http://www.rebelion.org
E S P A Ñ A 

16 de abril del 2003

La guerra de Iraq y la coherencia de Aznar

G. Buster

El apoyo incondicional de Aznar a Bush en la II guerra del Golfo ha sido uno de los elementos más incomprendidos de la actual crisis internacional. Las razones parecen escapar a todo el mundo, hasta el punto de que The Economist (20-2-03) le ha dedicado ya un artículo cuya única conclusión es una supuesta aspiración de Aznar y sus colaboradores de recuperar el papel de potencia internacional que España perdió en 1898 con Cuba.

Sin embargo, la posición adoptada por Aznar -arrastrando a todo un PP complice- es en realidad la continuación de una orientación política vigente desde 1996 y su conclusión lógica. Basta un repaso de las publicaciones oficiales para confirmarlo.

Aznar, por su parte, no ha dejado de repetirlo en sus intervenciones parlamentarias para acusar al PSOE de haber roto el pretendido "consenso de estado" sobre política exterior, oponiendose a la guerra de Iraq por motivos exclusivamente electorales. Pero según las encuestas, el fracaso de Aznar en explicar a la opinión pública su posición es total, incluidos los propios votantes del PP:

el 91% de la población dice estar contra la guerra y contra cualquier implicación de España en ella.

La tesis que me atrevo a defender es que ha sido esta oposición muy mayoritaria contra la guerra la que ha tejido un tupido velo sobre el pasado, reinterpretando incluso las posiciones del PP y del PSOE en politica exterior durante los últimos 10 años a partir de las experiencias del presente. Se trata de una ilusión peligrosa por varios motivos. Por un lado, porque no es capaz de comprender las razones profundas de la posición de Aznar y el PP en terminos de defensa de los intereses de las clases dominantes españolas. Por otro, porque puede confundir los motivos de la oposición del PSOE a la guerra y cual será su margen de maniobra real para hacer una politica exterior distinta cuando llegue al Gobierno, probablemente en el 2004. De las respuestas a estas preguntas se desprenden también algunas conclusiones para el sector anti-capitalista y alternativo del movimiento contra la guerra.

Las argumentos de Aznar

La radicalidad de Ana de Palacio en el Consejo de Seguridad y la de Aznar, en la Cumbre de las Azores o en el Parlamento han ayudado sin duda a hacer incomprensible su propia argumentación. ¿Por qué esa radicalidad cuando no existe ningún peligro perceptible de seguridad para el Estado español ni se tiene capacidad militar para participar en la contienda? La contribución española de un barco hospital y 900 hombres, teniendo en cuenta la alegada "gravedad" de la situación, es cuanto menos ridícula, sobre todo cuando se intenta presentar como una intervención "humanitaria".

La puesta en escena y la táctica diplomática utilizada para implicar a España en la guerra de Iraq ha sido uno de los detonantes de la oposición mayoritaria a la guerra, pero ha contribuido a la confusión sobre los motivos últimos del gobierno del PP. En nombre del reforzamiento de los lazos trans-atlanticos, Aznar ha provocado junto con Blair una importante crisis en la Unión Europea, con iniciativas tan peligrosas como enfrentar a los nuevos estados miembros a Francia y Alemania con la famosa "Carta de los 9" pocas semanas antes de la firma del Tratado de adhesión. Invocando la "lucha contra el terrorismo internacional" ha llegado a un enfrentamiento sin precedentes con Francia, de cuya colaboración depende la represión de ETA, proclamada primera prioridad del gobierno del PP. Después del ¡Más Europa! de la no tan lejana presidencia española de la UE, el apoyo incondicional a Bush solo puede ser interpretado por la opinión pública española como un anti-europeismo de tufo franquista y pre- democrático.

Pero quizás convenga mirar un poco más allá y tomar en serio lo que dice el propio Aznar. La mejor exposición de sus argumentos ha sido su intervención de réplica en el Parlamento el pasado 26 de marzo. Su punto de partida es su concepción sobre la legalidad en el sistema politico internacional. Tras repetir una vez más que las resoluciones 687 y 1441 del Consejo de Seguridad serían base más que suficiente para el ataque a Iraq, a pesar de la opinión en contra del propio secretario general Kofi Annan, Aznar vuelve a dar marcha atrás para acusar de hipocresia a Zapatero: "Si el Consejo de Seguridad determina estrictamente, solamente, unicamente y exclusivamente la legalidad o no de una intervención ¿cúal es la razón, señoria, por la cual usted entre otros apoyo una intervención en Kosovo". Es decir, el realismo político exige reconocer que es necesario un mundo donde haya unas reglas de juego que se respeten, aunque esas reglas de juego sean las que imponga EE UU, o mejor dicho, porque las únicas reglas de juego posible son las que impone EE UU como única superpotencia mundial, aunque sea contra la Carta de Naciones Unidas. Y el PSOE cuando estuvo en el gobierno tuvo que asumir inevitablemente como propio ese realismo político.

