| L A P Á G I N A D E P E T R A S |
13 de junio de 2003 |
James Petras
Traducido para Rebelión por Marina Trillo
Hay cuatro claves para entender la situación actual en
América Latina:
El desarrollo desigual de la lucha étnica y de clase y las contradicciones dentro de los movimientos sociales.
La derechización de antiguos partidos electorales izquierdistas o populistas y su alianza con el imperialismo estadounidense
El declive del modelo socioeconómico neoliberal y el aislamiento de los regímenes neoliberales y su acrecentado recurso a la violencia
Resurgimiento del militarismo y colonización imperiales - sus victorias y derrotas.
Los
movimientos y luchas populares latinoamericanos reflejan una compleja
pauta de avances y retrocesos, que dependen de circunstancias
específicas y momentos puntuales. No hay ninguna "nueva
ola" general de victorias o derrotas. En el lado positivo está
la victoria del movimiento popular en Venezuela - derrotando dos
golpes de estado orquestados por EEUU y el programa de reforma
agraria del Presidente Chavez que promete colocar a 100.000 familias
hacia agosto del 2003. En Bolivia, el MAS y los movimientos sociales,
sobre todo los cocaleros, han bloqueado satisfactoriamente el
programa de privatización del gobierno del Presidente Sánchez
de Losada y han acrecentado su apoyo electoral y de masas. En
contraposición, en Ecuador y Brasil, la adopción del
neoliberalismo por parte de los Presidentes Lucio Gutiérrez e
Inacio Lula representa un debilitamiento temporal de la izquierda y
la lucha de masas.
El
desarrollo desigual de la lucha popular de masas se produce en toda
América Latina – Perú avanza, Chile está
estancado, Argentina en declive pero la guerrilla Colombiana se
expande. La clave para comprender el reflujo y flujo de la lucha de
masas en América Latina requiere que vayamos más allá
de un análisis de las crisis económicas y examinemos la
cuestión política - en particular la relación
entre la política electoral y la de masas. La razón
está clara: todas las economías latinoamericanas están
en crisis profunda y adolecen de generar desigualdades sociales -
pero en algunos países, la lucha avanza y en otros declina.
La
clave para entender el desigual desarrollo de la lucha se encuentra
al observar las diferentes relaciones entre movimientos sociales y
formaciones políticas. En Bolivia, Venezuela, Cuba, los
movimientos de masas están vinculados a formaciones políticas
populistas y socialistas - que promueven los objetivos de los
movimientos. En Brasil y Ecuador los movimientos de masas están
(¿o estaban?) vinculados a regímenes políticos y
partidos neoliberales que se oponen a las reivindicaciones básicas
de los movimientos populares y están ligados al Fondo
Monetario Internacional y a élites neoliberales. En Perú,
Colombia y México los movimientos de masas y guerrilleros
progresan porque son independientes de los regímenes
neoliberales y de los partidos burgueses. En Argentina, y en mucho
menor grado en Paraguay y Uruguay, los movimientos de masas no son
capaces de construir una alternativa política - como
consecuencia las heroicas luchas y protestas de masas no se han
traducido en un desafío serio para el poder estatal sinó
que han permitido a partidos electorales burgueses y reformistas
capitalizar el descontento con la elección de Kirchner en
Argentina y el Frente Amplio en Uruguay
En
resumen, los movimientos sociales que han llegado más lejos en
el período actual son los que están vinculados a
formaciones políticas de clase/populistas, mientras que
aquellos movimientos sociales que no tienen vínculos se han
estancado o se han retirado. La paradoja consiste en que en Argentina
el levantamiento popular y el floreciente movimiento de trabajadores
en paro y asambleas de vecindad carecieron de organización
política para alcalzar el poder político, mientras que
en Brasil los movimientos populares estaban unidos a un partido
político - el Partido de los Trabajadores (PT) - que se
derechizó y abandonó el movimiento.
Tanto
en Argentina como en Brasil el avance del movimiento social fue
frustrado por la carencia de una organización de clase
política independiente, a pesar de la madurez de condiciones
objetivas.
