| L A P Á G I N A D E P E T R A S |
28 de diciembre de 2003 |
James Petras
Traducido para Rebelión por Marina Trillo
El
2003 no fue un año de Victorias Históricas ni Derrotas
Históricas; fue un año de relaciones de poder
constantemente cambiantes entre el imperialismo y los movimientos de
resistencia popular. El imperio estadounidense y sus socios
coloniales israelíes pudieron conquistar países y
territorios nuevos pero no pudieron consolidar su dominio frente al
aumento de la resistencia popular. La economía estadounidense
no entró en declive ni se desplomó como predijeron
algunos izquierdistas, sino que se expandió y ganó
ímpetu a medida que avanzaba el año, aún cuando
empeoraran los “fundamentos económicos”,
especialmente el déficit por cuenta corriente y el
presupuesto. Los oráculos tanto de la izquierda como de la
derecha se equivocaron: los EEUU no experimentaron ni una crisis
terminal ni triunfos irrevocables. Los pronósticos de año
en año son problemáticos y a largo plazo son tan
exactos como la astrología.
En
las derechas, los profetas de exitosas guerras coloniales, empezando
con Irak, Palestina y siguiendo después con Irán, Siria
y Líbano quedaron rápidamente desacreditados. Primero
por los heroicos combatientes de la resistencia Palestina cuyo
sacrificio y dedicación bloqueó la visión
totalitaria de Sharon de un estado judío étnicamente
puro. En Irak, la resistencia popular masiva después de la
conquista colonial, infligiendo millares de heridos y centenares de
muertos a la potencia ocupante dejó en evidencia a los
intrigantes Sionistas-Rumsfeld del Pentágono, socavando su
autoridad en todas partes, incluso en partes del ‘establishment’
de Washington.
No
hubo victorias militares decisivas para los EEUU ni venturosas
victorias políticas: El 2003 fue un año de transición.
Los mayores perdedores fueron los sionistas, como Wolfowitz, Perle,
Feith que proyectaron una serie de guerras estadounidenses para
destruir o socavar a todos los adversarios de Israel en Oriente Medio
y Europa. El alto coste, el aislamiento y la resistencia de Irak han
impuesto severas limitaciones a nuevas invasiones coloniales
estadounidenses. Los imperialistas “realistas” como James
Baker (antiguo Secretario de Estado con Bush padre) vinculado a
intereses petrolíferos conservadores árabes, rechazan a
los ideólogos Sionistas ligados a Sharon que promueven guerras
estadounidenses para imponer “cambios de régimen”
en pro de Israel.
Las
declaraciones fraudulentas hechas por Wolfowitz y otros Sharonistas
con respecto a las armas de destrucción masiva de Irak como
justificación para la guerra fueron el punto culminante del
inaudito poder de la influencia sionista en la política de
EEUU. La infamia y la exposición parcial de esta ‘trama’
sui géneris llevó, al menos, a un descenso temporal de
la presencia pública de este sector de la Administración
Bush. El imperio estadounidense está dividido entre ideólogos
con lealtades nacionales dobles y ‘realistas’ vinculados
a intereses petrolíferos estadounidenses y árabes y a
bancos europeos. Estas diferencias entrarán en escena en 2004
e influirán sobre si EEUU compartirá el botín
imperial con Europa, Rusia y la élite árabe o seguirá
la política del colonialismo militar ciego.
