| L A P Á G I N A D E P E T R A S |
6 de octubre de 2003 |
James Petras
Traducido para Rebelión por Marina Trillo
Las
explicaciones de la invasión estadounidense de Irak están
cubiertas de mentiras y distorsiones, que magnifican los éxitos
del mando militar de EEUU. La historia de una victoria rápida,
con un número mínimo de bajas, es aducida como
ilustrativa del superior poder militar estadounidense, del genio de
los estrategas del Pentágono y del derrumbe de la moral
militar entre las fuerzas iraquíes al enfrentarse a una fuerza
militar superior y a la inevitabilidad de una victoria militar
estadounidense. A pesar de la amplia circulación de estas
explicaciones en todos los medios de comunicación y su virtual
aceptación por parte de los escritores de todas las tendencias
políticas, hay varias preguntas importantes sin contestar:
¿Por qué no fueron utilizados aviones iraquíes
para atacar los puestos de mando estadounidenses en Kuwait y los
navíos estadounidenses (que estaban) a pocos minutos de
distancia? ¿Por qué dejaron prácticamente
abandonada militarmente a Bagdad? ¿Por qué ha habido
más bajas militares estadounidenses "después de la
guerra" que antes? ¿Por qué la resistencia y la
moral de lucha de los iraquíes no han disminuido bajo la
ocupación militar por tropas estadounidenses?
Estas
y otras preguntas llevan a una cuestión más profunda -
¿Fue el 'contrato' militar entre las fuerzas invasoras
estadounidenses y el gobierno iraquí realmente una 'guerra'?
Más de 30.000 soldados iraquíes y ocho mil civiles
fueron matados y muchos miles más heridos. Esto significa que
hubo un ataque estadounidense muy violento contra ciudades iraquíes
e instalaciones militares. Una invasión militar e incluso una
ocupación no necesariamente significan que se libró una
guerra. No quiero decir que no hubiera focos de resistencia, algunos
de ellos bastante decididos, pero lo que está claro es que
ciudades estratégicas, ciudades petroleras del Norte, Bagdad
la capital, en el centro y las ciudades petroleras de las zonas
fronterizas del sur, fueron conquistadas sin encontrar ninguna
resistencia de importancia, a pesar de los enormes escondrijos de
armas, un gran ejército permanente y guerrilleros irregulares
armados.
La idea de 'guerra' implica conflicto entre dos ejércitos, lo que en gran parte no ocurrió. Es verdad que EEUU actuó como si hubiera una guerra - bombardearon, mutilaron, masacraron y sus fuerzas de tierra y armamentos móviles conquistaron Irak… pero nunca entraron en combate. Una guerra peculiar con una parte bombardeando y conquistando y la otra parte… implicándose al mínimo. A medida que las horas se convirtieron en días y fuerzas de EEUU fueron arrollando sin esfuerzo, militares estadounidenses sacaron a la luz dos explicaciones, ambas a beneficio suyo y ambas extensamente diseminadas por los medios de comunicación. La primera fue que los ataques aéreos habían "devastado" al ejército iraquí tanto física como psicológicamente y por eso "se retiraron", abandonando sus puestos o rindiéndose. Esta "explicación" suscita aún más preguntas: Si "se retiraron" ¿a dónde fueron, si en ningún momento hubo una "última posición" - una posición concentrada de resistencia de masas? Si abandonaran el ejército, ¿cómo fue que sus comandantes y oficiales militares permitieron que sucediera tal cosa? La responsabilidad de la disciplina, orden y reagrupamiento de un ejército recae en el mando militar - ¿cual fue su papel? En tercer lugar, menos del 5% del ejército Iraquí resultó incapacitado, al menos físicamente, ¿por qué no siguió combatiendo el restante 95% de las fuerzas armadas?
Cuando
los racistas, neo-conservadores y lumbreras sionistas y académicos
hacen sus frecuentes e ignorantes incursiones en la "Mente
Árabe", expresan abierto desprecio por la carencia de
disciplina de los "Árabes", su capacidad para luchar
y su capacidad para hacer frente a un adversario democrático
decidido como Israel y EEUU. Usan estos clichés imperialistas
genéricos para "explicar" cada éxito militar,
y justificar futuras invasiones militares. Esta "explicación"
omite hablar de los ataques ejecutados a diario por la resistencia
iraquí contra el ejército de ocupación
estadounidense "después" de terminada la guerra.
