| O P I N I O N |
24 de febrero de 2004 |
Mikel Agirregabiria Agirre
Rebelión
Eric Berne (1910-1970) fue un psiquiatra de reconocido prestigio que desarrolló
una teoría de la personalidad, conocida mundialmente como Análisis Transaccional
(A.T.), basada en los Estados del Yo, las transacciones humanas, los juegos
psicológicos y los guiones vitales. De amplia aplicación ulterior, sus técnicas
resultan muy valiosas para el crecimiento y la mejora personal y grupal.
Presentaremos un compendio de sus fundamentos, que podrán sernos provechosos
para comprender mejor la naturaleza de las relaciones humanas. La filosofía
subyacente en el A.T. parte de la premisa de que "todos nacemos bien", como
sugiere el subtítulo que Berne acostumbraba a repetir. Todos disponemos de un
incalculable potencial humano que podemos desarrollar, y cada uno es principal
responsable de su propia vida, decidiendo, para bien o para mal, lo que hace con
ella. Podemos progresar si empleamos debidamente los recursos personales y
colectivos que están a nuestro alcance.
Para el desarrollo de habilidades sociales en la comunicación, el A.T. sugiere
una estructura de personalidad P.A.N (Padre-Adulto-Niño), en tres instancias o
triple Estado del Yo: el Padre, el Adulto y el Niño. Son patrones diferenciados
de sentimientos, pensamientos y comportamientos de diverso origen biológico e
histórico y de distinta vivencia interior. Este esquema es la base de toda la
doctrina de la personalidad inacabada y en proceso de desarrollo, que mostrará
los modelos de comunicación y el tipo de transacciones entre estos tres
personajes internos que todos llevamos dentro.
El "Yo Padre" es ese personaje que aparece cuando hablamos como creemos que lo
harían nuestros padres. Es la pauta que nos asemeja a la figura parental, que
grabamos de pasada experiencia familiar. Adopta dos instancias, la del Padre
Influyente o Normativo que dirige y es firme en sus preceptos, o la del Padre
Generoso, que ayuda, aconseja y tranquiliza, incluso en exceso con paternalismo.
Las manifestaciones del Padre son frases estereotipadas, refranes, órdenes,
adjetivos calificativos, juicios de valor,... como "Eso no se hace", "Porque lo
digo yo", "Eso es ridículo", "No haces nunca nada bien", "Hazlo así",? con tonos
de voz fuertes, como puntualizando (o bien envolvente en el Padre Acogedor). Los
gestos son apuntar con el índice, desaprobar negando con la cabeza o aprobar
asintiendo con la cabeza, dar una palmada en la espalda,... Las actitudes
corporales son de manos sobre las caderas, mirar de arriba a bajo, cruzar los
brazos sobre el pecho, meter la barbilla entre la
mano, o extender los brazos para abrazar,... con expresiones faciales de
fruncir las cejas, expresión de altivez o simpatía, apretar los labios, elevar
las cejas, elevar los brazos al cielo... y miradas intensas, dan miedo o
envuelven, culpabilizan o apoyan.
El "Yo Adulto" es el modo autónomo y pertinente de comportarse ante la realidad
de cada momento. Sus manifestaciones están regidas por los estímulos y
relaciones de la situación presente, con frases que expresan hechos o preguntas
y respuestas con intención directa y clara: ¿Quién, qué, dónde, cuándo, cómo,
por qué, para qué?", "¿Has tomado una decisión?", "¿Qué esperas de mí?", "No
estoy de acuerdo", "Ésta es mi opinión, pero no es más que mi opinión", "Éstas
son las ventajas y los inconvenientes", "Me siento triste cuando dices eso"...
Las actitudes corporales son relajadas pero atentas, cabeza derecha, mirada
discreta, voz calmada,...
El "Yo Niño" es la reliquia arcaica de nuestra propia infancia: aquel niño que
fuimos. La edad típica de nuestro Niño depende de nuestra historia personal y es
diferente aún entre hermanos que comparten el "Yo Padre". Existen tres
subniveles: el Niño Adaptado, que rehuye las dificultades y busca la aprobación;
el "Pequeño Profesor", creativo e intuitivo que presiente las situaciones aunque
puede equivocarse; y el "Niño Libre" que representa la creatividad y la
naturalidad, que puede ser egocéntrico. Expresiones características del Estado
Niño son "¿Vale...?", "¡Qué rollo...!", "¡Qué bien!", "La he fastidiado", "No sé
qué más decir",? Los tonos de voz son oscilantes, retraídos y débiles o
brillantes y excitados, con gestos como bufar, hacer burla, gesticular,
retorcerse las manos, rascarse, mover la punta del pie, repiquetear en la mesa,
manosear un lápiz, dibujar durante una reunión,... Las sensaciones son de
nerviosismo o bienestar, risas, sonrojo o palidez repentina,... con
actitudes corporales como las piernas recogidas bajo la silla, los pies en la
mesa, desplomado, agitado, gracioso, deprimido,... con miradas cómplices,
suplicantes o sonrientes, moviendo los ojos a derecha o a izquierda, o
avergonzado con los ojos bajados,...
¿Hemos reconocido a nuestros tres Yos? ¿Cuál predomina? ¡Que no falte ninguno!
Lástima no poder seguir, contando qué pasa cuando nuestro Niño habla con el
Padre/Adulto/Niño de nuestra Pareja (- Lo siento pero me parece que otra vez he
perdido las llaves. - Siempre eres un descuidado/ ¿Has mirado en la entrada?/
Pues te fastidias), o cuando a una pregunta del Adulto de nuestro interlocutor
le responde nuestro Padre/Adulto o Niño (-¿Dónde está el periódico? - Nunca
sabes dónde dejas las cosas/ Creo que en la sala/ Yo no lo he perdido). Quizá
continuemos otro día, pero las posibilidades de interpretación de la
comunicación que ofrece el A.T. esperemos que hayan quedado expuestas.
Mikel Agirregabiria Agirre. Formador
http://www.mikelagirregabiria.tk