2003
fue el año en el que la dinámica aparición de la
economía China se convirtió en el centro de la política
mundial. China, la tercera mayor economía del mundo, tiene un
enorme superávit comercial con EEUU y relaciones crecientes y
poderosas con todos los países grandes y pequeños de
Asia y Oceanía. El imperialismo estadounidense no puede
sobrevivir en Asia sin llegar a acuerdos con China. Aquí
también están divididos los responsables de formular la
política imperial. Los ‘realistas’ proponen una
estrategia a largo plazo de adaptación y asimilación
complementaria y gradual, basada en cientos de miles de millones en
inversiones estadounidenses, exportaciones e importaciones así
como en compras Chinas a gran escala de bonos de EEUU. Los
“confrontacionistas” están integrados por los
sectores atrasados no competitivos de la industria estadounidense, la
burocracia sindical y los ideólogos militaristas que revisten
sus políticas agresivas con la retórica de los
‘derechos humanos’, el ‘comercio injusto’ y
el ‘trabajo esclavo’. Aparte de alguna retórica
electoral pseudo populista, los ‘realistas’ parecen estar
dirigiendo las relaciones imperiales con China, forzando a los
ideólogos a centrarse en crear conflictos con Corea del Norte
y Taiwán.
Con
respecto a Latinoamérica, los oráculos de la derecha y
de la izquierda fallaron en reconocer los factores estructurales más
profundos que influyeron sobre los acontecimientos políticos.
A principios de año fue la izquierda la que celebró de
modo triunfalista una ola hemisférica de victorias políticas.
La elección de Lucio Gutiérrez en Ecuador, Inacio Lula
Da Silva en Brasil, Kirchner en Argentina, y la presencia masiva en
el Foro Social Mundial de Porto Alegre fueron considerados como
importantes ‘puntos de inflexión’ políticos
que llevaron a la derrota del ALCA, el fin del neoliberalismo y un
rechazo del imperio estadounidense. La extrema derecha
estadounidense, en particular los inmigrantes cubanos en la
Administración de Bush (especialmente Otto Reich) también
predijeron que vendrían malos tiempos. Habían
transcurrido pocos meses desde principios del año nuevo cuando
Lucio Gutiérrez declaró su total subordinación
al FMI, ALCA, Plan Colombia, y apoyo a las subidas de precios,
reducciones de salarios y privatización del petróleo y
electricidad. Da Silva hizo lo mismo: aplicando al máximo las
prescripciones del FMI; designando banqueros neoliberales de
derechas, ejecutivos e ideólogos corporativos en todos los
puestos económicos clave; apoyando una versión
modificada del ALCA y estableciendo un inútil “Comité
de Amigos de Venezuela” dominado por presidentes
iberoamericanos abiertamente opuestos al Presidente Chávez. En
Argentina, el recién elegido Presidente Kirchner, bajo la
intensa presión de los masivos movimientos sociales, combinó
cambios judiciales progresistas limitando la inmunidad a los
violadores de los derechos humanos, con una reducción en los
pagos de la deuda, y tácticas políticas para dividir y
debilitar a los movimientos militantes de trabajadores en paro.
Las
profecías de la izquierda no se cumplieron – las
relaciones entre los EEUU e Ibero América a nivel de estado no
variaron: El ALCA siguió adelante con cambios secundarios, las
políticas económicas neoliberales continuaron siendo
aplicadas y la pobreza se hizo más profunda.
Las
mayores derrotas del imperio estadounidense a nivel de estado
sucedieron en Venezuela y Cuba. En ambos países la
intervención estadounidense y el apoyo a un “cierre
patronal de ejecutivos” (Venezuela) fueron derrotados y en
Cuba, los terroristas apoyados por EEUU y los propagandistas pagados
fueron neutralizados.
En
Ibero América, el poder imperial continuó
deteriorándose y la resistencia anti-imperial ganó
fuerza a pesar de cierta limitación política. En
Bolivia fue derrocado el cliente estadounidense Sánchez de
Losada; los referéndums en pro de la privatización en
Uruguay y Colombia fueron derrotados de modo contundente, en Ecuador
se planea una marcha popular masiva, reminiscente del levantamiento
del 2000, exigiendo la expulsión de Gutiérrez, mientras
que, en Perú, a Toledo se le opone más del 84% de la
población y parece improbable que termine su mandato
electoral.
