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A F R I C A 

3 de noviembre del 2003

¿Qué anduvo mal en Sudáfrica?

Ante todo el “libre comercio” y el agua

Andrew Nowicki
Rebelión.
Traducido para Rebelión por Germán Leyens

En 1994, Nelson Mandela fue elegido el primer líder negro de lo que fue saludado como una nueva Sudáfrica multiracial, multicultural y democrática. Ahora, en 2003, en Soweto, uno de los principales campos de batalla en la lucha contra el apartheid, la gente sufre cortes de corriente eléctrica y ya no tiene acceso directo al agua. Firmas privadas de seguridad los expulsan de sus inadecuados hogares. Durante 1999 y 2000, aumentaron las protestas contra el desempleo y la privatización de los servicios básicos. Las medidas del gobernante Congreso Nacional Africano [ANC, por sus siglas en inglés] se hicieron más y más represivas.

En 2002, guardias privados de seguridad dispararon con munición de guerra para dispersar a unas cien personas que manifestaban por los cortes de electricidad en Soweto delante de la casa del Alcalde Ejecutivo de Johannesburgo, Amos Masondo, en el elegante suburbio de Kensington de Johannesburgo. El ANC, para hacer un castigo ejemplar, arrestó a los manifestantes, les negó la libertad bajo fianza y los mantuvo en Sun City, una tristemente célebre prisión de máxima seguridad cercana de Johannesburgo donde antes se encarcelaba a los activistas contra el apartheid. La "nueva" Sudáfrica regresó rápidamente a ser la antigua África del Sur.

Sin embargo, en la "nueva" Sudáfrica, la represión no se realiza para imponer una rígida jerarquía racial. Ahora, el ANC está reprimiendo a la oposición contra sus políticas que han llevado a una marcada estagnación en el desarrollo económico. El producto interno bruto (PIB) se ha estancado entre aproximadamente uno y tres por ciento desde comienzos de los años 90. La tasa de desempleo en la mayoría de las provincias del país ha flotado cerca de un 50% desde fines de los años 90. Los servicios sociales han sufrido masivos recortes a pesar de la emergencia sanitaria nacional de Sudáfrica debida al SIDA.

Los sospechosos de costumbre - llegan el FMI y el Banco Mundial

Las promesas de una Sudáfrica libre, democrática, próspera y pacífica que parecían tan cerca de realizarse después del fin del apartheid se han desvanecido rápidamente. Las lágrimas y el dolor han reemplazado rápidamente a la esperanza. Las fuerzas de la globalización neo-mercantilista responsable por el permanente caos económico y social de Sudáfrica se integraron al país años antes del colapso del apartheid. Por cierto, cuando el gobierno del apartheid ya estaba evidentemente condenado, confrontado con las abrumadoras protestas internacionales y un enérgico régimen de sanciones durante el clímax de la Guerra Fría en 1989, aparecieron las instituciones financieras internacionales (las IFIs). Estaban determinadas a influenciar a las fuerzas del cambio social y económico en función de los intereses de las finanzas y del gran negocio internacionales. A principios de los años 90, el Banco Mundial envió asesores a Sudáfrica para recomendar la ideología y las políticas neoliberales, prometiendo crecimiento económico. En 1993, el Fondo Monetario Internacional (FMI) otorgó a Sudáfrica un préstamo de 750 millones de dólares condicionado a la adopción de políticas neoliberales.

Aunque actualmente está de moda llamar las políticas de las IFIs "neoliberales", esas políticas son únicamente neomercantilistas. Acentúan el control corporativo centralizado sobre las economías subdesarrolladas mediante acuerdos de "libre" comercio mientras sólo admiten la liberalización en las áreas en las que ya dominan las economías desarrolladas y sus corporaciones multinacionales, como ser en los flujos de capitales internacionales. La globalización impuesta actualmente a través de la Organización Mundial de Comercio (OMC), los acuerdos regionales de comercio y los Programas de Ajuste Estructural (SAPs por sus siglas en inglés) de las IFIs en todo el mundo subdesarrollado tienen en realidad su origen en la época del imperialismo del siglo XIX. Ahora, como entonces, los recursos de las posesiones imperiales en la periferia son dirigidos hacia el núcleo de economías desarrolladas - Europa, Norteamérica y Japón.