Además esta opinión racista sobre los "Árabes"
especialmente por parte de los sionistas del Pentágono es la
responsable de los mayores "errores de cálculo"
estadounidenses respecto a la guerra: la equivocada noción de
que los iraquíes se doblegarían ante la ocupación
estadounidense, que habría poca resistencia, y que la "calle
árabe" podría ser intimidada mediante las 'grandes
bombas' (según Kagan)
La
mayoría de las tropas iraquíes no se rindieron - muchos
de los iraquíes hechos prisioneros lo fueron después de
la guerra. El mando estadounidense y británico informó
acerca de sólo unos miles de prisioneros militares. La mayor
parte de las armas militares iraquíes no se rindieron porque
los portadores de las mismas no las entregaron. EEUU no desarmó
al ejército Iraquí porque nunca lo capturaron para
desarmarlo - como normalmente ocurre cuando un ejército
victorioso captura tropas enemigas.
La
invasión militar estadounidense de Irak resultó ser una
guerra de pega, donde EEUU fingió enfrentarse en combate
contra un enemigo, cuando de hecho ocupó violentamente el país
con un mínimo de resistencia. EEUU no ganó una guerra,
como declaran sus líderes políticos y militares, los
generales Iraquíes y algunos de sus políticos clave les
entregaron el país.
EEUU
ocupó Irak rápidamente debido al comportamiento traidor
de sus comandantes militares. El comportamiento de sus líderes
políticos promoviendo la guerra - en particular en relación
con Naciones Unidas también minó severamente las
defensas iraquíes. Sin mando, estrategia o dirección,
las fuerzas armadas Iraquíes apenas combatieron el avance
militar estadounidense. Además los tratos secretos entre
generales Iraquíes y EEUU, les proporcionaron una huida segura
a cambio de desmovilizar las fuerzas Iraquíes en particular en
Bagdad y otras ciudades y preservar los yacimientos petrolíferos
para su explotación por EEUU. Las fuerzas armadas Iraquíes
no fueron derrotadas en combate, pero su capacidad de resistir la
primera fase de la invasión fue minada.
Posteriormente
sin el mando general traidor y habiendo sido desahuciados por el
segundo virrey estadounidense (Bremer), muchos de los ex-soldados se
transformaron en resistencia anticolonial, que a diario ejecuta
docenas de operaciones de combate contra las fuerzas armadas
estadounidenses.
Contrariamente
a lo que dijo Bush, la guerra estadounidense-iraquí comenzó,
no terminó, el 1 de mayo de 2003. Por primera vez el pueblo
iraquí no estaba dirigido por líderes conciliatorios
que permitieron a Naciones Unidas inspeccionar, desarmar e informar
sobre las defensas iraquíes, proporcionando así
inteligencia estratégica vital y apoyo a los preparativos de
guerra estadounidenses y británicos. La resistencia
anticolonial iraquí representa una nueva y más eficaz
configuración de adversarios militares contra el imperio
estadounidense, y es capaz de una guerra popular prolongada, lo que
resultaba inconcebible bajo Saddam Hussein y sus mandos militares.
Para
entender el brote de la verdadera guerra estadounidense-iraquí
es útil revisar el proceso que condujo a ella.
