| L A P Á G I N A D E P E T R A S |
26 de septiembre de 2003 |
James Petras
Rebelión
Traducido para Rebelión por Marina Trillo
Para
comprender la naturaleza y dinámica de la política
antiimperialista es importante responder a varias preguntas clave.
Entre ellas:
¿Qué constituye un movimiento antiimperialista (MAI)? ¿Son antiimperialistas los movimientos o eventos antiglobalización, antiALCA, antiIrak (o antiguerra)?.
¿Bajo qué condiciones y localizaciones geopolíticas emergen y se expanden los MAI?
¿Qué clases específicas inician y cuales expanden los MAI, y qué clases, estados, y regímenes defienden el imperialismo?.
¿Bajo qué condiciones (contexto político y económico) las clases estructuralmente determinadas (explotadas) se involucran en luchas antiimperialistas?. ¿Marcan alguna diferencia las fuertes crisis económicas y la emergencia de nuevas organizaciones y líderes?
¿Bajo que condiciones surgen los movimientos MAI en los países imperialistas (EEUU y UE)? ¿Cuáles son su potencial y limitaciones?
¿Qué estrategias y tácticas promueven o limitan el crecimiento de los MAI?.
Las
respuestas a éstas y otras relevantes cuestiones proporcionan
una guía para nuestro debate sobre la teoría y política
antiimperialista actual.
La
oposición al imperialismo adopta una gran variedad de formas y
prácticas organizativas. No hay una sola organización
internacionalmente dominante, que se oponga completamente al
imperialismo como sistema de poder. Más bien, los que
predominan son una serie de movimientos monotemáticos que se
oponen a la política e instituciones imperiales. Por ejemplo,
importantes manifestaciones en toda Latino América,
movimientos y referéndums se han opuesto al Área de
Libre Comercio de las Américas (ALCA) patrocinada por EEUU.
Para muchos de los adversarios, la oposición al ALCA se basa
en los efectos destructivos que el libre comercio ejerce sobre los
trabajos, así como sobre los granjeros y campesinos. Para
otros, el ALCA es visto como parte de una estrategia global
estadounidense para conquistar y dominar las economías y la
política de Ibero América y del resto del mundo. Los
movimientos antiALCA se oponen a un aspecto importante del
imperialismo estadounidense - su intento de dominar el comercio e
inversión de toda la región por medio de su control
formal del armazón político legal que rige las
relaciones económicas.
El
movimiento antiglobalización y la campaña antiguerra
(Irak, Afganistán) abarcan tanto a grupos antiimperialistas
como a “reformistas imperiales” que por lo general apoyan
el poder imperial estadounidense pero se oponen al particular modo de
ejercitar el poder, o a la ubicación específica en la
que se manifiesta. Otros se oponen al comportamiento de las
corporaciones multinacionales pero no al estado y sistema imperial en
el que están inmersas. Estos movimientos son antiimperialistas
en cuanto movilizan fuerzas populares para oponerse a una importante
manifestación de la expansión imperial, despiertan la
conciencia popular sobre los motivos de los regímenes de EEUU
y la UE y abren la posibilidad de profundizar y extender la
resistencia al imperialismo como sistema.
No
obstante, con frecuencia no se comprenden las potencialidades de
estas políticas monotemáticas; la lucha contra un solo
asunto se queda aislada del rechazo general al imperialismo, y la
victoria o derrota del poder imperial generalmente termina con las
movilizaciones. La movilización antiguerra de Vietnam, que fue
la oposición más amplia y más duradera contra
una guerra imperialista, disminuyó cuando se acabó el
reclutamiento militar, los vietnamitas ganaron la guerra y los EEUU
retiraron sus tropas. Los efectos posteriores fueron limitar el uso
masivo de tropas estadounidenses de infantería durante quince
años, (hasta la Guerra de Golfo) y aumentar la contratación
de ejércitos mercenarios (Afganistán, Nicaragua,
Angola, Mozambique, etc.), aumento de la dependencia en agencias de
inteligencia y fuerzas especiales para derrocar a los regímenes
antiimperialistas (Chile 1973, Argentina 1976, Uruguay 1973, etc.) y
fuerzas a pequeña escala para invadir países pequeños
(Grenada, Panamá). Además, los movimientos
antiimperialistas monotemáticos no impidieron, ni siquiera se
movilizaron para terminar con el bloqueo económico a Cuba,
Vietnam, Camboya, Laos, etc. Finalmente muchos de los
antiimperialistas de tema único se unieron al ala liberal del
pro imperialista Partido Demócrata de los EEUU, y los partidos
reformistas pro OTAN de Europa - el Partido Socialista de Francia,
el Partido Comunista de Italia etc.
El
registro histórico de los movimientos antiimperialistas
monotemáticos es muy ambiguo; en algunos casos tiene efectos
residuales a medio plazo, en otros se disuelve en la política
tradicional y en unos pocos casos alimenta movimientos sociales más
grandes. En el último caso, las luchas anticoloniales de
Francia e Italia alimentaron los mayores movimientos antisistema;
París 1968, otoño caliente de Italia en 1969.
La
clave para identificar la dinámica (hacia adelante o hacia
atrás) de los movimientos antiimperialistas monotemáticos
es la política: la ideología, los líderes y los
programas en torno a los que se organizan los movimientos. La mayor
parte de los impactos a corto plazo son resultado de la ideología
política de los líderes de mínimo denominador
pragmático, fijándose exclusivamente en el tema más
inmediato (política imperial), disociados del imperialismo
como sistema de poder, evitando cualquier desafío político
al poder del régimen o del estado, y acomodando o subordinando
el movimiento de masas a los políticos oportunistas
“disidentes” de los principales partidos imperiales, que
buscan capitalizar la protesta de masas con fines electorales.
Las
movilizaciones antiimperialistas monotemáticas, como la
antiglobalización, surgen con fuerza, se extienden y después
se hacen rutina y declinan, porque omiten conectar instrumentos
políticos para desafiar al poder, con las luchas populares de
masas. En el caso de la lucha antiglobalización, las falsas
premisas de los ideólogos del movimiento, la idea de las
corporaciones multinacionales como poderes autónomos
divorciados del estado imperial, fallaron en prever las guerras
imperiales y la ocupación colonial. La reorientación de
muchos antiguos activistas antiglobalización, hacia el
movimiento antiguerra de Irak, condujo a un aumento masivo de
protestas con el tema único de la guerra, seguidas de un
desplome después que EEUU conquistó y ocupó
Irak. No ha surgido ningún movimiento de masas que se opongan
al régimen colonial estadounidense ni que apoye la resistencia
iraquí.
La
erupción de los movimientos de masas monotemáticos
opuestos a políticas antiimperialistas específicas no
lleva necesariamente a un progresivo, radicalizado y consecuente
movimiento antiimperialista, a menos que el movimiento vaya más
allá de asuntos únicos y desarrolle un programa y un
liderazgo capaces de vincular el antiimperialismo con la
transformación del sistema.
La
segunda pregunta clave es: ¿Bajo qué condiciones
emergen y se expanden los MAI?
Casi
todos los movimientos MAI más importantes y consecuentes han
tenido lugar en Latino América, Asia, o África. En el
período actual podemos identificar varios contextos en los que
han surgido MAI significativos.
1.
Invasión colonial y ocupación: Irak ha visto la
reagrupación y resistencia de los movimientos
antiimperialistas de masas organizados contra el gobierno
colonial-militar. Los regímenes coloniales saquean la
economía, designan a los gobernantes coloniales, destruyen la
infraestructura, matan a civiles, y torturan a sospechosos. Las
humillaciones diarias de millones provocan hostilidad, rechazo y
resistencia. Lo mismo es válido para Afganistán, donde
existe resistencia armada contra la fuerza de ocupación
EEUU-UE y su régimen títere (Karzai)
2.
Intervención Militar: La participación militar
estadounidense a largo plazo como asesores, proveedores de armas, y
apoyo financiero de la oligarquía Colombiana han provocado una
guerrilla antiimperialista y oposición ciudadana a gran escala
y de larga duración. La fase más reciente de la
intervención militar imperial (Plan Colombia) ha polarizado al
país, empobrecido a los trabajadores urbanos, y aumentado las
matanzas de campesinos, activistas pro derechos humanos, periodistas
y sindicalistas. La participación directa de subcontratistas
mercenarios estadounidenses en el combate y la erradicación de
la coca ha contribuido aún más al crecimiento de la
política antiimperialista en las áreas rurales.
3.
Privatización y Disminución del Nivel de Vida:
La mayor parte de los bancos privatizados, telecomunicaciones,
servicios públicos (luz y energía), empresas minerales
y petrolíferas han terminado en manos de las CMN de EEUU y UE.