Libre comercio - el sueño y la realidad

Por cierto, una economía global liberalizada fue sólo una quimera de economistas liberales del siglo XIX como Adam Smith y David Ricardo. El "libre comercio" es una idea teórica sin base alguna en la realidad. Por desgracia, Nelson Mandela y el nuevo establishment del ANC en Sudáfrica adoptaron con entusiasmo elementos de la agenda neomercantilista durante el primer programa nacional económico después del apartheid llamado el "Programa de Reconstrucción y Desarrollo" (RDP). El RDP retuvo algunos elementos redistributivos pero fue rápidamente abandonado a favor de un programa puramente neoliberal llamado el programa de Crecimiento, Empleo y Redistribución (GEAR) en 1996, debido a la creciente influencia de los neoliberales en el ANC.

El GEAR fue redactado casi exclusivamente por quince economistas "neoliberales" elegidos de entre los gabinetes estratégicos del Banco Mundial y de varios bancos africanos de desarrollo. El programa GEAR se centró en la comercialización y posterior privatización de todas las compañías y servicios públicos sudafricanos. Redujo drásticamente los gastos del gobierno y los impuestos secundarios a los beneficios corporativos. Representó una reducción substancial y prematura de los derechos de aduana destinados a proteger a los principales sectores económicos sudafricanos que continúan estando en su infancia, incluyendo los textiles y los productos agrícolas manufacturados con valor agregado.

El programa GEAR también liberalizó los controles de los movimientos de capital y las tasas de cambio de divisas lo que dejó al Rand, la moneda nacional surafricana, y a la actividad económica de importación y exportación de Sudáfrica, a la merced de los cambios rápidos y volátiles de los mercados internacionales de capitales. Así, Sudáfrica, una economía emergente semidesarrollada, fue obligada a adoptar estándares económicos de liberalización que ninguna economía desarrollada, incluyendo a Estados Unidos, ha logrado implementar exitosamente.

GEAR aprieta las clavijas

El siguiente presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, elegido en 1999, fue un partidario aún más entusiasta de las políticas neoliberales que Nelson Mandela, y una de las principales fuerzas políticas detrás de la adopción de GEAR. El programa GEAR ha realizado exactamente lo contrario de sus objetivos declarados. Mientras el Fondo Monetario Internacional (FMI) se vanagloria de que los programas GEAR han resultado en un crecimiento económico de aproximadamente un 3 por ciento para 2003, el Congreso de Sindicatos de Sudáfrica (COSATU, por sus siglas en inglés) y el propio ANC calculan que Sudáfrica necesita una tasa de crecimiento de por lo menos entre un seis y un ocho por ciento para lograr aunque sea reducciones mínimas en el desempleo.

A pesar de que el GEAR prometió 120.000 nuevos puestos de trabajo en el sector formal en su primer año de implementación, Sudáfrica perdió más de 100.000 puestos de trabajo en el sector formal al terminar el primer año de GEAR. De los restantes once millones de personas empleadas en Sudáfrica en 2003, por lo menos cuatro millones están empleadas en el sector informal, volátil, de bajos ingresos, y se desempeñan en actividades económicas temporarias, subcontratadas, que van desde la prostitución a la venta callejera. Ha habido una enorme polarización de la riqueza bajo el ANC. En 2003 Sudáfrica muestra la dudosa distinción de que tiene una mayor brecha en los ingresos entre ricos y pobres que cualquier otro país del mundo, con la excepción de Guatemala.

El aspecto más sorprendente de los programas económicos sudafricanos después del apartheid, fue que dichos programas fueron adoptados con entusiasmo por el ANC. Sudáfrica, con su deuda externa relativamente baja de sólo cerca de un cinco por ciento de su déficit presupuestario total en los años 90, no sufrió presión alguna de las IFIs. En circunstancias en las que estados altamente endeudados en toda África soportaban la imposición de programas neoliberales a través de los SAPs [sigla en inglés de Programas de Ajuste Estructural], Sudáfrica los adoptó por su propia voluntad.

Agua, agua, por todas partes - a un cierto precio

Patrick Bond, profesor en la Universidad Witwatersrand en Johannesburgo calificó esas políticas del ANC de "ajuste estructural hecho en casa". Es el aspecto más entristecedor y enfermizo de todo el asunto, el que los efectos de estos programas podrían haber sido evitados en su casi totalidad. Los sudafricanos se ven ahora forzados a enfrentar una globalización auto-impuesta, controlada por las corporaciones, con medios cada vez más desesperados que se enfrentan a una creciente represión. Aun cuando todos los ciudadanos sudafricanos tienen la garantía constitucional de "suficiente alimento y agua" en la Declaración de Derechos de Sudáfrica, el ANC, alentado por los consejeros del Banco Mundial, se lanzó a una campaña nacional para privatizar los sistemas hidráulicos de propiedad y operación pública. Subcontrataron la gestión de los sistemas hidráulicos a grandes postores multinacionales como la multinacional francesa de aguas, Suez, cuya sola razón de ser es, sobra decirlo, los beneficios.