Gaspar Llamazares, el Coordinador General de Izquierda Unica, señaló en el debate que existe una conexión genética entre esta concepción y la del franquismo.

Efectivamente, EE UU fue el salvador de la dictadura franquista del aislamiento internacional al que le habían sometido las democracias europeas tras la derrota del fascismo en la II Guerra Mundial. A cambio de que Franco se sumara como un peon más a la Guerra Fria y pusiera el territorio español al servicio de las necesidades del despliegue militar de EE UU en Europa. Y Franco ligó inmediatamente la lucha interna y externa contra el comunismo con la aceptación de la hegemonia de EE UU. Lo mismo hace hoy Aznar con la lucha contra el terrorismo de ETA y el "terrorismo internacional", aceptando como el mejor marco posible la hegemonia de EE UU.

En la segunda parte de su argumentación el 26 de marzo, Aznar vuelve a hacer un llamamiento al realismo político al explicar su desconfianza de una UE-potencia construida sobre una cooperación reforzada franco-alemana. Su opción es construir una UE bajo hegemonia de EE UU, no en competencia con EE UU. Tras señalar que la política de seguridad y defensa comun (PESC) es una asignatura pendiente desde 1991, Aznar afirma taxativamente que "la UE, como se demuestra no solamente en la historia del siglo XX sino en esta historia contemporanea, no esta en condiciones de garantizar su seguridad". Para asegurar la defensa de la Unión Europea es "fundamental" el vínculo transatlantico, reforzar las relaciones con EE UU, no debilitar a la OTAN y hacer todo ello "compatible" y " no contradictorio" con la "asunción de mayores responsabilidades en materia de seguridad por parte de la UE". La mejor prueba de ello sería la primera operación de la PESC en Macedonia, posible gracias al acuerdo de la UE con la OTAN. Frente a este esquema, Aznar pregunta a la oposición cual es la alternativa, "como no sea un entendimiento de algunos paises europeos con Rusia o con China", a los que considera muy alejados de los valores comunes compartidos en la UE.

Una rigidez táctica convertida en "coherencia"

Estos argumentos son, sin duda, razones de peso para las clases dominantes españolas, pero no exigen un alineamiento incondicional ni un radicalismo como el de Aznar. En este llamamiento al "realismo politico" cabrían otro tipo de interpretaciónes tácticas que hubieran permitido evitar enfrentamientos con el eje franco-alemán -del que depende en definitiva la posición en la UE de un país intermedio como España, principal receptor de subvenciones comunitarias en los últimos años- y el importante desgaste político interno del PP frente a sus antiguos aliados, la oposición, la opinión pública y el movimiento anti-guerra.

El radicalismo de Aznar tiene que ser explicado por tanto, además de por razones de "realismo político", por una serie de lecturas especificas del PP de las opciones tácticas. La coherencia ha consistido en optar siempre por una alianza con la Administración Bush en la medida en que han aumentado y se han hecho evidentes las contradicciones y la competencia inter-imperialista entre la EE UU y la propia UE, cuya orientación estratégica sigue siendo definida por el eje franco-alemán. Aznar ha buscado reforzar su propia posición en la UE como portavoz de los intereses de EE UU en Europa. Cuanto más fuertes han sido las contradicciones, más radical ha tenido que ser la postura de Aznar para tener peso, tanto frente a Francia y Alemania como en la competencia con Blair para atraer la atención y los favores de Washington.

Los primeros pasos de esta rigidez táctica, se remotan a noviembre de 1996. A pesar de que el programa electoral del PP establecia que "por obligado respeto a la voluntad expresada del pueblo español, no se planteará la revisión de las modalidades de nuestra integración en la Alianza Atlántica", nada más llegar al gobierno consensuó con el PSOE la integración plena de España en la estructura de mandos militar de la "nueva OTAN". Y en julio de 1997 consiguió que Madrid fuera la sede de su primera cumbre, para discutir y adoptar oficialmente sus nuevas misiones de mantenimiento del nuevo orden mundial hegemonizado por EE UU tras la I Guerra del Golfo y la intervención en los Balcanes. El PP lavaba asi el pecado original del referendum sobre la OTAN de 1986 y comenzaba la "normalización plena" de la política exterior española.

Un año despues, en 1998, Aznar fue el único primer ministro europeo que apoyo los bombardeos de EE UU y el Reino Unido sobre Iraq en la crisis de los inspectores de NN UU resuelta finalmente por Kofi Annam.

