Portada :: Otro mundo es posible
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-02-2010

Un discurso del ao 2005
Contra el desaliento

Howard Zinn
Sin Permiso


En 1963, el historiador Howard Zinn fue despedido del Spelman College de Atlanta, en el estado norteamericano de Georgia, donde oficiaba como catedrtico en el Departamento de Historia, a causa de su activismo en torno a los derechos civiles. En el ao 2005, fue invitado a regresar para pronunciar el discurso de graduacin. Este es el brillante y conmovedor texto de su discurso, pronunciado el 15 de mayo de ese ao, y que reproducimos en Sin Permiso como homenaje al gran historiador y luchador poltico que desapareci la pasada semana a los 87 aos.

Me siento profundamente honrado por haber sido invitado a volver a Spelman despus de 42 aos. Me gustara dar las gracias al cuerpo docente y los miembros del Consejo que votaron a favor de esta invitacin que se me hace, y especialmente a su presidenta, la doctora Beverly Tatum. Adems, es un privilegio especial estar aqu con Diahann Carroll y Virginia Davis Floyd.

Pero un da como este es vuestro: hoy os licenciis como estudiantes. Para vosotros y vuestras familias es un da feliz. S que tenis vuestras esperanzas para el futuro, de modo que puede ser un tanto presuntuoso deciros cules son las esperanzas que tengo yo depositadas en vosotros, pero son exactamente las mismas que tengo en el caso de mis nietos.

La primera esperanza que tengo es que no os veis desalentados por el aspecto que presenta el mundo en este momento. Es fcil sentirse desanimado, porque nuestra nacin se encuentra en guerra, otra guerra ms, guerra tras guerra y nuestro gobierno parece determinado a extender su imperio aun a costa de las vidas de decenas de miles de seres humanos. En este pas hay pobreza, y personas sin techo, y gente que carece de atencin mdica, y aulas abarrotadas, pero nuestro gobierno, que tiene a su disposicin billones de dlares, se gasta su opulencia en guerras. Hay un millar de millones de personas en frica, Asia, Amrica Latina y Oriente Medio que necesitan agua limpia y medicinas para combatir la malaria, la tuberculosis y el SIDA, pero nuestro gobierno, que dispone de miles de armas nucleares, sigue experimentando con armas nucleares aun ms mortferas. S, resulta fcil descorazonarse con todo esto.

Pero permitidme deciros por qu, pese a lo que acabo de describir, no debis sentiros desanimados.

Quiero recordaros que hace cincuenta aos la segregacin racial estaba tan fuertemente arraigada aqu en el Sur como lo estaba el apartheid en Sudfrica. El gobierno nacional, aun con presidentes liberales como Kennedy y Johnson en el poder, miraba hacia otro lado mientras se golpeaba, se asesinaba y se negaba la oportunidad de votar a las personas negras. De modo que las personas negras del Sur decidieron que tenan que hacer algo por s mismas. Iniciaron boicots, sentadas, piquetes y manifestaciones, y fueron golpeadas y encarceladas, y algunas fueron asesinadas, pero sus gritos de libertad se oyeron por todo el pas y en todo el mundo, y el Presidente y el Congreso hicieron finalmente lo que antes no haban conseguido: aplicar las enmiendas nmero 14 y 15 de la Constitucin. Mucha gente haba dicho: el Sur nunca cambiar. Pero s que cambi. Cambi porque la gente corriente se organiz y se arriesg y desafi al sistema y no cej. Fue entonces cuando la democracia revivi.

Quiero recordaros tambin que cuando se estaba librando la Guerra de Vietnam, y los jvenes norteamericanos iban muriendo y volvan a casa paralizados, y nuestro gobierno bombardeaba las aldeas vietnamitas dejando caer bombas sobre escuelas y hospitales y matando gente normal en gran nmero pareca que no hubiera esperanza de detener la guerra. Pero como en el caso del movimiento del Sur, la gente empez a protestar y enseguida la protesta prendi. Se trataba de un movimiento de toda la nacin. Los soldados regresaron y denunciaron la guerra, los jvenes se negaron a ingresar en el ejrcito, y la guerra tuvo que terminar.

La leccin que esa historia entraa es que no debemos desesperar, que si tienes razn y te empeas, las cosas cambiarn. Puede que el gobierno intente engaar a la gente, puede que los diarios y la televisin hagan lo propio, pero la verdad siempre halla el modo de salir a la luz. La verdad tiene un poder mayor el que de cien mentiras. S que tenis cuestiones practicas que atender: conseguir un empleo, casaros, tener nios. Puede que alcancis una prspera posicin y se juzgue que habis tenido xito segn la definicin de xito de nuestra sociedad, por riqueza, posicin o prestigio. Pero eso no basta para una buena vida.

