| LUCHA ANTIGLOBALIZACIÓN |
10 de junio del 2003 |
Iolanda Fresnillo Sallan
Observatorio de la Deuda en la Globalización
Hace unos días se han reunido en Evian los líderes políticos de los 8
países más poderosos del mundo, en lo que se conoce como la Cumbre del G8. A
lo largo de más de dos décadas de historia, el G8 ha ido perfilando los
aspectos más importantes de la globalización neoliberal, convirtiéndose en
una especie de gobierno mundial. Un gobierno profundamente anti-democrático,
ya que estos países tan sólo representan a un 11,52 % de la población, y a
lo largo de los años se ha hecho evidente que las decisiones que toman
afectan a todo el planeta.
Las Cumbres del G8, dicen los que asisten, son discusiones informales
sobre temas de actualidad. Dicen también que el G8 no tiene poder de
decisión y que reuniéndose no hacen daño a nadie. Sin embargo, la realidad
demuestra que del G8 han salido numerosas iniciativas que han agudizado el
proceso de globalización económica. Las conclusiones de las Cumbres del G8
se han convertido a menudo en hechos en el FMI, el Banco Mundial o la
Organización Mundial del Comercio. Un claro ejemplo son los Planes de Ajuste
Estructural, impulsados desde el G8, aplicados con esmero por el FMI y el
Banco Mundial y que tanto daño han hecho a las poblaciones del Sur.
En las Cumbres del G8 también se suelen anunciar generosas iniciativas
para aliviar la pobreza y otros problemas que acechan al mundo "menos
desarrollado". Algunos ejemplos han sido: el alivio de la Deuda Externa en
forma de la Iniciativa HIPC (de los 110 mil millones de dólares prometidos
en 1999 se han hecho efectivos menos de un tercio); aportaciones millonarias
Fondo Global de Salud para la lucha contra el SIDA y otras enfermedades (de
los 13 mil millones de dólares anuales prometidos en 2001, tan sólo han
hecho efectivos 350 millones al año); destinar el 0,7% del PIB a Ayuda
Oficial al Desarrollo (a pesar de las promesas hechas desde 1981, ninguno de
los países del G8 llega actualmente al 0,33%); o apoyar el NEPAD, el
programa de desarrollo económico para África que se debía financiar con
aportaciones de los países más ricos (de los 64.000 millones de dólares que
los países africanos estiman necesarios, el G8 se ha comprometido tan sólo a
6.000).
Mientras el G8 se muestra implacable en el impulso de las políticas
neoliberales, no ha mostrado tanta diligencia en la lucha contra la pobreza,
la cancelación de la deuda o la erradicación del SIDA, incumpliendo sus
promesas año tras año. Este año anuncian nuevas iniciativas: desde la
propuesta francesa de abrir el G8 a los países emergentes a la adopción de
diferentes Planes de Accón para África o para ampliar el acceso al agua
potable, pasando por otras propuestas más ortodoxas, como la de reforma del
Estado del Bienestar (reformas estructurales en los mercados de trabajo,
productos i mercancias, hacia una mayor liberalización, y reformas también
en los sectores de salut, educación, pensiones . hacia una mayor
privatización).
Si el año que viene miramos atrás y buscamos cuáles de estas iniciativas
se han cumplido, es muy probable lleguemos de nuevo a la misma conclusión:
que el G8 sirve simplemente para imponer la voluntad de los más ricos sobre
los más pobres ... y para que los primeros aparenten solidaridad con
promesas que no piensan cumplir.
* Iolanda Fresnillo, Observatorio de la Deuda en la Globalización. Cátedra
UNESCO en tecnología, desarrollo sostenible, desequilibrios y cambio global
en la UPC