El resultado ha sido tiroteos masivos, precios más altos,
reducción de las regiones servidas y transferencia de recursos
al extranjero a gran escala, legal e ilegalmente. El proceso mismo de
la privatización no fue transparente, porque los sobornos y
cohechos produjeron compras por debajo del valor de mercado. Esto ha
llevado a protestas masivas contra la empresa privada extranjera, la
política estatal y las consecuencias negativas. Enormes
protestas antiprivatización han tenido lugar en Perú
(empresas eléctricas nacionalizadas), Bolivia (agua), Ecuador
(petróleo y electricidad) y muchos otros países. En
Argentina hubo un levantamiento popular (20/21 diciembre 2001)
después de que los bancos de capital extranjero transfirieron
al exterior los ahorros de los depositantes. El grueso de la
actividad antiprivatización se ha centrado sobre el apoyo del
IFI a la privatización y el respaldo al IFI por parte de EEUU
y la UE.
4.
Comercio Desigual e Inversión: EEUU y la UE subsidian
sus productos agrícolas en una cifra de más de
cincuenta mil millones de dólares en desembolsos directos, y
varios miles de millones más en sistemas de irrigación
financiados por el estado, subvenciones a la exportación,
ayuda técnica, tarifas eléctricas y energéticas,
promoción de comercialización, infraestructuras, redes
y "ayuda vinculada". Además tanto EEUU como la UE
imponen barreras arancelarias, cuotas, barreras comerciales no
tradicionales, a las exportaciones agrícolas y de productos
manufacturados del Tercer Mundo. En contraposición, los
estados imperiales de EEUU y la UE exigen la bajada y eliminación
de tarifas y subvenciones en el Tercer Mundo. Como resultado, el
Tercer Mundo pierde aproximadamente doscientos mil millones por año
en ingresos comerciales, más del doble de todos los préstamos,
inversiones, concesiones y transferencias de los regímenes
imperialistas. EEUU propone, por medio del ALCA (Área
Latinoamericana de Libre Comercio), consolidar y profundizar en su
desigual relación comercial con América Latina
estableciendo un marco legal y político bajo una comisión
ALCA, que lo controlará, convirtiendo de este modo a América
Latina en una zona colonial mercantil.
En
todas partes de Latinoamérica millones han protestado contra
la firma del acuerdo ALCA.
En Brasil en un referéndum informal, el noventa y cinco por ciento de los votantes rechazó el ALCA – un total de once millones de votantes. La clave para el avance del ALCA se encuentra en los regímenes vasallos que gobiernan en Latinoamérica en particular en Brasil, Colombia, México, Ecuador, Chile, Bolivia, Perú y otras partes.
La
derrota del esfuerzo de re-colonización de Washington pasa por
el derrocamiento o la expulsión de los regímenes
vasallos, que colaboran activamente con EEUU. Las principales fuerzas
sociales contrarias a la re-colonización son los campesinos y
los pequeños agricultores, que no pueden competir con los
productos agrícolas subvencionados estadounidenses que se
venden a precios inferiores debido a las subvenciones imperiales
estatales a la exportación. En Bolivia, los campesinos se
vuelven hacia un cultivo alternativo, la coca, ya que no pueden
competir con las subsidiadas importaciones agrícolas
estadounidenses. En México, Bolivia, Colombia, y Perú
los movimientos rurales reivindican el derecho a producir cosechas
alternativas y oponerse al ALCA. En Brasil el Movimiento de
Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) es la principal fuerza que se
opone ALCA.
En la
medida en que ALCA, en sustancia y símbolo, representa la
conquista imperial estadounidense y la colonización de América
Latina, los movimientos antiALCA representan un elemento clave de la
lucha antiimperialista.
La
transición del libre comercio al imperialismo colonial
mercantilista ha estimulado las condiciones para la aparición
y extensión de los movimientos antiimperialistas (MAI)
Igualmente importante, el ALCA ha ampliado el alcance de la oposición
a la dominación de EEUU y la UE. Durante la primera fase del
neoliberalismo, la oposición al imperialismo estaba basada en
una privatización específica de la política y se
fijaba en sectores industriales afectados concretos (o incluso en
firmas concretas) Las protestas iban dirigidas contra injusticias
específicas, pérdida de empleo, bajada de salarios,
aumento de precios, etc. Estas luchas particulares persisten -
principalmente las de los trabajadores ecuatorianos del petróleo
contra la privatización y desnacionalización de la
industria petrolera, los trabajadores de centrales eléctricas
y sector energético de México etc. Sin embargo, estas
luchas concretas están cada vez más explícitamente
unidas a la oposición al ALCA y a la conquista imperial
estadounidense.
Los
actuales MAI son la más reciente de una serie de luchas que se
remontan a la conquista original del Tercer Mundo. Sin embargo los
objetivos, clases sociales, y programas de los MAI difieren
enormemente de lo que fueron en tiempos anteriores.
Podemos
distinguir varios tipos y subtipos de MAI históricos y
actuales.
MAI tradicionales
Los primeros movimientos contra la conquista imperial colonial, frecuentemente se oponían al genocidio, exterminación, esclavitud, desplazamiento, y servidumbre. Los objetivos de al menos algunos de sus líderes eran restaurar los sistemas precoloniales de gobierno jerárquico con emperadores locales, consejos o comunidades. Las rebeliones, derrotas, re-esclavitud, y dispersión de los pueblos colonizados crearon dos economías paralelas: la economía colonial dominante y las comunidades de subsistencia de pueblos anticoloniales en regiones remotas de los países conquistados.
MAI modernos
Los
MAI modernos pueden dividirse y subdividirse en aquellos que lucharon
por la independencia política del dominio colonial
manifiesto (América Latina en el siglo diecinueve y principios
del veinte) y Asia/Africa (a mediados del siglo veinte) y aquellos
que lucharon por la independencia política y económica
por medio de luchas revolucionarias nacionales y socialistas a
mediados del siglo veinte (China, Cuba, Vietnam, Yugoslavia, etc.)
Estas revoluciones antiimperialistas a su vez sentaron las bases para
la nueva confrontación entre movimientos
capitalistas-nacionalistas y socialistas-populistas. Los MAI modernos
lograron establecer economías y regímenes "híbridos",
estado mixto, formas de propiedad privadas y colectivas, y regímenes
populares jerárquicos. Estos "regímenes y
economías híbridos" sirven de base para nuevas
confrontaciones con el imperialismo. Las nuevas élites
nacionalistas y comunistas, divorciadas de las realidades
socio-económicas de las masas, y sujetas a la influencia o
intervención imperial, evolucionaron durante décadas
hacia una nueva clase o fueron derrocadas y sustituidas por regímenes
vasallos del imperio, en particular durante las últimas
décadas del siglo XX. Regímenes nacionalistas de África
y Asia fueron derrocados y sustituidos por señores de la
guerra tribales, vasallos coloniales y clérigos reaccionarios
- todos ellos inicialmente vinculados a EEUU y/o la UE. La conversión
de regímenes colectivistas en regímenes pro
capitalistas/proimperialistas en la ex URSS, Europa Oriental, y Asia
del Sur se basaron tanto en fuerzas sociales externas como internas.
En Europa Oriental, el apoyo financiero e ideológico
estadounidense a políticos nacionalistas, élites
intelectuales y jefes sindicales, facilitaron el cambio de sus
regiones pasando de satélites de Rusia a estados vasallos
estadounidenses - extendiendo el Imperio estadounidense desde el
Báltico hasta los Balcanes. La intervención militar y
el apoyo de fuerzas paramilitares subrogadas extendieron el imperio
estadounidense desde los Balcanes a Oriente Medio. En el siglo
veintiuno los EEUU se expandieron al Oriente Medio y Asia del Sur con
las guerras de Afganistán e Irak. La ideología de la
conquista imperial varió su teórica del tradicional
"humanitario" colonial a la de la "liberación"
de Irak, y al moderno subterfugio antiterrorista de Afganistán
Hacia
el final del siglo XX ya surgieran tres variantes de
antiimperialismo:
Antiimperialismo de derechas, articulado por disidentes cliente estadounidenses en Europa Oriental, Balcanes, y Cáucaso como instrumento para mudar lealtades de la dominación soviética al imperio estadounidense.
Antiimperialismo clerical, basado en la oposición religiosa (Musulmana) a la agresión militar, conquista política, influencia cultural, depredaciones económicas y hostilidad racial estadounidenses, orientado hacia la "restauración" de las opiniones clericales tradicionales y en algunos casos combinándolas con valores nacionalistas modernos.
Antiimperialismo moderno, oponiéndose a las guerras y conquistas imperiales, las CMN, la OMC, el ALCA, apoyando las luchas de liberación del Tercer Mundo. Las profundas diferencias de clase y políticas en los movimientos antiimperialistas o nacionalistas -- entre movimientos pro imperio estadounidense, movimientos clericales-nacionalistas y movimientos modernos de liberación -- tienen importantes consecuencias teóricas y prácticas. La guerra de EEUU contra Yugoslavia basada en una alianza con terroristas Musulmanes en Bosnia y Kosovo (ELK), los clérigos derechistas de Afganistán y la tentativa de establecer una junta colonial clerical (Shia) en Irak indican el modo como se articula el imperialismo con derechistas reaccionarios contra regímenes seculares. El apoyo estadounidense y su influencia sobre las élites disidentes de Europa Oriental y la conversión de éstas en vasallos estadounidenses muestran la capacidad del imperio para cooptar la ideología antiinfluencia y sus propagadores al objeto de afianzar bases militares y estados vasallo políticos. El uso y desuso selectivo de Musulmanes, intelectuales seculares, y extremistas étnicos son una parte fundamental de la estrategia imperial estadounidense para debilitar a los regímenes antiimperialistas y dividir a los opositores al imperialismo. Esto es particularmente eficaz en el caso de críticos en los MAI que carecen de una perspectiva de clase respecto de la naturaleza del imperialismo, las múltiples formas que toma y las flexibles concesiones que adopta: apoyar a los Musulmanes contra los izquierdistas en un momento, atacar a los nacionalistas Musulmanes y favorecer a vasallos seculares o Musulmanes en otro momento. La ola actual de MAI incluye fuerzas seculares y clericales, socialistas y nacionalistas, progresistas y restauracionistas.