Recordemos el relato de Tolstoi, La muerte de Ivan Ilich. Un hombre reflexiona sobre su vida en su lecho de muerte, sobre cmo obr correctamente en todo, obedeci las normas, se hizo juez, se cas, tuvo hijos, y se le consider un xito. Sin embargo, en sus ltimas horas, se pregunta por qu se siente fracasado. Despus de convertirse en clebre novelista, el mismo Tolstoi decidi que eso no bastaba, que deba hablar contra el trato que se daba a los campesinos rusos, que deba escribir contra la guerra y el militarismo.

Tengo la esperanza de que sea lo que sea que hagis por conseguir una buena vida ya seis profesores, trabajadores sociales, gentes de empresa, abogados, poetas o cientficos dediquis una parte de vuestra vida a hacer de ste un mundo mejor para vuestros nios, para todos los nios. Tengo la esperanza de que vuestra generacin exija la terminacin de la guerra, que vuestra generacin haga algo que no se ha hecho todava en la historia y borre las fronteras que nos separan de otros seres humanos sobre esta Tierra.

No hace mucho vi una foto de portada del New York Times que no me puedo quitar de la cabeza. Mostraba a varios norteamericanos corrientes sentados en sillas en la frontera meridional de Arizona con Mxico. Sostenan escopetas a la busca de mexicanos que pudieran intentar cruzar el lmite con los Estados Unidos. Esto me result horrendo: el darme cuenta de que en este siglo XXI de lo que llamamos "civilizacin," hemos recortado lo que decimos que es un solo mundo en doscientas entidades creadas artificialmente a las que llamamos "naciones" y estamos dispuestos a matar a cualquiera que cruce una frontera.

No es el nacionalismo esa devocin a una bandera, a un himno, a una frontera, tan feroz que conduce al asesinato uno de los grandes males de nuestro tiempo, junto al racismo, junto al odio religioso? Estas formas de pensar, cultivadas, nutridas, adoctrinadas desde la infancia en adelante, han sido tiles a quienes estn en el poder, mortales para quienes no estn en l.

Aqu en los Estados Unidos nos educan de modo que creamos que nuestra nacin es diferente de las dems, una excepcin en el mundo, de una moralidad nica; para que nos extendamos por otras tierras a fin de llevar la civilizacin, la libertad, la democracia. Pero si sabis algo de historia, sabis que no es verdad. Si sabis algo de historia, sabis que masacramos a los indios de este continente, que invadimos Mxico, enviamos ejrcitos a Cuba y las Filipinas. Asesinamos a un nmero ingente de personas, y no les llevamos democracia o libertad. No fuimos a Vietnam a llevar democracia; no invadimos Panam para acabar con el narcotrfico; no invadimos Afganistn e Irak para detener el terrorismo. Nuestros objetivos eran los objetivos de todos los dems imperios de la historia del mundo: mayores beneficios para las empresas, mayor poder para los polticos.

Nuestros poetas y artistas parecen tener una comprensin ms clara de la enfermedad del nacionalismo. Quizs los poetas negros estn menos cautivados por las virtudes de la "libertad" y la "democracia", habiendo disfrutado tan poco de ellas su propio pueblo. El gran poeta afroamericano Langston Hughes se dirigi a su pas de este modo:

 

You really haven't been a virgin for so long. It's ludicrous to keep up the pretext.

You've slept with all the big powers In military uniforms, And you've taken the sweet life Of all the little brown fellows.

Being one of the world's big vampires, Why don't you come on out and say so Like Japan, and England, and France, And all the other nymphomaniacs of power.

(Lo cierto es que no has sido virgen tanto tiempo. / Es ridculo seguir con el pretexto. / Te acostaste con todas las grandes potencias / Con uniformes militares, / Y arrebataste la dulce vida / De todos los hombrecillos morenos. / S iendo uno de los grandes vampiros mundiales, / Por qu no sales y lo dices / I gual que Inglaterra, Japn, Francia / Y todas las dems ninfmanas del poder.)

Soy veterano de la Segunda Guerra Mundial, considerada como "una guerra de las buenas", pero he llegado a la conclusin de que la guerra no soluciona ningn problema fundamental y slo conduce a ms guerras. La guerra envenena la mente de los soldados, les lleva a matar y torturar, y corrompe el alma de la nacin.

Tengo la esperanza de que vuestra generacin exija que sus hijos se cren en un mundo sin guerra. Si queremos un mundo en el que la gente de todos los pases sean hermanos y hermanas, si consideramos a los nios del mundo como nios nuestros, entonces la guerra, en la que los nios son siempre las mayores vctimas no puede aceptarse como medio de resolver problemas.

