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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-02-2010

Davos y las pensiones

Juan Francisco Martn Seco
Pblico


Fue precisamente en Davos, hace ms de una dcada, cuando Tietmeyer, entonces gobernador del poderoso Bundesbank, decret el fin de la soberana popular. Los mercados sern los gendarmes de los poderes polticos, dijo. Era el grito de guerra de un nuevo capitalismo triunfante que, fundamentado en la libre circulacin de capitales, se postulaba sin lmites ni barreras y que exiga que todo se rindiese a la lgica del mercado.

Se ha visto a dnde nos ha conducido tal sistema: al borde del abismo. El ao pasado, en febrero, las fuerzas econmicas y sus satlites acudieron tambin a Davos, aunque en esta ocasin fueron humildemente, recubiertos todos ellos con el sayal de penitente y dispuestos a implorar al sector pblico que los protegiese del caos. Pero ha bastado un ao, slo un ao, para que vuelvan a las andadas y, una vez salvados, sin importarles un pice los cadveres que dejan atrs, han regresado desafiantes a la ciudad de los Alpes dispuestos a plantar cara a los gobiernos, a imponerlos sus condiciones y a impedir cualquier regulacin.

Como manifestacin de su poder, han sentado en el banquillo de los acusados a tres pases, no del Tercer Mundo sino de la Unin Europea Espaa, Grecia y Lituania, escogiendo como fiscal al presidente del Banco Central Europeo y como jueces, a las agencias de calificacin, las mismas que contribuyeron a la crisis dando la mxima valoracin al papel basura que infect la economa internacional. Y lo peor es que, al menos en el caso Espaa, su estrategia ha tenido xito, porque el Gobierno tras caer inocentemente en la trampa de comparecer en tal foro se ha apresurado a dar un giro a la derecha y a asumir las tesis de las fuerzas ms conservadoras.

El Gobierno presenta un plan para realizar fuertes recortes del gasto en un presupuesto que apenas lleva un mes en vigor. Poco importa que la economa espaola se encuentre an lejos de salir de la crisis y que estas medidas contradigan los planes de estmulo y obstaculicen la recuperacin. De nada vale que el stock de deuda pblica sea de los ms bajos de la Unin Europea y que nuestras dificultades provengan del endeudamiento privado y no del pblico. No cuenta que nuestro dficit se haya originado fundamentalmente por la contraccin de la recaudacin, causada en parte por la baja actividad y en parte por una poltica fiscal que durante estos ltimos 12 aos ha desarmado los tributos progresivos. Qu ms da que la congelacin de la oferta pblica de empleo lo nico que consiga sea incrementar el enorme paro existente. Es igual, los mercados han hablado y hay que obedecer.

El Gobierno ha asumido la tesis de la derecha de que el sistema pblico de pensiones es inviable y hay que reducir, por tanto, las prestaciones. Resulta lo mismo que las proyecciones demogrficas sean todas cuestionables. De nada vale afirmar que en ninguna parte est dicho que sean nicamente los trabajadores los que tengan que sostener con sus cotizaciones las pensiones, como si los otros impuestos no contasen, principalmente los que se giran sobre las sociedades y las rentas de capital. Es igual, los mercados se han manifestado y hay que inclinarse ante ellos.

Juan Francisco Martn Seco es economista

Fuente: http://blogs.publico.es/delconsejoeditorial



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