Antiimperialismo
en EEUU:
Los
movimientos antiimperialistas han sido sumamente débiles en
Estados Unidos. A excepción del pico con motivo de la invasión
estadounidense de Indochina entre 1966-1972, ha habido pocas
actividades antiimperialistas de masas continuadas. Sin embargo, la
opinión pública estadounidense y las protestas
electorales dirigidas contra incursiones imperiales estadounidenses
concretas, no han sido infrecuentes. Esencialmente, podemos
identificar varios períodos de oposición pública
estadounidense a aspectos de la política imperial.
1945-1947 oposición pública estadounidense y manifestaciones de tropas de ultramar forzaron a los planificadores imperiales después de la segunda Guerra Mundial a reducir considerablemente los despliegues de tropas estadounidenses en los países ocupados y a limitar la intervención estadounidense contra las revoluciones China, Indochina, y Socialista Yugoslava.
1951-1953 oposición pública estadounidense a la Guerra Coreana condujo a la derrota del candidato presidencial demócrata pro guerra y presionó a Eisenhower a negociar un armisticio que negó la victoria militar a Washington.
1966-1972 oposición pública estadounidense (manifestaciones de masas, y acusada polarización sociopolítica) y el descontento a gran escala entre los militares en Vietnam minaron las bases políticas y militares del poder imperial y contribuyeron a la derrota del ejército de los EEUU.
Posteriormente
hubo una protesta pública continuada sobre la intervención
estadounidense de Centroamérica, el apoyo estadounidense al
régimen apartheidista sudafricano y más recientemente a
la invasión estadounidense de Irak. Estas protestas tuvieron
un efecto muy limitado para influenciar la política
estadounidense. Igualmente importante, la intervención de EEUU
en Angola, América Central y América del Sur durante la
década de 1973 a 1983, en apoyo de mercenarios y/o golpes
militares, produjo poca respuesta pública excepto por parte de
pequeños grupos de activistas. La manifestación
"antiglobalización" de 50.000 en Seattle en 1999 fue
un acontecimiento singular - con poca continuidad efectiva, excepto
el rebrote de manifestaciones pacifistas de enero-febrero de 2003.
¿Qué
cuenta para las raras pero exitosas movilizaciones de protesta
antiimperialista en EEUU? Tanto en Corea como en Vietnam, las tropas
estadounidenses fueron derrotadas o no fueron capaces de ganar y
sufrieron muchas bajas (varios cientos de miles de muertos o heridos)
durante un prolongado período de tiempo (de tres a diez años)
a manos de las fuerzas nacionales de liberación. Las derrotas
imperiales y las bajas devolvieron la guerra a las comunidades,
vecindarios, lugares de trabajo, familias, y organizaciones sociales
estadounidenses. En segundo lugar las anteriores guerras se libraron
con ejércitos de reclutas forzosos, que incluían o
amenazaban incluir en situaciones de combate a los hijos de las
clases medias y medias altas, afectando así a un importante
sector del electorado.
La
amenaza del alistamiento forzoso en un ejército que ya estaba
sufriendo muchas bajas con una guerra prolongada motivó que
muchos hombres en edad militar y sus padres se opusieran activamente
a la guerra. En tercer lugar, las guerras imperiales prolongadas y
costosas, aunque estimularon la economía, llevaron a una
pérdida de valores en los mercados mundiales y fortalecieron a
los rivales imperiales estadounidenses, al tiempo que limitaron la
capacidad de Washington para intervenir y controlar otras regiones
del mundo. Sectores de las clases dirigentes y políticas
comenzaron a dar prioridad a los intereses estratégicos del
imperio en vez de continuar con una guerra sin esperanzas que había
llegado a un punto muerto, llevando a desacuerdos entre la elite
acerca de como mejor construir un imperio mundial
Los factores combinados de probada resistencia popular, bajas militares estadounidenses, miedo al alistamiento y desacuerdos entre la élite, propiciaron los movimientos de masas organizados y oposición sostenida. Sin embargo, incluso en las protestas a gran escala contra la invasión estadounidense de Indochina, la gran mayoría no se opuso al sistema imperial estadounidense, sinó a aspectos concretos del mismo, como la guerra de Indochina, el alistamiento, y las bajas militares estadounidenses. Al final de la guerra, el éxito del movimiento era relativo; esto llevó a una reducción temporal de los gastos militares (1974-1978), y a resistencia a nuevos compromisos masivos de tropas de tierra en intervenciones manifiestas. Posteriormente, durante los años 1970 a 1990, cuando EEUU cambió a intervenciones encubiertas de la CIA (Chile, Argentina, Uruguay), y utilizó ejércitos mercenarios en Angola, Mozambique y Centroamérica (Contras Nicaragüenses), se produjo poca protesta. No hubo ninguna oposición de importancia en relación con las invasiones estadounidenses de países diminutos, débiles, como Grenada y Panamá en los años 1980 que causaron muy pocas bajas entre los reclutas de EEUU.
Posteriormente,
las invasiones y ocupaciones estadounidenses de regiones como
Yugoslavia y Afganistán, ambas en gran parte guerras aéreas
con apoyo en tierra de señores de la guerra fundamentalistas
Musulmanes y terroristas, obtuvieron un significativo apoyo público
en EEUU. La invasión y la conquista de Irak por EEUU confirman
este análisis. La exitosa invasión y conquista fueron
en gran parte resultado de la enorme fuerza militar y bombardeo, una
guerra aérea acompañada por la rendición
encubierta de los comandantes militares iraquíes, que
condujeron a una conquista militar rápida y exitosa con un
mínimo de víctimas estadounidenses. Sin embargo, la
subsecuente ocupación y el gobierno colonial han llevado a la
oposición popular a gran escala en Irak y a una probada
guerrilla urbana, que causan docenas de bajas estadounidenses cada
semana (más de cuatro mil heridos y más de ciento
cincuenta muertos) en los seis primeros meses (Mayo-Octubre 2003) A
medida que crecen la resistencia guerrillera iraquí y la
oposición popular, y las bajas estadounidenses se acumulan, la
opinión estadounidense comienza a cambiar desde el apoyo
rotundo a las guerras imperiales, a la oposición creciente con
un 49% de opositores a Bush hacia finales de agosto. Esto coincidió
con citas para audiencias en el Congreso y críticas a la
guerra en la campaña electoral.
Igualmente
importante la invasión estadounidense de Irak es la primera
guerra imperialista que no ha ido unida a beneficios socioeconómicos
para las clases de masas de asalariados y obreros. El imperio se
amplía, las compañías petroleras y los
beneficios de las corporaciones bombean para doblar dígitos, a
medida que el paro aumenta y los recortes en las prestaciones
sanitarias y educativas erosionan cada vez más el nivel de
vida de la masa obrera. A pesar de las medidas extremas de la
agresión imperialista y la severidad de los ataques sobre el
nivel de vida, ha habido poco "movimiento" contra el
imperialismo por parte de las clases obrera y asalariada. En círculos
de oposición oficiales y semioficiales, la oposición se
dirige contra la "propaganda engañosa" (las mentiras
del estado) no contra la cuestión fundamental de las guerras
imperiales. Los disidentes progresistas critican la política
concreta que llevó a la guerra no las estructuras de poder que
generan la política; critican al régimen de Bush no al
estado imperial. La "solidaridad" existente se dirigida a
los soldados estadounidenses ("traed a nuestros chicos a casa")
no a la resistencia anticolonialista del pueblo contra un ejército
de ocupación.
El
registro histórico nos dice que serán necesarias
condiciones extremas para mover fuerzas significativas en EEUU que se
opongan a la agresión imperial, tales como una gran crisis
económica, importante pérdida de vidas, o guerras
prolongadas de atrición. Debemos mirar hacia otra parte (fuera
de EEUU) para localizar la dinámica de los movimientos
antiimperialistas, precisamente a aquellas regiones y entre aquellas
clases que han sufrido de lleno el impacto de la conquista
imperialista.