Con la "nueva OTAN", sin resolución del Consejo de Seguridad ni decisión expresa del Parlamento español, pero con el apoyo del PSOE, el gobierno del PP aprobó la participación de seis cazabombardeos F-18 y un avión cisterna en la guerra de Kosovo y en los bombardeos aereos sobre la Federación Yugoslava, asi como el despliegue de 1.200 soldados en la KFOR, bajo mando italiano Tres meses después, Aznar lo justificó en el Parlamento así: "Si la Alianza hubiera fracasado, habría desaparecido, y no se me ocurre un escenario peor para empezar el siglo XXI". De nuevo, con ocasión de la visita de Bush a España, Aznar se apresuró a apoyar en un comunicado conjunto la propuesta de un sistema de defensa nacional de misiles (NMD) en EE UU veinticuatro horas antes de que la OTAN discutiera el tema. Como explicación de este evidente golpe bajo a la solidaridad comunitaria, un asesor diplomático explicó que "creemos que es relevante que el Presidente Bush haya dicho en Madrid que considera a España la octava economía del mundo".

España y sus inversiones en América Latina

El anhelado reconocimiento de España como octava economía del mundo, y la reivindicación implicita de su participación en el G-8, no es posible a partir del importante crecimiento de la economía española en el mercado único europeo, simplemente porque más de un 1% del PIB es producto de las subvenciones y ayudas estructurales comunitarias. Aznar considera como su primer éxito de gobierno el duro plan de ajuste de 1997 que permitió cumplir el Plan de Convergencia e incorporarse al Euro desde el primer momento. Pero a nivel europeo este éxito quedó aguado por la interpretación flexible que permitió que países como Italia y Portugal pudiesen participar tambien sin cumplir las condiciones. Y es muy dificil ser uno de los grandes cuando la imagen en los Consejos Europeos es la del eterno pedigueño de fondos estructurales, que debe pagar sobre todo Alemania.

La razón de la reivindicación de Aznar hay que buscarla en América Latina, donde España se ha convertido en los últimos 15 años y gracias a las privatizaciones neoliberales, en el primer inversor extranjero. La inversión directa en el exterior ha pasado del 0,9% del PIB en 1996, al 9,3% en el 2000. El 45,7% de esas inversiones han ido a America Latina y el 42,8% a la Unión Europea. Pero el retorno de esas inversiones, la tasa de ganancias de las empresas españolas, depende extraordinariamente de America Latina. Así en el sector financiero, donde están el BBVA y el BSCH, el margen diferencial medio de ganancia es de un 7% (14% en Venezuela, 5% en Chile) frente a un 2 o un 2,5% en el mercado europeo. Repsol-YPF obtiene el 40% de sus beneficios también en America Latina. Endesa es la tercera compañía energética en terminos de capitalización en bolsa gracias a sus 36.000 millones de dólares en activos en America Latina, donde Iberdrola factura anualmente 7.800 millones de dólares. Los resultados de la bolsa de valores de Madrid dependen en más de un 30% de los beneficios en America Latina de empresas como Repsol-YPF, Telefónica, Endesa, Gas Natural, Iberdrola, Agbar y los grupos financieros BBVA y BSCH.

Las crisis de Mejico y Argentina en 1995, de Ecuador y Brasil en 1998 y la de Colombia, Argentina y Venezuela en 1999 han puesto de manifiesto que la verdadera garantía de esas inversiones -mucho más importantes para las clases dominantes españolas que las subvenciones de la UE- es la capacidad de intervención de EE UU - a traves del FMI y el Banco Mundial y, en última instancia con los marines- y no la burocracia de Bruselas. Cuando Aznar tuvo que defender los intereses del BBVA o del BSCH tras el "corralito" y las limitaciones al funcionamiento de los bancos extranjeros del gobierno argentino a quién apeló - para sorpresa inicial de los sucesivos ministros de economía argentinos- no fue a Prodi, sino al secretario del tesoro de EE UU. Dado el nivel de riesgo que han alcanzado las inversiones españolas en America Latina según el Banco de España, la garantia de esas inversiones se ha convertido en una prioridad esencial de la política exterior española. El resultado más evidente de la globalización para España es que ha vuelto a tener un interes material en America Latina en los 90, lo que exige una retorica muy distinta a la del "iberoamericanismo" del franquismo y la transición en los 70 y 80. El cambio radical de actitud hacia el régimen de Fidel Castro en Cuba en 1996 fue el simbolo más espectacular de la nueva situación, a pesar de la importancia de las inversiones españolas en el sector turistico de la Isla.

