L A   P Á G I N A   D E   P E T R A S

19 de enero de 2000

Presentación del libro "Globaloney"

El lenguaje imperial, los intelectuales y la izquierda

  1. Presentación.
  2. Panelistas invitados David Viñas y Eduardo Pavlovsky
  3. Charla a cargo de James Petras
  4. Debate con el público.


James Petras
Herramienta


El pasado mes de setiembre de 2000, especialmente invitado por la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), visitó nuestro país James Petras. La Comisión Directiva de esa entidad aceptó la propuesta de Herramienta para presentar en su sede de la calle México el último libro editado en nuestra colección. Globaloney reproduce las conferencias públicas que el sociólogo norteamericano dictó en Buenos Aires el año pasado donde desarrolló sus posturas críticas frente a una serie de nuevas conceptualizaciones que han invadido las ciencias sociales. Frente a las categorías de globalización y transiciones democráticas, Petras prefiere hablar de imperialismo y neoautoritarismo, sin olvidar un exhaustivo análisis de los nuevos movimientos sociales, tomando como punto de referencia al Movimiento Sin Tierra de Brasil. El material incluye un artículo sobre la Tercera Vía donde Petras expone críticamente la génesis histórica de este movimiento político.

Minutos antes de la presentación, una concurrencia que superó las 400 personas, obligó a utilizar del patio cubierto de la SADE, en lugar del habitual salón de reuniones. Allí Petras, junto a Tato Pavlovsky y David Viñas, desgranaron agudos análisis sobre los intelectuales y la izquierda que asume sin un análisis crítico el nuevo lenguaje imperial, fijando especialmente la atención hacia las nuevas formas en que se manifiesta la lucha contra la redoblada barbarie capitalista. Se cumplió así uno de los objetivos que se fijara Petras el año pasado: producir un encuentro con estos dos grandes intelectuales argentinos que permitiera el debate público sobre las herramientas posibles para superar la crisis que bloquea a la izquierda política dentro y fuera de nuestras fronteras.

Para Herramienta significó una gran satisfacción organizar esta actividad, agradeciendo muy especialmente la disposición de la Comisión Directiva de la SADE, la respuesta positiva de Pavlovsky y Viñas a nuestra convocatoria y, por supuesto, a James Petras, por su incansable militancia para reinstalar el pensamiento crítico en el centro del debate político.

 

Presentación.

 

Mario Hernandez (Miembro del Consejo de Redacción de Herramienta)

 

En primer lugar, en nombre de la Revista Herramienta, le queremos agradecer a las autoridades de la Sociedad Argentina de Escritores, que han facilitado el lugar para hacer la presentación del libro Globaloney y destacar sobre todo la actitud de sus autoridades, ya que el año pasado, cuando tomaron contacto con James Petras, se comprometieron a invitarlo a la Argentina y así lo han hecho, dándonos una nueva oportunidad de tenerlo aquí.

Al mismo tiempo, queremos agradecer la presencia de David Viñas y de Tato Pavlovsky que gustosamente han aceptado compartir la presentación del libro.

En realidad, presentarlo a Petras sería ocioso, porque creo que todos los aquí presentes, de una u otra manera, lo conocen. Simplemente, voy a leer algunos párrafos de un libro recientemente publicado por James. Es un libro de relatos autobiográficos que se llama Escribiendo historias, que de alguna manera lo presenta en una dimensión que va más allá de su trayectoria como intelectual crítico o como militante político. Lo que les quiero leer es uno de estos relatos que se titula Intelectual por accidente.

"Un viernes por la noche fui al centro a encontrarme con mis amigos. Uno de ellos había conseguido el auto de su padre por esa noche. Dijeron que en el Red Roof, un salón de baile para negros, tocaba un gran músico. Era Charles Parker. Fuimos. El lugar estaba repleto, casi puros negros. La gente bailaba, Parker tocó sin descanso. Cantó Ruth Brown. Yo bailé un poco, pero me sentía fuera del ambiente y tuve cuidado de no bailar con una sola mujer.

Volví a casa como a las 4.30. No me había desvestido y ni siquiera me había sacado la chaqueta cuando mi padre golpeó mi puerta. Fui al baño, me lavé la cara y dormí en el camión camino al mercado.

Era un día atareado. Caluroso, en pleno verano, la gente venía temprano, compraba pescado y se iba a la playa. Había un gran trozo de hipogloso, fresco y resbaladizo. Lo estaba cortando cuando sucedió. Presionaba con el cuchillo cuando mi mano se deslizó bajo la hoja afilada que me cortó los dedos. Brotó la sangre a borbotones. Di un fuerte grito. Me llevaron al doctor al otro lado de la calle, pero éste dijo que tenía que ir al hospital. Tenía rotos los tendones. La operación duró seis horas, me cosieron y pusieron alambres en los dedos. Una tarde, poco después, nos sentamos con mi padre en el porche. Era un hombre callado, fuerte, con brazos del grueso de mis muslos, que trabajaba duro, cultivaba el jardín, veía televisión y se acostaba temprano. Sólo había cursado la escuela primaria, antes de ponerse a trabajar en las manufacturas de cuero. Esa fue una de las pocas veces que conversamos seriamente. "Debes estudiar", me dijo, "no sirves para trabajar en un negocio de pescado. Tu mente está en otra cosa".

Eso fue todo. Al siguiente otoño ingresé en la Universidad de Boston y después hice el doctorado en Berkeley. Empecé mi carrera como profesor y escritor. Una noche tuve que hablar en una reunión en el Centro de Graduados de Manhattan. Al comienzo, en lugar de referirme como de costumbre a mi currículum, dije que estaba allí porque había fracasado como cortador de pescado y me había convertido en intelectual por accidente".

 

David Viñas (Escritor)

 

El mar era un enorme ojo o simplemente un solterón, y se tendía a la izquierda mientras íbamos en auto al sur de California desde La Joya a Santa Cruz. Me llevaba una pareja de amigos norteamericanos. Odín, hija de un inmigrante italiano, y Manoleas, descendiente de un peluquero nacido en Atenas. El verano del 74 me habían elegido como padrino de casamiento en una pequeña iglesia metodista, y ahora, a mediados del otoño, me habían invitado a conocer al viejo John, que había peleado en la guerra civil de España en 1936.

John vivía solo en una casa de madera frente a una bahía, en un repliegue del Pacífico. Y allá al fondo, a medida que avanzaba el auto manejado por Manoleas, al final de una hondonada, ya se iba viendo la casa de John, planta baja, en el primer piso una bandera roja y negra y el techo. John, que había peleado del lado republicano, en la batalla de Guadalajara.

-Allá David, ¿ves David?- me iba señalando el río Manoleas y apuntaba en dirección a esa casa de techo a dos aguas que se recortaba sobre el filo del cañadón.

-¡John! el hombre parado en el techo de esa casa, apoyándose en el pico de la chimenea era John, nuestro hombre al borde del mar. Manoleas volvió a llamarlo a los gritos mientras el auto se iba deteniendo.

-¡John!

Desde allá arriba ese hombre con mameluco blanco, alzó el brazo, se sonrió dejando que el último sol le untara la cara. Colocó prolijamente el martillo sobre el filo del techo y empezó a bajar, bajar con alma de bombero por esa escalera apoyada en el frente de la casa. Se nos fue acercando. Se bamboleaba al caminar. Tenía unos ojos como dos piedras mojadas y antes de darnos la mano se la secó frotándosela en la pechera del overol.

Atardecía, el sol se iba hundiendo en el Pacífico, el cielo parecía untado con mostaza. John cabeceó hacia el mar como si hubiera señalado a un hijo del que se sentía orgulloso. Se marcó un silencio y nos fuimos sentando los cuatro en el porche de madera. Los tablones crujían.

¿Qué tal John? preguntó Manoleas.

John no miró hacia el mar, se acarició la nariz, se alisó la frente y nos fue mirando las caras a cada uno de nosotros, lento, con algo de jugador de póker. No habló del tiempo, ni aludió a una nieta que estudiaba en San Francisco. Solamente habló de la Brigada Lincoln, de su llegada a Madrid con las Brigadas Internacionales en julio de 1937, y de una mujer que le sonreía desde la ventanilla de un tren, y de la batalla de Guadalajara. Iba nombrando los lugares donde había combatido, y cada nombre se parecía a sus manos, usadas, tensas, invictas. Guadalajara desde ya. A esa palabra la repitió dos veces, y a Madrid, Teruel, Guadarrama y Castilla, y Valencia y al Duero, y Fuenterravía y Cuenca, y Zamora y Pamplona, y Castellón de la Plana y Bilbao y los mineros y Segovia, Ronda y Badajoz.

En Méjico, en la esquina que lo recordara, de Insurgentes y Obregón, oí decir a alguien que pasaba: 'Cuando un gringo es de izquierda en los Estados Unidos hay que apostar a su mano, cuate'. El libro de James Petras, Globaloney, subtitulado El lenguaje imperial, los intelectuales y la izquierda, es un epítome, con perdón, como suele decirse en las academias, y una provocación, de provocativo, tal cual lo llaman entre los norteamericanos al referirse a un pelpa estimulante por insolente y saludable, en medio de algún congreso donde todos se aburren y bostezan escrupulosamente sin disimulo.

Y mirando más de cerca, pasando la mano por encima del libro, es una escenografía sinóptica, sagaz y organizada y una puesta al día, de la problemática cultural y política del año 2000. Una introducción lúcida y dramatizada a lo que nosotros aquí discutimos todos los días, desde la responsabilidad y la ambigüedad de los escritores, pasando por el obsceno Pinochet, al esperpético Menemato, hasta desembocar en los eufemismos que día a día utiliza el discurso desde el poder, focalizado en América Latina y con ecos, transferencias y vaivenes, sobre todo ineludibles hacia los Estados Unidos.