El ANC, desechó por completo métodos más realistas, viables y legales de asegurar el acceso al agua a los ciudadanos sudafricanos. Podrían haber financiado fácilmente a pequeños proveedores locales del servicio en pequeña escala y mantenido una regulación general del sistema hidráulico nacional para asegurar el acceso al agua de los grupos de bajos ingresos que no pueden permitirse los nuevos precios del agua privatizada. El ANC tampoco obligó a las compañías multinacionales de aguas a que suministren agua a los pobres. Los resultados de esta rápida privatización sin responsabilización corporativa en un país en el que la mayoría de la fuerza laboral está cesante fueron desastrosos.

La salud pública en peligro

En 2001 hubo un masivo brote de cólera que se extendió desde las áreas rurales en Kwa-Zulu en la provincia Natal a los suburbios de Johannesburgo. Contagió a cientos de miles de personas y mató a por lo menos trescientas que tuvieron que utilizar sistemas de agua contaminada, infectada por el cólera, porque ya no podían permitirse el costo del agua impuesto por las nuevas compañías de aguas de propiedad privada. El costo de la epidemia de cólera para el gobierno sudafricano fue de millones de dólares en el intento de contener el brote y de tratar a las personas infectadas y a los sistemas fluviales contaminados.

En la provincia Cabo Oriental, los precios del agua aumentaron en un 300 por ciento en la localidad de Fort- Beaufort y a niveles similares en otras áreas urbanas en Sudáfrica. Ahora, en 2003, ayuntamientos de aldeas, pueblos y ciudades en toda Sudáfrica están tratando de anular los contratos con las multinacionales del agua. Los ayuntamientos urbanos están obligados por contrato a pagar a las multinacionales las deudas que los pobres y los desocupados obviamente no pueden permitirse. Sin embargo, el ANC continúa restringiendo ilegalmente el acceso al agua a pesar del derecho constitucional al agua de todos los sudafricanos.

Represión de la protesta y de la resistencia

El gobierno continúa con el arresto de ciudadanos individuales y miembros de las organizaciones comunitarias. Entre éstas se destacan el Foro Contra la Privatización [APF, por sus siglas en inglés] y el Comité de Soweto de la Crisis de la Electricidad [SECC]. Además las campañas contra las evicciones de casas arriesgan el arresto y la detención cuando tratan de restaurar la electricidad a las residencias, impiden que se realicen evicciones de los hogares y destruyen medidores de prepago del agua, instalados para que el agua sea sólo accesible a los que pueden pagar por ella.

El presidente de APF, Trevor Ngwane, es un ex miembro del ANC que fue expulsado del partido por oponerse a sus políticas de privatización. Fue arrestado y retenido sin fianza en 2002 por protestar ante la propiedad del alcalde de Johannesburgo, Masondo. Ngwane ha dicho: "Las corporaciones que buscan ganancias en un recurso natural no crearán jamás un producto o un sistema que beneficie a los menesterosos".

Sudáfrica con camisas de fuerza del "libre comercio"

En lugar de tomar en cuenta la condición de Sudáfrica como país de bajos ingresos, y las necesidades de su mayoría empobrecida, el gobierno del ANC emprendió un sistema de privatización total de sus servicios esenciales. El control centralizado corporativo-mercantilista de los recursos de Sudáfrica se arraigará aún más bajo los acuerdos de "libre" comercio que ya han sido completados o que están en discusión con Estados Unidos y la Unión Europea (UE). La Organización Mundial de Comercio (OMC) reconoce que las economías semidesarrolladas como Sudáfrica necesitan condiciones "especiales" y "diferenciales" que permitan aranceles aduaneros y otras defensas comerciales para proteger sus economías en desarrollo. Pero las actuales negociaciones bilaterales han desdeñado esas reglas de la OMC así como a la industria, la agricultura y a la fuerza laboral de Sudáfrica.

Por ejemplo, el acuerdo de "libre" comercio con la UE obliga a Sudáfrica a abrir un 90 por ciento de su comercio a la UE. La UE, por su parte, sólo permite a la economía sudafricana el acceso a un 50 por ciento de su mercado. La UE también ha establecido nuevas barreras no arancelarias [NTBs por sus siglas en inglés] al comercio con Sudáfrica tales como la imposición estricta de regulaciones sanitarias y de seguridad que bloquean el ingreso al inmenso mercado europeo de numerosos productos sudafricanos.