A lo largo de los años 1990 el régimen iraquí adoptó una política conciliatoria hacia EEUU. A pesar la propaganda del gobierno estadounidense y los medios de comunicación sobre la "no-cooperación", la "intransigencia" de Saddam Hussein y sus armas secretas de destrucción masiva, el régimen de hecho se sometió a las misiones de Naciones Unidas de busca y destrucción en todas las principales instalaciones militares, fábricas de armas e instalaciones científicas. Bajo la dirección del Secretario General designado por EEUU, Kofi Annan, los inspectores de Naciones Unidas que incluyeron a Richard Butler y otros que estaban trabajando con y para la CIA, entregaron a la inteligencia estadounidense datos estratégicos sobre la posición de objetivos militares y capacidad iraquí. Además, proporcionaron información obtenida en entrevistas con científicos, generales y funcionarios políticos, sobre su grado de compromiso con el régimen y las probables reacciones ante un futuro ataque estadounidense. En el transcurso de la década, los equipos de inspección de Naciones Unidas y sus colegas de la Agencia Internacional de Energía Atómica dirigida por otro cliente designado por EEUU, El Baradei, destruyeron totalmente todo sistema de armas concebible que pudiera haber defendido a Irak e infligido bajas a un ejército invasor estadounidense. El bombardeo constante e impune de Irak por parte de la fuerza aérea y mísiles estadounidenses y británicos durante la década da fe del éxito del programa de desarme unilateral de los inspectores de Naciones Unidas. Las Naciones Unidas hicieron cumplir las sanciones económicas dictadas por EEUU que mataron a más de un millón de iraquíes, incluidos más de 500.000 niños, debilitando aún más la capacidad defensiva de Irak. En la parte norte de Irak, EEUU creó un protectorado colonial, armando y protegiendo a sus señores de la guerra Kurdos. Aunque el régimen iraquí protestó enérgicamente por las constantes violaciones de su soberanía, la división del país, los bombardeos de terror de los EEUU y el desarme, por parte de EEUU/ONU, en última instancia se sometió en cada punto.
El
régimen iraquí creyó que su franqueza política
aminoraría su vulnerabilidad militar, esperando que cada
concesión lograría el levantamiento de las sanciones
económicas. De hecho, sucedió lo contrario, cada
concesión aumentó la presión estadounidense,
porque Washington las interpretó como signos de debilidad y
como una brecha para conseguir el control total del estado Iraquí
y sus yacimientos petrolíferos por medio de un régimen
cliente. El régimen dictatorial debilitó todavía
más la capacidad defensiva de Irak al proscribir la emergencia
de las bases de movimientos populares antiimperialistas, excluyendo
las iniciativas independientes locales, controlando todas las
decisiones a través de un círculo muy reducido de
leales a Saddam y generales de cuestionables compromisos y capacidad.
La emergencia de los movimientos antiimperialistas de masas y la
resistencia militar tendrían que esperar a la caída de
la dictadura de Saddam y el desmantelamiento del mando militar
subsiguiente a la invasión estadounidense.
Las
cámaras de televisión de los reporteros empotrados
destacaron las explosiones de bombas y mísiles, la quema de
tanques iraquíes, y el avance de las tropas británicas
y estadounidenses. Casi todos los reporteros asesinados eran
periodistas y fotógrafos independientes no-estadounidenses,
que fueron matados por militares estadounidenses, no por fuego
Iraquí. Los medios de comunicación recogieron la
dispersa resistencia, la captura de docenas de prisioneros y sobre
todo las ruedas de prensa de los generales de salón que
dirigían la invasión desde el cuartel general de
Florida. A medida que avanzaron las fuerzas angloamericanas, la
resistencia principal fue ofrecida por pequeñas unidades en
los pueblos y en la ciudad de Basora, y estaba en gran parte formada
por destacamentos iraquíes bajo mando local y fedayines
Baazistas. Para apuntalar la imaginería de una guerra a gran
escala y por supuesto hinchar los logros militares de los generales,
cada escaramuza fue magnificada y se dió una importancia
exagerada a cada cruce de fuego. A medida que la máquina de
guerra estadounidense avanzaba con poca oposición militar, los
medios de comunicación y los oficiales militares le
atribuyeron un poder formidable, el consumado esplendor de la
estrategia militar de Rumsfeld, la perspicacia de los planes de
guerra de Wolfowitz y el absoluto espectáculo del poder de la
pandilla de militaristas-sionistas (Kagan, Perle, Kristol, Cohen,
Adelman, Feith, y Pipes). En algún momento, un periodista no
empotrado advertía inoportunamente que tal vez el rápido
avance militar estadounidense tuviera algo que ver con el hecho de
que el "otro lado" no estaba luchando con mucha fuerza, que
los EEUU no habían encontrado el grueso del ejército
iraquí, que no fue lanzado ningún misil iraquí
de corto alcance y que no había atacado ningún avión
suicida.