Es un libro seductor y nada complaciente. Dos cosas intercalo, podría llamar a un capítulo del libro de Petras estimulante y agresivo, y a veces hasta la exasperación: Don James Petras o el lenguaje de los eufemismos. Petras se sonríe. Enfrentado críticamente ante una colección de palabras tan enfáticas como aterciopeladas y módicas, a la vez que circulan impunemente. Palabras guiño, palabras mordidas, palabras tocamiento, palabras tutú. El eufemismo como clave del doble discurso: globalización. Término que a Petras lo agravia y que él quiere hacer estallar en sus perversos sentidos. Y deuda externa, regulación, mercado emergente, austeridad, tute. Esa es la nueva jerga ideológica que Petras denuncia. Uno.

Y dos. Sugiero una genealogía eventual de Petras, desde Mark Twain, algo así como su abuelo intelectual, el humorista Mark Twain. El primer escritor norteamericano en realidad, que en 1898, con motivo de la guerra de Cuba, propuso que en la bandera yanqui, tal cual, las estrellas fueran reemplazadas por calaveras; pero lo que intentaba decir, la virtual genealogía de James Petras, Mark Twain hacia el 1900, Waldo Frank hacia 1930, con Nuestra América dedicada al peruano Mariátegui, Waldo Frank, que en el Buenos Aires de 1940 fue golpeado y humillado por los fascistas argentinos. Mark Twain, entonces, Waldo Frank en segundo lugar y Wright Mills, como tercera figura en este borrador de linaje intelectual de James Petras. Petras ya no se sonríe.

Una dramática introducción, una puesta al día de la problemática cultural y política de América Latina, es el libro de Petras. Y un duro cuestionamiento, entre otros gestos polémicos, a la naturalizada calidad, mezcla de filantropía y privatismo, que el discurso del neoliberalismo postula en lugar de la responsabilidad del Estado que se hace cargo de las necesidades más urgentes de su población. 'Puede indignarse Viñas, me alegro', seguramente dirá Petras

Es que toda una vertiente del ángulo díptico de su trabajo, ejemplo de coraje intelectual, se va encargando de denunciar contextuando minuciosamente el itinerario de las diversas inflexiones del retumbante y magro discurso neoconservador, uno de cuyos tramos más aplaudido e imitado fuera notoriamente postulado por el ameno Reagan y la musculosa Thatcher.

Pero sin detenerse ahí, sino contando a la solapada, honorable prolongación que puede verificarse en la llamada Tercera Vía, desde Blair hasta Jospin, pasando por Roma y por la Social Democracia alemana, hasta desembocar en la que se dio en Chile después de Pinochet y en el Brasil y en el Uruguay y desde ya que en la Argentina, como se va dilatando vertiginosamente día a día. Eso es lo que predomina y lo que Petras, socarrón, llama capitalismo casino.

De los generales y almirantes a los banqueros, la feroz frontalidad predominante a lo largo de los años 70 ha sido reemplazada por la viscosa ambigüedad que ahora prevalece y se difunde de manera humillante. De las torturas y desapariciones hemos pasado al cambalache, todos somos culpables y no, dos demonios, de ninguna manera, no estamos en un concilio de teología, allá y de este lado, eso es Petras. La frontera puede ser zigzagueante sin dudas, pero se bifurca en dos nítidos frentes de opinión.

Otro capítulo del libro dramatúrgico de Petras: las apelaciones del consabido discurso globalizador. Libre mercado. Si el libre mercado clásicamente se definía por la competencia, en estos momentos ya es otro lugar común, como la gigantescas, vertiginosas fusiones donde aquel rasgo desaparece. Se trata notoriamente del capital concentrado, privatizaciones, fusiones: otra dupla abrumadora que señala Petras. Perversa dialéctica y dice Petras certero: "Frente al análisis estrecho de los contadores, la polarización resulta tan evidente que se la comprueba más y más ahondada. Pocos ricos cada vez más beneficiados, más y más pobres en el otro lado". Se sabe, esto que ya no parece un esquema de pizarrón, pero es nuestra trágica insignia. Los matices y las porosidades pueden ser infinitos, pero vayamos al carozo, apretemos el bandoneón.

'El libro de Petras es un exorcismo, Viñas', me dijo una mujer el sábado pasado. 'Un libro-exorcismo de lo que nos abruma, Viñas'.

Parecería que los intelectuales argentinos practicamos el consejo que nos dan las latitas de Coca-Cola: juntá puntos y tendrás un premio. A partir de esa compulsión imperativa no hay trivialidad que no se exprima para acumular capital simbólico. Intelectuales cortesanos, intelectuales azucarados, intelectuales almidonados, intelectuales diez men, conformistas, intelectuales monaguillos, naderías.

Menos mal, menos mal que en la otra vertiente Petras va exponiendo, obstinado e invicto, la lección de movimientos sociales y populares que desde Méjico hasta el Brasil, deteniéndose frente a la estancia del señor Presidente Cardoso, van planteando sus reclamos. No retorizaciones, entonces, sino creatividad. Nada se acata sin más, sino que todo se pone en cuestionamiento. No dogmas, sino hipótesis de trabajo. El zapatismo, el Movimiento de los Sin Tierra, son ejemplares para Petras como posibilidades inéditas, renovadas, que se van oponiendo al fenómeno arrollador y abyecto del capitalismo tardío, del capitalismo salvaje.

Las señales se han hecho síntomas, se han hecho destinos. El presunto éxito del liberalismo está a la vista, el pensamiento crítico parecería derrotado. Sí. Pero si el éxito de los EE.UU. se condensa en el Salón Oval, como metáfora sainetera, aquí, entre nosotros, el éxito del neoliberalismo conservador se llama, por ahora, Senado de la Nación y Departamento Central de Policía. ¡Qué risa!. Frente a esos happyend, falaces y adiposos, Petras en su libro postula la crítica permanente, cada vez más lúcida y obstinada en América Latina y en la Argentina.

Mi estimado James, mi querido amigo norteamericano, ¿cuándo salimos para el frente de Guadalajara?

 

Eduardo Pavlovsky (Dramaturgo y Actor)

 

Es muy difícil hablar después de Viñas, pero hay que hablar y hay mucho que decir. Yo no sé si tengo tanto que decir. En lo personal, el libro de Petras me pareció fundamental para entender una cosa en la que todos estamos muy aprisionados.

Evidentemente la subjetividad que produce la globalización ha marcado una línea de inexorabilidad frente al combate contra el poder. No sé cuando ha existido en la humanidad un sistema de tal nivel de explotación y de miseria. Tres mil millones de personas, de un total de seis mil, viven en la miseria. Esto pasa como un River y Boca, pero es así, ciento sesenta millones de latinoamericanos viven con un dólar y medio por día.

El 1% de los latifundistas brasileros -problema que justamente da lugar a uno de los movimientos más importantes de Latinoamérica-, tienen entre el 60 y el 65 % de las tierras. Es un sistema horrible, por lo cual la posibilidad de combatirlo, es básicamente, intentar desmantelarlo.

Creo que el libro de Petras es esto porque, como sabemos, hay muchos intelectuales, mucha gente cansada, hay síndrome psiquiátrico de gente agotada por el sistema. Es decir, la gente que no tiene trabajo. Es a esto a lo que se refiere Petras, a los que hacen síndromes muy particulares, fabricados por la globalización. Por ejemplo, el que no tiene trabajo piensa que es incapaz y su vida frente a sus hijos se hace síntoma, está resignado y ya no tiene ni fuerzas para combatir. Hay trabajos que producen un sentimiento de soledad espantosa, son trabajos muy rápidos que terminan enseguida, trabajos pasajeros, usan a los jóvenes, los llenan de soledad y desesperanza porque no hay un proyecto.

Me parece que el libro de Petras es fundamental, en primer lugar porque habla de temas fundamentales, pero sobretodo por el espíritu que lo mueve, el contacto con la lucha para el desmantelamiento de este sistema, las claves para entenderlo, es decir, la Tercera Vía, las democracias autoritarias, la demistificación de Tony Blair, de la Tercera Vía como salida a la globalización.

Es verdad que el tema de la globalización nos ha penetrado mucho a los intelectuales. En realidad Petras define la globalización como una cosa muy simple: quinientas empresas internacionales de flujo de capitales, de las cuales el 49% son norteamericanas, el 37% europeas y 10% japonesas. Se terminó, esa es la globalización. Nunca ha habido tanto imperialismo como ahora. Estas pequeñas cosas ayudan a pensar, ayudan a armar cómo está montado el sistema imperialista.

También es verdad que Petras habla con mucha claridad de los movimientos sociales que, en lo personal, me interesan enormemente. Los movimientos que llamo micropolíticos, o que mejor dicho llaman micropolíticos, es decir, aquellos que están fuera de la representación. El Movimiento Sin Tierra brasilero (MST) es un ejemplo de movimiento micropolítico de resistencia, muy bien descripto por Petras en su organización interna, e incluso en sus componentes católicos.

Petras analiza cómo están organizados, cómo toman la tierra, cómo tienen un tiempo electoral y un tiempo de expropiación. Cómo expropian, pero también cómo luchan para adquirir poder político frente a las grandes estructuras jurídicas que favorecen al latifundio. El tema de la educación, por ejemplo; expropian pero tienen un gran sentido de la educación, forman mientras van expropiando, con la gente.

El tiempo electoral es uno, el tiempo de la expropiación es otro.

Hace poco, y esto es muy peligroso en la izquierda, me parece haber vivido esas críticas despiadadas como: 'pero vos sos un pequeño burgués intelectual, no sos un obrero'. Cosas que han jodido enormemente en una época. Críticas demoledoras que creo que no tienen sentido.

Hace poco hablé muy bien del Movimiento Sin Tierra en un lugar, y en buena parte lo que conozco sobre el MST básicamente lo sé por Petras, a través de su propia presencia, porque Petras no es de los teóricos que conocen de lejos. Petras es un teórico que va al lugar, conversa con ellos, vive con ellos, sostiene con ellos y produce teoría de ellos, con ellos.