Los
nuevos MAI de clases surgen de la enorme transformación
causada por la penetración y toma de posesión de las
economías del Tercer Mundo, en particular en América
Latina. El imperialismo, sobre todo su política económica
y el lograr tomar posesión de sectores estratégicos
financieros, comerciales, minería, y del petróleo, han
tenido gran efecto sobre la naturaleza cuantitativa y cualitativa de
todas las clases sociales de América Latina. Además, la
política económica impuesta por las autodenominadas
instituciones financieras "internacionales" (FMI, Banco
Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo) también ha
contribuido decisivamente a la transformación de la estructura
de clases. Igualmente importante, la ejecución selectiva de la
política de "libre comercio" ha sido un factor
determinante en la reestructuración de la estructura de las
clases urbana y rural. Todos los cambios causados por las clases e
instituciones imperialistas han contribuido de modo decisivo a
conformar la naturaleza de los movimientos antiimperialistas que
surgen. En el campo, la política y la clase imperialistas
habían tenido varios efectos clave:
Minado de pequeños y medianos productores agrícolas por la política de "libre mercado" que permite la afluencia masiva de exportaciones agrícolas estadounidenses subvencionadas.
Concentración de la propiedad y desplazamiento de campesinos de subsistencia y sin tierra a través de préstamos y ayuda a firmas agro-exportadoras (tanto en Latinoamérica como en EEUU) que se especializan en la producción de productos de exportación, como soja, café, y zumo de naranja.
Aumento de la polarización en el campo por terminar las restricciones sobre la propiedad extranjera, y acabar con los títulos comunales de la tierra, estimulando la estratificación interna.
Bajada de precios a productores locales, aumentando el precio del crédito (sobre todo denegando crédito formal y forzando a los pequeños productores a tomar prestado a tasas de interés desorbitadas en el mercado informal de préstamos)
El
resultado neto es el aumento del número de productores rurales
sin tierra, la bancarrota de familias campesinas y forzar a los
emigrantes rurales a la periferia de los centros urbanos regionales.
El empobrecimiento de masas inducido por el imperio, la concentración
de la tierra y el desplazamiento del campesinado han sido factores
clave para la ignición de los movimientos sociales rurales que
han estado en la vanguardia de las luchas contra el ALCA, el IFI, y
el neoliberalismo. Igualmente importante la política imperial
ha afectado desfavorablemente a países con altas
concentraciones de campesinos y labradores indios y negros, por medio
de la mecanización y eliminación de puestos de trabajo,
el apoderarse de la tierra de pasto o el empleo de mecanismos
coercitivos ilícitos y legales para hacerse con tierra de
reservas minerales probadas. La financiación de
infraestructura del IFI casi exclusivamente vincula a los grandes
agro-exportadores con los mercados, ignorando las necesidades de las
comunidades rurales. Lo que es probablemente más importante
para los pequeños productores de Bolivia, Perú, y
Colombia, programas químicos de "erradicación"
diseñados por el imperio han destruido el sustento de millones
de familias sin proporcionar ninguna cosecha viable alternativa a la
producción de coca. El resultado ha sido la organización
y movilización de los movimientos sociales de masas de
campesinos en defensa de su tierra, granjas, y comunidades, y un
agudo aumento de la conciencia antiimperialista.
En
las ciudades, las privatizaciones de firmas promovidas por el imperio
y las reducciones presupuestarias para pagar a los acreedores
extranjeros han tenido un severo impacto sobre empleados y
asalariados. Millones de empleados del sector público,
especialmente de los servicios sociales y la administración
pública, han perdido sus empleos y su seguridad en el puesto
de trabajo y la mayoría han sufrido disminución de
ingresos de hasta un cuarenta por ciento durante la pasada década.
Los nuevos dueños han despedido a trabajadores industriales, a
medida que consolidaban operaciones empresariales o saqueaban los
recursos públicos recién adquiridos. El resultado final
ha sido la "proletarización" de los trabajadores del
sector público como consecuencia de los bajos ingresos, la
inseguridad en el trabajo y la disminución de estatus. El
resultado ha sido un gran aumento de la protesta organizada del
sector público dirigida contra los programas de "ajuste
estructural" promovidos por el imperio - y más allá
contra los autores intelectuales en seno del IFI. La política
e instituciones imperiales han minado estos dos pilares de
"estabilidad política" de la hegemonía
imperial, pequeños propietarios rurales y profesionales de
ingresos medios del sector público. Los trabajadores urbanos
en paro y los trabajadores rurales desplazados han sido concentrados
en el llamado "sector informal " y en las mal pagadas,
sumamente explotadas y fuertemente controladas "maquiladoras"
(plantas de montaje) Cada vez más organizados como movimientos
de trabajadores en paro, vendedores callejeros autónomos con
base en el barrio u organizados en diversos mercados, el liderazgo y
activistas en Bolivia, Argentina, Perú, Venezuela y en algunos
de los otros países han estado en la vanguardia de oposición
a la política imperialista de privatización, como las
del agua en Cochabamba, Bolivia y electricidad en Arequipa, Perú
y el aumento de tarifas de utilidad pública impuestas por las
firmas recientemente privatizadas que anteriormente eran de propiedad
estatal y están controladas por monopolios extranjeros. La
universidad, los profesores de la escuela primaria y secundaria y los
estudiantes se han opuesto a las reducciones presupuestarias y el
deterioro de las escuelas públicas y a las reducciones
salariales ordenadas por el IFI para pagar a los acreedores
extranjeros.
Han
surgido protestas ocasionales entre los obreros de las fuertemente
controladas "maquiladoras", pero los tradicionales
sindicatos del sector industrial privado han demostrado, o carencia
de interés, o incapacidad para apoyar la sindicación en
las firmas de propiedad imperialista. De hecho los trabajadores
industriales y en particular sus sindicatos han sido los componentes
menos activos y menos militantes de los movimientos
antiimperialistas. Muchos trabajadores temen la pérdida de
empleo en medio de una masa de trabajadores en paro. Igualmente
dañino la mayor parte de los funcionarios del sindicato se ha
hecho con el control y se ha vinculado estrechamente a pactos
tripartitos con el estado y la patronal, y rechazan la acción
de clases independiente, cuanto más la solidaridad
antiimperialista activa. Aparte de las denuncias formales al ALCA,
neoliberalismo y SAP, los sindicatos industriales han sido actores
menores en la nueva ola de luchas antiimperialistas en América
Latina, mucho menos comprometidos que los sectores progresistas de la
Iglesia Católica. Existen excepciones, pero representan una
minoría, en las confederaciones Brasileña, Uruguaya,
Chilena, y Argentina.
El
imperialismo ha reestructurado la clase capitalista; cientos de miles
de fabricantes pequeños y medianos han sido llevados a la
bancarrota o han cambiado a la actividad comercial, porque el alto
coste y la escasa disponibilidad de crédito han cortado el
flujo de efectivo, las importaciones baratas han minado las ganancias
y las CMN han exprimido las ganancias de los subcontratistas. Un
patrón similar ha ocurrido en el sector de comercio; enormes
almacenes por departamentos y supermercados, de capital extranjero,
han reducido bruscamente la parte cuota de los negocios particulares
pequeños y medianos en la venta al detalle y el sector de
alimentación. El resultado neto es un importante aumento de
trabajadores mal pagados, no sindicados, empleados en el sector
servicios por emporios gigantescos de capital extranjero. La toma de
bancos a gran escala por banqueros estadounidenses y europeos ha
llevado a despidos masivos de empleados de banca, y al estímulo
de un aumento enorme del capital especulativo y flujo legal e ilegal
de miles de millones de dólares de beneficios evasores de
impuestos, y ganancias ilícitas. En vez de radicalizar la
burguesía, la política imperial ha creado socios
imperiales, vinculados a redes financieras y comerciales, un ejército
de consultores locales, publicistas, consejeros legales y fiscales y
promotores políticos locales que sirven como intermediarios
para el allanamiento, las privatizaciones lucrativas, los contratos
estatales y los controles de monopolio de mercado. Una minoría
de productivos capitalistas pequeños y medianos (PYMES) se
muestra activa en la búsqueda de crédito más
barato, protección, subvenciones y tarifas de servicios
públicos más bajas, pero su oposición está
atenuada por su apoyo a la legislación antitrabajo y
antisocial promovida por el IFI y por lo tanto juegan un papel menor
en los nuevos movimientos antiimperialistas.
El
imperialismo también ha transformado la naturaleza del estado
mediante la intervención militar, chantaje económico,
golpes de estado, y procesos electorales corruptos, o por la
manipulación de elecciones con la ayuda de los medios de
comunicación de masas. El estado en América Latina,
principalmente el Banco Central, ejército, policía,
servicios de inteligencia, altos cargos de la administración
(todas las "instituciones permanentes" del gobierno) son
entrenados, adoctrinados y "conectados en red" por el
estado imperial, con algunas excepciones notables. El estado refuerza
los regímenes vasallo imperiales, que sustituyeron a los
regímenes populista-nacionalistas del período anterior.
El imperialismo ha establecido los parámetros de la política
de los regímenes vasallos: subordinación imperial en
política exterior, libre mercado y SAP en política
económica, re-concentración de rentas en sentido
ascendente y hacia fuera en política social, prioridad de pago
de deuda a acreedores extranjeros sobre la reactivación del
consumo interno y la inversión.
Este
régimen de acumulación centrado en el imperio
requiere la intervención estatal a largo plazo y gran escala
para reasignar los recursos a las empresas imperiales, leyes que
faciliten el flujo libre de ganancias y pago de intereses al
exterior, e intervención a gran escala en la sociedad civil
para reprimir, cooptar, o eliminar a los líderes y activistas
antiimperialistas, entre otros, como ocurre en Colombia, Bolivia,
Guatemala, Perú, y en el campo en Brasil, Paraguay, y México.