Pas siete aos como miembro del cuerpo docente del Spelman College, entre 1956 y 1963. Fue una poca reconfortante, pues los amigos que hicimos en aquellos aos lo han seguido siendo todos estos aos. Mi mujer, Roslyn, y yo y nuestros dos hijos vivamos en el campus. Y a veces cuando bamos a la ciudad, los blancos nos preguntaban: cmo se vive entre la comunidad negra? Era difcil explicarlo. Pero una cosa s sabamos: que en el centro de Atlanta nos sentamos como en terreno extrao, y cuando volvamos al campus de Spelman, nos sentamos en casa.

Aquellos aos en Spelman fueron los ms emocionantes de mi vida, desde luego los ms educativos. Fueron los aos del gran movimiento sureo contra la segregacin racial, y yo me compromet con l en Atlanta, en Albany, Georgia, en Selma, Alabama, en Hattiesburg, Mississippi, y en Greenwood e Itta Bena y Jackson.

Aprend algo sobre la democracia: que no viene del gobierno ni llega de lo alto, viene de la gente que se une y lucha por la justicia. Aprend algunas cosas sobre la raza, aprend algo de lo que cualquier persona inteligente se da cuenta en un cierto momento: que la raza es algo fabricado, una cosa artificial, y aunque la raza importa (tal como ha escrito Cornel West), importa slo porque cierta gente quiere que importe, del mismo modo que el nacionalismo es algo artificial. Aprend que lo que realmente importa es que todos nosotros de cualquiera de las llamadas razas y las llamadas nacionalidades seamos seres humanos y nos apreciemos unos a otros.

Tuve la suerte de estar en Spelman en un momento en el que pude ser testigo de una maravillosa transformacin en mis alumnos, tan corteses, tan sosegados, y que de pronto comenzaron a salir del campus e ir a la ciudad y participar en sentadas, ser detenidos, y a salir de la crcel llenos de fuego y rebelda. Podis leerlo en en el libro de Harry Lefever Undaunted By The Fight: Spelman College and the Civil Rights Movement, 1957-1967 .

Cierto da, Marian Wright (hoy Marian Wright Edelman), que era alumna ma en Spelman, y fue una de las primeras detenidas en las sentadas de Atlanta, vino a nuestra casa del campus para mostrarnos una peticin que iba a fijar en el tabln de anuncios de su residencia. El encabezamiento resuma la transformacin que se estaba produciendo en el Spelman College. Marian comenzaba as la peticin: "Seoritas que quieran participar en piquetes, por favor firmar aqu".

Tengo la esperanza de que no os contentis slo con tener xito del modo en que la sociedad mide el xito; que no obedezcis las reglas cuando las reglas son injustas, que saquis fuera el valor que s que est dentro de vosotros. Hay gente magnfica, blancos y negros, que nos servirn de modelo. Y no me refiero a afroamericanos como Condoleezza Rice, o Colin Powell, o Clarence Thomas, que se han convertido en servidores de los ricos y los poderosos. Me refiero a W.E.B. DuBois y Martin Luther King y Malcolm X y Marian Wright Edelman, y James Baldwin y Josephine Baker y ltambin a la buena gente blanca, que desafo el orden establecido para trabajar en pro de la paz y la justicia.

Otra de mis alumnas de Spelman, Alice Walker, que, al igual que Marian, ha seguido siendo amiga nuestra todos estos aos, proceda de una familia de arrendatarios rurales de Eatonton, en Georgia, y se convirti en una escritora clebre. En uno de sus primeros poemas publicados, escribi:

It is true I've always loved the daring ones Like the Black young man Who tried to crash All barriers at once, wanted to swim At a white beach (in Alabama) Nude.

(Es verdad: / Me han gustado siempre / los atrevidos / Como el joven negro / Que trat / de romper / Todas las barreras / de una vez, / quiso nadar / en una playa blanca (en Alabama) / Desnudo.)

No estoy sugiriendo que lleguis tan lejos, pero podis ayudar a derribar barreras, desde luego las de raza, pero tambin las del nacionalismo; que hagis lo que podis hacer, no tenis que hacer nada heroico, solamente algo, unidos a otros millones que harn solamente algo, porque todos esos "algo" se juntan, en ciertos momentos de la historia, y mejoran el mundo.

La maravillosa escritora afroamericana Zora Neale Hurston, que no quera hacer lo que la gente blanca quera que ella hiciera, que insista en ser ella misma, contaba que su madre le dio este consejo: Da un salto a por el sol; puede que no llegues, pero al menos te levantar del suelo.

Al estar aqu hoy, estis ya sobres los pies, listos para dar el salto. Espero que tengis una buena vida.

Traduccin para www.sinpermiso.info : Lucas Antn

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3072

 



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