Cuando yo empecé a hablar de este tema en un lugar que era de gente de izquierda, uno me dijo: 'pero no, si ya transigen con el tiempo electoral, están perdidos', es decir, posturas que dejan de lado todo lo que se ha armado desde este movimiento extraordinario, que abarca a millones de personas y que es imbatible, en el sentido de que están permanentemente combatiendo.

El movimiento de campesinos ha tenido un antecedente argentino, pero que nadie conoce. Actualmente existe un movimiento en Argentina de 4.000 personas, de un sindicato agrario en Santiago del Estero. ¿Cuál es la diferencia con el MST?. La diferencia con el MST es que éste expropia lo que no es de ellos, expropia lo que no está explotado, a diferencia de lo que sucede en el MOCASE, en la provincia de Santiago del Estero, que defienden lo que han cultivado ellos y que el gobernador Juárez les quiere sacar con expropiaciones.

El MOCASE (Movimiento Campesino de Santiago del Estero), se está armando, pero lo está haciendo muy bien, porque es a nivel intelectual. Tienen contacto con el MST, tienen contacto con Chiapas, le dan un gran papel a la educación. Es un movimiento de resistencia para tener en cuenta, porque en el MOCASE de Santiago del Estero, hoy están luchando, se están formando y están en contacto con otros movimientos.

También habla Petras, por supuesto, de ese enorme efecto simbólico que tiene Chiapas, que de alguna manera también es un foco de resistencia. Que exista Chiapas es algo. Incluso que existan las FARC, aunque con más contradicciones, también es algo. Claro está que cuando se supera un límite determinado interviene papá y dice: 'ahora vamos a hacer un menú'.

Entre el año 47 y el 67, Estados Unidos invadió una vez por año a América hispana. Conocemos las invasiones en Guatemala, donde estuvo el Che, en Panamá, Haití, Santo Domingo. Y ahora, con la presencia de las FARC, esto puede llegar a ser un desastre, porque ellos quieren combatir en esa zona que es un lugar estratégico. A la salida de Panamá, Ecuador, Venezuela y la misma Colombia, tienen que ser inmediatamente neutralizadas. Todo esto me lo hace pensar Petras y, ¿por qué me hace pensar Petras? Porque es un luchador, un luchador contra el sistema en el lugar más difícil de estar, que es Estados Unidos. Y desde ahí trata de desmantelar este sistema imperial espantoso, más espantoso que la fantasía, porque aquí la realidad es más espantosa que la fantasía.

El otro día leí que en Latinoamérica por lo menos ganamos en algo. Latinoamérica es el lugar de pobreza relativa más grande del mundo, más que África incluso. Tenemos el 51% de la población con menos de un tercio del consumo del producto bruto. África tiene el 50%. Lo que pasa en Latinoamérica es increíble. Esto sería lo que Deleuze llama y yo llamo lo molar. Lo molar sería aquello que se puede leer, se puede estudiar.

Uno se equivoca mucho, nosotros nos equivocamos mucho y no estamos para echarnos la culpa en este momento, pero me sorprende que aquí hoy haya tanta gente - y me parece que es para tener en cuenta, que algo está pasando- que quiere reunirse para estar, para hablar, para producir lo que se llama acontecimiento, un momento que no sea solamente un evento.

Una de las cosas que yo mencionaba, como una crítica al marxismo, es la ausencia de la necesidad de la convulsión de la subjetividad. En los países socialistas - yo estuve en 1970 en Rusia y en Leningrado-, lo que pasaba en la cabeza de la gente era una cosa reaccionaria, y eso es grave. Acá también, en aquella época lo que pasaba en la cabeza de la gente era el psicoanálisis, y no tener en cuenta esto -lo decía Sartre- es importante. Es importante para todo lo que venga en el futuro. Ver qué le pasa en la cabeza a la gente, como decía Heidegger, que sostenía que las conversaciones de la gente en Alemania en 1850 ya eran nazis y antisemitas. Hitler no fue más que el ejecutor del aparato de Estado, pero en 1850 las conversaciones más normales entre alemanes eran antisemitas. Las conversaciones, lo que pasa en la cabeza de la gente, no lo que Hitler hace después. Este es un tema que, generalmente, no está muy claro.

Para terminar, cuento esta anécdota porque James me causa una simpatía particular. Yo, no conocía mucho a Petras, apenas si lo había visto dos veces. Un día me llamó, nos encontramos. Creo que quería consultarme acerca del tema que tenía que hablar en un lugar y esperaba de mí algunas referencias. Esto sucedía a las once de la mañana en la plaza de Charcas y Callao. Eran las once, y a las doce empezamos a hablar de mujeres. Y fue precioso, porque después de la lucha de clases y del imperialismo, empezar a hablar de lo que han sido las mujeres para uno, no en discursos sino en sufrimiento, la maravilla, los dolores, los suicidios, los tormentos, la locura, el sexo, la potencia. ¡Eso es la vida! Eso también es marxismo. Trotsky decía: "no solo de política vive el hombre". Si nosotros desalojamos ese aspecto de nuestras vidas, es peligroso. Y no lo desaloja James, porque cada vez que me encuentro con él, me encuentro con un adolescente, con un teórico fundante que nos enseña y que es, al mismo tiempo, una especie de adolescente socarrón, juguetón con las cosas importantes de la vida.

 

James Petras

 

Bueno, después de las palabras de David y de Tato, debería terminar la reunión ahora, con todos los créditos. Muchas gracias por su presencia y por los méritos. Ahora no puedo avanzar más.

Lo que quiero discutir esta noche es algo a partir del libro y no simplemente repetir lo que está en el libro, porque si no, no podemos vender el libro para ayudar a Herramienta.

Entonces, lo que voy a discutir hoy, no está escrito en forma explícita, pero sí está implícita en el libro una crítica al concepto de globalización y otros conceptos y frases que esconden la realidad y no clarifican las cosas; que sirven para legitimar el sistema de dominación imperialista.

Empezando por la globalización, que es lo mismo que hablar del imperialismo, ya que el imperialismo implica un conocimiento del poder, de la concentración de ese poder en los Estados euro-americanos, para dar una explicación de por qué hay tanta polarización en el mundo, sobre la prosperidad en Europa y Estados Unidos, por lo menos entre las clases dominantes, y la crisis permanente aquí.

La problemática es ésta: ¿por qué el concepto de globalización gana tanta fuerza y circulación entre los intelectuales de izquierda?, ¿por qué están imitando y repitiendo conceptos que vienen del enemigo?, ¿qué significa esto? Un tipo de hegemonía burguesa.

Mientras los escritores e intelectuales critican los efectos de la globalización aceptan, al mismo tiempo, la terminología y muchas de sus premisas. Por ejemplo, que ahora el capital no tiene casa, circula, que la dinámica viene de algo que se llama la tercera revolución tecnológica y toda una serie de frases vacías, en lugar de analizar cómo el Estado imperial domina los países, generando condiciones para la expansión y extracción de valor, transfiriéndolo hacia los centros de poder.

Esto es parte de un problema más grave, que es la búsqueda desesperada de los intelectuales de izquierda por alcanzar respetabilidad, de lograr aceptación utilizando la misma jerga, con la que esperan obtener algún reconocimiento o certificación, de que también son científicos serios, pensadores profundos. Y este es el tema que quiero discutir hoy: los pecados mortales de los intelectuales o, en otras palabras, cómo prolongar la hegemonía burguesa.

Espero no aburrirlos, sobre todo después de la dinámica anterior de la charla.

Para comenzar, quiero examinar varios aspectos de esta búsqueda de respetabilidad. En primer lugar, la tendencia de la izquierda a citar siempre fuentes burguesas. Dicen: 'Esta información, esta fuente, viene del Banco Mundial'. No dicen que han obtenido la información de un archivo de David Viñas, porque eso no lo van a aceptar, con lo cual están sosteniendo que la objetividad sólo se puede garantizar citando fuentes burguesas. Y ¿qué pasa con las fuentes de izquierda? O son sospechosas, o bien les falta autoridad. Entonces, ¿qué significa esto? Que están dando autoridad a los argumentos de los expertos burgueses y sus practicantes.

Por ejemplo, para discutir el neoliberalismo muchos izquierdistas buscaban el libro de George Soros y, de alguna forma, llegaban a decir que ahora, hasta Soros estaba criticando el neoliberalismo. Justamente Soros, que es el más grande de los ladrones que tumbó el proceso de socialización, uno de los oligarcas metido en la desestructuración de Rusia, en Asia, etcétera. Pero, ¿es una fuente fiable, porque hace algunas críticas, y a partir de eso es una autoridad?

El otro caso habitual es el de citar al Banco Mundial para hablar de pobreza. Y ¿qué autoridad tiene el Banco Mundial para calcular la pobreza? Si uno examina los indicadores, antes decían que era un dólar por día, ahora lo subieron a dos dólares por día. ¿Quién puede vivir con eso? Yo estuve en Filipinas y nadie puede vivir con dos dólares por día, ni en las peores villas o favelas, ni en ningún lugar, nadie puede vivir con dos dólares. Debemos hablar por lo menos de diez dólares diarios para cubrir la mínima subsistencia. Pero todos citan las cifras: 'hay tantos millones de pobres según el Banco Mundial'. Pero ¿para qué citar al Banco Mundial? ¿Por qué aceptar sus cifras para discutir un problema? Hay otra forma muy sencilla de hacerlo: examinar los indicadores, calcular qué se necesita para vivir una vida decente, y decir no son tres mil millones, sino que son cuatro mil o cinco mil millones, que es mucho más que lo que dice esta famosa autoridad.

Otra vez es la búsqueda de una fuente burguesa respetable que permite, no entrar a los foros burgueses, pero sí, como consecuencia, dar alguna legitimidad al Banco Mundial; que si bien es representante del neoliberalismo, tiene cifras interesantes, cifras que nosotros podríamos utilizar contra ellos. Esto es falso. Hay que examinar cómo construyen sus indicadores y desde dónde hablan. Siempre han tendido a minimizar los problemas.