El
imperialismo se ha movido hacia el control político manifiesto
por medio del ALCA, un supuesto tratado comercial y de inversión
que convertirá los estados vasallos en rotundas colonias del
nuevo modelo político-económico formal centrado en el
imperio.
En
superficie parece que los movimientos antiimperialistas abarcan
multitud de clases, identidades, estratos que se extienden desde el
fondo a cerca de la cima de la jerarquía social. Esta
impresión refleja las opiniones de los movimientos
"antiglobalización" europeos y los activos en EEUU.
Esta imagen está lejos de la realidad en América
Latina. Hoy como en el pasado reciente la mayor parte de los
movimientos antiimperialistas están integrados por obreros,
parados y subempleados urbanos, estudiantes y trabajadores autónomos,
y especialmente campesinos, agricultores de subsistencia indios y
trabajadores rurales sin tierra. No hay ninguna "multitud"
indiferenciada, más bien los participantes están
organizados y/o son convocados por organizaciones sociales de clase
cuyos líderes y organizadores tienen "historias" de
participación en la lucha de clases y la política de
clases, ya sea en el lugar de trabajo o en los vecindarios.
Los
movimientos antiimperialistas contemporáneos son
considerablemente diferentes a los del pasado en la medida en que la
composición de los movimientos, el mando y sus fuerzas
políticas ha tomado las características específicas
del período actual. Ante todo está la ausencia de una
"burguesía progresista" como factor hegemónico
o participante. La mayor parte de la burguesía local se ha
puesto en contacto bajo cuerda con firmas imperiales, se han
convertido en socios marginales, han sido comprados, o se han
beneficiado de la legislación laboral regresiva que baja los
costes de la mano de obra, aún cuando les afecte
desfavorablemente la bajada de barreras arancelarias. En contraste
con el pasado, el eje central de la base popular de los MAI ha
cambiado de los sindicatos industriales al campesinado y movimientos
rurales, porque muchos de los sindicatos están implicados en
acuerdos de negociación colectiva con las CMN y prefieren
negociar contratos a suscitar cuestiones como nacionalización.
En contraposición, el sustento de los campesinos y
agricultores y casas se ven afectados directamente y
desfavorablemente por la entrada a gran escala de productos de
alimentación subvencionados, programas de erradicación
dictados por el imperio y expansión de corporaciones agro
exportadoras de capital extranjero.
En
tercer lugar los movimientos antiimperialistas actuales no están
bajo la influencia de estados externos como URSS y China como sucedía
en el pasado y tenían así mayor flexibilidad táctica
y una noción más clara de la dinámica de clases
interna de la explotación imperialista. En el pasado la agenda
antiimperialista estaba influenciada en parte por las prioridades de
los "aliados" externos, hoy las prioridades
antiimperialistas están determinadas internamente y las
acciones internacionales se basan en consultas abiertas. Finalmente
el liderazgo de los MAI es hoy mucho más propenso a la acción
directa y luchas de clases sostenidas vinculadas al antiimperialismo
y menos a grandes manifestaciones simbólicas. Los Foros
Sociales, sean mundiales o regionales o nacionales, son lugares de
encuentro para movimientos y otros para intercambiar ideas, pero no
proporcionan liderazgo o programas ni tampoco proporcionan recursos
para las luchas antiimperialistas diarias en curso dentro de los
estados nación.
La
clave para los nuevos MAI se encuentra en su análisis teórico
que localiza la contradicción central entre clases y no
estados. Los nuevos MAI vinculan la explotación de clases al
pillaje imperialista, a diferencia del pasado donde los conflictos se
percibían como conflictos entre bloques, como el Socialista
contra los estados Capitalistas, o regímenes, como el Tercer
Mundo contra el Primer Mundo. Los nuevos MAI ven claramente que las
diferencias de clase y las desigualdades internas están
vinculadas y reforzadas por la coalición de CMN y estados
imperiales. La penetración imperial del estado nación,
en particular la cúpula del estado, y el régimen y
jerarquías financieras significa que las clases imperialistas
y clases colaboradoras locales son el punto inicial de conflicto
entre capital y trabajo. En otras palabras, el imperialismo no
simplemente influye y controla las estructuras nacionales económicas,
culturales y políticas, sinó que también opera
en los niveles macro y micro políticos y socioeconómicos.
El resultado es que el antiimperialismo se expresa en ambos niveles,
el nacional en forma de grandes manifestaciones en las principales
ciudades, pero también en el nivel municipal y en el nivel de
ciudad. Además los diferentes movimientos antiimperiales con
frecuencia se interconectan y se intensifican yendo de lo local a lo
nacional, pero también viceversa.
Por
ejemplo en Bolivia, en la región de Chapare y en Cochabamba,
tuvieron lugar dos importantes luchas antiimperialistas en el nivel
micro de ciudad/campo. En el caso de Cochabamba, fue sobre la
privatización del agua por una empresa extranjera, y en
Chapare fue sobre la política estadounidense de erradicación
de coca. Estas luchas locales iban unidas a luchas más grandes
contra la imposición de la política neoliberal que minó
el empleo local agrícola y de fabricación y la
financiación del sector público lo que a su vez condujo
a movimientos antiimperialistas contra el ALCA, el Fondo Monetario
Internacional y el imperialismo estadounidense.
La
clave para los nuevos MAI es precisamente el vínculo directo
entre la política macro imperialista y sus impactos sobre la
clase sectorial y local que sirven para ampliar la conciencia de los
trabajadores y campesinos desde el nivel de simples demandas
económicas a las luchas políticas nacionales. Por
ejemplo las SAP (políticas de ajuste estructural) impuestas
por instituciones financieras euro-estadounidenses sobre la economía
Peruana y Argentina causan despidos masivos y reducciones salariales
a los funcionarios, en especial a los maestros y trabajadores de la
sanidad. Esto llevó a enormes manifestaciones públicas
exigiendo aumento de salarios y a ataques contra el régimen
que implementaba las SAP y los dictados del IFI en política
así como los estrategas imperiales estadounidenses y los
banqueros que se benefician de los pagos de intereses garantizados
por excedentes estatales.
Las
protestas más grandes y más extendidas contra el
imperialismo estadounidense van unidas a la amplia ringlera de clases
afectadas por la política macroeconómica del
imperialismo estadounidense y las clases específicas y
sectores públicos afectados por las SAP, las doctrinas de
Libre Comercio y los funcionarios imperiales con ostensible poder de
decisión que imponen esta política.
La
alta visibilidad de los estrategas imperiales, su clara
identificación con el estado imperial, el negativo y sostenido
impacto directo de la política económica imperial
proporciona a la masa de clases explotadas un objetivo muy claro para
su oposición y movilización. Las clases populares no
requieren gran esfuerzo para identificar las fuentes de su adversidad
cuando el Fondo Monetario Internacional dicta SAP que provocan merma
de financiación del sector público, pérdida de
empleo público y terminación de clínicas en los
barrios, aulas atestadas, huelgas de profesores y mendicidad
infantil. Los MAI ya no son movimientos nacionalistas dominados por
la clase media, son movimientos de clase porque el imperialismo está
empotrado en el trabajo diario y en la supervivencia familiar.
En
contraste con la retórica triunfalista de EEUU, Gran Bretaña
e Israel después de la exitosa invasión militar
estadounidense de Irak y Afganistán, los movimientos
antiimperialistas están ganando terreno en varios frentes.
En
Afganistán los movimientos anticoloniales se están
reagrupando y han lanzado varios ataques con éxito, en
particular contra las agencias civiles de la ocupación
colonial. Lo que es aún más asombroso, el movimiento de
resistencia iraquí ha infligido bajas diarias a las fuerzas de
ocupación anglo-estadounidenses. Las protestas civiles masivas
y la hostilidad diaria de millones de iraquíes están
erosionando seriamente la moral de las tropas de ocupación.
Los esfuerzos israelíes, respaldados por sionistas
estadounidenses en el Pentágono, para extender la Guerra de
Oriente Medio a Irán, Siria y Líbano, y provocar una
renovación de la guerra contra los Palestinos, incrementan la
actividad antiimperialista y elevan la conciencia por todas partes de
Oriente Medio. Pero es en América Latina donde la intersección
de la extensión imperial estadounidense y el aumento del
descontento popular con el declive del nivel de vida es más
intensa. Después de cuatro años de crecimiento negativo
(1999-2002) y altos niveles de transferencia de riquezas a EEUU y
Europa, América Latina representa la ilustración
simbólica y sustancial más clara de todos los males del
imperio.
