| L A P Á G I N A D E P E T R A S |
19 de diciembre de 2003 |
James Petras
Traducido para Rebelión por Marina Trillo
Los
medios de comunicación más importantes de Estados
Unidos y Europa se unieron a la celebración de la Casa Blanca
por la captura de Saddam Husein. Previsiblemente las masas
Occidentales se unieron al júbilo - ante la perspectiva de un
fin rápido y exitoso de la guerra colonial. En Irak, sin
embargo, la cólera va en ascenso por todo el país a
medida que los EEUU y las tropas satélites, están
intensificando el allanamiento violento de millares de casas, la
voladura de hogares de “terroristas sospechosos” como
forma de castigo colectivo, y las redadas indiscriminadas de
centenares de jóvenes en sus incursiones nocturnas. Las
actuales injusticias estadounidenses de arrestos arbitrarios,
destrucción de hogares, muros tipo ghetto de alambre de espino
alrededor de aldeas y pueblos y asesinato diario de niños y
civiles preocupan mucho más al pueblo Iraquí que la
captura de Saddam Husein. Para Washington procesar a Saddam por
violación de los derechos humanos es una jugada muy peligrosa,
porque los mismos crímenes de los que sea acusado son
igualmente aplicables a la administración colonial
anglo-estadounidense.
La
captura de Saddam Husein, en contra de lo que dicen los medios de
comunicación estadounidenses, no es un golpe a la resistencia
popular sinó un importante revés a la base completa de
la ocupación colonial (del mismo modo que el fracaso en
descubrir las armas de destrucción masiva socavó el
pretexto imperialista para la guerra). Todos los argumentos para la
ocupación y violenta represión estadounidense de
millones de Iraquíes giraron en torno a la amenaza del
“regreso de Saddam Husein”. Nos contaron que “robó
miles de millones de dólares” que “estaba
financiando a una red de terroristas Baasistas y ex especialistas
militares” para atacar a las fuerzas de “liberación”
estadounidenses.
El
descubrimiento de Saddam en una choza de aldea, enterrado en un hoyo
de 3 metros sin comunicaciones, e incluso sin instalaciones
higiénicas elementales, señala a un fugitivo que se
oculta para asegurarse su supervivencia individual, no señala
a la mano secreta que dirige un movimiento de resistencia de ámbito
nacional.
Su
captura se produjo gracias a un delator, no fue resultado de la
diligencia, tortura o habilidades investigadoras de sus perseguidores
estadounidenses y sus asesores del Mossad. No se produjo ninguna
ofensiva general lanzada por leales seguidores tras su captura –
sólo las docenas de ataques “habituales” y dos
bombardeos importantes de la resistencia Islámica. Los
limitados fondos que encontraron en poder de Saddam y su ubicación
remota e inaccesible señalan la mentira de que las acciones de
la resistencia estaban financiadas y dirigidas por el ex presidente.
En resumen, la captura de Husein y su estado físico indican a
las claras que virtualmente no jugó ningún papel de
liderazgo y a lo sumo era un símbolo para algunos sectores del
partido Baasista que, a su vez, son una pequeña minoría
de la resistencia.
Hay
muchas razones para pensar que la captura de Saddam aumentará
la resistencia a la ocupación estadounidense. Porque en primer
lugar, los EEUU se quedan como único y principal enemigo para
muchos Iraquíes, uniendo a nacionalistas seculares,
Islamistas, izquierdistas y otros que puedan haber tenido
diferencias de opinión sobre el liderazgo de Saddam en el
pasado. En segundo lugar el descubrimiento de un Saddam “aislado”
refuerza la hipótesis de que la resistencia es un movimiento
descentralizado con libertad para desarrollar sus propias
iniciativas, sin control centralizado. En tercer lugar la pobreza que
rodeaba a Saddam sugiere que el “aparato Baasista” fue
inoperante e incapaz de funcionar para proporcionar seguridad al ex
dictador. En cuarto lugar el aislamiento de Saddam subraya el hecho
de que la actual resistencia nacional no es un movimiento
“restauracionista” sino un movimiento para renovar
la soberanía nacional y establecer un sistema electoral viable
libre de líderes seleccionados por el imperio.
¿Qué
es probable que ocurra si llevan a Saddam a juicio? Puede presentar
alguna evidencia condenatoria por sus relaciones duraderas e íntimas
con el gobierno estadounidense hasta la primera Guerra de Golfo.
Podría incluso requerir como testigos principales a Bush
Padre, Rumsfeld, Baker y líderes israelíes de los años
1980. Podría proporcionar detalles adicionales y demostrar la
ausencia de armas de destrucción masiva – clavando así
otro clavo en el ataúd de letanías de mentiras de
Washington e Israel para justificar la guerra. O quizás Saddam
sufrirá una imprevista enfermedad fatal durante su
interrogatorio e internamiento y no será capaz de proporcionar
la prolija evidencia que pudiera poner en un aprieto las aspiraciones
presidenciales de Bush.
Lo
más probable es que la lógica de la resistencia
anticolonial polarizará aún más a la sociedad
Iraquí en gran menoscabo de los EEUU. A medida que la
resistencia aumente, concretamente sus ataques contra colaboradores
locales, en especial contra la policía, va a haber
probablemente menos “voluntarios” y más
infiltración por parte de militantes de la resistencia,
colaboradores renuentes y agentes dobles entre las fuerzas de
seguridad. La respuesta fuera de Irak revela también una mayor
polarización. Sharon ha indicado a sus protectores sionistas
del Pentágono que, después que Saddam, es momento de
apuntar a Siria, Irán y Líbano, mientras por otra
parte, la UE firma acuerdos de la amplio alcance con el régimen
de Assad. En el seno del régimen de Bush crecen las
diferencias entre los sionistas extremistas (Wolfowitz, Feith,
Abrams) y sus influyentes colaboradores de Washington (Perle, Kagan,
Cohen, Kristol, Pipes) por una parte y los “realistas”
del Departamento de Estado y la Casa Blanca sobre el asunto de un
“cambio de régimen” a nivel mundial. Los sionistas
del Pentágono bajo el pretexto de una “campaña
global para imponer la democracia” pretenden intensificar y
extender la intervención de EEUU para destruir a los
adversarios de Israel. Los realistas son cada vez más
conscientes de los costes políticos de cara a las próximas
elecciones presidenciales y el peligro de seguir las pautas de
estrategas políticos que tienen duplicidad de lealtades,
verdaderas o aparentes.
La
captura de Saddam y la elevación de la resistencia
anticolonial aumenta la probabilidad de que algún candidato
demócrata a la presidencia arguya que la “meta” de
la intervención era la captura de Saddam y que es momento de
convocar elecciones anticipadas y retirar las tropas. Es probable que
esto resuene en amplios sectores del electorado que están
hartos de los crecientes costes políticos y económicos
de la invasión, la corrupción y el robo por parte de
los contratistas de guerra y el empeño fanático de los
grupos de presión israelíes en pro de su plan especial
a costa de los intereses nacionales estadounidenses.
Es típico de los medios de comunicación estadounidenses inflar la propaganda de victorias, como la captura de Saddam, durante unos pocos días, captar la atención del público, estimular una euforia artificial y, después, cuando emerja de nuevo la realidad de la prolongada lucha Iraquí de liberación nacional y aumente la lista de soldados estadounidenses muertos y heridos es usual que el público estadounidense busque a alguien a quien culpar, acusar y rechazar.