Lo mismo sucede con la CEPAL. Ahora todos dicen: 'la CEPAL está dando cifras sobre las privatizaciones'. Pero nunca discuten la corrupción dentro de las privatizaciones. Siempre lo describen como un proceso económico y no se meten, dicen, en los aspectos políticos y en cómo se organizan las privatizaciones; y mucho menos las grandes consecuencias negativas, tanto a corto como a largo plazo. Sí sostienen que el Estado debe ser transparente. Debe ser, pero no es. ¿Por qué dan recetas cuando saben, de primera mano, que el tema del que están hablando está lleno de corrupción y de entregas, con consecuencias muy negativas? Pero todos dicen: 'CEPAL tiene cifras sobre las privatizaciones'.

En segundo lugar, veo que en las grandes reuniones, tanto en Estados Unidos como en otros países, a los intelectuales de izquierda les gusta invitar personalidades importantes de la burguesía para asistir a estas reuniones. Algún actor de Hollywood, algún personaje del establishment. Creen que esa es una buena forma para atraer gente o, por lo menos, para atraer a los medios de comunicación que en otras circunstancias no concurrirían.

Estos notables se levantan en la plataforma y pueden tomar una posición contra la violación de los derechos humanos, pero al mismo tiempo están sembrando una confusión. En lugar de decir que las violaciones a los derechos humanos son consecuencia de que el imperialismo norteamericano está fortaleciendo las dictaduras y oprimiendo al pueblo, dicen que las violaciones están en contra de nuestras tradiciones democráticas. Entonces, por un lado, siembran una crítica por la que reciben aplausos, y cuando luego les preguntas ¿Por qué han dicho tantas estupideces? Los intelectuales te contestan: 'Hay que entender que no es de los nuestros, hay que entender que los lapsus son menores que el capital que podemos usar por tener a un banquero de Wall Street criticando el problema de los derechos humanos o tener a Richard Gere criticando las violaciones'. ¿Qué es esto? El precio es tener un personaje a costa del contenido. Esta es una práctica generalizada: pescar al tipo más potable, que consigue la atención de los medios de comunicación, en lugar de buscar la persona más contundente, más informada y más íntegra. Suelen pensar: 'Esta persona es demasiado de izquierda y quién sabe si va a atraer tanta gente'. Entonces se callan, dando legitimidad a una persona que el próximo día puede dar otra charla denunciando a los mismos intelectuales de izquierda que organizaron la reunión anterior. Entonces, se excusan diciendo: 'Es un traidor'. Pero era un traidor anticipado.

Otro fenómeno interesante -otro pecado mortal-, es la búsqueda de los símbolos del prestigio burgués para ganar legitimidad, en lugar de buscar los compromisos consecuentes en las luchas prácticas. Por ejemplo, en lugar de decir: 'Pavlovsky lucha para plantear la necesidad de integrar la psicología en la lucha social'; dicen: 'Fulano de tal que ganó el premio Guggenheim'. El prestigio, en este caso, viene de Guggenheim, uno de los peores explotadores en la historia de la minería pero se lo utiliza como un símbolo de prestigio. Respecto a esto, quiero decirles una cosa, el enorme respeto que tengo por un argentino, que en un momento que no tenía muchos recursos rechazó el Guggenheim. Está aquí presente y se llama David Viñas.

Otro tema es el de los títulos institucionales. Una profesora un día me dijo: 'Yo tengo título de Harvard'. 'Y además de eso le dije- ¿tienes algo interesante para decir?'. Es lo mismo esta certificación de Harvard, que las de Oxford, Cambridge, La Sorbona, etc. O decir: 'Se trata de un ex ministro del gobierno de Menem que ahora quiere criticar el ajuste'. Hay que darle dos patadas en el culo, una por lo que hizo en aquel momento y otra por su hipocresía de ahora.

Nos la pasamos buscando dónde podemos conseguir algún ayuntamiento, alguna gobernación que dé su auspicio para colocarlo en el membrete; en lugar de decir que el comité de desocupados de la Matanza está apoyando la reunión, buscamos cosas relacionadas con el prestigio burgués que está siempre luchando contra nosotros, pero preferimos poner ese membrete y decir: 'Ahora somos respetables, tenemos visibilidad'. De esto resulta que los izquierdistas quedan marginados e invisibles fortaleciendo a la burguesía y a su hegemonía.

Otro aspecto es cómo conseguir una carrera exitosa en las instituciones burguesas y retener las credenciales izquierdistas. Hay varias formas de hacer las dos cosas. Primero hay que consolidar la tarea, comer mierda por diez años, bajar la cabeza, hacer trabajos que no tengan mucha significación del tipo: "El análisis de la influencia de los tejidos de fulano sobre la iglesia en el siglo XVIII". Luego de conseguir una posición de gran prestigio en alguna institución, dar un giro, empezar a manifestar una postura crítica y descubrir las injusticias.

El segundo camino, más común, es combinar investigaciones muy convencionales y una enseñanza ortodoxa en el sentido negativo del término- y después del trabajo, en reuniones sociales, tipo cóctel, dar las posiciones más críticas y revolucionarias. Esa es la esquizofrenia que separa el trabajo académico de la esfera de las opiniones políticas personales, que pueden ser muy críticas. De esta forma, uno puede ser muy potable en cualquier institución de prestigio. Recuerdo algunas veces en las que he ido de visita a dar conferencias a universidades prestigiosas. Estos intelectuales cuidaban los detalles del currículum y la terminología; los presentaban en una forma terriblemente convencional. Después, durante la cena, comenzaban a atacar la política norteamericana, el genocidio, etc., como un hobby, una diversión para sentirse bien, que se manifiesta en la esfera privada de la vida, pero nadie se da por enterado y no tiene ninguna consecuencia.

Además, hay otra cuestión para analizar, las diferentes actitudes según sean los distintos ámbitos donde se realizan las actividades. Conozco personas de izquierda que preparan con dos o tres meses de anticipación sus trabajos para presentarse en conferencias. Ponen mucho cuidado ante las audiencias burguesas y las grandes conferencias académicas, pero cuando son invitados a dar una charla frente a una masa campesina u obrera, improvisan en el momento algunas palabras críticas, o, en algunos casos, repiten la misma charla que dieron el año pasado. ¿Eso qué significa? ¿Qué es lo que valorizan en la vida? Valorizan el lugar adonde van a llenar el currículum. En cambio, en las reuniones donde tienen la posibilidad de influir sobre un proceso político que afecta al pueblo, no prestan atención, le restan importancia, piensan que pueden decir cualquier porquería y que la gente se lo va a tragar. La verdad es que esto no es así.

Recuerdo una reunión del MST - no voy a mencionar el nombre, pero sí que era un personaje muy conocido en la izquierda brasilera-; esta persona entró, dio la charla y cuando terminó la gente que estaba escuchando me dijo: Es la misma charla que dio hace tres años'. Es tal vez el alzheimer, como un amnésico, que no recuerda lo que hizo de un año al otro.

Estas prácticas de las que estamos hablando, en primer lugar, fortalecen el prestigio y la legitimidad de las instituciones, las ideas y las personalidades burguesas y generan un complejo de inferioridad en la izquierda. En segundo lugar, a partir de estas prácticas uno puede observar el carrerismo o arribismo. Siempre, el verdadero conocimiento está afuera, en las escuelas de prestigio que gozan de nombre reconocido. Los practicantes nacionales tienen sus limitaciones, aunque hay algunas personas con buenas intenciones, al fin de cuentas, no tienen el nivel que sí tienen las universidades prestigiosas. Lo que olvidan los comentarios de este tipo es la distorsión ideológica que reciben cuando van Harvard, a la London School, cómo absorben las mistificaciones y aplican teorías, conceptos y trabajos en un paquete. Es verdad que en esos lugares las bibliotecas tienen mucha documentación, que existe gente técnicamente muy capaz, matemáticos que pueden llenar todo un pizarrón con ecuaciones, pero cuando les preguntas sobre las premisas de la competencia perfecta, que te digan dónde existe eso en el mundo real, en la Argentina, en EE. UU. con las fusiones de las grandes empresas o en cualquier otra parte, te contestan: 'Bueno, es una competencia imperfecta'. Pero el buscador de prestigio vuelve y empieza a repetir y aplicar las mismas fórmulas, como hombre certificado desde el centro, con el prestigio alcanzado por su posición y consigue las cátedras y puestos más importantes. Es más, para entrar en este embrollo tiene que suspender sus críticas, porque el jefe del comité de doctorado no va aceptar una crítica a fondo. Si le dice: 'Mire jefe, la globalización no es adecuada, debemos hablar de imperialismo', el profesor le contesta, mirándolo fijo: 'Ahora estás hablando de ideología, la globalización es un concepto científico, estás repitiendo los clichés del pasado, de los ideólogos de tu país. Ahora estás en un mundo científico, en el que debes aprender nuestras formulaciones, las ecuaciones y las premisas de nuestra teoría. Con eso vas a conseguir las invitaciones a las conferencias, las becas post-doctorales, para mostrar tu gran capacidad, porque tienes muchas potencialidades. Pero tienes que optar entre dos caminos: o te vas por la línea ideológica y te quedas afuera de los grandes centros, o tomas el camino científico y dejas de hablar de estos conceptos que tienen contenidos emotivos. Nuestro nacionalismo, nuestro imperialismo, nuestra explotación, es simplemente una forma de ser modernos. Debes entender que lo que ustedes llaman explotación, es la modernización. Entonces, ¿quieres entrar en este mundo o quedarte atrapado en el atraso, porque los conceptos que estás utilizando no llevan a ningún lugar, y mucho menos en tu carrera?'.

