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CUBA FRENTE AL IMPERIO 

29 de mayo del 2004

Declaración de intelectuales en vísperas de la cumbre de Guadalajara

En Defensa de Cuba


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Al repertorio de agresiones de Estados Unidos contra Cuba se suma ahora, con todo cinismo y en violación de todas las normas establecidas del derecho internacional, el propósito de derrocar a su gobierno constituido: en un giro de lenguaje George W. Bush lo llama cambio de régimen acelerado. Tal sería la supuesta culminación del conjunto de medidas que George W. Bush aprobó como recomendaciones de la llamada Comisión para la Asistencia a un Cuba Libre. Con esa decisión el Presidente de Estados Unidos decreta crueles dispocisiones que dificultan en extremo, o impiden en muchos casos, el contacto de los cubanoestadounidenses con sus familias en la isla, añadiendo además nuevas privaciones al pueblo cubano al obstaculizar más aún el flujo de remesas enviadas por aquellas. Al propio tiempo, reduce casi a cero el derecho de los estadounidenses a viajar a Cuba y el ya muy limitado intercambio entre académicos, artistas y ciudadanos de los dos países.

El documento de la citada Comisión subraya la actitud mantenida por la actual administración estadounidense hacia Cuba en una réplica de la retórica empleada antes de la invasión de Irak. Se propone derribar al régimen legítimo emanado de la revolución cubana, fundado en instituciones sustentadas en la consulta popular, para suplantarlo con un gobierno títere llamado a implantar --a la manera de Irak-- la democracia estadounidense y el libre mercado.

Bush anunció de un plumazo que quebrantará la voluntad abrumadora de los cubanos destruyendo un proyecto político y social nacido de las raíces más profundas de su historia. Ignora que la revolución cubana de 1959 es la continuación del programa antiimperialista, democrático y de liberación nacional de José Martí, gestado en las luchas emancipadoras y el quehacer intelectual del pueblo de Cuba desde principios del siglo XIX.

Estados Unidos preparó el clima político para la adopción de estas medidas con la imposición de una resolución anticubana en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, que logró gracias a la complicidad de sus aliados europeos y al servilismo de gobiernos de América Latina como los de Perú, Chile y México. Unido a esto, las calumnias de funcionarios estadounidenses -entre otras que La Habana auspicia el terrorismo o posee programas de armas biológicas- indican claramente que Washington está montando el clima propagandístico adecuado para una eventual intervención militar directa contra Cuba.

La amenaza de agresión contra cualquier pueblo de la Tierra merece el más enérgico rechazo. Pero en el caso de Cuba concurren agravantes. Su sistema social y político constituye la alternativa más completa lograda hasta hoy por una nación al orden imperialista de explotación, depredación ecológica y despojo impuesto al mundo por el puñado de Estados que componen en la actualidad el denominado G-7. Cuba ha cometido la herejía de rebelarse contra ese orden y contra su liderazgo en Washington, demostrando cuánto se puede hacer por la dignidad y la realización plena de los seres humanos aun frente a la hostilidad, el bloqueo económico y la práctica sistemática del terrorismo de Estado durante casi medio siglo por parte de Estados Unidos. Estas políticas han cobrado la vida de 3748 cubanos, costado la incapacidad permanente a 2099 y ocasionado daños a su economía por 54 mil millones de dólares, pero no pudieron impedir el éxito de su proyecto liberador.

Como hemos afirmado en otras ocasiones, Cuba constituye, en la historia universal, el exponente más avanzado en la práctica de la democracia, en la práctica de la liberación y en la práctica del socialismo. Sus logros están sustentadas en datos sólidos que pueden ser comprobados por cualquier persona honesta, independientemente de su ideología, creencias o valores. Tal es la razón que hace de ella, salvando las diferencias culturales y nacionales, el referente universal del otro mundo posible y necesario que tantas voces reclaman. Ello explica por sí solo la intención de Bush de impedir su ejemplo.

Contra ese designio debe afirmarse la solidaridad internacional más resuelta, especialmente la del pueblo y los intelectuales de Estados Unidos y la no menos importante de sus pares europeos. Desde México llamamos a ejercerla con la generosidad a que se ha hecho acreedor el pueblo cubano con su heroísmo y esfuerzo.

México, D.F., 28 de mayo de 2004

Por el grupo Paz con Democracia y la Red Internacional En Defensa de la Humanidad (Capítulo México):
Miguel Álvarez, Juan Bañuelos, Guillermo Briseño, Alicia Castellanos, Miguel Concha, Carlos Fazio, Víctor Flores Olea, Magdalena Gómez, Pablo González Casanova, Oscar González, Dolores González, Luis Hernández Navarro, Héctor Díaz-Polanco, Horacio Labastida, Nayar López Castellanos, Gilberto López y Rivas, Manuel Pérez Rocha, John Saxe-Fernández

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