El
MST de Brasil, a pesar de las promesas rotas de Da Silva, ha
realizado unas 330 ocupaciones de tierra que afectan a 55.000
familias. En Argentina, más de 50.000 piqueteros se
manifestaron para conmemorar el alzamiento del 19/20 de diciembre de
2001. Está claro que los movimientos sociopolíticos no
han sido paralizados por las regresiones imperialistas de los pseudo
populistas presidentes electos. Pero también está claro
que estos poderosos movimientos populares tienen poder para derrotar
a los clientes imperiales pero no han demostrado tener poder para
reemplazar a los reaccionarios titulares con líderes
nuevos procedentes de los movimientos populares. Esto es evidente
incluso en el caso de la insurrección Boliviana de octubre de
2003: El nuevo Presidente Carlos Meza es un neoliberal de toda la
vida, que apoyó a Sánchez de Losada hasta sus últimos
días de gobierno. Desde que llegó al cargo, Meza ha
seguido atacando y deteniendo a cultivadores de coca, expresó
su apoyo al ALCA y no ha tomado ninguna iniciativa para cambiar los
acuerdos del gas y petróleo (excepto promesas ambiguas). El
2003 fue un año de movilizaciones masivas y quizás un
ensayo para revoluciones sociales en el 2004. Sin embargo, para que
suceda tal cosa, tenemos que comprender qué instrumentos y
líderes políticos son capaces de asumir el poder con
visión crítica de las trampas de la política
electoral.
No
hay un retroceso sistemático del poder estadounidense –
aunque pierda en Venezuela con Chávez, gana con Da Silva en
Brasil. Lo que gana al derrotar y capturar a Saddam Hussein, lo
pierde frente a la costosa y prolongada guerra popular durante la
ocupación. Las reuniones financieras internacionales son
interrumpidas, pero se firman los acuerdos bilaterales y regionales
de libre comercio. La resistencia aumenta el coste de la conquista
pero el imperio y sus sátrapas mercenarios se vuelven más
salvajes. En Navidad los estadounidenses bombardearon Bagdad, miles
de jóvenes fueron acorralados en razzias y conducidos en
manada, encapuchados, a atestados campos de prisioneros para ser
interrogados y torturados. Israel construye muros de apartheid muy
adentro de la Palestina Ocupada, asesina de modo rutinario a niños
y a activistas Palestinos, bajo la benigna protección de sus
“hermanos” Likudianos del Pentágono. La
superestructura del imperio, Bush, Cheney etc. es desafiada pero las
bases (presupuestos militares, intereses petrolíferos) no son
cuestionadas. La “crisis económica” no estalla –
permanece latente. Los EEUU continúan pidiendo prestado; el
capital asiático todavía fluye a EEUU permitiéndoles
consumir más allá de su capacidad de pagar. Las
predicciones de declive o “sobre-extensión” fueron
exageradas. Washington está comprando y entrenando a millares
de mercenarios Iraquíes, y afianzando a otros de Europa
Oriental y compañías privadas de seguridad. Los
intelectuales críticos estadounidenses son más
influyentes en el exterior de lo que lo son dentro de EEUU. La
dinámica para el cambio de la política imperial está
claramente en el exterior – en Irak, Ibero América,
quizás en partes de Europa.
El año 2003 nos dice que la realidad de la relación entre el imperialismo y la resistencia popular es demasiado compleja y contradictoria como para encasillarla con netas fórmulas generales lineales. La conclusión que podemos sacar es que el imperio estadounidense no es omnipotente sinó peligrosamente violento; que los movimientos populares pueden desafiar al dominio colonial con éxito y derribar a regímenes clientes; que la economía estadounidense se puede recuperar temporalmente incluso si sus bases económicas continúen siendo precarias. El 2003 también sugiere que la izquierda ganaría más del estudio paciente de las complejas y contradictorias realidades de la lucha nacional y de clases, que de formular grandiosas profecías globales a largo plazo desvinculadas de los movimientos populares.