¿Cómo hacer frente a esta problemática? Creo que hay muchas cosas para hacer. Hay que trabajar y respetar a los intelectuales que están involucrados, que están comprometidos, que están haciendo su trabajo con recursos limitados, pero que por lo menos tienen una perspectiva crítica sobre la realidad y no están conformes con el poder y la búsqueda de prestigio a cualquier precio. Debemos elaborar nuestras propias fuentes de materiales. Hacer el trabajo de conseguir los datos, la información, construir nuestros indicadores. No ser flojos y simplemente abrir el anuario del Banco Mundial, sacar algunas cifras y hacer un análisis radical sobre los datos falsificados o inadecuados y decir: 'Usamos las cifras del Banco Mundial, el mundo está polarizado y hay muchos pobres'. No. Hay que hacer el trabajo primario y a partir de eso elaborar.

También debemos entender que debemos dar prestigio a las actitudes de nuestros intelectuales como fue el caso de Jean Paul Sartre cuando le ofrecieron el premio Nobel durante la guerra en Vietnam y los mandó a la mierda, diciendo que no necesitaba eso, que para él era mucho más importante el apoyo y el reconocimiento de los compañeros de Indochina. Esos son mis héroes. La gente que aspira a este tipo de prestigio. Cuando voy a una reunión me preocupa lo que piensa la gente, los Sin Tierra, los zapatistas. Me preocupa que opinan ellos sobre mi pensamiento o mi trabajo. Y también la gente con quien trabajo; me importa mucho lo que piensan David, Tato y otros. Cuando me hacen una crítica la tomo en serio, reflexiono y pienso sobre ello, porque compartimos valores y un esfuerzo común hacia la honestidad.

Finalmente, respecto a los que están en el mundo académico, no estoy planteando que tengan que salir de su ámbito, sino que tienen que dar la lucha allí. Es un terreno de combate, de conflicto, al igual que sucede en el teatro, en el psicoanálisis y en todos los ámbitos. No hay que entregar ningún terreno, pero hay que ser irreverente frente a los protocolos académicos. No hay que quedarse impactado con los títulos sino analizar cuáles son los contenidos. No digo que un profesor con prestigio no tenga nada que ver, pero hay que pensar si, a pesar de sus títulos y del reconocimiento burgués, tiene algo que decir. No hay que quedarse ciego y admirado ante los títulos y certificaciones.

Para cerrar, quiero decir que hay que tener respeto por los militantes que están en las primeras líneas y seguir nuestro trabajo constante, con todas nuestras limitaciones. Ser un poco auto-irónicos para no ser fanfarrones y prepotentes. Adoptar una postura anti-heroica, en la que el respeto viene de la gente que respetamos, que para nosotros es la gente importante. Ser objetivo y partisano no tiene por qué generar un conflicto entre tener una posición política y mirar e investigar los datos reales. No simplemente distorsionar los datos para hacerlos coincidir con la posición política, sino, sobre todo, orientar las investigaciones desde la perspectiva del pueblo en lucha.

 

 

Debate.

 

Participante 1:

Quiero felicitar a Pavlovsky porque fui al teatro y me pareció fantástico lo que hizo. Si alguien quiere representar cómo se vive en un Estado represivo (en los setenta estuve en la Universidad, formé parte de asociaciones docentes, vi la represión de cerca, tengo una cuñada exiliada), puedo decir que a la distancia se ve desde lo vivencial, a través de la obra que muy bien desarrolló Pavlovsky. Así que quiero hacerle un reconocimiento público.

Voy a remitirme a la pregunta. Dónde podemos encontrar, los que sí queremos tener una actitud crítica, a pesar de comer hamburguesas, ir al cine, comprar aparatitos para escuchar, para hablar, y formar parte del sistema capitalista en los hechos, porque todos somos parte de este sistema, ¿dónde se puede encontrar un pensamiento realmente crítico y cómo se construye un intelectual? Y no sólo un intelectual, sino ¿cómo se lleva a la práctica la construcción de un pensamiento diferente al neoliberalismo, desde el momento en que los intelectuales antes miraban la construcción de Rusia y el pensamiento de Marx, como un modelo que reflejaba si la dirección era la adecuada?. A mi me gustaría que alguien que sí considera que hay otra alternativa, lo exprese de manera más objetiva y clara. Esta es mi pregunta concreta ¿dónde nos miramos?

 

Petras:

Bueno, hay mucha gente aquí, debes mirar a la izquierda, a la derecha, atrás, al frente. Hay mucha gente aquí que no vino a buscar un discurso conformista, sino para escuchar la pirotecnia intelectual crítica. Hay escritores de teatro, hay economistas, hay sociólogos, hay gente que está trabajando. Segundo, hay muchas prácticas aquí. Hay organizaciones de desocupados, hay varios frentes donde la gente está luchando y enfrentando el sistema. No hay que pensar que uno está atomizado o aislado. No vivimos en un mundo cerrado. Hay dificultades, hay intelectuales en la búsqueda de respetabilidad, pero también hay mucha otra gente que está estudiando, escribiendo y luchando. Hay que ir a foros como este y después conversar con la gente, comprar el famoso libro, etc.

No hay que vivir sólo de la nostalgia del tango. Hay un mundo que está en fase de creación, esa es mi opinión; y sobre lo que dices de Pavlovsky estoy de acuerdo, pero también hay pequeños Pavlovskys ahora, una nueva generación que está surgiendo y tarde o temprano puede superarnos. No sé si estás de acuerdo, Eduardo.

 

Pavlovsky:

Sí, estoy de acuerdo. Estaba pensando que en algún momento, en nuestro país, hemos vivido con pensamientos muy hegemónicos. La gran crítica que yo haría, incluso a ciertos movimientos políticos en los que estuve, es la religiosidad.

La religión es algo existencial. La religiosidad es la adscripción a un sistema en donde lo que está adentro, que se llama "grupo-objeto", es lo verdadero, y lo que está afuera, que se llama "grupo-sujeto", es lo malo; todo grupo, para ser un grupo verdadero, tiene que estar siempre expuesto a la disolución. Yo creo que hay una gran cantidad de jóvenes posmodernos, pero también hay una gran cantidad de jóvenes que me impresionan, como dice Petras, que están dispuestos, no a tomar los modelos que uno pudo haberles dado, sino a tomar y criticar. Es maravillosa la concepción de favorecer la actitud crítica de los chicos y me parece una actitud fundamental para este momento. La posibilidad de reunirse, de poder cotejar, de poder trabajar grupalmente.

 

Participante 2:

Quisiera saber su opinión sobre si las organizaciones no gubernamentales son un instrumento del sistema imperialista.

 

Petras:

Hay más de cien mil ONGs en el mundo, más incluso, ahora pueden ser doscientas mil, porque cada día salen más, como hongos. Bueno, algunas están en Praga luchando contra las organizaciones capitalistas, imperialistas, los foros, donde van diez mil gerentes. Están peleando en las calles contra este fraude, contra Havel y compañía.

Ahora, más allá de eso, creo que debemos analizar que hay una gran separación. Hay grandes ONGs que hacen el trabajo del Banco Mundial, se meten en situaciones despolitizando a la gente, fragmentando los movimientos, cooptando líderes y son complementarias con un discurso anti-estatal, por ejemplo, quieren sustituir con profesionales subcontratados por ellos y eliminar todo el sector público de salud nacional. Sustituir el programa nacional de salud por clínicas, todo arreglado por ellos, como un parche al sistema. Entonces, esto hay que criticarlo, hay que enfrentarlo. Una ONG que va a Santiago del Estero y hace un ofrecimiento a los líderes diciéndoles: 'Nosotros sacamos dinero de Holanda y queremos dárselo para que ustedes organicen el sindicato y tomen el poder', hace bien. Pero lo que hacen las ONGs es ir allá, pescar entre la gente, montar una oficina, un profesional que viene con su proyecto, financiado desde afuera porque es conforme a los intereses externos y dice: 'Bueno, nosotros queremos hacer educación popular'. Son ellos quienes deben ser educados, son ellos quienes deben ir allá a aprender de la lucha, como contaba Tato. Pero no, quieren sustituir, quieren copar y quieren desempeñar una función, que es la de dejar de luchar. Quieren hacer una cooperativa, llevar máquinas de coser para las mujeres desplazadas y abandonar la lucha. Creo que esa es una actitud delincuente. Entonces, hay dos caminos para las ONGs, o reconocen a los líderes naturales y la lucha real que el pueblo está montando y prestan su apoyo diciendo: 'Miren, me presto a hacer lo que ustedes quieran, ¿necesitan entender cómo negociar con el Estado?, me presto a dar la estrategia'. Lo que no deben hacer es sustituir. El gran problema es que sustituyendo consiguen los grandes fondos, que son millonarios. Les doy una cifra: el año pasado las ONGs recibieron más de diez mil millones de dólares y este año el Banco Mundial dice que va a canalizar tres mil millones de dólares a través de ONGs, para limpiar el piso después de las masacres.

 

Participante 3:

James, quisiera pedirle que repitiera un poco el tema, porque yo soy educadora y tenemos justamente el problema al revés. Los intelectuales que tiene un discurso de izquierda y progresista se dedican a pedagogizar las políticas de ajuste que el Banco Mundial impone en educación. Tenemos los intelectuales que provienen de FLACSO, Filmus es uno de ellos, y unos cuantos más que se revisten de un discurso de izquierda, progresista, interesado aparentemente por la educación de los chicos, que nos lleva inevitablemente a la privatización de la escuela pública y a la destrucción del sistema de educación pública de nuestro país. O sea, que en este caso se da exactamente al revés.

 

Viñas:

Primero, hay que tener en cuenta que estamos en la SADE. No estamos en una situación abstracta, en cualquier escenografía, concreta y tradicionalmente es el lugar de los escritores.

