estadounidenses dicen que Bagram est en medio de una zona de guerra y por tanto no se aplica all la legislacin relativa a los derechos civiles que se establece dentro de EEUU). A diferencia de Guantnamo, los presos no tienen derecho all a acceder a un abogado. La mayora dice que no tiene ni idea de por qu estn detenidos. Los presos aparecen ahora ante un panel de revisin cada seis meses, que intenta volver a considerar su detencin, pero su capacidad para plantear preguntas sobre su situacin es limitada. Slo se me permiti decir s o no y no pude explicar nada durante mi vista, dice Rehmatullah Muhammad.

Sin embargo, la mejora en las condiciones de Bagram plantea la pregunta de si EEUU es capaz de combatir una guerra ms limpia. Eso es lo que el comandante de guerra en Afganistn, el General Stanley McChrystal prometi este verano: menos bajas civiles, menos temidos asaltos de las casas y un proceso de detencin ms transparente.

Las tropas estadounidenses que operan bajo el mando de la OTAN han empezado a cumplir normas de comportamiento ms estrictas: ahora slo pueden mantener oficialmente a los detenidos 96 horas antes de transferirles a las autoridades afganas o liberarles, y las fuerzas afganas deben tomar el mando en el registro de las casas. Cuando se les pregunta a los soldados estadounidenses, se indignan por esas restricciones, y tienen diversos mtodos para sortearlas. Algunas veces detenemos a gente y despus cuando pasan las 96 horas, les transferimos a los afganos, dice un marine estadounidense, que habla bajo anonimato. Ellos les dan unas cuantas palizas por nosotros y nos los devuelven para otras 96 horas. Esto puede prolongarse hasta que obtengamos lo que queremos.

Una forma ms sencilla de pasarse por alto las normas es llamar a las Fuerzas de Operaciones Especiales de EEUU los Focas de la Marina, los Boinas Verdes y otros- que no estn bajo el mando de la OTAN y por tanto no estn obligados por las normas ms estrictas de comportamiento. Esas tropas de elite son las que estn detrs de la mayora de los asaltos nocturnos y de las detenciones en la bsqueda de sospechosos de alto valor. Los oficiales del ejrcito estadounidense dicen en las entrevistas que las nuevas restricciones no han afectado en absoluto al nmero de asaltos y detenciones. No obstante, el actual cambio es ms sutil: el proceso de detencin se ha trasladado casi enteramente a las zonas y actores que mejor pueden evitar el escrutinio pblico: las Fuerzas de Operaciones Especiales y las pequeas prisiones de campo.

El cambio seala hacia una realidad profunda de la guerra, los soldados estadounidenses dicen: no puedes combatir a las guerrillas sin asaltos y detenciones invasivos, sera como combatir sin balas. A los ojos de un soldado estadounidense, Afganistn es un lugar tenebroso. Los hombres llevan barba y turbante. Rezan incesantemente. En la mayor parte del pas, a las mujeres se les prohbe salir de casa. Muchos afganos poseen un Kalashnikov. No puedes confiar en nadie, dice Rodrigo Arias, un marine que se encuentra en una base en la provincia nororiental de Kunar. Estuvieron a punto de matarme en varias emboscadas, pero los aldeanos no nos dicen nada. Aunque normalmente saben algo.

Un oficial que ha trabajado en los Campos de Detencin dice que son necesarios docenas de asaltos para que aparezca un sospechoso til. Algunas veces tienes que reventar las puertas. Algunas veces tienes que retorcer brazos. Tienes que utilizar toda una amplia red, pero cuando atrapas a la persona correcta, eso es lo que marca la diferencia.

Para Arias, es una cuestin de supervivencia. Quiero volver a casa de una pieza. Si eso significa que tengo que acorralar a la gente, la acorralar. Cuestionar esto, dice, es cuestionar si merece la pena luchar la guerra misma. Ese no es mi trabajo. La gente de Washington es la que tiene que encargarse de eso.

Si los asaltos nocturnos y las detenciones son una parte inevitable de la guerra moderna de contrainsurgencia, entonces, lo mismo sucede con el resentimiento que engendran. Nos alegramos cuando llegaron los estadounidenses. Pensbamos que traeran paz y estabilidad, dice el ex detenido Rehmatullah. Pero ahora casi todo el mundo en mi pueblo quiere que se larguen. Un ao despus de que soltaran a Rehmatullah, capturaron a su sobrino. Dos meses despus, se llevaron tambin a otros vecinos.

Se ha convertido en una pauta de conducta predecible: Las fuerzas talibanes lanzan emboscadas sobre los convoyes estadounidenses cuando pasan por el pueblo, y despus se retiran a los densos huertos de frutales que cubren la zona. Despus, los estadounidenses vuelven por la noche para llevarse sospechosos. Segn los aldeanos, en los dos ltimos aos, se han llevado a diecisis personas y han asesinado a otras diez en este pequeo pueblo de unos 300 habitantes. En el mismo perodo, dicen, los insurgentes mataron a un vecino y no se llevaron a ningn rehn.

Por lo tanto, las gentes de ese pueblo temen ms los asaltos nocturnos que a los talibanes. Ahora las noches en que los nios de Rehmatullah oyen el lejano zumbido de un helicptero, corren a su dormitorio. l les consuela, pero admite que tambin necesita que le tranquilicen. S que ya soy demasiado mayor para eso, dice, pero esta guerra me ha hecho tener miedo de la oscuridad.

Anand Gopal ha informado desde Afganistn para el Christian Science Monitor y el Wall Street Journal. Pueden leerse sus trabajos en: analdgopal.com. Actualmente est trabajando en un libro sobre la guerra afgana. Este artculo se ha publicado en el ltimo nmero de la revista Nation. Para escucharle en una entrevista de audio con Timothy McBain, de TomDispatch, hablando de cmo consigui este reportaje, pnchese aqu.

Fuente:

http://www.tomdispatch.com/post/175197/tomgram%3A_anand_gopal%2C_afraid_of_the_dark_in_afghanistan/#more



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