Para
analizar los movimientos antiimperialistas es importante distinguir
entre eventos antiimperialistas y luchas en curso y movimientos
organizados. Por ejemplo, el referéndum antiALCA en Brasil en
julio de 2002 incluía una coalición de movimientos,
grupos progresistas de la iglesia y partidos de izquierda. Once
millones de personas votaron en el referéndum, convirtiéndolo
en un importante acontecimiento, destacando la oposición
activa a las pretensiones coloniales estadounidenses. El referéndum
fue un acontecimiento, la convergencia simultánea de las
fuerzas sociales en un movimiento específico. Un
acontecimiento similar pero más amorfo fueron los "Foros
Sociales Mundiales" que se reunieron, aprobaron resoluciones y
luego se disolvieron o volvieron a organizar foros sociales
nacionales. Por el contrario, las organizaciones de cocaleros de
Bolivia están en una lucha continua contra la política,
instituciones y agencias del imperialismo estadounidense
profundamente implicadas en la dirección de la política
agraria del país y el control de las ramas ejecutivas y
militares del gobierno. Al hablar de antiimperialismo es importante
señalar los movimientos continuados y no simplemente una
recitación de los actos internacionales que han recibido la
mayor parte de la publicidad, pero han tenido menos efecto en el
cambio del gobierno imperial que las luchas nacionales continuadas de
los movimientos en curso.
Los
movimientos antiimperialistas de América Latina se han
desarrollado de modo desigual. Se pueden identificar tres niveles: a)
movimientos continuados a gran escala, b.) Movimientos que son a gran
escala, pero no son continuados en el tiempo, c) movimientos que son
esporádicos y de dimensiones menores. También podemos
distinguir entre movimientos que son coherentemente antiimperialistas
y aquellos que combinan el antiimperialismo conciliándolo con
imperialismo.
Amarya
Sen y otros han argumentado que los regímenes electorales, los
que ellos denominan gobiernos "democráticos",
generan mayor equidad, desarrollo y estabilidad política que
las dictaduras. Este argumento es engañoso por varios motivos.
Primero, a pesar de celebrar elecciones, muchas de las decisiones
clave socioeconómicas de los regímenes electorales son
tomadas por élites extranjeras y domésticas no
elegidas, y han causado mayores desigualdades, empeoramiento del
nivel de vida, y crecimiento negativo o regresivo.
Los
cuatro países donde los movimientos antiimperialistas son más
fuertes, son todos regímenes electoralistas y todos ellos
vasallos económicos de EEUU, que han seguido la política
dictada por el imperio durante las dos décadas pasadas.
El
régimen permanente electoral más antiguo, Colombia, ha
estado bajo ley cuasi marcial durante el medio siglo pasado y recibe
la mayor cantidad de ayuda militar estadounidense, consejeros y
contratación de fuerzas extranjeras mercenarias de América
Latina. Colombia es también el sitio del movimiento de mayor,
más combativo y continuado movimiento antiimperialista de
América Latina. Cuenta con dos ejércitos populares
guerrilleros nacionales e importantes movimientos sociales. En
Colombia, los guerrilleros son el componente más importante
del movimiento antiimperialista. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (FARC) cuentan aproximadamente con veinte mil
combatientes y casi diez mil partidarios activos entre sus milicias
urbanas, comandos y unidades de apoyo rural que cubren la mitad los
municipios del país. El Ejército Nacional de Liberación
(ELN) tiene aproximadamente cuatro mil quinientos combatientes y
probablemente otros cinco mil simpatizantes civiles en las ciudades y
en provincias específicas. Los regímenes militar y de
escuadrones de la de muerte paramilitares han diezmado durante años
a los movimientos civiles antiimperialistas legales. Más de
doscientos cincuenta líderes sindicales fueron asesinados
entre 2002 y agosto de 2003, con mucho las cifras más altas
del mundo.
En
contraposición a los movimientos antiimperialistas de otras
partes, las FARC-ELN apuntan al derrocamiento del régimen
vasallo y la toma del poder estatal para terminar con el control
imperialista de la economía, ejército y estado. Tienen
un vasto programa multi sectorial que incluye la oposición al
ALCA pero se amplía a la oposición a la propiedad
extranjera de los recursos naturales, finanzas, pago de deuda externa
y el estratégico "Plan Colombia" estadounidense.
Si
las condiciones socioeconómicas de Colombia son similares a
las del resto de América Latina, ¿qué cuenta
para el crecimiento de un movimiento antiimperialista revolucionario
en Colombia y no tanto en el resto de América Latina? Podemos
suponer varios factores. El sumamente represivo sistema político
colombiano elimina físicamente a los críticos políticos
del imperialismo, tales como la Unión Patriótica, el
movimiento electoral de los años 1980 que sufrió cinco
mil muertes a manos del régimen y sus aliados paramilitares.
Hay una gran tradición de resistencia armada rural popular
contra el control centralizado de un gobierno vinculado a
terratenientes locales y narcotraficantes. Finalmente, la
organización del movimiento guerrillero rural y su mando
encabezado por Manuel Marulanda, quien tiene estrechos lazos con el
campesinado, con el sesenta y cinco por ciento de los luchadores
guerrilleros que proceden del campo, ha mantenido su independencia
respecto a los reformistas urbanos y partidos electorales. La
presencia desde hace mucho tiempo de fuerzas contrarrevolucionarias
estadounidenses y sus tácticas de desplazamientos de masas de
campesinos, erradicación de lucrativas cosechas de
agricultores familiares y la alianza de EEUU con las fuerzas
militares/paramilitares y terratenientes clave han radicalizado el
campo. El "ultra decidido" papel de EEUU, en la estrategia
militar e intervención durante más de cuarenta años,
las tradiciones históricas de insurrección rural
vinculadas a líderes rurales y la carencia de espacio
democrático han sido los elementos clave para nutrir el
movimiento antiimperialista más poderoso de América
Latina.
El
segundo movimiento antiimperialista de masas más importante se
encuentra en Bolivia. Otra vez, la vasta y antigua intervención
militar, política, y financiera estadounidense, el apoyo
estadounidense a regímenes militares y golpes de estado, la
erradicación de cosechas y el apoyo a los cierres de minas, ha
producido una conciencia antiimperialista profundamente asentada y
muy extendida. Desde la intervención estadounidense en la post
revolución nacionalista de 1952, a la promoción de
juntas militares pro-estadounidenses en los años 1960, 1970, y
1980 al cierre US-FMI de las minas de estaño, la masiva y
violenta campaña de erradicación de coca de los últimos
veinte años, la política de EEEU y la entrada en la
política boliviana han tenido un impacto negativo de gran
duración y a gran escala sobre los mineros urbanos, los
trabajadores de la fábricas (por las doctrinas de libre
comercio) y los campesinos. El segundo factor es la antigua tradición
de revolución y lucha antiimperialista, desde la revolución
de 1952 y la formación de milicias de trabajadores, a la
Asamblea Popular de masas de 1970-1971, a la historia de repetidas
huelgas generales, a los actuales bloqueos masivos de carreteras por
grupos de campesinos militantes, al levantamiento popular
rural-urbano de febrero de 2003 contra la política US-FMI, los
movimientos Bolivianos populares demuestran una capacidad para la
lucha continuada.
El
tercer factor es el liderazgo político y social de masas de
los agricultores de coca y sus disciplinados y democráticos
movimientos sociales y sindicatos. El líder popular, Evo
Morales, combina la acción rural directa con la política
urbana electoral para construir un movimiento antiimperialista
nacional que una las demandas locales para acabar con la erradicación
de coca dirigida por EEUU a la oposición al ALCA. En Bolivia,
la lucha antiimperialista tiene apoyo popular cimentado en su
relación con la supervivencia familiar y laboral.
En
Argentina, Brasil, y Ecuador hay movimientos antiimperialistas a gran
escala que combinan un rechazo consciente al FMI y a la política
de desarrollo dictada por el imperio, con actos de masas en protesta
de los pagos de deuda exterior, ALCA, y otras manifestaciones del
poder imperial. Estos movimientos, sin embargo, no están
unidos a un proyecto para llegar al poder político y carecen
de un mando político unificado y organización. No
obstante, han mostrado capacidad para expulsar regímenes
apoyados (Argentina y Ecuador) y registrar oposición de masas
al ALCA (referéndum de once millones en Brasil en 2002). En el
resto de América Latina hay amplia oposición al ALCA, a
la "política neoliberal" dirigida por el imperio, al
Plan Colombia y más expresamente a iniciativas
pro-imperialistas del régimen, como el programa de
privatización de Toledo en Perú, que encendió
protestas nacionales de masas.
Además
de los movimientos antiimperialistas, hay dos gobiernos opuestos o
que son parcialmente independientes del imperialismo: Cuba y
Venezuela. Cuba ha estado en la vanguardia de la lucha contra el
imperialismo desde Sudáfrica a América Latina y más
allá. A diferencia de otros regímenes de izquierdas y
nacionalistas del pasado, como el de Allende en Chile (1973), Goulant
en Brasil (1964), y varios otros, el régimen revolucionario de
Cuba ha derrotado satisfactoriamente los esfuerzos estadounidenses
para derrocarlo. A diferencia de otros regímenes
ex-izquierdistas y ex-nacionalistas como los Socialistas de Chile, y
los Peronistas de Argentina y el Partido de los Trabajadores de
Brasil, Castro ha rechazado retirarse a la política
pro-imperialista.