El problema de los escritores y los intelectuales fue el eje de tu pregunta y, desde mi perspectiva, el eje de la exposición de Petras. Yo recordaría, brevemente, que dije "apretar el bandoneón". Hay que apretarlo, hay que aprender a apretarlo, para ir al carozo. Lo de Jauretche. En la Argentina los intelectuales, en su mayoría, suben al caballo por la izquierda y bajan por la derecha. Esto es paradigmático y en este país hay una figura esencial, el benemérito Leopoldo Lugones, que pasó de un anarquismo vociferante a terminar haciéndole los discursos al general Uriburu y al fraudulento general Justo. En la actualidad también tenemos un caso, recién lo comentábamos en la vereda, el señor Jorge Castro, que es un malentendido (por el apellido). Jorge Castro es el intelectual orgánico del sistema menemista y acaba de sacar un libro que se llama "La década florispondesca o de carrusel", no me acuerdo. Yo conocí a este señor hace cuarenta años. Era socio -es una paradoja digamos- de Bolívar. Eran Castro y Bolívar, dos jóvenes intelectuales, hijos intelectuales de Silvio Frondizi. Tenían un librito, hace cuarenta años, sobre Hegel. Yo intervine en una editorial que funcionaba entonces, la editorial de Jorge Álvarez, para que fuera publicado. Pues bien, subió por la izquierda, el señor Jorge Castro, y hoy es el plumífero notorio del menemato.

Eso por un lado, pero correlativamente, el dilema entre el éxito y el fracaso. La mayoría de los que estamos aquí -y yo de esto puedo hablar intensamente si es que voy a la cosa autobiográfica, pero voy a ser moderado-, cotidianamente, como si hiciéramos una plegaria todos los días, al leer el diario, la gente de izquierda, nos sentimos abrumados por lo que está pasando en el país. Ya es un sainete, es un grotesco fenomenal.

Yo simplemente aludí a esto que es notorio como lo del Senado y el Departamento de Policía, para no abundar. Pues bien, eso es el revés del drama del éxito del discurso neoliberal conservador. En lugar del Senado y del Departamento de Policía, tenemos que leer el éxito de la continuidad entre el menemato y el gobierno de De la Rúa. Frente a eso nos queda la asunción del fracaso. Yo soy un fracasado, mi generación es una generación de fracasos. Nosotros queríamos bajar el cielo y traerlo a la tierra. Fracasamos, pero en este momento, frente al éxito del sistema, sistemáticamente le decimos no. Esta es nuestra práctica cotidiana, la práctica crítica de la negatividad. Decirle no permanentemente a toda postulación de este sistema exitoso. No, y no es un punto de partida. Estamos en la etapa de la negatividad sistemática. Es mi propuesta, es mi expresión de deseo.

 

Participante 4:

Teniendo en cuenta lo que ustedes han expuesto con respecto a la función de los intelectuales, es decir, cómo puede ser que, a veces intencionalmente y otras erróneamente y quizá hasta de buena fe, los intelectuales toman el discurso del sistema para entrar en una discusión o para, supuestamente, criticar algo, o escribir un libro o dar una clase. Comparaba todo esto con el sector al que pertenezco, que es la militancia, si se puede decir de esta forma. Nosotros estamos criticando, y como decía Viñas recién, leyendo un diario, pero a la vez, cotidianamente y con fechas que están establecidas y que todos los que estamos acá conocemos, asistimos a una marcha repitiendo de la misma forma lo que venimos haciendo desde hace varios años, y me parece que como práctica política, supuestamente crítica, es mucho más sistémica que un montón de cosas distintas que se podrían pensar para hacer. De ahí viene la crítica, o la autocrítica sobre qué puede hacer uno como militante, como gente de izquierda. Yo pensaba, puntualmente, en una actividad que estábamos tratando de hacer para el 26 de septiembre. Concretamente, la propuesta era hacer acciones que en la práctica se alejen de lo que se viene haciendo la izquierda hasta este momento. No como algo nuevo, porque nuevo puede ser tan vacío como sospechoso. "Nueva Dirigencia", "Nuevo Orden", y demás "nuevos" por ahí nos dan miedo, pero sí nuevo, en el sentido del zapatismo que hace una resignificación del lenguaje, que plantea una práctica política diferente. Estamos tratando de hacer algo diferente en este último sentido. Pero llegó la gente de los partidos políticos a la reunión y en una discusión titularon, al estilo Grondona, "Los anarcos y las banderas", porque no queríamos banderas partidarias en las manifestaciones. Me gustaría que alguno de los tres nos dé su opinión respecto a esto, a la autocrítica que debemos hacer como militantes y sobre como reproducimos constantemente cosas que están asimiladas al sistema y terminamos haciendo, más que una práctica y una negación como dijo Viñas, una terapia progresista. Lo mismo que digo para la marcha del 26 de septiembre, lo opino respecto a cualquier otra, como ir el 24 de marzo a la marcha por el aniversario del golpe y sentirnos bien porque fuimos.

 

Pavlovsky:

Yo diría que no estás preguntando, sino que estás informando sobre una cosa muy interesante que va a pasar ahora, la movilización del 26 de septiembre. El martes que viene, en todo el mundo, va a haber una serie de manifestaciones ideológicas, artísticas, micropolíticas, de condena al imperialismo, contra esta manera de encarar el mundo. A mí me parece que eso está creciendo, me parece que ahora hay mucha más gente en los países desarrollados que también está absorta con este sistema. No están sólo de este lado, sino también allá.

Creo que toda lucha que pueda manifestarse en contra de este sistema imperialista monstruoso es positiva, sea del campo táctico que fuera. Me parece que no podemos perder muchas energías en ver quién es uno, quién es el otro, sino que hay que mirarse en la protesta, manifestarse, abrazarse. También las cosas del teatro hay que salir a hacerlas a la calle.

Esto es en todo el mundo. Fue Seattle, fue Washington, fue Londres, ahora es esto. Y me parece muy importante. Pero ¿por qué me parece importante? Por una cosa que es la producción de subjetividad. Cuando se hacen estas cosas mucha gente se entera que hay gente que resiste, porque en este sistema hay una especie de caída en la resistencia con la ruptura de la solidaridad, hay un aislamiento terrible generado por el tipo de trabajo. No hay solidaridad, esto se ha roto y fue muy bien hecho. Entonces, me parece que todos estos eventos tienden a construir subjetividad, es decir, subjetividad desde mucha más gente, cada vez más, que se opone a este sistema. Todo esto lo veo maravilloso, porque creo que cada vez hay más gente que siente que hay otro, que puede expresar lo que es sentido humillantemente estando aislados y desolados. Cada vez hay más gente en grupo que se manifiesta por las mismas cosas que una persona no se animó a decir durante años.

 

Participante 5:

Si bien es positivo, como dijo Pavlovsky, que muchas luchas demuestren que hay una combatividad nueva, si el carácter ideológico no expresa una oposición contra el sistema, en realidad, lo que sucede es que se va regenerando el sistema, incluso pese a las nuevas luchas. Me da la sensación de que el problema central es que toda la intelectualidad, por lo menos la que conozco, no hace una batalla ideológica en contra del sistema.

Me da la sensación de que mientras no surja dentro de la intelectualidad y dentro de los trabajadores también, intelectuales obreros, la posibilidad de sacar a los trabajadores de las luchas sectoriales y de este modo tratar de abarcar al conjunto de la sociedad para dar una salida de conjunto, hasta voltear el sistema, va a ser muy difícil que esto se pueda organizar y construir una sociedad nueva.

 

Pavlovsky:

Quiero decir que en estos momentos, personalmente, estoy mucho más preocupado por la actitud de los nuevos movimientos micropolíticos, que de la captura que quieren hacer los partidos de esos movimientos. Cuando habla el MST con el PT, están de acuerdo en muchas cosas, pero no aceptan todo lo que dice el PT. Es decir, que hay una línea que los divide claramente, que es su lucha cotidiana, las expropiaciones, cosas que tienen una singularidad específica. Personalmente tengo mucho miedo que en este momento histórico otra vez se vuelvan a capturar las organizaciones prematuramente y no querría que perdamos las organizaciones que están luchando colectivamente de otra manera, tratando de crear nuevos modelos de socialismo.

 

Petras:

Hay muchas fuerzas en juego que se empiezan a mover. Hay agricultores en Europa que están paralizando las ciudades frente al problema del petróleo, hay grandes movimientos atacando las empresas farmaceúticas porque a millones de africanos se les está negando medicina por el problema del SIDA. ¿Y qué vamos a decir? 'Ustedes no quieren derrotar el sistema, están excluidos de la lucha'. Perdónenme. El movimiento es mucho más grande que cualquier proyecto y eso se va a decidir en el proceso de lucha con grandes confluencias de fuerzas, obreros, campesinos, gente con SIDA, mujeres, grupos étnicos. Todos están entrando y definiendo una forma. Para entender esto es fundamental el clasismo. ¿Quiénes son los farmacéuticos? Son las multinacionales vinculadas al sistema imperial. ¿Quién los protege? El Estado Imperial. Está implícito en estas luchas. Si uno quiere entrar a dialogar, es decir, a ser explícito, hay que estar presente en estas luchas parciales, sino no mereces que te escuchen; te dan una patada y te dicen que no. No quieren un tipo iluminado que venga de afuera a darles un discurso de autoemancipación. La gente entiende mejor cuando ellos mismos deciden su propia lucha, lo que necesitan; y nosotros ponemos nuestro pequeño grano de arena dentro de la máquina.

Por eso creo, incluso en esas grandes luchas que tuvimos en Seattle, donde había banderas de sindicatos portuarios, de sindicatos del acero, estaban presentes los ambientalistas, las lesbianas, cada cual a su manera. Libertad para luchar juntos. Nadie puede imponer. Es un poco molesto que cuanto más pequeño sea el grupo, más grande sea la bandera. Pero ese no es el problema, el problema es conjugarse todos y reconocer el enemigo común. El enemigo no es la persona que trae su bandera. El enemigo es la policía que está golpeando al frente y detrás de ellos con mucho poder. Por qué meterse en un debate, discutiendo qué banderas van y quiénes no entran. ¿Qué importa?