"Pasará en la próxima oportunidad," decían los generales y los medios de comunicación lo adornaban. Después "sus militares no estaban preparados," dijo otro estratega de Washington (¡cómo si la acumulación de tropas estadounidenses y el anunciado ataque militar, con seis meses de adelanto, fuera el ataque más secreto de la historia militar moderna!). Luego un genio militar sumamente bien situado declaró solemnemente, "aprendieron en la última guerra del Golfo que serían masacrados con una guerra en el desierto. Se han retirado a las ciudades. Están concentrando sus tropas y armamento en Bagdad para la resistencia última."
Otra
vez más los medios de comunicación tomaron nota y lo
titularon "la Batalla de Bagdad" y repicaron tambores sobre
la próxima gran batalla. Todos los días y a todas
horas, los periodistas empotrados contaban los kilómetros para
la Batalla Final, especulaban sobre cuantos miles de soldados
entrarían en combate, víctimas potenciales, cómo
libraría EEUU los combates "casa por casa" y la
"lucha en las calles". En las afueras de Bagdad, había
fuego de francotiradores, algún fuego ligero de ametralladora
y por supuesto el bombardeo estadounidense de la ciudad, barrios
pobres, mercados y hospitales. Miles de civiles resultaron mutilados
o muertos, pero de esto no se informó. Se produjo algún
tiroteo disperso en el aeropuerto que fue pregonado por los medios de
comunicación como una importante batalla aún cuando los
transportes acorazados estadounidenses ocuparon en unas horas las
instalaciones (donde varios soldados estadounidenses se produjeron
lesiones al irrumpir en los departamentos de licores de las tiendas
libres de impuestos). En un corto intervalo de tiempo, las tropas
estadounidenses, vehículos acorazados y helicópteros
entraron en Bagdad y no hubo prácticamente ninguna resistencia
en una ciudad de 6 millones de habitantes. La resonancia de cada tiro
fue amplificada por los medios de comunicación para dar la
impresión de un importante y exitoso combate. Los principales
edificios militares, de inteligencia, y del petróleo fueron
tomados intactos. Las tropas estadounidenses tomaron los Ministerios
de Defensa y del Petróleo, pero se negaron a enfrentarse con
la muchedumbre de vándalos que estaban saqueando las
principales instituciones civiles. Tendremos que esperar por un
veredicto final que aclare si las tropas estadounidenses se negaron a
intervenir por miedo o por complicidad con los vándalos.
Impidieron la intervención de la policía armada iraquí
y hasta dispararon contra los ciudadanos que trataban de luchar
contra los saqueadores.
No hubo ninguna hazaña, ninguna derrota de Estalingrado, ninguna gran batalla, por lo tanto ninguna gran victoria. Ésta tuvo que inventarse.
El
emblema de esta guerra de pega fue el "rescate" de la
soldado Jessica Lynch, una soldado estadounidense con heridas serias
a consecuencia de un accidente de automóvil, que fue capturada
y tratada en un hospital iraquí. Durante su hospitalización,
le dieron tratamiento médico de prioridad. Incluso las
enfermeras donaron sangre para sus transfusiones. Sin embargo en la
búsqueda de hazañas, EEUU inventó la historia de
una valiente soldado Jessica, la guerrera adolescente, que luchó
y mató a un escuadrón de iraquíes, fue llevada
bajo guardia a un hospital por abusivos soldados y liberada de sus
sádicos captores por un grupo de comandos estadounidenses que
lucharon abriéndose paso hasta el hospital, redujeron a las
enfermeras y sacaron a la soldado Jessie hacia un lugar seguro.
Dispararon contra el hospital y lo destrozaron, los médicos,
las enfermeras e incluso los enfermos fueron aterrorizados,
esposados, algunos encapuchados y llevados lejos. No había
ningún soldado iraquí en el hospital, ninguna
resistencia armada, sólo pacientes y personal médico
que había salvado la vida de un prisionero enemigo seriamente
herido. Lynch, que nunca había pegado un tiro, presentaba
fracturas y heridas consecuencia de un accidente con su vehículo
y no las heridas de bala y apuñalamiento relatadas por la
atolondrada prensa. El fraude se desenredó silenciosamente
mientras los editoriales borboteaban sobre las habilidades combativas
de las mujeres soldado estadounidenses. Lynch, por su parte, declaró
sufrir amnesia, fue honorablemente rebajada de servicio y ahora va
tras un contrato de 1 millón de dólares por un libro
con un escritor “negro” (no está mal para una
amnesia). La guerra iraquí fue solamente la escritura ampliada
de la historia de Jessie Lynch.