¿Qué
es lo que explica la antigua trayectoria de Cuba como un país
antiimperialista ante el derrocamiento o decadencia de otros
regímenes de izquierdas? Básicamente hay varios
factores tanto internos como externos. El régimen cubano es el
resultado de un proceso y liderazgo revolucionarios que destruyeron
el viejo aparato estatal y han construido satisfactoriamente una
sofisticada organización de seguridad de la patria para
neutralizar a los terroristas y saboteadores. En segundo lugar, Cuba
tiene unas fuerzas armadas grandes, profesionales, sumamente
motivadas y estrechamente vinculadas a las masas populares,
subordinadas al mando revolucionario y capaces de defender Cuba de
una invasión frontal de EEUU (En simulacros de 'juegos de
guerra' el Pentágono ha estimado unas bajas estadounidenses de
decenas de millares en una invasión de Cuba por tierra). En
tercer lugar, el mando revolucionario cubano original ha logrado
reproducir una nueva generación de cuadros revolucionarios y
técnicos, que asumiendo las riendas del poder, defiendan los
beneficios sociales originales de la revolución. En cuarto
lugar, la gran mayoría de trabajadores y campesinos cubanos
están considerablemente mejor que sus colegas de América
Latina y disfrutan de los beneficios de asistencia social que no
están a disposición de los exiliados cubanos en EEUU.
En quinto lugar, el mando cubano logró conseguir favorables
acuerdos comerciales, militares y económicos con la URSS y
China para resistir los ataques militares estadounidenses y el
embargo económico. Posteriormente el mando cubano logró
reestructurar su economía en el período postsoviético
y desarrollar relaciones comerciales y económicas con Europa,
Asia, y América Latina. Más recientemente ha
desarrollado lazos mutuamente beneficiosos con Venezuela,
asegurándose fuentes energéticas estratégicas.
Finalmente, la política estadounidense de constante
hostigamiento y amenazas militares ha minado a los grupos de Cuba
orientados hacia una conciliación con el imperialismo. En
otras palabras, el anti-imperialismo para Cuba es tanto una necesidad
como un ideal.
Venezuela,
bajo el Presidente Chávez presenta un una imagen más
ambigua, similar a la de aquellos antiguos nacionalistas
latinoamericanos. Sigue una política exterior independiente,
oponiéndose a guerras imperialistas como la invasión de
Irak y programas de contrainsurgencia como el Plan Colombia,
promoviendo la solidaridad y relaciones fraternales con Cuba, y
criticando el ALCA. En política doméstica, sin embargo,
ha seguido una política neoliberal, privatizando firmas
públicas, ofreciendo concesiones petrolíferas a MNC
estadounidenses, pagando la deuda exterior y siguiendo una política
monetaria y presupuestaria bastante ortodoxa. La clave de la política
ambigua o contradictoria de Venezuela se encuentra en el proceso por
el cual Chávez alcanzó el poder, las alianzas de clase
y los programas que previó para gobernar el país y su
opinión liberal de la estructura política y social del
país. Chávez formó alianzas con una amplia serie
de fuerzas sociales y políticas y la mayor parte incluían
un número importante de grupos y personalidades neoliberales y
pro imperialistas, que posteriormente desertaron hacia la oposición
a favor del golpe de estado. A diferencia de Cuba, Chávez no
ha organizado un movimiento sociopolítico de masas coherente
que apoye a su régimen. El desahogo del apoyo popular de masas
que lo rehabilitó en el poder tras el intento de golpe de
estado fue sobre todo espontáneo. Sólo tras llevar tres
años en el poder está teniendo lugar la organización
de una federación de sindicatos pro-Chávez y se están
organizando los vecindarios por medio de los 'Círculos
Bolivarianos'. Chávez todavía depende de mandos
militares "institucionales" y su lealtad personal para
defender el régimen. La mayor parte de estos oficiales no han
tomado parte en ninguna experiencia social revolucionaria; excepto la
de oponerse a dos intentos de golpe de estado orquestados por EEUU.
En tercer lugar la ideología de Chávez nunca ha puesto
en duda las desigualdades de clases, y las propiedades y riqueza de
las clases superiores. Sus reformas se construyen en torno a estos
obstáculos a la justicia social. Considerando esta compleja
situación, de una economía política de derechas,
una administración pública de lealtad y competencia
dudosas y una política exterior de independencia nacional, los
límites del anti-imperialismo de Chávez quedan claros:
son políticos no económicos, tolera una burguesía
pro imperialista y CMN estadounidenses en los sectores estratégicos
de la economía y moviliza a los pobres urbanos radicalizados
que son más consecuentemente antiimperialistas en lo
concerniente a la propiedad y el control de la economía
doméstica.
Tanto los movimientos antiimperialistas como los estados han creado cantidad de partidarios políticamente conscientes, que son activados para luchas locales, nacionales, e internacionales. Todos los movimientos y regímenes exitosos han desarrollado potentes líderes vinculados de antiguo a la lucha de masas. Aún más importante, los movimientos más grandes y más boyantes han crecido en conflicto directo con EEUU. En Cuba, Colombia, Bolivia, Venezuela, la fallida intervención armada o los golpes militares radicalizaron a los partidarios del pueblo. Igualmente significativo, los movimientos antiimperialistas son fundamentalmente movimientos de clase, no una multitud amorfa. Las bases de las masas de los guerrilleros en Colombia son campesinas, los movimientos antiimperialistas urbanos se fundamentan en asalariados y obreros. En Cuba, la masa de obreros y campesinos y en Venezuela los urbanos pobres son la base de los MAI. Lo que es asombroso es la ausencia de algún sector significativo de la burguesía a pesar del hecho de que el control imperial de mercados, crédito y política estatal han perjudicado a muchos grupos hasta llevarlos a la bancarrota. Los grupos pivotales de Colombia, Brasil, Argentina, y Perú son los funcionarios que han sido machacados por las reducciones presupuestarios dictadas por el imperio. En el caso de Venezuela, Paraguay, y México los empleados del sector público han estado divididos, sectores importantes que deben sus empleos al patrocinio político se han unido a sus patronos de partido a favor del imperialismo.
La
base de clase popular de los movimientos antiimperialistas ha
influido en las tácticas de acción directa de los
movimientos y asimismo se han involucrado debido al empleo de tales
tácticas.
Los
MAI, su crecimiento y extensión a todas partes del mundo son
en parte resultado del éxito de la política de acción
directa que, a su vez, es respuesta a los fracasos y traiciones de
los partidos electorales de ex-izquierda. Para entender la política
de "acción directa" de los MAI, es importante
contextualizarla. Destacan dos factores: la agresividad creciente del
imperialismo estadounidense y europeo, tanto en su vertiente
económica como en la militar, y la colaboración activa
de los partidos tradicionales Socialdemócratas y ex-Comunistas
y los sindicatos, con los regímenes implicados en las
conquistas imperiales. En la variante estadounidense, es la ausencia
de una alternativa electoral o sindical significativa, al
imperialismo, lo que obliga a la oposición callejera.
Los
actos de los MAI en EEUU y Europa difieren considerablemente de los
que ocurren en América Latina, aún cuando existen
puntos de semejanza y convergencia de activistas. En EEUU y Europa,
la táctica principal y el enfoque de la organización
son los Grandes Acontecimientos como Seattle, Génova, Davos, y
Barcelona, donde un número enorme de ONG, sindicatos, y grupos
antiglobalización convergen para protestar contra las
reuniones de los poderes imperiales, tales como la OMC y el G-7.
Estos eventos sirven para mostrar el alcance y profundidad de la
oposición popular a la política imperialista, para
educar al "público pasivo" y quizás para
forzar a los gobernantes imperiales, en particular en Europa, a
volverse más circunspectos en su apoyo a los proyectos
estadounidenses para la conquista mundial. Estas movilizaciones
también sirven a los MAI como lugar de encuentro para
intercambiar ideas, coordinar futuras actividades y crear redes de
solidaridad en caso de represión, particularmente en América
Latina.
En
América Latina el objetivo principal de los MAI está en
la lucha día a día contra el imperialismo; las
movilizaciones contra las constantemente recurrentes privatizaciones,
y la serie infinita de SAP y programas de austeridad del FMI y
exigencias de pagos de la deuda, la profunda penetración de
operaciones militares estadounidenses en programas de
contrainsurgencia y de erradicación de cosechas e intentos de
golpes de estado orquestados por EEUU. Aunque estas confrontaciones
reciben mucha menos publicidad que los Grandes Acontecimientos de los
países del Norte, involucran a más trabajadores y
campesinos y han obtenido resultados concretos en el bloqueo de la
privatización, en la lucha sostenida y en la educación
de la población local. Los Grandes Acontecimientos, como el
Foro Social Mundial y sus derivados nacionales e incluso municipales,
realmente ocurren en América Latina. Sirven a una función
educativa, pero tienen más de impacto simbólico o
inspirador para los participantes que de impacto directo sobre las
conquistas imperiales. De hecho, con el tiempo el FSM ha pasado de
ser un crítico del imperialismo a una empresa mucho más
ambigua, sobre todo debido a que uno de sus patrocinadores clave, el
Partido de Trabajadores de Brasil, se ha convertido en un partido pro
imperialista.