En primera instancia, ¿quién va a mirar las banderas?, van a mirar cómo entrar en la confrontación para dar una expresión, como decía el compañero, de que estamos en contra y afirmamos nuestra unidad.

 

Participante 6:

Quisiera referirme a otro segmento, porque aparentemente siempre queda como excluido y creo que en la Argentina de hoy es muy representativo. Concretamente, al segmento que representaría a la ex clase media, que también forma parte de la enorme cifra de desocupación. Todo ese segmento que hoy debe incluirse en un mercado laboral cada vez más reducido y ofrecido, casualmente, por las multinacionales globalizadas. Es así como vemos a los chicos poniendo alimentos en las góndolas, a los vendedores de jubilaciones privadas o de seguros de vida.

¿Cuál es la postura desde la intelectualidad, o qué se puede hacer con ese estamento que, en realidad, parecería como que está deslumbrado o dormido, entre Internet, la informática y el teléfono celular y que realmente cada vez se está engrosando más? Es decir, con esa especie de marginalidad de la indiferencia, porque parecería que no sienten, pero a la vez también tienen un puesto de lucha. No están luchando desde las necesidades básicas, pero, necesariamente van a tener que luchar porque se los está empobreciendo. ¿Qué pasa con esa gente que cada vez forma un número mayor en Argentina y está dejando de pensar? ¿Cuál es la propuesta, ya que en nuestro país este sector es muy representativo?.

 

Petras:

No diría que no piensan. Tienen que pensar cada día como van a bajar de la cama, vestirse, bañarse, ir al trabajo. Hay algo que está funcionando en sus cerebros. Pero bien, el problema es cómo implicarlos en actividades; hay varias formas de hacerlo: en la literatura, en la psicología, en la lectura política, en lo que habla Tato de la micropolítica.

Pensando en este tipo de gente hicieron la reunión en Seattle. Una ciudad próspera, donde no hay un gran gueto y viven muchos profesionales de la informática. Es un centro de exportación así que pensaron que sus habitantes debían estar a favor de las economías liberales. Sin embargo, chequeando una lista de las banderas no sólo era gente de afuera, sino que muchos eran de Seattle. Se dio el caso -me contó mi hija trabaja allí-, de mucha gente que bajaba de los centros informáticos, se metían en la lucha, sufrían el efecto de los gases lacrimógenos, se lavaban la cara, volvían a trabajar y al rato, bajaban a luchar otra vez. Y más, cuando la policía empezó a perseguir a los manifestantes más combativos entraron en los barrios. Allí tiraban bombas de gas y ya no discriminaba entre militantes y no militantes. Los vecinos se metieron y empezaron a tirar piedras y a gritar contra la policía. Entonces, hay un encadenamiento, una vez que generas la acción y piensas con justicia, no digo que busques la confrontación por la confrontación en sí misma, sino que persigas una causa justa.

Además, en ese momento, es inevitable que la policía sienta el estado de inseguridad, porque entiende que el sistema es minoritario y empiece a reprimir. Entonces entra otra gente, que en primera instancia no entendía qué era lo que estaba pasando, pasa al enfrentamiento y después te preguntan:

-¿Qué estás haciendo?

-Reparto este volante, estamos haciendo...

-Ah, está bien.

He hablado con obreros de Boeing, una gran fábrica metalúrgica de aviones. En los años sesenta, cuando estábamos luchando en Berkeley, teníamos un gran problema con estos obreros, eran los cascos duros que defendían la guerra. Ahora, un obrero de esta fábrica me dijo: 'Esta es una causa justa, estamos perdiendo nuestro trabajo, están utilizando mano de obra barata'. No tenía una visión anti-imperialista, pero simpatizaba con el ataque a las grandes empresas.

Estamos hablando de detonantes. Más detonantes, más contacto con la gente. Y no se puede decir a una persona que no está metida: 'Usted es un bobo, es un estúpido porque no viene con nosotros'. Así nunca lo vas a ganar. Vas a lograr que el tipo se ponga a la defensiva. Hay que asumir que todo el mundo puede, en un momento u otro, ver la realidad.

Recuerdo el cuento de los nazis, que tenían a los jóvenes desde una edad muy pequeña diciéndoles que eran superhombres, los mejores, los superiores en todo el mundo. Mandaban a estos jóvenes soldados al frente ruso. Llegaban a Stalingrado, medio congelados, una bala les pegaba en la cabeza y les comenzaba a chorrear la sangre. En ese momento, entendían que no eran inmortales, que no eran Superman, y en el último momento de sus vidas veían, por fin, la realidad. El principio de realidad, desde el punto de vista psicológico, tenía en última instancia un efecto. Y debemos pensar en eso, presentar a la gente la realidad, enfrentar la realidad como experiencia para que puedan meterse.

 

Viñas:

Quería referirme a tu pregunta aludiendo a la clase media. Confieso que es inquietante, sobre todo porque nos involucra a todos. Los que estamos aquí, por supuesto no vamos a almorzar a los restaurantes de Puerto Madero, sino que moderadamente iremos a La María de la calle Méjico, o a algún Pipo de la calle Paraná o Montevideo. Es decir, tranquilo ¿no?, pequeñoburgués, típico de esta ciudad. Bien, creo que es fundamental. La alternativa que se nos plantea a nosotros, que se me plantea a mí es un dilema: o zafo o me proletarizo. Ahora tengo un departamento de tres ambientes y no lo puedo pagar, tengo que irme a uno de un ambiente, que probablemente me lo preste una amiga.

Creo que para entender la situación de la clase media en Argentina y sus desdichas actuales que nos colorean a todos, tenemos que hacernos cargo de que la exaltada clase media de Argentina y la diferencia excepcional con América Latina, primera de las hermanas, respecto de los otros pobrecitos países y republiquetas de América Latina, se acabó. Se acabaron los gitanos, como dice García Lorca. Sí, somos América Latina. Simplemente hagamos un recorrido por la ciudad de Buenos Aires, para no abundar. No es necesario ir a Santiago del Estero. Vamos hasta Sarandí y, por la noche, a la calle Rodríguez Peña para ver a los jubilados revolviendo la basura para ver que pueden sacar. Eso somos nosotros, la clase media. O zafamos o nos proletarizamos. O buscamos la manera de incorporarnos con respetabilidad al sistema, o nos convertimos, dios mediante y la virgen de Guadalupe, en revolucionarios. No hay otra.

Estamos como dice La Nación: hice un discurso de barricada. Barricada era un diarito que funcionaba en alguna localidad de América Central, en los mejores momentos. La Nación, ¿La Nación? Tenemos que leer La Nación, yo leo La Nación y como soy ecléctico, leo también Página/12. Tal vez me repugna más Página /12, no puedo menos que decirlo, lamentablemente. El corrimiento es subrepticio, pero concreto. No hay más que ver a quiénes consulta Página/12 para que den opinión sobre la situación de la Argentina, para no abundar. Pues bien, en La Nación, un amigo mío, uno de esos intelectuales que se pasó del infierno al sistema, me dijo un día: 'No, lo que pasa es que La Nación ha cambiado'. Sí, pero ¿qué cambió, ¿la página de palabras cruzadas?. La Nación sistemáticamente hace muchas cosas, por ejemplo, cuando Chávez pronuncia un discurso, no titula "Chávez habla" sino, "Chávez gesticula", es decir, que es una especie de mono que pretende la categoría de ex. Ese es el discurso del sistema. El discurso del sistema, paradigmático en La Nación, constantemente dice, en sus editoriales, que es dónde está el grano de sal: 'La huelga es anacrónica'; pero yo digo, compañeros de La Nación, general Don Bartolomé Mitre, compañero Mariano Grondona, exquisito Morales Solá, ¿ustedes leen las noticias de lo que pasa en Europa?, las huelgas de camioneros pararon un continente, no importa: 'La huelga es anacrónica'.

Pues bien, el otro elemento, y trato de apretar el bandoneón, que es un régimen considerable de economía, tenemos poco tiempo, por lo menos yo, diez años, estoy a lo sumo en el penúltimo acto. Lógicamente, los intelectuales han sido maltratados como felpudo de barrio en día de lluvia. ¡Qué no se dijo en este país de los intelectuales! ¡Qué vergüenza no tiraron sobre los intelectuales! A fin de cuenta somos unos trabajadores como otros, con algunos privilegios desde ya, en tanto pertenecíamos y veníamos de la clase media. Pero como en todo, se trata de una corporación, hagamos por lo menos un espectro, como los terribles odontólogos, y me incorporo, o los terribles abogados. Veamos espectros, abanicos, el espectro de los intelectuales. Intelectuales críticos, intelectuales instalados. Permanentemente esa serie de matices, lógicamente que también en coyunturas como esta, aceleradamente en función del contexto, nos vamos polarizando, es ineludible. Todos esto que estamos hablando, en última instancia, si no se recorta sobre el fondo de la guerra fría, se recorta sobre lo ineludible, que es la guerra civil. La guerra civil. Guadalquibir, Guadarrama y así siguiendo. Vemos que eso está permanentemente atenuado y adopta distintas inflexiones. No admite a los intelectuales. Espectro, quiénes somos excluidos, quiénes somos santificados; decía Petras "la preocupación por la respetabilidad".

La preocupación por eso que estamos señalando desde el comienzo que está deteriorado. A los intelectuales nos preocupa especialmente la respetabilidad porque sentimos que nuestra clase, en la que nos inscribimos, está deteriorada. Es decir, las apelaciones a un capital simbólico, permanentemente. Permanentemente yo hago apelaciones a lo simbólico porque siento que mi contexto y el que me rodea de manera sucesiva están deteriorados. Estamos deteriorados. Mirémonos nuestra ropa; ya no vamos al teatro, ya no vamos al cine, ya no podemos comprar libros y así siguiendo. Algunos de nosotros han empezado a vivir y a dormir en las plazas, como veíamos en aquellas novelas llevadas al cine de Máximo Gorki. Los intelectuales que duermen en la plaza Rodríguez Peña. Es una novedad.