La
explicación de la desaparición de los 250.000 de la
consistente Guardia Republicana de élite, el impedido vuelo de
500 aviones militares iraquíes, el almacenaje de depósitos
de mísiles antitanque, morteros y toneladas de armas pesadas y
ligeras y transportes acorazados, es que se consumó un pacto
secreto entre el Pentágono y los generales iraquíes. No
puede darse ninguna otra explicación sobre el hecho de que los
tanques estadounidenses pasaron prácticamente sin impedimentos
a lo largo de carreteras modernas, por qué los tanques y
tropas pudieron cruzar los puentes de Bagdad que estaban minados pero
no fueron volados y por qué miles de soldados estadounidenses
estaban cabizbajos en el centro de Bagdad con tan solo fuego de
francotiradores ocasional. Mucha mayor resistencia se produjo en
Basora, An Nassariya, Kerbala, An Najaf que no estaban bajo el mando
central de los generales iraquíes o los altos escalones de la
Guardia Republicana. Entrevistas con soldados iraquíes de la
tropa que estaba en el aeropuerto informaron de que se produjo un
breve intercambio de fuego seguido por órdenes de retirada
total.
El
pacto sereto aprobado por el Pentágono ofreció
transporte y salvoconducto a los altos mandos de la Guardia
Republicana y sus familias a Estados Unidos u otras zonas seguras
además de importantes sumas de dinero. A los que eligieron ir
a EEUU les garantizaron permiso de residencia y posible ciudadanía.
A los oficiales de grado inferior les prometieron altos cargos en el
reestructurado ejército iraquí que iba a ser organizado
por la ocupación estadounidense. A cambio, los generales
desertores y comandantes principales desmontaron las defensas,
desmovilizaron las tropas y silenciosamente rindieron Bagdad.
Proporcionaron información militar detallada sobre la
ubicación de los focos de resistencia militar y la
localización de Saddam Hussein, miembros de su familia y
'leales' que no estaban en el 'ajo'.
Dada
la estructura de mando centralizada, las órdenes de virtual
rendición fueron cumplidas en línea descendente -
excepto en los destacamentos locales que ofrecieron resistencia. Los
soldados abandonados con armas, en algunos casos, se unieron a los
saqueadores o alborotadores, ya fuera por lucro personal o para
expresar su ultraje ante la traición.
El
abandono de las estructuras de mando al principio creó
desmoralización y flujo a los focos locales de resistencia que
luego se reagruparon en redes de resistencia guerrillera. El primer
virrey estadounidense Garner, conocedor del "trato" y
procurando crear la transferencia ordenada del poder a sus manos,
propuso reorganizar las Fuerzas Armadas reincorporando una parte
sustancial del viejo ejército a la tutela militar
estadounidense. Este programa se encontró con el fuego pesado
de los intransigentes sionistas del Pentágono que buscaban
destruir por completo el ejército iraquí y convertir el
país en feudos etno-religiosos controlados por militares
estadounidenses para conseguir que Israel tuviera supremacía
absoluta en el Oriente Medio y un régimen iraquí
dispuesto a establecer relaciones con el estado judío (una
versión iraquí de la dictadura Hashemita Jordana).
Cuando Bremer sustituyó a Garner procedió a implementar
la línea Wolfowitz-Feith – abolió entero el
fuerte ejército iraquí de 500.000, incrementando con
ello el número de parados armados, haciéndoles
accesibles al mensaje de los núcleos originales de resistentes
militares que habían surgido después de la deserción
de los generales. La incorporación de especialistas militares
en minas, explosivos y guerra táctica aumentó
enormemente la capacidad de la recién formada resistencia
clandestina para combatir a las tropas estadounidenses en múltiples
ataques diarios. La concentración de los EEUU sobre el control
militar, la extracción de petróleo, y la
subcontratación política de la reconstrucción de
la infraestructura iraquí condujo a prolongadas demoras y en
última instancia al fracaso en restablecer los servicios
básicos para 25 millones de iraquíes, creando un mar de
hostilidad hacia la ocupación estadounidense y una nueva
oleada de reclutas y simpatizantes de la floreciente resistencia
guerrillera. Conforme la resistencia demostró su eficacia
nuevos luchadores internacionalistas se unieron desde países
vecinos musulmanes y árabes.