La
situación objetiva en América Latina está
"madura" para una transformación social. Todos los
principales indicadores sociales son negativos. Si tomamos la cifra
realista de USD 5 diarios como nivel de pobreza, más del 70 %
de latinoamericanos viven en la pobreza y casi el 40 % son indigentes
- viviendo con menos de USD 2 al día. En Argentina, el país
más rico en producción de carne y cereal per cápita,
casi el 60 % de las población vive en la pobreza y un tercio
es indigente. Brasil ha estado en recesión durante más
de 3 años y ha pagado más de 60 mil millones de dólares
de deuda, mientras que tanto Cardoso como Lula han reducido la
financiación pública para vivienda, salud, educación
y reforma agraria. En México, Uruguay, Bolivia, Colombia y
Venezuela las economías están en profunda crisis, a
medida que el modelo neoliberal basado en exportaciones, transfiere
al exterior los ingresos por exportaciones en forma de remesas de
beneficios, pagos de deudas y evasión fiscal. Las
desigualdades se han extendido durante los 5 años últimos
por toda América Latina: bajo los programas de austeridad
introducidos en Brasil, Argentina y México, las clases altas
aumentan sus ganancias gracias a impuestos más bajos, pago de
salarios inferiores y pagos más reducidos de seguros sociales
- a expensas de los trabajadores.
El
estancamiento económico crónico y las desigualdades
sociales no han cambiado con las elecciones de Lula en Brasil,
Gutiérrez en Ecuador o Toledo en Perú – si acaso
la situación socioeconómica ha empeorado. Durante los 6
primeros meses del 2003 Brasil muestra un índice de
crecimiento negativo del 1 %, Gutiérrez ha polarizado el país,
favoreciendo a los inversores extranjeros y perjudicando a los
campesinos e indios, y Toledo que ha seguido a la perfección
la fórmula del Fondo Monetario Internacional, afronta
protestas callejeras masivas de todos los sindicatos principales,
organizaciones de campesinos y federaciones de estudiantes del país.
El
neoliberalismo se parece a un gato con nueve vidas. En cada década
desde mediados de los años 1970 hasta la fecha, han surgido
nuevos dictadores o presidentes, que prometían "modernizar"
el país por medio de "política de libre mercado"
regida por la exportación y han dejado el poder con ignominia,
o han sido expulsados por incompetentes, corruptos, o ambas cosas.
Sólo para ser sustituidos por una nueva versión de lo
mismo, con cada nuevo presidente prometiendo "cambios" y
realizando "ajustes" aún más severos que
empobrecen más al país. El período actual no es
ninguna excepción - Da Silva, Gutiérrez, Fox, Toledo se
presentaron como los "presidentes del pueblo" durante su
campaña electoral, pero una vez resultaron elegidos
prosiguieron con y ahondaron en la agenda neoliberal y sus lazos con
el imperialismo estadounidense. Esta "cuarta ola" de
neo-liberales despierta una nueva ronda de confrontaciones profundas.
Las
protestas de masas más recientes han ocurrido en Bolivia
dirigidas por los cocaleros de Chapare, los 'fabriles' de Cochabamba,
los mineros de los Andes y los pobres urbanos de La Paz; en Perú
los maestros de la escuela pública han lanzado una huelga
general, apoyada por agricultores y campesinos contra los salarios
miserables y los bajos precios de los productos agrícolas que
son consecuencia de la importación de grano y cereales
subvencionados estadounidenses. Las mismas alianzas
maestro-agricultor-campesino se encuentran en México y
Colombia; en Venezuela las masas urbanas que derrotaron a los
golpistas apoyados por EEUU organizan círculos Bolivarianos y
presionan al gobierno Chávez para que lleve a cabo cambios
estructurales y de política redistributiva más
radicales en la economía y la sociedad. En Colombia, los dos
grupos guerrilleros - el FARC-EP y el ELN han rechazado de modo
satisfactorio todas las importantes ofensivas militares desde que el
Presidente Uribe subió al poder - y hoy su régimen es
más débil y menos capaz de lograr apoyo político
y económico para la guerra, excepto por parte del Pentágono.