Pues bien, la respetabilidad. En función de esto, yo propondría otra cosa que apareció aquí en esta reunión, saludablemente polemizada: son las exclusiones. En materia de tácticas, ninguna, no hay que excluir ninguna. Creo esto a partir de aquello que postulábamos, asunción de la negatividad, presunto fracaso frente al éxito del sistema y del discurso neoliberal. Frente a eso no excluir ninguna táctica posible.

Una de las memorables, apelación a la creatividad y a la imaginación, el escrache de los grupos de HIJOS. Antes no existía el escrache, pues bien, asistimos a los escraches que son realmente espectaculares, saludables y fecundos, incluso uno los envidia. Tanto los envidio que proyecto el escrache sobre el manejo del lenguaje, que es mi materia concreta, de qué manera con la utilización de la palabra se puede provocar un efecto análogo al del escrache de los HIJOS. Les propongo, en un paredón de Paraná, un texto, un grafitti, todo lo contrario de la respetabilidad. Esto es la insolencia crítica a partir de la negatividad en un paredón en las afueras de Paraná. Imaginación: El Papa se coge a la virgen porque la s/Santa c/Sede.

 

Participante 7:

Quisiera aludir, especialmente, a este tema del lenguaje. La importancia que tiene en cualquiera de los ámbitos en que nos podamos mover, desmontar el discurso del poder. En Brasil hay un dicho popular: blanco corriendo, atleta; negro corriendo, ladrón. Ahí, están definiendo toda una realidad. Alguien dijo alguna vez que el facismo es más peligroso por lo que hace decir que por lo que prohíbe decir, entonces me parece que es bueno empezar a desmontar ese mecanismo que se da en los lenguajes. Por ejemplo, en Brasil también había una vez un negro haciendo teatro callejero e iba repitiendo este estribillo: despierta negro, despierta blanco, yes ma, yes ma. Y lo repetía constantemente, yo creo que él con ese sólo estribillo estaba desmontando el mecanismo del poder, con esa contraposición despierta negro, despierta blanco, yes ma, yes ma. Por ejemplo, el otro día tuve este diálogo con una adolescente:

-¿Por qué decís mi patrón o mi patrona cuando hablás de tu trabajo?

-Porque es mi patrón.

-No, es el dueño de la empresa.

-¿Pero cómo le voy a decir si yo hago lo que me manda?

-¿Y por qué hacés lo que te manda?

-Y porque él es el patrón.

-Pero él no te puede mandar, vos tenés que hacer un trabajo y punto.

-Yo creo que si no hago lo que me manda, me echa.

Me pareció terrible, simplemente la palabra "mi patrón" y el convencimiento de que era la única posibilidad que tenía de mantener su subsistencia. Trato todos los días, y me cuesta. Yo estuve en Chiapas y cuando me estaba yendo me empezaron a caer unas lágrimas pensando que volvía otra vez al menemato, como decía David, y un chico, supongo que era un chico, solamente lo miré a los ojos, tendría dieciocho años, me miró a los ojos y me dijo: 'Tienes que tener mucha paciencia porque no todos comprenden al mismo tiempo'. Y bueno, me parece que tenemos que alternar un poquito la paciencia sabiendo que algún día los barrotes de la jaula se van a romper, y la insolencia de la que habla David para ayudar a que se rompan.

 

Pavlovsky:

Quisiera agregar un dato más, que es interesante, porque estamos hablando del efecto sobre nosotros. Del efecto diario de esta tremenda patología de la incertidumbre. Como en el teatro, un gran sector no sabe qué pasa en veinte días. Es desesperante.

Les quiero dar datos, dos datos extremos del capitalismo, que es lo que se llamaría la nueva psiquiatrización. Porque, evidentemente, hay patologías nuevas muy severas.

La primera es la de los yuppies. "Yuppies" serían los hombres que tienen treinta y tres, treinta y cuatro años, que van al psiquiatra y dicen:

-Doctor, yo... vengo a verlo.

-Y qué tiene usted.

-No... yo gano dos millones por año, tengo mujer, tengo amante, tengo a mis hijos en los mejores colegios, tengo tres casas con pileta, perros.

-Y ¿qué le pasa?

-Mire, no siento. Ni al perro, ni a los chicos, ni a mi amante, ni a mi mujer.

Todo está como en una especie de pantalla blanca. Y ¿a qué se debe este síndrome que se llama la "esquizoargentina"?

Esta juventud, que a los treinta años ya es vieja, ha tenido que disociar los afectos para una lucha terrorífica. Es decir, para ascender a ser yuppy ha matado a veinticinco en el camino, amigos, compañeros de formación, de la universidad. Ha tenido que separar los afectos, en la lucha por llegar, y al separar los afectos, los afectos ya no existen y se convierten en personajes vacíos. Incluso ya no pueden trabajar. Este es un síndrome psiquiátrico actual.

En Chicago, hay otro fenómeno, que es nuevo y no se puede catalogar, de la misma manera que los piqueteros no se pueden catalogar con la sociología acá. Es el gueto. En Chicago ha habido una gran baja progresiva desde los 60, desde las décadas del Estado de bienestar social. Los han dejado a merced de una cosa terrorífica. Allí, ha aparecido un individuo con una nueva formación llamado hustler. No sé cuál es la definición exacta, salvo por lo que hacen. Este nuevo individuo saquea, mata, roba. Entonces, se trata de encuadrar la patología psiquiátrica de estos individuos, pero no se puede, porque quienes los han estudiado, opinan que es una forma de subsistencia. Tal es así, que las familias están orgullosas de tener un hustler y un chiquitito que va a serlo, porque son los que traen dinero a la comunidad.

Esta nueva perversión increíble, no se puede tratar. Dicen que no se puede tomar como un fenómeno de la resistencia. No se puede decir que es un individuo que está en contra del sistema, de ninguna manera. Tampoco se lo puede tomar como una patología. Lo que sí se puede tomar y se puede aprender, es que tanto aquí como allá, van a aparecer nuevas formas de subsistencia frente a la realidad. Esto abre un panorama muy amplio para la psiquiatría, ya que no se puede entender solamente desde el complejo de Edipo. ¿No?

 

Participante 8:

Si me permiten voy a cambiar la pantalla. Vamos a hablar un poco de economía. En la actualidad el mundo está regido por un grupo, un grupo de siete, que resumen en sí todo el poder político, económico y militar de este mundo. No obstante, la mayoría de los países que están regidos por el G7, conviven dentro de él. Países como los nuestros de América Latina, países que están en el atraso más grande, como los africanos, los polinesios y algunos países asiáticos. Los países dirigentes que evidentemente han superado el sistema capitalista de producción y de apropiación han descubierto que el capital ya no es el capital industrial, la clase obrera prácticamente ha desaparecido en la mayoría de los países porque las máquinas y la cibernética sustituyeron al hombre. Dicen que hay mil doscientos millones de habitantes que han perdido su trabajo, que pasan hambre. Esos mil doscientos millones, en realidad representan a tres mil, cuatro mil millones de personas que realmente están padeciendo. Nosotros nos encontramos en este subdesarrollo y hemos perdido los progresos que existieron desde el año treinta del siglo pasado hasta ahora. Tenemos un retroceso tan grande que nuestra clase obrera ha dejado de tener un rol significativo. Lo fue perdiendo porque fue claudicando y dejando en manos paternales las soluciones de sus problemas. No está en condiciones porque no está aglutinada en las grandes empresas y no da lugar a la formación de aquel famoso sindicato que tenía fuerza, que movilizaba y que sí obtenía conquistas sociales. Ahora bien, el sistema actual del G7 que ha concentrado en sus manos todo el poder del mundo, para poder lograrlo, ha recurrido a varias herramientas, entre ellas, la deuda externa que es el cáncer más grande que tiene la humanidad. ¿Cuál es la salida para esta situación de insatisfacción?.

 

Petras:

Primero, ahora hay más millones de obreros trabajando que nunca en la historia. Si vas a las maquiladoras en Méjico, si vas a Indonesia, si vas a Asia, ahora hay más obreros que nunca. Lo que sale de un lado se multiplica en otro lado. Mira, por ejemplo, si quieres un estilo pedagógico, si vas a las tiendas de ropa y empiezas a ver de dónde viene la ropa, de Bangladesh, de Malasia, etc. Entonces, no es cierto, si consideramos sólo obreros a los que trabajan en la vieja fábrica, pero si vas a las oficinas y ves la cantidad de gente que está pegando a las teclas en forma monótona y tan rutinaria y tan mecanizada como para los obreros que trabajaban en el cinturón del trabajo, con los mismos problemas de salud, en los músculos, en los ojos y todo lo demás. Entonces, la forma de producir y la ubicación de los trabajadores ha cambiado, pero la clase obrera sigue siendo el factor más grande en la política económica del capitalismo imperialista.

En este caso, yo creo que entre las tareas planteadas, está enfrentar la explotación de las mujeres que hacen los zapatos de Nike por un dólar al día. Y cuando miramos las últimas modas en Nueva York, ver que las hacen mujeres asiáticas, a sólo treinta cuadras de Wall Street, que trabajan por la mitad del salario mínimo.

Esto plantea el problema de cómo se tienen que articular los obreros mundialmente para enfrentar este enemigo común. Pero dejemos de pensar que con la informática hemos transformado el mundo. Han profundizado la explotación que se ha extendido y ahora es mucho más intensa. Los trabajadores de Estados Unidos que trabajan en el sector de servicios, la gran mayoría no tienen ninguna cobertura en salud, ni pensiones, ni gozan de vacaciones. Entonces, el problema actual en el mundo no es la falta de obreros, sino la enorme cantidad de trabajo mal pago y los trabajadores que ahora caminan por las calles, como ambulantes, que son trabajadores y no necesitan, como antes existía el concepto, estar en una fábrica para obtener el certificado de proletarios. Muchas gracias.