El
asombroso éxito de la guerrilla puede medirse de varios modos:
la capacidad para realizar docenas de acciones militares diarias, de
manera sostenida, y en una gran variedad de regiones del país;
su éxito en la lucha relámpago que maximiza las bajas
estadounidenses y reduce al mínimo las pérdidas; su
eficacia en el minado de los proyectos del oleoducto colonial
cambiando así la culpa popular sobre los ocupantes; su
eficacia en la expulsión de los auxiliares coloniales en
Naciones Unidas, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y
muchas ONG - que podrían haber hecho incursiones para cooptar
colaboradores locales, en particular entre los profesionales de élite
en paro y los subcontratistas locales. Lo más importante de su
lucha es la noción de que no puede emprenderse ninguna
reconstrucción antes de que se acabe el dominio colonial; la
"reconstrucción bajo dominio colonial" sólo
perpetuará los nuevos gobernantes y enriquecerá a las
multinacionales que tomarán el control de las empresas
públicas iraquíes, petróleo, electricidad, agua
y otras infraestructuras básicas, establecerá enormes
bases militares permanentes estadounidenses y minará la unidad
del país.
La
tentativa estadounidense de "dar marcha atrás al reloj"
a un período anterior de invasiones coloniales y gobierno
directo fue una noción extraña impuesta a los
imperialistas de la Administración Bush por los extremistas
funcionarios sionistas y militaristas. Su objetivo no era seguir
tácticas flexibles para crear un nuevo estado cliente, sinó
destruir Irak, ahora y para el futuro, como potencial alternativa al
poder israelí en Oriente Medio. Obligaron a la destrucción
total del estado para convertir a Irak en una economía de
subsistencia, forzando a la emigración del Oriente Medio a
millones de trabajadores y profesionales cualificados. Demandaban un
régimen presidido por militares estadounidenses y una
colección de clientes del exilio obligados hacia sus
patrocinadores sionistas del Pentágono. Ahmed Chalabi es el
ejemplo principal.
Por
consiguiente, la política de gobernar y arruinar ha tenido el
efecto de aumentar las fuerzas de resistencia armada, provocando la
oposición anticolonial de la aplastante mayoría y
minando los esfuerzos del régimen de Bush por desenredarse de
Irak "internacionalizando" su gobierno colonial con
soldados mercenarios de Paquistán, India, Bangla Desh y Europa
Oriental.
La pandilla S (sionista) dirigida por Wolfowitz ahora admite haber "subestimado" el problema de la post-invasión de Irak. De hecho su obsesión principal de defender Israel a toda costa – incluso con aumento de bajas estadounidenses – estaba tras el plan de destruir el ejército iraquí y creer que el poder militar haría agacharse a "los árabes" en eterna sumisión. Los "errores" fueron construidos sobre el anacrónico modelo original israelí de colonización y puño de hierro - que la pandilla de S tiene en gran estima y que elaboraron algunos de ellos (Perle y Feith) en su informe para Netanyahu en 1996.
Ahora
los EEUU están embebidos en una guerra colonial que, la
historia nos enseña no pueden ganar. En EEUU entre algunos
Demócratas "liberales" (Kerry) y Republicanos
(McCain) hay peticiones para que se aumente el número de
tropas de ocupación colonial. Otros liberales y conservadores
proponen "internacionalizar" la guerra, compartiendo alguna
autoridad con unas Naciones Unidas flexibles, para traer a 40-50.000
tropas hindúes y Musulmanas del Sur Asia. La camarilla de Bush
teme que un mayor despliegue de tropas le cueste la elección;
Rumsfeld quiere más tropas extranjeras pero sin ceder ningunos
poderes o un monopolio digamos sobre la asignación de
contratos, la estrategia militar y la extracción de petróleo.
El régimen de Bush y sus amplificadores en los medios de
comunicación siguen reciclando la noción de que la
resistencia la forman simplemente "extranjeros", "agentes
de Al Qaeda", "remanentes de los seguidores de Saddam
Hussein" (o el Partido Baaz) - en otras palabras, fuerzas
marginales e insignificantes que serán eliminadas en breve a
medida que las fuerzas estadounidenses peinen las ciudades, pueblos,
barrios, ayudados por una red de informadores y policía
colonial iraquí."