Hay
diferencias más profundas entre la táctica de los
movimientos de Grandes Acontecimientos en el Norte y las luchas
sostenidas populares de América Latina. Programáticamente
los movimientos del Norte son una mezcla de reformadores progresistas
del imperialismo, radicales anticapitalistas y sindicalistas
proteccionistas chovinistas, que lo hacen difícil de concretar
para activistas en curso. Además los Grandes Acontecimientos,
aparte de barricadas dispersas por la calle, algunas ventanas rotas y
contenedores de basura quemados, tienen poco impacto sostenido sobre
las estructuras políticas o las actividades económicas
diarias de los poderes imperiales, incluso en el mismo país en
el que tienen lugar los acontecimientos.
Por
el contrario en América Latina, los movimientos MAI han
paralizado la actividad nacional de transporte y económica con
el mantenimiento de bloqueos populares de calles, toma de edificios
públicos y huelgas generales contra la privatización.
Estas acciones han tenido impacto para forzar a los regímenes
a retirar decretos de privatización, limitó los
programas de erradicación estadounidenses, contrarrestó
la intervención militar estadounidense y derrotó golpes
militares orquestados por Estados Unidos. En una palabra, las
tácticas de los MAI latinoamericanos son mucho más
políticas que meramente sociales, más anticapitalistas
que reformistas, más centradas en el poder que en protestas
simbólicas y sirven de experiencia educativa a los líderes
políticos por la praxis más que por conferencias
públicas de prohombres de ultramar.
La
disyunción profunda entre la lucha antiimperialista de las
FARC, los cocaleros, las masas venezolanas y los movimientos del
Norte es evidente en la abundante publicidad de los medios de
comunicación y la solidaridad que reciben estos últimos
y la atención y solidaridad mínimas de los anteriores.
Cuando sesenta activistas antiimperialistas bolivianos fueron
asesinados entre enero y febrero de 2003 apenas hubo protesta por
parte de las ONG del Norte, sindicatos o intelectuales progresistas;
cuando un activista italiano fue asesinado en Génova, hubo
protesta mundial, petición de investigación
parlamentaria, y se convirtió en un punto de referencia para
el movimiento del Norte. En una palabra, el movimiento
antiimperialista a pesar de sus pretensiones de ser
"internacionalista" todavía refleja diferencias
profundas en el grado de solidaridad recíproca.
Las
diferencias tácticas se reflejan en los objetivos estratégicos
contrapuestos de los MAI del Norte y de América Latina. La
mayor parte del movimiento del norte (en especial las ONG) son
profundamente reformistas, atacan el "capital especulativo",
los preparativos de guerra, los excesos de las CMN, piden la tasa
Tobin y códigos de conducta para las CMN, y apoyan las
resoluciones de la ONU contra las guerras. En América Latina
los MAI luchan para transformar el sistema capitalista, sustituir a
los que detentan el poder y expresan solidaridad hacia la gente
colonizada del Tercer Mundo.
Más
expresivamente, existen profundas diferencias políticas entre
los intelectuales del Norte y los Latinoamericanos en relación
con la intervención imperialista y la solidaridad con Cuba.
Los intelectuales estadounidenses y europeos "Progresistas"
condenaron la detención por parte Cuba de agentes financiados
por EEUU que se hacen pasar por disidentes y la aplicación de
la pena capital a los terroristas que piratearon un buque cubano y
amenazaron las vidas de sus pasajeros. En Latinoamérica la
gran mayoría de intelectuales y movimientos antiimperialistas
declararon su solidaridad con Cuba, reconociendo la financiación
y el control estadounidense de los "disidentes".
Las
ambigüedades e inconsistencias de los intelectuales del Norte y
ONG antiimperialistas se explican en parte por los poderosos medios
de comunicación, compañeros, y presión
gubernamental, que etiquetan a los antiimperialistas latinoamericanos
como "terroristas", "autoritarios", "y
narcotraficantes". Los intelectuales progresistas del Norte
atenúan sus críticas al imperialismo con la condena de
los antiimperialistas latinoamericanos que no encajan en su modelo
preconcebido de oposición. Esta política de hacer
equivalencias morales alcanza su punto más bajo en la guerra
colonial de EEUU contra Irak, donde los principales críticos
intelectuales a la guerra estadounidense, rehusaron apoyar la
resistencia anticolonial iraquí durante la invasión o
incluso durante el período post Saddam Hussein.
A
pesar de mucha retórica internacionalista y de solidaridad, la
oposición del Norte (en particular en EEUU) tiene un oscuro
registro: muchos sectores apoyaron la invasión de
estadounidense de Yugoslavia y Afganistán, muchos criticaron
la invasión estadounidense de Irak, pero condenaron igualmente
la resistencia iraquí; la mayor parte critican el ALCA, al
tiempo que también critican a los principales regímenes
de América Latina que se oponen al mismo, a saber Cuba y
Venezuela
En
América Latina casi todos los principales movimientos MAI y
líderes e intelectuales principales apoyan la revolución
cubana y expresan públicamente su solidaridad en la mayor
parte de las movilizaciones de masas contra los golpes de estado
organizados por el imperialismo, ALCA y otros actos de conquista
imperial. Tras las diferentes actitudes hacia Cuba existe una
diferencia estratégica más profunda - los movimientos e
intelectuales de EEUU están todavía mayormente atados a
las instituciones pro imperiales de la sociedad civil (el Partido
Demócrata "de izquierda", la pro imperial AFL-CIO,
la confederación de sindicatos partidarios del golpe de
estado) y siempre se han echado atrás en el apoyo de los
logros revolucionarios sociales de América Latina. La carencia
de una visión común muestra los límites de
cualquier alianza estratégica entre los MAI estadounidenses y
los latinoamericanos.
La
mayor parte de los MAI estadounidenses están formados por
profesionales de la clase media, estudiantes y ONG afiliadas. La gran
mayoría de los MAI de América Latina lo están
por trabajadores, pobres urbanos, campesinos, funcionarios y
estudiantes de clase media baja de provincias. Los movimientos
estadounidenses están muy vinculados a los movimientos
ecologistas, sindicatos proteccionistas y movimientos ciudadanos
pacifistas y progresistas. En EEUU, el imperialismo es visto
negativamente debido a sus efectos sobre el medio ambiente,
libertades cívicas, pérdida de empleos y sus inmorales
intervenciones extranjeras y sus engaños así como su
degradación de la política democrática en
Estados Unidos. En América Latina los MAI está basados
en los impactos negativos directos sobre nivel de vida, empleos,
producción agrícola y control de la política
económica. Los lazos entre imperialismo y estados represivos y
organizaciones paramilitares son un importante punto de
confrontación. El resultado es un conocimiento
antiimperialista mucho más profundo y más comprensivo
que pervade las "divisiones sectoriales" de los MAI
estadounidenses y europeos. El punto teórico es que las
relaciones de clase y posiciones diferentes en la estructura de
clases en Europa, EEUU y América Latina tienen un impacto
directo sobre la aparición de los diferentes niveles de
conocimiento antiimperialista. El desigual impacto de la política
imperialista, su impacto directo sobre las vidas de los Latino
Americanos y los efectos indirectos en EEUU y Europa han causado un
desarrollo desigual de la acción militante, su alcance y
mantenimiento. Los MAI religiosos y seculares del Tercer Mundo
coinciden en su oposición al dominio estadounidense, pero
difieren en sus objetivos estratégicos, en particular en el
Oriente Medio.
La
aparición de MAI a escala mundial, a pesar de sus
fluctuaciones en EEUU y Europa y su represión en Oriente Medio
y América Latina muestran las vulnerabilidades del
imperialismo estadounidense y europeo. La transformación de la
OTAN en un ejército de ocupación colonial y el rápido
desarrollo de fuerzas armadas imperiales es en gran parte una
respuesta a la nueva resistencia antiimperialista así como un
impulso para imponer el dominio colonial.
Las
configuraciones de clase del los nuevos MAI, su relevante carácter
popular, y su relación con la resistencia contra el dominio
colonial manifiesto (sea en Afganistán, Irak, o a través
del ALCA en América Latina) asegura que no es probable que la
lucha sea traicionada por la deserción de nacionalistas
burgueses. En otras palabras las fuerzas de clase involucradas son
las que probablemente se verían más perjudicadas por el
abandono de la lucha antiimperialista. Hay encajados en los
movimientos intereses de clase esenciales que proveen la base para
las luchas sostenidas. La vulnerabilidad del imperialismo queda
claramente evidente en una serie de derrotas tácticas; la
inversión del golpe venezolano de abril de 2002; el
reagrupación y aumento de actividad de la resistencia
anticolonial en Afganistán; la resistencia guerrillera
anticolonial de Irak; el fracaso del Plan Colombia para derrotar a
las FARC, ELN, y movimientos cívicos; la creciente resistencia
continental al ALCA. El gobierno imperial está basado en las
relaciones de clase y a medida que crece la resistencia en el Tercer
Mundo y crecen los costes humanos y gastos económicos de EEUU
y Europa, se comienzan a generar conflictos políticos y
sociales en el seno de y entre los poderes imperiales de EEUU y
Europa y en un futuro no lejano podrían causar un desafío
unificado al poder imperial.