El acuerdo comercial con la UE también estimula la exportación sudafricana de materias primas baratas en lugar de bienes con más valor agregado tales como productos manufacturados, lo que confirma la posición de Sudáfrica como una economía periférica dependiente.

Sudáfrica también inició negociaciones de "libre" comercio con Estados Unidos junto con otros estados semidesarrollados del sur de África que pertenecen a la Unión Aduanera del Sur de África (SACU), tales como Namibia y Suazilandia. Estas negociaciones deben concluir a fines de 2004.

Este acuerdo comercial con EE.UU. aumentará también el control corporativo de las economías, los recursos y la mano de obra del sur de África. Por cierto, para que los estados de África del Sur se califiquen para el "libre" comercio con Estados Unidos, deben liberalizar todos los sectores de sus economías, incluyendo los servicios sociales. Deben permitir que las corporaciones adquieran al por mayor los servicios sociales, tierras y recursos de los gobiernos africanos. Al mismo tiempo, deben reducir substancialmente los aranceles e impuestos sobre bienes manufacturados procedentes de EE.UU.

La concentración de la riqueza deforma el desarrollo nacional

EE.UU., la UE y las grandes multinacionales tratan de obtener la mayor cantidad posible de concesiones de Sudáfrica mediante estos acuerdos comerciales mientras tratan de evitar hacer por su parte las concesiones más mínimas y permitir el acceso a los mercados. Sudáfrica ni siquiera puede comenzar a competir con las economías desarrolladas. Por ello, el desarrollo económico dentro de Sudáfrica se ha derrumbado. Al mismo tiempo hay crecimiento económico en activos como las acciones y la propiedad inmueble; esos activos se concentran en la minoría acaudalada.

Por desgracia, el gobierno del ANC mantiene su falta de entusiasmo por estrategias de desarrollo nacional orientadas a sacar a la mayoría negra de su atroz pobreza. Según el Movimiento de Gente Sin Tierra [LPM, por sus siglas en inglés] de Sudáfrica, el gobierno, aunque está constitucionalmente obligado a hacerlo, no ha iniciado ni siquiera una redistribución en pequeña escala de la tierra a los sudafricanos empobrecidos. En 2003, un ochenta y seis por ciento de la tierra en Sudáfrica sigue en poder de unos 120.000 agricultores blancos y del gobierno central.

La política económica del gobierno ha favorecido las rígidas, estrechas, estrategias orientadas exclusivamente a aumentar los beneficios corporativos y a reducir el papel del estado. La economía de Sudáfrica depende sobre todo de las economías de los países desarrollados. Esto significa que la naciente industria de Sudáfrica sigue atrofiada y que su mayoría negra empobrecida sigue marginada. La extrema concentración de la riqueza, el colapso de los servicios sociales, la explosión de problemas sociales tales como la prostitución, el crimen, el terrorismo urbano y las guerras de pandillas, y la rápida propagación del SIDA, representan el fin de las esperanzas de un futuro mejor. Los sueños de millones de sudafricanos que llegaron a tales alturas después del colapso del apartheid se han convertido en una pesadilla nacional sin que se vea una salida.

Andrew Nowicki es un defensor de la justicia social residente en Washington DC.
Su correo es: [email protected]

Información procedente de:

US-South Africa Business Council Business Report,
Julio de 2003
www.nftc.org

Southern African Regional Poverty Network (SARPN)
www.sarpn.org.za

Landless People's Movement (LPM)
www.nlc.co.za

The Third World Network-Malaysia
www.twnside.org.sg

The Anti-Privatisation Forum (APF)
www.apf.org.za
Se puede contactar el APF en: [email protected]

South Africa Bill of Rights (Chapter 2)
www.polity.org.za

Action for Southern Africa (ACTSA)
www.actsa.org/Trade/growing_hop.htm

Global Issues
www.globalissues.org

'The Great Jobs Gap', The Sunday Times, 10 de agosto de 2002
www.suntimes.co.za

Trevor Ngwane & George Dor. 'IMF Can Only Bring Misery
to SA,' The Sowetan, 12 de julio de 2000.

Paul Kingsnorth. 'Globalization Made Them Do It,'
www.paulkingsnorth.net/madethem.htm

The Shop Steward
www.cosatu.org.za

The Environmental News Network (ENN)
www.enn.com

Independent Media Centre-South Africa
southafrica.indymedia.org

The Center for Pubic Integrity
www.icij.org/water/

Desai, Ashwin. We are the Poors. Monthly Review Press,
New York, NY, 2002.

Andrew Nowicki
American University
School of International Service
African Affairs

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