| O P I N I Ó N |
1 de febrero del 2004 |
Carlos Aznárez
Resumen Latinoamericano
Desde tiempo atrás vienen surgiendo informaciones, datos y testimonios que
contrarían la inmaculada imagen que el Juez español Baltasar Garzón ha
trabajado en diseñar -para su propio interés- en lo que los peninsulares con
nostalgias de la Conquista gustan llamar "Iberoamérica".
Los últimos traspies de Garzón en Latinoamérica son moneda repetida. Repudiado en varias ocasiones por los zapatistas y por el propio
Subcomandante Marcos, por pretender meter sus narices imperiales en México
(Garzón escribe "Méjico" a la vieja usanza colonial), vuelto a criticar en
Colombia por las fuerzas populares, una vez que se conoció su concurrencia a
reuniones con autoridades del gobierno fascista de Uribe Vélez para
asesorarles sobre cómo reprimir más y mejor a los insurgentes de ese país,
el juez acaba de alzarse con todos los premios del repudio a su apuesta en
la lotería ingerencista.
Leyendo y releyendo la información publicada por el prestigioso diario La
Jornada, se podrá observar que Garzón y ese tribunal de excepción represivo
denominado Audiencia Nacional Española, parecen creer que todavía tiene
plena vigencia la época de Hernán Cortéz o de Francisco Pizarro. En efecto: no sólo han participado en el interrogatorio de ciudadanos
mexicanos (facilitado por auténticos "colaboracionistas" de la estructura
judicial de ese país) sino que pretendieron -fallidamente- interrogar a los
militantes vascos detenidos en México. Muy parecido a lo que en épocas no
muy lejanas hicieron las estructuras represivas del continente para detener,
torturar, enjuiciar y hacer desaparecer a ciudadanos de cada uno de nuestros
países. En esa instancia lo llamaban "Operativo Cóndor".
Armado de su tradicional altivez y acompañado de otro funcionario de la
Audiencia Española, Garzón intentó ingresar dias atrás en la prision
mexicana (el Reclusorio Norte) y participar de la comparencia judicial de
los presos vascos, que desde hace meses se hallan en esa condición esperando
un pedido de extradición hecha por los españoles. Sin embargo, esta vez
Garzón no tuvo luz verde y su enojo fue visible.(ver carta a La Jornada). Con tanta mala suerte que fue "escrachado" (para usar una terminología
argentina) por los medios de comunicación presentes en el lugar.
Garzón cree que los latinoamericanos son idiotas y sumisos. Garzón supone
que la colonización continúa y no se da cuenta que los pueblos se levantan
una y otra vez para demostrar su hartazgo y desprecio a estos nuevos Cortéz
y Pizarros que disfrazados de Telefónica, Repsol, BBV y Endesa pretenden
amordazar y hambrear a los países del continente.
Garzón no puede entender -pero es tiempo ya de que lo anote en su agenda
represiva- que son muchos los que saben que en España se tortura, se viola a
los detenidos y detenidas, se destierra a los prisioneros políticos y sobre
todo, se ilegalizan partidos, se clausuran periódicos y se intenta amordazar
a la disidencia política vasca. Como muy bien ha informado siempre el diario
La Jornada al que Garzón acusa de "manipulador".
Precisamente porque todo ello se sabe, es que empiezan a surgir
solidaridades insospechadas contra el accionar impune de jueces españoles
que se creen finqueros de latifundio.
De todos modos, lo que acaba de ocurrir en México es grave. No porque lo
hayan sacado a Garzón con cajas destempladas sino porque demuestra que en
nuestros propios países todavía quedan lacayos (A pesar de que el señor
Vicente Fox, se esfuerce en desmentirlo en ruedas de prensa) dispuestos a
violar sus propios preceptos constitucionales en aras de "quedar bien" con
los amos del poder colonial. Lamentablemente para ellos, aún quedan los
pueblos solidarios con todos aquellos que luchas por la autodeterminación,
también algunos pocos pero meritorios funcionarios que cumplen con la letra
de lo que debe ser un país independiente, y en especial, algunos medios
honestos y progresistas como "La Jornada", dispuestos a contar lo que puede
ser una gran afrenta a la nación mexicana. Entre todos, le estropearon la
jugada a Garzón y sus mandantes.