Estas
son ilusiones coloniales, necesarias para conservar el apoyo público
en vista del rápido deterioro de la situación. EEUU aún
no ha aceptado que lo que precedió al 1 de mayo fue una guerra
de pega, una guerra mediática que fue ganada por un pacto
secreto de la élite, un trato que permitió a EEUU
conquistar Irak y dejó fuera a 25 millones de personas.
La nueva guerra lleva ahora cinco meses - y EEUU no ha hecho progresos en cuanto a la disminución de los ataques, ni ha capturado posiciones estratégicas, porque no hay ninguna - la resistencia está por todas partes. Para la gran mayoría de iraquíes el objetivo político estratégico es la retirada estadounidense de Irak y la disolución del "régimen interino" cliente iraquí. La nueva guerra la libra una fuerza guerrillera sumamente motivada, que no está dirigida desde arriba y desde lejos por corruptos generales de salón ni está amenazada por un gobernante déspota. La forman miles de antiguos soldados, incluidos muchos especialistas militares. La forman cientos de miles de paisanos hartos de humillaciones diarias, incursiones de medianoche reventando puertas y del abuso de sus mujeres e hijas, que han tomado el fusil o proporcionan inteligencia o apoyo logístico a los luchadores. La forman millones de trabajadores en paro y empobrecidos, agricultores y profesionales que no tienen ningún futuro bajo el dominio colonial estadounidense.
Como informa un periodista del Financial Times, "puede que pronto los mandos estadounidenses tengan que afrontar el hecho de que se enfrentan a la rebelión de una región entera de Irak, el Centro Sunni". Prosigue para citar a un miembro iraquí de la milicia apoyada por EEUU (Fuerza de Protección de Falluja o FPF), "la ciudad entera rechaza la ocupación americana… los muyahidin son habitantes de la ciudad …" Concluyó que, "parece (sic) haber un modelo de venganza contra las tácticas agresivas usadas por la coalición (sic) en Fallujah y en otras partes." Cita a un capitán de las FPF que declaró que la resistencia comenzó a principios de mayo después que las fuerzas estadounidenses masacraron a 15 manifestantes pacíficos, mataron a una niña pequeña y a varios otros civiles." (Financial Times, el 25 septiembre 2003 p.6)
Unos
cuantos mullahs cooptados, un par de cientos de exiliados colonizados
importados y unos miles de policías no tienen ninguna
posibilidad contra la rebelión que bulle en las masas de
iraquíes que ven cada acto violento directamente relacionado
con la presencia del mando militar estadounidense. Toda la propaganda
de los medios de comunicación estadounidenses destinada a los
iraquíes no cambia la miseria absoluta de su vida diaria, la
humillación de los constantes insultos y amenazas que les
lanzan en las calles, en los mercados y la arrogante sumisión
forzada de los sospechosos capturados encapuchados y empujados al
suelo, con una bota sobre sus cuellos, un arma apuntando a su cabeza,
bajo las luces de búsqueda de los vehículos acorazados
y helicópteros. Estas "ayudas visuales", rutinas de
gobierno colonial, han liberado un odio razonado que sólo
ahora se ha unido a la guerra contra el imperialismo.
Todavía
se harán tratos pero beneficiarán sólo a unos
cuantos – ya no existe un mando central para ejecutar órdenes
o ejecutar a los sujetos desobedientes. Hay traidores e informadores,
pero sus vecinos y colegas los conocen y son tratados en el contexto
de la resistencia anticolonial. No hay frentes de batalla - está
por todas partes, hay minas en las carreteras porque las plantaron y
detonaron comandos locales; no hay ninguna 'Batalla de Bagdad ' -
habrá mil y una batallas en Bagdad - en cada camino, callejón,
bloque de apartamentos y plaza del mercado. No hay ninguna familia de
la élite que sea el objetivo, ningún líder que
matar al terminar la guerra; hay millones de familias y miles de
líderes. Esta es una nueva guerra. Rumsfeld y Wolfowitz mejor
que se preparen para una guerra prolongada, invencible, con bajas
diarias que con el tiempo les llevarán a retirarse de la
política. Recuerden a LBJ, recuerden Vietnam. Numerosas bajas
significan que el gigante durmiente al fin se despertará.