Si la experiencia de America Latina no fuera suficiente, la crisis con Marruecos en el verano del 2002 por el peñon de Leyla-Perejil, el bloqueo de Francia a las reivindicaciones del Gobierno del PP en la UE y la mediación final de Powell, demostraron cual es la autentica potencia que controla el estrecho de Gibraltar, eje de la geopolítica tradicional del Estado español.

Conclusiones

La coherancia radical de la política exterior de Aznar se basa por lo tanto en razones objetivas de defensa de los intereses de las clases dominantes españolas.

Pero tambien hay un elemento ideológico y de ambición personal en la apuesta de Aznar. Se quiere identificar terrorismo internacional con nacionalismo vasco, cuando la polarización españolismo-nacionalismos periféricos se ha convertido en el principal elemento de movilización de una derecha desgastada por dos legislaturas de reformas neoliberales, amiguismo y corrupción. La mayoria absoluta ha escorado al PP ireversiblemente hacia un discurso de derecha fundamentalista que tiene más en común con el de la Administración Bush que con el resto de la Unión Europea. Las ambiciones personales de Aznar de llegar a ser Presidente del Consejo Europeo son imposibles tras sus enfrentamientos con Chirac y Schroder - que nunca le perdonaran haber impulsado la Carta de los 9 y la división de la UE antes de la Ampliación- y su única esperanza es contar con el apoyo exterior de Bush en una UE sometida y subordinada a la hegemonía de EE UU.

Arrastrado por la lógica de su discurso y sus opciones tácticas, Aznar es incapaz de controlar ya los efectos de su apoyo entusiasta a Bush. Ha conseguido polarizar en su contra todo el descontento provocado en el último año por la resistencia al Plan Hidrológico Nacional, los ataques contra los derechos nacionales en Euskadi, la reforma del mercado laboral o de la enseñanza, para no hablar de la desastrosa gestión del Prestige. Su egolatria sin limites de querer jugar a gran lider internacional, aunque sea sin tener los medios necesario ha destruido todas las alianzas construidas por la diplomacia española en la UE ante retos decisivos como la Conferencia Intergubernamental, la reforma de la PAC o la discusión del nuevo presupuesto comunitario en el 2006.

La radicalidad de la apuesta de Aznar, su fundamentalismo y su debil capacidad de convencer incluso a sus aliados tradicionales de la derecha catalana y canaria le han convertido en un gestor cada vez menos fiable para las clases dominantes españolas.

La polarización interna, con el peligro de un contagio de las reivindicaciones políticas y sociales a sectores cada vez más amplios, y la necesidad de recuperar un equilibrio en la gestión de la política exterior que tenga en cuenta tanto los intereses en la UE como en America Latina, hace que las clases dominantes empiecen a mirar de reojo a Zapatero, el lider del PSOE, como su próximo candidato, mientras sigue sin aclararse quien será el sucesor designado por Aznar para encabezar la lista del PP.

El futuro gobierno del PSOE y Zapatero se encontraran sin embargo con los limites estructurales impuestos por los intereses de las clases dominantes españolas.

Descartado cualquier enfrentamiento con ellos, la gestión neoliberal con rostro humano de esos intereses buscará un margen de maniobra táctico para encontrar un nuevo equilibrio en política exterior y reconducir a través de él el radicalismo acumulado en la campaña masiva y sin precedentes contra la guerra de Iraq. El PSOE ya ha hecho este ejercicio con anterioridad, sobre todo tras la campaña contra la OTAN, en un proceso que paso del famoso "De entrada, No" a la negociación del nuevo marco de relaciones con EE UU, aún vigente, con el Convenio de Cooperación para la Defensa de 1989.

La izquierda alternativa, y en especial Izquierda Unida, no han cometido el error, con escasas excepciones, de haber reaccionado con sectarismo y una delimitación política artificial en el movimiento anti-guerra al creciente protagonismo de Zapatero como dirigente de la oposición. Su política unitaria, reforzada por la gran autonomía del movimiento, ha permitido una masividad sin precedentes a las protestas contra la guerra de Iraq. Pero ahora tiene también que hacer frente al peligro de diluir su propio perfil tanto ante la salida política de esta situación, en las elecciones municipales y autonómicas del 25 de mayo y en las generales del 2004, como el mantenimiento de una capacidad de movilización social en la amplia agenda de la resistencia al neoliberalismo. Sobre todo en los planes de reforma estructural - el llamado "Espíritu de Lisboa"- de la UE, cuyo principal impulsor es precisamente el eje franco-alemán. La independencia de los movimientos sociales tiene que ir acompañada de una independencia estrategica y táctica de la izquierda alternativa, y en concreto de Izquierda Unida, frente al PSOE.

Envia esta noticia