En Ecuador, dirigidos por CONAIE y en Brasil, dirigidos por el MST,
los movimientos de masas comienzan a expresar sus críticas
respecto a los nuevos regímenes que al principio apoyaron, a
medida que crece la frustración sobre la política
neoliberal y la derecha, incluyendo a grupos paramilitares que toman
la ofensiva en Brasil, aprovechando la favorable política de
"agro-exportación" de los Presidentes electos.
Como
las élites financieras en EEUU y Europa reconocen que Lula,
Gutiérrez y Toledo cuentan sólo con un tiempo limitado
para implementar las "reformas" neoliberales del Fondo
Monetario Internacional – les urgen a actuar enérgica y
rápidamente antes de que queden políticamente aislados
y tengan que encarar las confrontaciones de masas. A pesar del
derrumbamiento inminente de la “cuarta ola” de regímenes
neo-liberales, las alternativas políticas populares sólo
son visibles en Cuba, Venezuela y Bolivia
No
hay ninguna duda de que la derechización de los antiguos
candidatos izquierdistas/populistas ha limitado temporalmente las
luchas populares en Brasil y Ecuador - pero sólo durante un
corto período. Como hemos visto en Perú, Bolivia,
Ecuador y Argentina, cuando los pseudo-populistas exponen sus planes
neoliberales, se enfrentan antes de un año a intensificadas
movilizaciones populares que ponen en cuestión su legitimidad
y estabilidad. En el pasado reciente numerosos Presidentes han sido
echados del poder por movilizaciones de masas antes de que su mandato
oficial hubiera expirado: Pérez de Venezuela, De la Rua en
Argentina, Collor en Brasil, Mahuad y Buccaran en Ecuador, y Fujimori
en Perú.
Las
cuestiones principales que afrontan los movimientos sociales son
¿cómo traducir su acción defensiva a una
estrategia ofensiva, cómo convertir sus demandas sociales en
un programa político, cómo unificar los movimientos
sociales en un instrumento político? Los movimientos sociales
de masas han sido el vehículo más eficaz para expresar
el descontento popular y llevar a cabo reformas - en gran contraste
con los ineficaces y oportunistas partidos electorales “de
izquierdas”. Sin embargo los movimientos sociales no han creado
sus propios instrumentos políticos - con la notable excepción
de los cocaleros Bolivianos - MAS (Movimiento para el Socialismo). La
mayor parte de los movimientos sociales han unido sus esperanzas a
partidos y candidatos electorales que ellos no controlan y que con
frecuencia tienen lazos con intereses imperialistas como el Fondo
Monetario Internacional.
Los
movimientos sociales se encuentran con una contradicción entre
la acción independiente directa de masas y los vínculos
a partidos electorales burgueses. Esta contradicción puede ser
resuelta no dando la espalda a la política, o a instrumentos
políticos o incluso partidos electorales, sinó
construyendo un instrumento político de masas controlado
dirigido y subordinado a los movimientos sociales.
Hoy
el debate dentro de los movimientos sociales avanzados de América
Latina es como construir a partir de los avances positivos del
pasado, aprender de los errores del presente y construir nuevas
coaliciones políticas de masas para ir más allá
de la protesta hacia la política de transformación
social.
En la
situación actual de América Latina, hay muchos signos
positivos y algunas circunstancias ambiguas. Aunque América
Latina está gobernada por regímenes neoliberales
(excepto quizás Venezuela), ninguno de los Presidentes ha
consolidado el poder. Por todas partes se da el mismo modelo: Los
presidentes ganan las elecciones, pactan con el Fondo Monetario
Internacional, multinacionales y bancos y pierden la calle - porque
la inmensa mayoría de la gente se vuelve en contra del
presidente "elegido". El Toledo de Perú de hoy ha
ido de más del 50 % del voto a menos del 10 % de popularidad.
En Bolivia Sánchez de Losada pasó del 22 % del voto a
menos del 5%... La misma pauta ocurrirá con los nuevos
presidentes de Ecuador y Brasil dentro de un año o dos. En
segundo lugar aunque la lucha de masas aumenta y disminuye, no ha
habido ninguna derrota decisiva, como ocurrió con los golpes
militares de 1964, 1973, 1976 etc... En tercer lugar los movimientos
de masas de algunos países han combinado varias formas de
lucha – bloqueos de carreteras, ocupaciones de tierra y toma de
fábricas y edificios gubernamentales- con luchas electorales.
Finalmente la conciencia de clase de las masas está
desarrollando lentamente un punto de vista crítico respecto a
los partidos electorales "de izquierda" y los "candidatos
populistas".
El
período actual presenta grandes oportunidades y peligros para
los movimientos de masas. El peligro proviene principalmente de los
proyectos de colonización de EEUU por medio del ALCA y la
militarización con el Plan Colombia, las "coaliciones
militares interamericanas" dirigidas por EEUU y las bases
militares para instigar golpes militares. Washington ha tenido éxito
al conseguir que apoyen el ALCA Fox de México, los regímenes
cliente Centroamericanos y caribeños, Uribe en Colombia, Lagos
en Chile, Lula en Brasil y Toledo en Perú. Por supuesto que
habrá algunas "negociaciones" respecto a las
subvenciones y medidas proteccionistas estadounidenses (sobre todo
por parte del régimen brasileño).
Pero
el ALCA también ha generado oposición masiva en toda
América Latina, donde casi el 80 % de la población (el
95 % en Brasil) se opone al "nuevo colonialismo". En
cualquier referéndum el ALCA pierde. Por lo tanto EEUU y las
élites latinoamericanas aprobarán el acuerdo de
recolonización sin consultar a la gente y quizás ni
siquiera al cuerpo legislativo.
La
nueva “doctrina Bush” de invasiones militares ofensivas
en cualquier parte y en cualquier momento representa una amenaza para
todos los movimientos populares. La estrategia de militarización
de Bush ya ha sido puesta en práctica por presidentes
clientelistas locales. Desde principios del 2003, más de 60
trabajadores y campesinos fueron asesinados por el régimen de
Sánchez de Losada en Bolivia. Varios activistas y trabajadores
rurales en Brasil y en Guatemala han sido asesinados por fuerzas
paramilitares vinculadas a grandes terratenientes. Cientos de
campesinos y sindicalistas han sido asesinados en Colombia. Docenas
de manifestantes han sido heridos y asesinados en Perú.
Cientos de activistas políticos indios fueron encarcelados en
Chile, Bolivia, México, Paraguay, Perú y Guatemala
América
Latina demuestra, sin embargo, que el imperialismo estadounidense
puede ser derrotado. Cuba ha desmontado varias redes terroristas
financiadas por EEUU y ha derrotado amenazas internas y externas a su
seguridad nacional. Venezuela ha derrotado dos tentativas de golpe de
estado patrocinadas por EEUU. En Bolivia, la izquierda es hoy la
fuerza política dominante en las calles y una oposición
poderosa en el Parlamento. En Colombia los movimientos populares y
guerrilleros siguen creciendo a pesar de las intervenciones militares
estadounidenses. En Perú millones exigen la dimisión de
Toledo. En Argentina, bajo la presión de las masas el
Presidente Kirchner se propone posponer los pagos de deuda a favor de
gastos sociales e inversión pública - promesa que está
pendiente de cumplimentación.
En
otras palabras, el Imperio estadounidense es poderoso y peligroso
pero no es omnipotente - puede y ha perdido varias luchas recientes.
La situación actual promete ser un período de creciente polarización social y política en Brasil, Ecuador, Perú y Argentina. Antes de finales del 2003 probablemente veremos una nueva alineación de fuerzas políticas y sociales desde abajo y quizás algunos "cambios de régimen" desde arriba o desde abajo.